CAPÍTULO 14

Honrados en todas las cosas

“Deseamos comportarnos honradamente en todas las cosas.” (HEBREOS 13:18.)

UN NIÑO sale de la tienda con su madre. De pronto, se detiene con cara de susto. ¿Qué le ocurre? Sin darse cuenta, se ha llevado un juguete. Pensaba pedirle a su mamá que lo comprara, pero se olvidó. Desconsolado, se echa a llorar. La madre lo tranquiliza y regresa con él a la tienda. ¡Qué feliz y orgullosa se siente al verlo devolver el juguete y disculparse!

2 Ver que sus hijos aprenden a ser honrados es una gran alegría para cualquier padre. Y más aún para nuestro Padre celestial, porque él es “el Dios de la verdad” (Salmo 31:5). A Jehová le complace observar que, como parte de nuestro crecimiento espiritual, nos esforzamos por ser personas íntegras. Dado que queremos hacerle feliz y mantenernos en su amor, “deseamos —como dijo Pablo— comportarnos honradamente en todas las cosas” (Hebreos 13:18). Primero examinaremos cuatro facetas en las que no siempre es fácil actuar así y luego repasaremos los beneficios de hacerlo.

HONRADOS CON NOSOTROS MISMOS

3 En primer lugar, tenemos que aprender a ser honrados con nosotros mismos. Cegados por la imperfección, es muy fácil caer en el autoengaño. Así les sucedió a los cristianos de Laodicea. Jesús dijo que, aunque se habían convencido de que eran ricos, cada uno de ellos se encontraba “pobre”, “ciego” y “desnudo” espiritualmente (Revelación 3:17). El estado en que se hallaban no solo era muy lamentable, sino muy peligroso, y más aún porque estaban cerrando los ojos a la realidad.

4 De igual modo, Santiago advirtió: “Si a un hombre le parece que es [un buen] adorador [...], y con todo no refrena su lengua, sino que sigue engañando su propio corazón, la forma de adoración de este hombre es vana” (Santiago 1:26). Creer que Jehová acepta nuestro servicio aunque usemos mal la lengua, también es engañarse a uno mismo. Ese tipo de adoración es inútil. No logra nada. ¿Qué podemos hacer para no caer en un error tan lamentable?

5 En los versículos anteriores, Santiago habla de la ley perfecta de Dios, revelada en la Biblia, y la compara con un espejo donde nos anima a “mirarnos” para saber qué retoques tenemos que hacer (Santiago 1:23-25). En efecto, las Escrituras son el medio que nos permite evaluarnos con honradez y descubrir dónde tenemos que mejorar (Lamentaciones 3:40; Ageo 1:5). Además, debemos pedirle a Jehová que nos analice, nos permita notar los defectos más graves y nos dé fuerzas para corregirlos (Salmo 139:23, 24). Bien pudiera ser que, sin darnos cuenta, estemos desarrollando una actitud deshonesta. Pero no debemos olvidar cómo la considera nuestro Padre celestial. Según Proverbios 3:32, la persona con actitud sinuosa, o engañosa, es “detestable a Jehová, pero Él tiene intimidad con los rectos”. Sin duda, Dios nos ayudará a vernos como él nos ve y a querer hacer lo que él quiere. Así, podremos decir, como Pablo, que “deseamos comportarnos honradamente”. Claro, debemos esforzarnos de todo corazón por hacer realidad ese deseo, aunque hoy por hoy sea imposible lograrlo a la perfección.

HONRADOS EN LA FAMILIA

6 Además, la honradez debe distinguir a nuestra familia. Los cónyuges deben ser francos y sinceros el uno con el otro. No deben caer en vicios tan destructivos como el coqueteo, las relaciones clandestinas por Internet o la pornografía de cualquier tipo. Lamentablemente, algunos cristianos han obrado así a espaldas de su pareja. ¡Qué poca honestidad! Nunca caigamos en prácticas que nos lleven a ser hipócritas con nuestro cónyuge. Más bien, imitemos al rey David, quien dijo: “No me he sentado con hombres de falsedad; ni entro con los que esconden lo que son” (Salmo 26:4).

7 Los padres deben enseñar a sus hijos el valor de la honradez. Para ello, es conveniente que usen la Biblia. Por un lado, las Escrituras contienen ejemplos de lo que no debe hacerse. Tenemos el caso de Acán, que cometió un robo y trató de ocultarlo; o la historia de Guehazí, que mintió para lucrarse, y, por supuesto, el relato de Judas, quien no solo hurtó dinero, sino que recurrió al engaño más vil para hacer daño a Jesús (Josué 6:17-19; 7:11-25; 2 Reyes 5:14-16, 20-27; Mateo 26:14, 15; Juan 12:6).

