Dirijamos nuestros pasos siguiendo los principios divinos

“[Jehová] te enseña para que te beneficies a ti mismo.” (ISAÍAS 48:17.)

A LOS científicos que tratan de desentrañar los secretos del universo les asombra la tremenda cantidad de energía que hay en el cosmos. El Sol, una estrella de tamaño mediano, produce tanta energía como la que liberarían “100.000 millones de bombas de hidrógeno que explotaran cada segundo”. El Creador controla y dirige esos enormes cuerpos celestes mediante su ilimitado poder (Job 38:32; Isaías 40:26). ¿Qué podemos decir de los seres humanos, dotados de libre albedrío, facultad moral, raciocinio y capacidad para la espiritualidad? ¿De qué formas ha visto oportuno dirigirnos nuestro Hacedor? Nos guía con amor mediante sus leyes perfectas y sus elevados principios, en combinación con nuestra conciencia bien educada (2 Samuel 22:31; Romanos 2:14, 15).

2 A Dios le complace que las criaturas inteligentes decidan obedecerlo (Proverbios 27:11). En vez de programarnos para que nos sometamos ciegamente, como si fuéramos robots sin voluntad, Jehová nos dotó de libre albedrío a fin de que decidamos con conocimiento de causa y hagamos lo bueno (Hebreos 5:14).

3 Jesús, que reflejó a la perfección a su Padre, dijo a sus discípulos: “Ustedes son mis amigos si hacen lo que les mando. Ya no los llamo esclavos” (Juan 15:14, 15). En tiempos antiguos, a los esclavos no les quedaba más remedio que obedecer a su amo. Por otro lado, las amistades se forjan manifestando cualidades que llegan al corazón. Nosotros podemos ser amigos de Jehová (Santiago 2:23). El amor mutuo fortalece dicha amistad. Jesús enlazó la obediencia a Dios con el amor cuando dijo: “Si alguien me ama, observará mi palabra, y mi Padre lo amará” (Juan 14:23). Con ese fin, y también para guiarnos bien, Jehová nos invita a vivir según sus principios.

Principios piadosos

4 ¿Qué son los principios? Se define principio como “regla de conducta. Verdad o idea que sirve de fundamento a otras o a un razonamiento” (Diccionario de uso del español, de María Moliner). Un estudio detenido de la Biblia revela que nuestro Padre celestial suministra directrices esenciales que abarcan diversas situaciones y aspectos de la vida, y lo hace teniendo presente nuestro beneficio eterno. Esto armoniza con lo que escribió el sabio rey Salomón: “Oye, hijo mío, y acepta mis dichos. Entonces para ti los años de vida llegarán a ser muchos. Yo ciertamente te instruiré aun en el camino de la sabiduría; ciertamente haré que pises en los senderos trillados de la rectitud” (Proverbios 4:10, 11). Los principios fundamentales que suministra Jehová influyen en nuestra relación con él y con nuestros semejantes, en nuestra adoración y en nuestra vida diaria (Salmo 1:1). Analicemos algunos de dichos principios esenciales.

5 Jesús dijo respecto a nuestra relación con Jehová: “Tienes que amar a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente” (Mateo 22:37). Además, Dios da principios que tienen que ver con el modo de tratar al semejante, como la Regla Áurea: “Todas las cosas que quieren que los hombres les hagan, también ustedes de igual manera tienen que hacérselas a ellos” (Mateo 7:12; Gálatas 6:10; Tito 3:2). Se nos da este consejo tocante a la adoración que rendimos: “Considerémonos unos a otros para incitarnos al amor y a las obras excelentes, sin abandonar el reunirnos” (Hebreos 10:24, 25). En lo que se refiere a los aspectos de la vida cotidiana, el apóstol Pablo dice: “Sea que estén comiendo, o bebiendo, o haciendo cualquier otra cosa, hagan todas las cosas para la gloria de Dios” (1 Corintios 10:31). En la Palabra de Dios hay una innumerable cantidad de otros principios.

6 Los principios son verdades vigentes y esenciales, y los cristianos sabios aprenden a amarlos. Jehová inspiró a Salomón a escribir lo siguiente: “De veras presta atención a mis palabras. A mis dichos inclina tu oído. No se escapen de tus ojos. Guárdalos en medio de tu corazón. Porque son vida a los que los hallan y salud a toda su carne” (Proverbios 4:20-22). ¿En qué difieren los principios de las leyes? Los principios constituyen el fundamento de las leyes. Las reglas, que suelen ser específicas, tal vez sean pertinentes para cierto tiempo o situación, mientras que los principios son eternos (Salmo 119:111). Los principios divinos no se vuelven anticuados ni pierden vigencia. Las palabras inspiradas del profeta Isaías resultan veraces: “La hierba verde se ha secado, la flor se ha marchitado; pero en cuanto a la palabra de nuestro Dios, durará hasta tiempo indefinido” (Isaías 40:8).

