Capítulo 20

Jehová es Rey

BABILONIA, Filistea, Moab, Siria, Etiopía, Egipto, Edom, Tiro, Asiria: todas estas naciones y ciudades hostiles serán objeto de la cólera de Jehová. Isaías ha predicho las calamidades que se abatirán sobre ellas. Pero ¿y Judá? ¿Quedará sin castigo el proceder pecaminoso de sus habitantes? El registro histórico responde con un rotundo no.

2 Veamos lo que le ocurrió a Samaria, la capital del reino de diez tribus de Israel. La nación no cumplió su pacto con Dios. No se mantuvo apartada de las prácticas lascivas de las naciones que la rodeaban. Más bien, los habitantes de Samaria “siguieron haciendo cosas malas para ofender a Jehová [...]; por lo tanto Jehová se enojó mucho contra Israel, de modo que los quitó de su vista”. Arrancado de su tierra, “Israel se fue de su propio suelo al destierro en Asiria” (2 Reyes 17:9-12, 16-18, 23; Oseas 4:12-14). Lo que le sucedió a Israel no auguró nada bueno para Judá, su reino hermano.

Isaías predice la desolación de Judá

3 Algunos reyes de Judá fueron fieles, pero la mayoría no. El pueblo nunca abandonó por completo la adoración falsa, ni siquiera durante el mandato de un rey tan fiel como Jotán (2 Reyes 15:32-35). La maldad alcanzó un punto culminante en el reinado del sanguinario Manasés, el cual, según narra la tradición judía, ordenó que el leal profeta Isaías muriera aserrado en pedazos (compárese con Hebreos 11:37). Este rey malvado “siguió seduciendo a Judá y a los habitantes de Jerusalén para que hicieran peor que las naciones que Jehová había aniquilado de delante de los hijos de Israel” (2 Crónicas 33:9). Bajo su gobierno, la tierra se contaminó aún más que cuando la poseían los cananeos. Por tanto, Jehová declara: “Aquí voy a traer una calamidad sobre Jerusalén y Judá, de la cual, si alguien oye, ambos oídos le retiñirán. [...] Simplemente limpiaré a Jerusalén así como uno limpia el tazón sin asa, limpiándolo y volviéndolo boca abajo. Y realmente abandonaré al resto de mi herencia y los daré en la mano de sus enemigos, y simplemente llegarán a ser botín y presa para todos sus enemigos, por razón de que hicieron lo que era malo a mis ojos y de continuo estuvieron ofendiéndome” (2 Reyes 21:11-15).

4 La tierra quedará deshabitada, como si fuera un tazón vuelto boca abajo del que se ha derramado todo su contenido. La venidera desolación de Judá y Jerusalén vuelve a ser el tema de una profecía de Isaías. Esta comienza así: “¡Mira! Jehová vacía la tierra y la deja asolada, y ha torcido la faz de ella y ha esparcido a sus habitantes” (Isaías 24:1). La profecía se cumple cuando los ejércitos invasores de Babilonia, a las órdenes del rey Nabucodonosor, destruyen Jerusalén y su templo, y cuando la espada, el hambre y la peste diezman a los habitantes de Judá. A la mayoría de los judíos supervivientes se les lleva cautivos a Babilonia, y los pocos que quedan atrás huyen a Egipto, de modo que el país acaba arrasado y completamente desierto. Ni siquiera hay animales domésticos. La tierra despoblada se transforma en un yermo, en cuyas sombrías ruinas solo habitan aves y animales salvajes.

5 ¿Recibirá alguien en Judá un trato preferente durante el juicio que se aproxima? Isaías responde: “Tiene que llegar a ser lo mismo para el pueblo como para el sacerdote; lo mismo para el siervo como para su amo; lo mismo para la sierva como para su ama; lo mismo para el comprador como para el vendedor; lo mismo para el prestador como para el que toma prestado; lo mismo para el que toma el interés como para el que paga el interés. Sin falta la tierra será vaciada, y sin falta será saqueada, porque Jehová mismo ha hablado esta palabra” (Isaías 24:2, 3). La riqueza y los privilegios que conlleva el servicio en el templo no significarán nada. No se harán excepciones. La tierra está tan corrompida que todos los supervivientes tendrán que ir al exilio, sin importar que sean sacerdotes, siervos o amos, compradores o vendedores.