8 Pero también hay ejemplos positivos. Como el de Jacob, que al enterarse de que sus hijos habían encontrado dinero en sus costales, les ordenó devolverlo, creyendo que había ido a parar allí por equivocación. O el de Jefté y su hija, la cual cumplió el voto de su padre a pesar del gran sacrificio implicado. O el del propio Jesús, que al verse ante una multitud enfurecida, actuó con valentía y no escondió su identidad, demostrando que lo que más le interesaba era el cumplimiento de la profecía bíblica y la seguridad de sus amigos (Génesis 43:12; Jueces 11:30-40; Juan 18:3-11). Esta es tan solo una pequeña muestra del gran caudal de relatos bíblicos que podemos emplear para enseñar a los hijos a amar y valorar la honradez.

9 Ahora bien, esta labor educadora no se limita a las palabras. Es esencial predicar con el ejemplo. Por eso, el apóstol Pablo preguntó: “Tú, [...] el que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo? Tú, el que predicas: ‘No hurtes’, ¿hurtas?” (Romanos 2:21). Hay padres que, aunque defienden la honradez de labios hacia afuera, de vez en cuando actúan deshonestamente, quizá soltando verdades a medias o quedándose con artículos que no les pertenecen. Luego se justifican diciendo: “No es más que una mentira piadosa que a nadie hace daño” o “Ellos ya saben que la gente se lleva estas cosas”. Pero así lo único que consiguen es confundir a sus hijos. El robo siempre es robo, sin importar el valor del objeto sustraído; y la mentira siempre es mentira, independientemente del tema del que se trate o de que la falsedad tenga poca trascendencia (Lucas 16:10).* Además, los niños huelen la hipocresía desde lejos, y suele afectarles mucho (Efesios 6:4). En cambio, si sus padres se esfuerzan por dejarles un buen modelo a seguir, es muy probable que de adultos continúen glorificando a Jehová en este mundo corrupto (Proverbios 22:6).

HONRADOS DENTRO DE LA CONGREGACIÓN

10 También tenemos muchas oportunidades de ser honestos con nuestros hermanos en la fe. Ya vimos en el capítulo 12 que al estar con ellos debemos tener más cuidado, si cabe, con nuestras conversaciones, pues es fácil caer en el chisme, o peor aún, en la calumnia. Si repetimos historias no confirmadas, podemos estar, sin pretenderlo, difundiendo mentiras. Ciertamente, es mejor pensarlo dos veces antes de hablar (Proverbios 10:19). Y eso es así incluso si estamos seguros de que lo que vamos a decir es cierto. ¿Por qué? Porque pudiera ser una intromisión o una falta de bondad (1 Tesalonicenses 4:11). Nunca confundamos la franqueza con la rudeza; siempre es posible expresarse con tacto y amabilidad (Colosenses 4:6).

11 Es especialmente importante ser honestos con los pastores de la congregación. Si alguien ocultara pecados graves —quizás recurriendo a mentiras cuando se le pregunte al respecto—, lo único que lograría sería empeorar la situación. Hasta podría empezar a llevar una doble vida, un fraude absoluto, fingiendo servir a Jehová y al mismo tiempo practicando el pecado (Salmo 12:2). Otro error sería contar a los ancianos solo parte de la verdad, omitiendo detalles clave (Hechos 5:1-11). En muchos casos, quienes se valen de esas tretas se han dejado llevar por los engaños que difunde Satanás (véase el recuadro “Mentiras diabólicas sobre los pecados graves”, en las páginas 164 y 165).

12 Asimismo, tenemos que ser honrados con la organización de Jehová siempre que llenamos un cuestionario o entregamos un informe. ¿Cómo? Por ejemplo, anotando cifras verídicas en el informe del servicio del campo o aportando datos exactos sobre nuestra salud —u otros detalles de nuestro historial— en las solicitudes para privilegios de servicio (Proverbios 6:16-19).

13 También debemos ser honrados si mantenemos relaciones comerciales o laborales con algún hermano. Claro está, no nos ocupamos de dichos asuntos ni en el Salón del Reino ni en la predicación. Si damos empleo a otro cristiano, seremos honrados entregándole puntualmente el sueldo acordado y pagando todos los beneficios que estipule la ley (1 Timoteo 5:18; Santiago 5:1-4). Y si somos nosotros los que trabajamos para otro Testigo, cumpliremos fielmente con todas nuestras obligaciones (2 Tesalonicenses 3:10). No esperaremos un trato preferencial, como si los lazos espirituales nos dieran derecho a exigir más ventajas y más tiempo libre que los demás empleados (Efesios 6:5-8).

