Las bibliotecas, puertas del saber

DE NUESTRO CORRESPONSAL EN AUSTRALIA

SE HA dicho que las bibliotecas son “uno de los pilares de la civilización”. Y hay obras (como la World Book Encyclopedia) que reconocen su importantísima aportación a la cultura y la técnica. El poeta alemán Goethe, por su parte, las consideraba la memoria de la humanidad.

¿Cuáles han sido los más sobresalientes de estos “pilares de la civilización”? ¿Qué libro ha ejercido la mayor influencia tanto en las bibliotecas como en la alfabetización de los pueblos? ¿Cuántos volúmenes alberga la colección actual más extensa? Para responder a la primera de estas preguntas, remontémonos al pasado para visitar uno de los archivos del saber más antiguos.

Antigua “enciclopedia del saber del hombre”

Hagamos un viaje imaginario a la región de Oriente Medio que hoy día corresponde a Irak. Corre el año 650 antes de nuestra era y nos hallamos dentro del imponente recinto amurallado de la ciudad de Nínive (no muy lejos de la actual Mosul). Ante nosotros se alza el palacio imperial del rey Asurbanipal, señor de Asiria, Egipto y Babilonia.* Vemos entrar a unos hombres que empujan carretillas cargadas de vasijas pesadas. Acaban de regresar de una misión por los confines del reino asirio cuyo objetivo era recopilar todas las obras conocidas sobre las tradiciones sociales, culturales y religiosas de los pueblos del reino de Asurbanipal. Al abrir una vasija, notamos que está llena de tablillas de barro, de forma almohadillada y de unos ocho centímetros [3 pulgadas] de ancho por diez [4 pulgadas] de largo.

Seguimos a uno de los trabajadores y accedemos al palacio, donde observamos a los escribas que valiéndose de un estilo, o punzón, de hueso, van realizando marcas en forma de cuña en tablillas de barro húmedo. Están traduciendo documentos extranjeros a la lengua asiria. Luego se cuecen las tablillas en un horno, lo que las convierte en documentos casi indestructibles. Finalmente, junto con otros centenares de vasijas, se almacenan en salas repletas de estantes. En las jambas de las puertas hay placas que especifican el tema de los registros que albergan. Las más de veinte mil tablillas de esta biblioteca ofrecen información sobre transacciones comerciales, costumbres religiosas, leyes, relatos históricos, prácticas médicas y tratados de fisiología humana y animal. Constituyen, por tanto, lo que un erudito denominará siglos después “una enciclopedia del saber del hombre”.

Antecesoras y sucesoras de la biblioteca de Nínive

Pero la gran biblioteca que estableció Asurbanipal en Nínive no fue la primera en su género. Por ejemplo, mil años antes de Asurbanipal, el rey babilonio Hammurabi mandó construir una en la ciudad de Borsippa. Igualmente, Ramsés II fundó una célebre biblioteca en la metrópoli egipcia de Tebas más de setecientos años antes de que Asurbanipal estableciera la suya. Con todo, esta última presenta registros tan numerosos y diversos que se ha ganado la reputación de ser “la mayor del mundo antiguo”. Tuvieron que pasar trescientos cincuenta años para que otra la superara.

Esta biblioteca aún mayor la edificó en torno al año 300 antes de nuestra era uno de los generales de Alejandro Magno, Tolomeo I Sóter, en la ciudad portuaria de Alejandría (Egipto). Sus encargados procuraron obtener copias de la mayoría de los escritos del mundo conocido hasta aquel entonces.* Cuenta la tradición que fue en Alejandría donde unos setenta eruditos comenzaron a traducir al griego la sección hebrea de las Santas Escrituras, lo que dio lugar a una versión que llegó a conocerse como la Septuaginta, la cual fue muy utilizada por los primeros cristianos.

Bibliotecas del Extremo Oriente

En la época en que Asurbanipal se dedicaba a mejorar su biblioteca, en China gobernaba la dinastía Zhou. Durante su dominio, que se extendió del año 1122 al 256 antes de nuestra era, se recopiló un conjunto de libros que llegó a conocerse como los Cinco Clásicos. Comprendían un manual de interpretación del futuro, una colección de discursos de soberanos anteriores, una selección de poemas, un compendio de instrucciones para las ceremonias y ritos religiosos, y una historia del estado de Lu (atribuida al filósofo chino Confucio) que se remontaba aproximadamente al año 722 y llegaba hasta el 481 antes de nuestra era. Durante más de dos milenios, los Cinco Clásicos y los numerosos comentarios que los explicaban moldearon el pensamiento chino y se convirtieron en el núcleo tanto de las bibliotecas imperiales como de las privadas.