Basemos nuestros pensamientos y acciones en los principios

7 “La palabra de nuestro Dios” nos anima una y otra vez a basar nuestros pensamientos y acciones en los principios. Cuando se pidió a Jesús que resumiera la Ley, hizo dos declaraciones concisas: una de ellas recalcaba el amor a Jehová, y la otra, el amor al prójimo (Mateo 22:37-40). De esta manera, citó parte de un breve resumen de los principios básicos de la Ley mosaica anotado en Deuteronomio 6:4, 5: “Jehová nuestro Dios es un solo Jehová. Y tienes que amar a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu fuerza vital”. Al parecer, Jesús también tenía presente la directriz divina que se encuentra en Levítico 19:18. En la clara, sucinta e impactante conclusión del libro de Eclesiastés, el rey Salomón resume una gran cantidad de leyes divinas: “La conclusión del asunto, habiéndose oído todo, es: Teme al Dios verdadero y guarda sus mandamientos. Porque este es todo el deber del hombre. Porque el Dios verdadero mismo traerá toda clase de obra a juicio con relación a toda cosa escondida, en cuanto a si es buena o es mala” (Eclesiastés 12:13, 14; Miqueas 6:8).

8 Tener una comprensión cabal de esos principios fundamentales nos ayuda a entender y aplicar pautas más específicas. Además, si no comprendemos perfectamente ni obedecemos tales principios básicos, no podremos tomar decisiones prudentes, y nuestra fe se debilitará (Efesios 4:14). Por el contrario, si grabamos esas pautas en la mente y el corazón, estaremos preparados para usarlas al tomar decisiones. Cuando las ponemos en práctica con entendimiento, obtenemos buenos resultados (Josué 1:8; Proverbios 4:1-9).

9 Entender y aplicar los principios bíblicos no es tan sencillo como seguir un código legal. Los seres humanos imperfectos tal vez rehuyamos el esfuerzo que exige razonar partiendo de principios, y prefiramos la comodidad de seguir una regla al tomar decisiones o vernos ante una disyuntiva. Es posible que en ocasiones busquemos la dirección de un cristiano maduro —por ejemplo, un anciano de congregación— con la esperanza de que nos dé una regla específica pertinente para el caso. Sin embargo, puede ser que ni la Biblia ni las publicaciones que en ella se basan suministren una regla categórica, y aun si se nos proporciona una, no nos servirá en todo momento ni en toda circunstancia. Quizá recordemos que cierto hombre hizo esta petición a Jesús: “Maestro, di a mi hermano que divida conmigo la herencia”. En lugar de apresurarse a dictar una norma para resolver las disputas entre hermanos carnales, Jesús enunció un principio más general: “Mantengan abiertos los ojos y guárdense de toda suerte de codicia”. De ese modo suministró una pauta que fue útil entonces y sigue siéndolo hoy día (Lucas 12:13-15).

10 Es probable que hayamos conocido a personas que tienden a obedecer las leyes a regañadientes, por temor al castigo. Pues bien, el respeto a los principios impide que tengamos esa actitud. La misma naturaleza de los principios mueve a quienes están gobernados por ellos a responder desde el corazón. De hecho, la mayoría de los principios no llevan consigo un castigo inmediato para quienes no se sujetan a ellos, lo cual nos da la oportunidad de revelar por qué obedecemos a Jehová, cuáles son los motivos de nuestro corazón. Encontramos un ejemplo en José, que rechazó las proposiciones inmorales de la esposa de Potifar. Aunque Jehová no había dado todavía una ley escrita que condenara el adulterio y no había prescrito un castigo por tener relaciones con la esposa de otro hombre, José estaba al tanto de cuáles eran los principios divinos sobre la fidelidad marital (Génesis 2:24; 12:18-20). Su respuesta pone de relieve que tales pautas le influyeron sobremanera: “¿Cómo podría yo cometer esta gran maldad y realmente pecar contra Dios?” (Génesis 39:9).