6 Para que no haya ningún malentendido, Isaías describe la absoluta desolación que ocasionará este desastre y explica la razón por la que sobrevendrá: “La tierra se ha dado al duelo, se ha desvanecido. La tierra productiva se ha marchitado, se ha desvanecido. Los encumbrados del pueblo de la tierra se han marchitado. Y la mismísima tierra ha sido contaminada bajo sus habitantes, porque han pasado por alto las leyes, han cambiado la disposición reglamentaria, han quebrantado el pacto de duración indefinida. Por eso la maldición misma se ha comido la tierra, y a los que la habitan se les considera culpables. Por eso los habitantes de la tierra han decrecido en número, y muy pocos hombres mortales han quedado” (Isaías 24:4-6). Cuando los israelitas recibieron la tierra de Canaán, comprobaron que era una “tierra que mana[ba] leche y miel” (Deuteronomio 27:3). Aun así, todavía dependían de la bendición de Jehová. Si obedecían fielmente sus estatutos y mandamientos, la tierra ‘daría su producto’. De lo contrario, ‘gastarían para nada’ sus energías tratando de cultivar el terreno, ya que este ‘no daría su producto’ (Levítico 26:3-5, 14, 15, 20). La maldición de Jehová ‘se comería la tierra’ (Deuteronomio 28:15-20, 38-42, 62, 63). Judá debe esperar ahora que dicha maldición caiga sobre ella.

7 Unos ochocientos años antes de la época de Isaías, los israelitas habían aceptado por propia voluntad un pacto con Jehová y se habían comprometido a regirse por él (Éxodo 24:3-8). El pacto de la Ley estipulaba que Jehová los colmaría de bendiciones si obedecían Sus mandatos, pero que, de lo contrario, perderían Su bendición y caerían prisioneros de sus enemigos (Éxodo 19:5, 6; Deuteronomio 28:1-68). Este pacto de la Ley, del que Moisés fue mediador, estaría en vigor por un período indefinido, no especificado, y serviría de protección al pueblo de Israel hasta la llegada del Mesías (Gálatas 3:19, 24).

8 Pero los israelitas “han quebrantado el pacto de duración indefinida”. Han pasado por alto las leyes que Dios ha promulgado, las han desoído. “Han cambiado la disposición reglamentaria” adoptando prácticas legales distintas a las que Jehová había estipulado (Éxodo 22:25; Ezequiel 22:12). Por consiguiente, se les expulsará del país. No habrá lugar para la misericordia. Cuando Jehová retire su protección y favor, “los encumbrados” —la nobleza— estarán entre los primeros en ‘marchitarse’. Estas palabras se cumplen al aproximarse la destrucción de Jerusalén, pues primero los egipcios y luego los babilonios convierten a los reyes de Judá en vasallos suyos. Posteriormente, el rey Joaquín y otros miembros de la familia real figuran entre los primeros que fueron llevados cautivos a Babilonia (2 Crónicas 36:4, 9, 10).

El regocijo huye del país

9 Los israelitas son un pueblo agrícola y ganadero. Desde que entraron en la Tierra Prometida, su vida gira en torno al cultivo del terreno y a la cría de ganado, de modo que las cuestiones agrarias ocupan un lugar destacado en la legislación que recibieron. Por ejemplo, esta ordena que cada séptimo año la tierra reciba un descanso sabático obligatorio que le permita recuperar la fertilidad (Éxodo 23:10, 11; Levítico 25:3-7). Asimismo, las fechas de las tres fiestas anuales que la nación debe celebrar coinciden con temporadas agrícolas (Éxodo 23:14-16).

10 En el país abundan los viñedos. Las Escrituras dicen que el vino, un producto de la vid, es un don de Dios que “regocija el corazón del hombre mortal” (Salmo 104:15). El que cada uno ‘se siente debajo de su propia vid y de su propia higuera’ denota la prosperidad, la paz y la seguridad que reinan bajo el gobierno justo de Dios (1 Reyes 4:25; Miqueas 4:4). Una vendimia abundante se considera una bendición y un motivo para cantar y regocijarse (Jueces 9:27; Jeremías 25:30). Pero lo contrario también es cierto. El hecho de que las viñas se marchiten o no produzcan uvas y los viñedos se conviertan en yermos desolados llenos de espinos, es una prueba palpable de que Jehová ha retirado su bendición; denota una época de gran pesar.