En Japón, Hojo Sanetoki, cuya familia pertenecía a la clase dirigente de los samuráis, fundó en 1275 una biblioteca en su villa de Kanazawa, que en la actualidad pertenece a Yokohama. Allí procuró reunir todos los libros existentes en chino y japonés. Esta colección aún existe, aunque ha mermado el número de sus obras.

La Biblia, las bibliotecas monásticas y la cultura occidental

“Nada ejemplifica mejor el poder de la palabra impresa y el valor de las bibliotecas que el nacimiento, difusión y perdurabilidad de la religión cristiana”, señala la obra A History of Libraries in the Western World (Historia de las bibliotecas en el mundo occidental). Ahora bien, ¿qué relación hay entre las bibliotecas y la difusión del cristianismo?

Tras la caída del Imperio romano, muchas de las obras de sus grandes bibliotecas se destruyeron o dispersaron. Los monasterios que fueron surgiendo por toda la cristiandad europea reunieron lo que pudo salvarse. De hecho, una de las principales actividades de los monjes era copiar a mano obras bíblicas y de otras clases. Los monasterios benedictinos, por ejemplo, se regían por la “regla de san Benito”, que mandaba leer y copiar libros.

En Constantinopla había bibliotecas que guardaban antiguos manuscritos. Las copias de estos que allí se hicieron llegaron con el tiempo a Italia. Se cree que dichos manuscritos impulsaron significativamente el inicio del Renacimiento. “No podemos negar la contribución de las bibliotecas monásticas a la preservación de la cultura occidental —señala el historiador Elmer D. Johnson—. Durante unos mil años fueron el corazón intelectual de Europa, y sin ellas la civilización occidental habría sido muy diferente.”

La labor de copiar la Biblia contribuyó a que, durante este período, siguiera latiendo “el corazón intelectual de Europa”. Al extenderse por dicho continente la Reforma, el deseo de leer las Escrituras movió a la gente común a sacudirse el yugo del analfabetismo. El libro Historia de las bibliotecas del mundo dice: “La percepción de que todos los miembros de la sociedad deben tener una educación mínima que les permita leer la Biblia surgió con la Reforma protestante. Con el crecimiento de la controversia teológica, cobró importancia la capacidad de interpretar los escritos religiosos. Esto no sólo exigía saber leer, sino tener acceso a los libros”.

Por consiguiente, la Biblia desempeñó un papel clave en el mundo occidental tanto en la creación de bibliotecas como en la alfabetización de la población. La llegada de la imprenta propició el surgimiento en Europa, y luego en el resto del mundo, de grandes bibliotecas públicas y privadas que albergaban obras sobre una amplia variedad de temas.

Las bibliotecas del siglo XXI

En la actualidad hay bibliotecas enormes. Imagínese que estuviera junto a un estante de 850 kilómetros [530 millas] de largo con 29.000.000 de volúmenes. Pues bien, ese sería el tamaño aproximado de la mayor colección de libros del mundo: la de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos. Esta guarda además cerca de 2.700.000 grabaciones de audio y video, 12.000.000 de fotografías, 4.800.000 mapas y 57.000.000 de manuscritos. Y cada día acrecienta su patrimonio en 7.000 artículos.

La Biblioteca Británica, ubicada en Londres, ostenta el segundo puesto, con más de 18.000.000 de volúmenes. Por su parte, la Biblioteca Estatal Rusa de Moscú contiene 17.000.000, además de 632.000 volúmenes anuales de periódicos. La Biblioteca Nacional de Francia, una de las más antiguas de Europa, posee 13.000.000 de libros. La obra Library World Records dice de ella: “Fue la primera que proporcionó acceso total por Internet al texto de buena parte de sus colecciones”. Gracias a la Red, quienes tienen a su alcance una computadora disponen de un acceso más fácil que nunca al caudal de conocimientos que ha acumulado la humanidad.