11 Los cristianos de la actualidad se dejan guiar por los principios de Jehová en sus asuntos personales, como son la elección de las compañías, las diversiones, la música y la lectura (1 Corintios 15:33; Filipenses 4:8). Al aumentar el conocimiento, entendimiento y aprecio de Jehová y sus normas, nuestra conciencia, es decir, nuestro sentido moral, nos ayudará a poner en práctica los principios divinos en cualquier circunstancia, incluso en cuestiones muy personales. Puesto que nos guiamos por los principios bíblicos, no buscamos lagunas en las leyes de Dios ni imitamos a los que tratan de ver hasta dónde pueden llegar sin quebrantar una determinada regla. Comprendemos que tal modo de pensar es contraproducente y perjudicial (Santiago 1:22-25).

12 Los cristianos maduros reconocen que para seguir los principios divinos, es esencial que deseemos saber lo que piensa Jehová sobre los asuntos. “Oh amadores de Jehová —es la exhortación del salmista—, odien lo que es malo.” (Salmo 97:10.) En Proverbios 6:16-19 se enumeran algunas cosas que Dios considera malas: “Hay seis cosas que Jehová de veras odia; sí, siete son cosas detestables a su alma: ojos altaneros, una lengua falsa, y manos que derraman sangre inocente, un corazón que fabrica proyectos perjudiciales, pies que se apresuran a correr a la maldad, un testigo falso que lanza mentiras, y cualquiera que envía contiendas entre hermanos”. Cuando el deseo de reflejar el sentir de Jehová sobre tales cuestiones fundamentales rige nuestra existencia, vivir en conformidad con los principios se convierte en algo habitual para nosotros (Jeremías 22:16).

Hace falta un buen motivo

13 Conocer y aplicar los principios también nos protege de la trampa de adorar a Dios de una manera formal, vacía. No es lo mismo regirse por principios que obedecer reglas de manera estricta. Jesús indicó claramente este punto en el Sermón del Monte (Mateo 5:17-48). Conviene recordar que su auditorio estaba compuesto de judíos, cuya conducta debía estar regulada por la Ley mosaica. La realidad era, sin embargo, que tenían una idea deformada de la Ley. Hacían hincapié en la letra, en vez de hacerlo en el espíritu. Y daban mucha importancia a sus tradiciones, las cuales anteponían a las enseñanzas de Dios (Mateo 12:9-12; 15:1-9). Como consecuencia, a la generalidad de las personas no se les enseñaba a pensar en función de los principios.

14 En cambio, en el Sermón del Monte, Jesús incluyó principios en cinco campos de la moralidad: la cólera; el matrimonio y el divorcio; las promesas; la venganza, y el amor y el odio. En cada caso señaló el beneficio de seguir un principio. De ese modo elevó la norma moral de sus seguidores. Veamos un ejemplo: tocante al adulterio enunció un principio que no solo protege nuestras acciones, sino también nuestros pensamientos y deseos: “Todo el que sigue mirando a una mujer a fin de tener una pasión por ella ya ha cometido adulterio con ella en su corazón” (Mateo 5:28).

15 Este ejemplo ilustra que jamás debemos perder de vista el propósito y el espíritu de los principios de Jehová. Desde luego, no debemos tratar de ganar el favor de Dios mediante el formalismo moral. Jesús puso al descubierto lo engañosa que es tal actitud destacando la misericordia y el amor de Dios (Mateo 12:7; Lucas 6:1-11). Si seguimos los principios bíblicos, no intentaremos regir nuestra vida por un conjunto inflexible de normas que van más allá de lo que enseña la Biblia, ni lo exigiremos de los demás. Estaremos más interesados en los principios de amor y obediencia a Dios que en la apariencia externa de nuestra adoración (Lucas 11:42).

Resultados felices

16 Al esforzarnos por obedecer a Jehová, es importante que tengamos presente que sus leyes se basan en principios fundamentales. Por ejemplo, los cristianos han de huir de la idolatría, la inmoralidad sexual y el uso impropio de la sangre (Hechos 15:28, 29). ¿Qué hay detrás de la posición cristiana respecto a estos asuntos? Que Dios merece devoción exclusiva, que debemos ser fieles a nuestro cónyuge y que Jehová es el Dador de la vida (Génesis 2:24; Éxodo 20:5; Salmo 36:9). Comprender estos principios subyacentes facilita el que obedezcamos las leyes relacionadas.