11 Es apropiado, pues, que Isaías utilice las viñas y su producto para ilustrar las consecuencias de que Jehová retire su bendición del país: “El vino nuevo se ha dado al duelo, la vid se ha marchitado, todos los alegres de corazón se han puesto a suspirar. Ha cesado el alborozo de las panderetas, ha quedado suspendido el ruido de los altamente jubilosos, ha cesado el alborozo del arpa. No beben vino con canción; el licor embriagante se les pone amargo a los que lo beben. El pueblo desierto ha sido derribado; toda casa ha sido cerrada para que no se entre. Por falta de vino hay un clamor en las calles. Todo regocijo ha desaparecido; el alborozo de la tierra se ha ido. En la ciudad ha quedado una condición pasmosa; la puerta ha sido triturada hasta quedar hecha un simple montón de ripios” (Isaías 24:7-12).

12 La pandereta y el arpa son instrumentos deleitables que se usan para alabar a Jehová y expresar gozo (2 Crónicas 29:25; Salmo 81:2). En estos tiempos de castigo divino, no se oirá su música. No habrá vendimias gozosas. Ningún sonido de alegría saldrá de las ruinas desiertas de Jerusalén. La puerta de la ciudad será “un simple montón de ripios”, de escombros, y toda casa estará “cerrada” para que nadie entre. Sombrías perspectivas para los habitantes de una tierra que ha sido tan fértil por naturaleza.

Un resto ‘clama gozosamente’

13 Los israelitas recolectan las aceitunas vareando los olivos para que estas caigan al suelo. La Ley divina prohíbe rebuscar las que quedan en las ramas. Tampoco se pueden recoger las uvas olvidadas al vendimiar. Los restos de la cosecha deben dejarse para que los recojan los pobres, es decir, “para el residente forastero, para el huérfano de padre y para la viuda” (Deuteronomio 24:19-21). Isaías se vale de estas leyes tan conocidas para ilustrar el hecho consolador de que habrá quienes sobrevivan al venidero castigo de Jehová: “Así llegará a ser en medio de la tierra, entre los pueblos, como el vareo del olivo, como la rebusca cuando ha terminado la vendimia. Ellos mismos alzarán la voz, clamarán gozosamente. En la superioridad de Jehová ciertamente clamarán agudamente desde el mar. Por eso en la región de la luz tienen que glorificar a Jehová, en las islas del mar el nombre de Jehová, el Dios de Israel. Desde la extremidad de la tierra hay melodías que hemos oído: ‘¡Decoración al Justo!’” (Isaías 24:13-16a).

14 Al igual que en el árbol o en la viña quedan algunos frutos después de la cosecha, tras la ejecución de la sentencia de Jehová también quedarán algunos israelitas, “la rebusca cuando ha terminado la vendimia”. Como hemos visto en el Isa 24 versículo 6, el profeta ya se ha referido a ellos al decir que “muy pocos hombres mortales han quedado”. Pero, aunque sean pocos, habrá quienes sobrevivan a la destrucción de Jerusalén y Judá, y un resto regresará posteriormente del cautiverio para repoblar la tierra (Isaías 4:2, 3; 14:1-5). Pese a que los rectos atravesarán oscuros períodos de prueba, pueden estar seguros de que les aguarda la liberación y una época de gozo. Los supervivientes verán la realización de la palabra profética de Jehová y reconocerán que Isaías ha sido un profeta verdadero de Dios. Rebosarán de alegría al presenciar el cumplimiento de las profecías de restauración. Desde todos los lugares en que se encuentren dispersos —sean las islas del Mediterráneo, al oeste; Babilonia, en “la región de la luz” (el naciente o este), o algún otro confín—, alabarán a Dios por haberlos protegido y cantarán: “¡Decoración al Justo!”.

Nadie escapará del castigo de Jehová

15 De momento, sin embargo, cualquier regocijo es prematuro. Isaías hace regresar a sus contemporáneos al presente cuando declara: “Pero yo digo: ‘¡Para hay flacura, para hay flacura! ¡Ay de mí! Los que en sus tratos son traicioneros han tratado traidoramente. Aun con traición los que en sus tratos son traicioneros han tratado traidoramente’. Pavor y el hueco y la trampa están sobre ti, habitante de la tierra. Y tiene que suceder que cualquiera que huya del sonido de lo que se ha temido con pavor caerá en el hueco, y cualquiera que suba de dentro del hueco será apresado en la trampa. Porque las mismísimas compuertas de lo alto realmente serán abiertas, y los fundamentos de la tierra se mecerán. Absolutamente ha reventado la tierra, absolutamente ha sido sacudida la tierra, absolutamente ha sido puesta en bamboleo la tierra. Absolutamente se mueve con inseguridad como un borracho la tierra, y ha oscilado de acá para allá como una choza de vigilancia. Y su transgresión se ha hecho pesada sobre ella, y tiene que caer, de modo que no volverá a levantarse” (Isaías 24:16b-20).