La información de que dispone el público crece a un ritmo vertiginoso sin precedentes. Se calcula que la suma de los conocimientos humanos se duplica cada cuatro años y medio. Tan solo en Estados Unidos se editan anualmente más de ciento cincuenta mil nuevos libros.

De ahí que cobre especial relevancia la siguiente observación de Salomón, el antiguo sabio, escritor y rey: “El hacer muchos libros no tiene fin, y el aplicarse mucho a ellos es fatigoso a la carne” (Eclesiastés 12:12). No obstante, cuando se usan con prudencia, las bibliotecas siguen siendo, según la UNESCO, las “puertas del saber” que tenemos más cerca.

[Notas]

Se ha identificado a Asurbanipal como el Asnapar que menciona la Biblia en Esdras 4:10, quien fue contemporáneo del rey Manasés de Judá.

Para más información sobre las bibliotecas de Alejandría, tanto la antigua como la moderna, véase ¡Despertad! del 8 de enero de 2005.

[Ilustración y recuadro de la página 20]

La función del bibliotecario

  Si no logra encontrar en el catálogo el libro que busca, no se desespere; pregúntele al bibliotecario, pues suele tener una valiosísima experiencia. Roderick, quien ejerció ese cargo durante veinte años, dice: “Las bibliotecas y los bibliotecarios suelen intimidar a la gente. No es raro que se dirijan a uno diciendo: ‘Sé que le va a parecer una tontería, pero...’. Sin embargo, no hay preguntas tontas. La misión del buen bibliotecario es encontrar lo que usted necesita, y no necesariamente lo que pide”.

[Ilustración y recuadro de la página 21]

¿Qué significan los números?    225.7

El sistema de clasificación decimal Dewey

  A fin de mantener ordenados sus cuantiosos ejemplares, muchas bibliotecas recurren al sistema de clasificación decimal Dewey, cuyos números aparecen en los catálogos de la biblioteca, así como en los lomos de los libros. Publicado en 1876 por Melvil Dewey, influyente bibliotecario estadounidense, este sistema usa los números del 000 al 999 para dividir todas las obras en diez clases principales:

000-099 Generalidades

100-199 Filosofía y psicología

200-299 Religión

300-399 Ciencias sociales

400-499 Lenguas

500-599 Ciencias naturales y matemáticas

600-699 Tecnología (ciencias aplicadas)

700-799 Artes

800-899 Literatura y retórica

900-999 Geografía e historia

  Toda clase principal consta de diez divisiones, cada una dedicada a un tema específico dentro de la clase. Por ejemplo, la Biblia recibe su propio número, el 220, dentro de la clase 200 (Religión). Luego se subdividen en secciones los temas relativos a la Biblia: el número 225 corresponde al “Nuevo Testamento” (Escrituras Griegas). Se emplean dígitos adicionales para precisar aún más de qué tipo es el libro:

01 Filosofía y teoría

02 Miscelánea

03 Diccionarios, enciclopedias, concordancias

04 Temas especiales

05 Publicaciones en serie

06 Organizaciones y administración

07 Educación, investigación, temas relacionados

08 Colecciones

09 Historia de

  Por poner un ejemplo, una enciclopedia dedicada a toda la Biblia llevaría el número 220.3, mientras que un comentario a las Escrituras Griegas aparecería bajo el 225.7.

El sistema de clasificación de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos es semejante al Dewey, pero utiliza una combinación de letras y números. La mayoría de los libros también incluyen una clave alfanumérica que identifica al autor. En otros países se emplean sistemas de clasificación diferentes.

[Ilustración de la página 18]

El rey Asurbanipal (Asiria, 650 antes de nuestra era), cuya biblioteca contenía tablillas cuneiformes

[Ilustración de la página 18]

Biblioteca Británica (Londres, Inglaterra)

[Ilustración de la página 18]

Biblioteca de un monasterio (Suiza, 1761)

[Ilustración de la página 19]

Biblioteca de Alejandría (Egipto, cerca del 300 antes de nuestra era)

[Reconocimiento]

Del libro Ridpath’s History of the World (Vol. II)

[Ilustración de las páginas 20 y 21]

Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, la mayor del mundo

[Reconocimiento]

Del libro Ridpath’s History of the World (Vol. IX)

[Reconocimientos de la página 18]

Fotos del extremo superior izquierdo y de abajo: Erich Lessing/Art Resource, NY; tablilla: foto tomada por gentileza del Museo Británico