17 Al percibir los principios subyacentes y ponerlos en práctica, nos damos cuenta de que son para nuestro bien. Las bendiciones espirituales de que disfruta el pueblo de Dios suelen ir acompañadas de beneficios tangibles. Así, quienes no fuman, llevan una vida moral intachable y respetan la santidad de la sangre no sufren determinadas enfermedades. Del mismo modo, vivir en conformidad con la verdad divina puede favorecernos en sentido económico, en las relaciones sociales y en la vida familiar. Todos esos beneficios concretos demuestran el valor de las normas de Jehová, que son realmente prácticas. Ahora bien, obtener ese provecho no es en sí el motivo principal por el que aplicamos los principios divinos. Los cristianos verdaderos obedecen a Jehová porque lo aman, porque él merece que lo adoren y porque eso es lo que debe hacerse (Revelación 4:11).

18 Dejar que los principios bíblicos nos rijan resulta en tener un modo de vida superior, que puede atraer a otras personas al camino de Dios. Lo más importante es que nuestra vida honra a Jehová. Nos damos cuenta de que es en realidad un Dios amoroso que desea lo mejor para nosotros. Cuando tomamos decisiones que están en conformidad con los principios bíblicos y observamos que Jehová nos bendice, nos sentimos aún más cerca de él. En efecto, forjamos una relación más estrecha con nuestro Padre celestial.

¿Recuerda?

• ¿Qué es un principio?

• ¿En qué difieren los principios de las leyes?

• ¿Por qué nos beneficia basar nuestros pensamientos y acciones en los principios?

[Preguntas del estudio]

 1. ¿Cómo dirige el Creador a los seres humanos?

 2, 3. ¿Qué clase de obediencia le complace a Dios?

 4. ¿Cómo definiría principio?

 5. Dé ejemplos de algunos principios fundamentales.

 6. ¿En qué se diferencian los principios de las leyes?

 7. ¿Cómo nos anima la Palabra de Dios a basar nuestros pensamientos y acciones en los principios?

 8. ¿Por qué es una protección tener una comprensión cabal de los principios bíblicos fundamentales?

 9. ¿Por qué no es siempre sencillo entender y aplicar los principios bíblicos?

10. ¿Cómo revela los motivos de nuestro corazón el que nos comportemos en conformidad con los principios?

11. ¿En qué campos se dejan guiar por los principios de Jehová los cristianos?

12. ¿Qué es esencial para que nos guíen los principios divinos?

13. ¿Qué manera de pensar puso de relieve Jesús en el Sermón del Monte?

14. ¿Cómo ayudó Jesús a sus oyentes a pensar en función de los principios?

15. ¿Cómo es posible evitar la tendencia a ser legalistas?

16. Dé ejemplos de los principios que están detrás de algunas leyes bíblicas.

17. ¿Qué buenos resultados podemos cosechar si entendemos y aplicamos los principios bíblicos?

18. ¿Qué debe regir nuestra vida si queremos triunfar como cristianos?

[Recuadro de la página 20]

  Wilson, un cristiano de Ghana, recibió la notificación de que en unos días se le iba a echar de su empleo. El último día de trabajo se le mandó lavar el automóvil personal del director gerente de la empresa. Cuando encontró en dicho vehículo una cantidad de dinero, su superior le dijo que Dios se lo había enviado porque ese día lo despedían. No obstante, Wilson aplicó los principios bíblicos sobre la honradez y devolvió el dinero al director. Este, sorprendido e impresionado, no solo le ofreció un empleo fijo de inmediato, sino que también lo ascendió a un puesto de responsabilidad en la empresa (Efesios 4:28).

[Recuadro de la página 21]

  Rukia es una albanesa de más de 60 años. A causa de una discusión familiar, llevaba más de diecisiete años sin hablar con su hermano. Inició un estudio de la Biblia con los testigos de Jehová, en el que aprendió que los cristianos verdaderos deben estar en paz unos con otros y no guardarse rencor. Oró toda la noche y, con el corazón en un puño, caminó hasta la casa de su hermano. Le abrió la puerta su sobrina, quien, sorprendida, le preguntó: “¿Quién ha muerto? ¿Qué haces aquí?”. Rukia le dijo que deseaba ver a su hermano, y explicó con calma que conocer los principios bíblicos y a Jehová la había impulsado a hacer las paces con él. Con lágrimas y abrazos celebraron esta reunión especial (Romanos 12:17, 18).

[Ilustración de la página 23]

[Ilustración de la página 23]

[Ilustración de la página 23]

[Ilustración de la página 23]

“Cuando vio las muchedumbres, subió a la montaña; y después que se sentó, vinieron a él sus discípulos; y él, abriendo la boca, se puso a enseñarles.”—MATEO 5:1, 2