16 El dolor por lo que le sobrevendrá a su pueblo embarga a Isaías. Las condiciones que ve a su alrededor le hacen sentirse enfermo y afligido. Abundan individuos traicioneros que aterrorizan a la gente del país. Cuando Jehová ya no los proteja, los habitantes infieles de Judá tendrán pavor día y noche. Temerán por su vida. No podrán escapar del desastre que se les avecina por haber rechazado los mandatos de Jehová y haber pasado por alto la sabiduría piadosa (Proverbios 1:24-27). Les sobrevendrá la calamidad, aunque haya traidores entre ellos que traten de convencerlos de que todo irá bien y recurran a la falsedad y al engaño para empujarlos a un proceder que los encamine a la destrucción (Jeremías 27:9-15). Llegarán enemigos extranjeros que los saquearán y se los llevarán cautivos. Todas estas perspectivas angustian a Isaías.

17 Aun así, el profeta tiene la obligación de declarar que no hay escape posible. Sin importar adónde traten de huir, los capturarán. Algunos se librarán de una calamidad, pero les acaecerá otra: no estarán seguros en ningún sitio. Serán como un animal perseguido que se libra de caer en una trampa, pero que luego queda atrapado en un cepo (compárese con Amós 5:18, 19). Jehová abrirá los cielos para que su poder ejecutor sacuda los mismísimos cimientos de la tierra, la cual se tambaleará y desplomará como un borracho, cargada de culpa e incapaz de levantarse (Amós 5:2). La sentencia divina es inapelable. Una total destrucción y ruina se abatirá sobre la tierra.

Jehová reinará en gloria

18 A continuación, el enfoque de la profecía de Isaías se amplía y señala al desenlace final del propósito de Jehová: “En aquel día tiene que suceder que Jehová dirigirá su atención al ejército de la altura en la altura, y a los reyes del suelo sobre el suelo. Y ciertamente serán reunidos como con la acción de reunir a prisioneros en el hoyo, y serán encerrados en el calabozo; y después de una abundancia de días se les dará atención. Y la luna llena ha quedado corrida, y el sol relumbrante se ha avergonzado, porque Jehová de los ejércitos ha llegado a ser rey en el monte Sión y en Jerusalén y enfrente de sus hombres de edad madura, con gloria” (Isaías 24:21-23).

19 La expresión “ejército de la altura” podría referirse a los demoníacos “gobernantes mundiales de esta oscuridad, [...] las fuerzas espirituales inicuas en los lugares celestiales” (Efesios 6:12). Estos seres han ejercido una fuerte influencia en las potencias mundiales (Daniel 10:13, 20; 1 Juan 5:19). Su objetivo es alejar a la gente de Jehová y de la adoración pura. En el caso de la nación de Israel lo consiguen de sobra, pues la inducen a adoptar las prácticas corruptas de las naciones que la rodean y así la hacen merecedora de la sentencia divina. Ahora bien, Satanás y sus demonios tendrán que responder por sus hechos cuando Dios centre su atención en ellos y en los gobernantes terrestres, “los reyes del suelo”, en quienes los demonios han influido para que se opongan a Dios y violen Sus leyes (Revelación [Apocalipsis] 16:13, 14). En lenguaje simbólico, Isaías dice que serán reunidos y “encerrados en el calabozo”. “Después de una abundancia de días”, quizá al final del Reinado Milenario de Jesucristo, cuando se libere temporalmente a Satanás y sus demonios (pero no a “los reyes del suelo”), Dios les dará el castigo definitivo que merecen (Revelación 20:3, 7-10).

20 Por consiguiente, esta parte de la profecía de Isaías ofrece a los judíos la magnífica garantía de que, en su debido momento, Jehová provocará la caída de Babilonia y los devolverá a su tierra natal. En 537 a.E.C., cuando Jehová demuestra de ese modo su poder y soberanía a favor de ellos, realmente se les puede decir: “¡Tu Dios ha llegado a ser rey!” (Isaías 52:7). En tiempos modernos, Jehová “ha llegado a ser rey” en 1914, fecha en que instaló a Jesucristo en el trono de Su Reino celestial (Salmo 96:10). También ‘llegó a ser rey’ en 1919, cuando demostró el poder de su reinado liberando al Israel espiritual del cautiverio al que Babilonia la Grande lo tenía sometido.

21 Jehová de nuevo ‘llegará a ser rey’ cuando acabe con Babilonia la Grande y el resto de este sistema de cosas perverso (Zacarías 14:9; Revelación 19:1, 2, 19-21). Después, Su gobierno del Reino será tan maravilloso que ni la brillante luna llena ni el radiante sol del mediodía se le podrán asemejar en esplendor (compárese con Revelación 22:5). Por decirlo así, ambos astros quedarán avergonzados al compararse con el majestuoso Jehová de los ejércitos. Jehová será el Rey supremo. Su omnipotencia y su gloria se pondrán de manifiesto ante todos (Revelación 4:8-11; 5:13, 14). ¡Qué maravillosa perspectiva! Cuando llegue ese momento, la llamada del Salmo 97:1 resonará por toda la Tierra en su cumplimiento más grandioso: “¡Jehová mismo ha llegado a ser rey! Esté gozosa la tierra. Regocíjense las muchas islas”.

[Preguntas del estudio]

 1, 2. a) ¿Quiénes serán objeto de la cólera de Jehová? b) ¿Quedará sin castigo Judá? ¿Cómo lo sabemos?

 3. a) ¿Por qué abandona Jehová al reino de dos tribus de Judá? b) ¿Qué ha decidido hacer Jehová?

 4. ¿Qué le hará Jehová a Judá, y cómo se cumple la profecía?

 5. ¿Se librará alguien de la sentencia de Jehová? Explique.

 6. ¿Por qué retira Jehová su bendición de la tierra?

 7. ¿En qué caso sería el pacto de la Ley una bendición para los israelitas?

 8. a) ¿Cómo ha “pasado por alto las leyes” y ha “cambiado la disposición reglamentaria” el pueblo? b) ¿De qué maneras son “los encumbrados” los primeros en ‘marchitarse’?

 9, 10. a) ¿Qué papel desempeñan la agricultura y la ganadería en Israel? b) ¿Qué significa el que cada uno ‘se siente debajo de su propia vid y de su propia higuera’?

11, 12. a) ¿Cómo ilustra Isaías las consecuencias de la sentencia de Jehová? b) ¿Qué sombrías perspectivas pinta Isaías?

13, 14. a) ¿Qué leyes ha dado Jehová sobre las cosechas? b) ¿Cómo se vale Isaías de las leyes sobre las cosechas para ilustrar que algunos sobrevivirán al castigo de Jehová? c) ¿De qué pueden estar seguros los habitantes fieles de Judá a pesar de que se aproximan oscuros períodos de prueba?

15, 16. a) ¿Cómo se siente Isaías por lo que le sucederá a su pueblo? b) ¿Qué les sobrevendrá a los habitantes infieles del país?

17. a) ¿Por qué no hay manera de escapar? b) ¿Qué le sucederá a la tierra cuando Jehová desate su poder ejecutor desde los cielos?

18, 19. a) ¿A quiénes podría referirse la expresión “ejército de la altura”, y cómo se les reúne “en el calabozo”? b) Al parecer, ¿cómo dará Jehová atención “al ejército de la altura” después de “una abundancia de días”? c) ¿Cómo se ocupa Jehová de “los reyes del suelo”?

20. Tanto en tiempos antiguos como en la actualidad, ¿cómo y cuándo ‘llega a ser rey’ Jehová?

21. a) ¿En qué sentido ‘quedarán avergonzados la luna llena y el sol relumbrante’? b) ¿Qué resonante llamada tendrá su cumplimiento más grandioso?

[Ilustración de la página 262]

Ya no se oirá música ni regocijo en el país

[Ilustración de la página 265]

Al igual que tras la cosecha quedan frutos en el árbol, habrá quienes sobrevivan al juicio de Jehová

[Ilustración de la página 267]

El dolor por lo que le sobrevendrá a su pueblo embarga a Isaías

[Ilustración de la página 269]

Ni el Sol ni la Luna se asemejarán a Jehová en esplendor