14 ¿Y si se trata de un préstamo o una operación financiera, como una inversión conjunta? La Biblia nos brinda un principio muy útil: siempre es mejor ponerlo todo por escrito. Así, cuando Jeremías adquirió un terreno, preparó una escritura ante testigos y por duplicado, y luego la puso a buen recaudo (Jeremías 32:9-12; véase también Génesis 23:16-20). Registrar, atestiguar y firmar debidamente las transacciones no es una muestra de desconfianza, sino una sabia precaución que evita malentendidos, desengaños y discordias. Si decidimos hacer tratos con otro cristiano, recordemos que no vale nunca la pena poner en peligro la paz y la unidad de la congregación por cuestión de negocios (1 Corintios 6:1-8).*

HONRADOS FUERA DE LA CONGREGACIÓN

15 Los cristianos también debemos actuar de forma intachable con quienes no comparten nuestra fe. Al igual que Pablo, “deseamos comportarnos honradamente en todas las cosas” (Hebreos 13:18). Para el Creador es muy importante que siempre realicemos los tratos comerciales como es debido, sin importar con quiénes los hagamos. Como muestra de este hecho, tan solo en el libro de Proverbios se menciona cuatro veces el engaño en el peso (Proverbios 11:1; 16:11; 20:10, 23). Las balanzas y pesas se usaban en la antigüedad tanto para comprar y vender productos como para comprobar el peso del oro y la plata con que se pagaba. Muchos comerciantes estafaban a la gente valiéndose de dos juegos de pesas y balanzas trucadas.* Pero Jehová detesta tales trampas. Si queremos mantenernos en su amor, no podemos recurrir a ningún tipo de fraude.

16 Los cristianos nos enfrentamos a menudo a la tentación de ser deshonestos. Y no es de extrañar, pues en este mundo gobernado por Satanás abundan las personas poco honradas. Con tal de salirse con la suya, exageran —o engañan descaradamente— al hablar de su preparación y experiencia cuando solicitan empleo. O mienten en los documentos de impuestos, seguros, inmigración u otros semejantes. O hacen trampa en los exámenes y trabajos académicos, tal vez descargando información de Internet y presentándola como si fuera suya. Hasta sobornan a funcionarios corruptos. ¿Qué más cabe esperar de un mundo lleno de individuos “sin amor del bien”, “amadores de sí mismos” y “amadores del dinero”? (2 Timoteo 3:1-5.)

17 En ocasiones, tal vez nos cueste seguir firmes en nuestra resolución de evitar cualquier engaño. Pudiera parecernos que en la sociedad actual solo triunfan y prosperan los tramposos, mientras que algunos siervos de Dios pasan estrecheces económicas por ser honestos “en todas las cosas” (Salmo 73:1-8). Pero, no lo dudemos ni un segundo: esos sacrificios merecen la pena. ¿En qué sentido? Veamos algunos beneficios de ser hombres y mujeres de principios.

BENEFICIOS DE SER HONRADOS

18 Pocas cosas hay tan valiosas como la fama de ser decente y cumplidor (véase el recuadro “¿Soy realmente honrado?”, en la página 167). Y es algo que está al alcance de todos. No depende de factores que quizás escapen a nuestro control, como el talento, la riqueza, la apariencia o la posición social. Con todo, el buen nombre de que disfrutamos es un tesoro poco común (Miqueas 7:2). Así, aunque haya quienes se burlen de que seamos honrados, otros nos respetarán y nos darán su confianza. Tal vez hasta salgamos ganando económicamente. ¿Cómo es posible? En muchos casos, los testigos de Jehová conservan el empleo cuando se despide a trabajadores deshonestos, o son elegidos para cargos que requieren gente de probada fidelidad.

19 Aunque los anteriores beneficios no están garantizados, hay otros mucho más importantes que sí lo están. El primero, la satisfacción de tener, como dijo Pablo, “una conciencia honrada”, o limpia (Hebreos 13:18). Y el segundo, el gozo de saber que nos estamos manteniendo en el amor de nuestro afectuoso Padre celestial, quien valora la honradez de sus siervos (Salmo 15:1, 2; Proverbios 22:1). Sin duda, no hay una recompensa mejor. Analicemos ahora un asunto relacionado: el punto de vista de Jehová sobre el trabajo.

[Notas]

Si alguien tiene la costumbre de mentir descarada y maliciosamente —con clara intención de hacer daño—, los ancianos de la congregación pueden formar un comité judicial.

En el apéndice, págs. 222, 223, se explica cómo atender las diferencias ocasionadas por algún negocio.

Con un juego de pesas hacían las compras y con otro las ventas; así siempre salían ganando. También usaban balanzas con un brazo más largo o más pesado que el otro.

[Preguntas del estudio]

 1, 2. Explique con una comparación por qué le complace a Jehová que nos esforcemos por ser honrados.

 3-5. a) ¿Cómo nos advierte la Biblia sobre el peligro de engañarnos a nosotros mismos? b) ¿Qué nos ayudará a evaluarnos objetivamente?

 6. ¿Por qué deben los cónyuges ser sinceros el uno con el otro, y qué peligros deben evitar?

 7, 8. ¿Con qué relatos bíblicos podemos enseñar a los hijos el valor de la honradez?

 9. ¿Por qué es esencial dar a los hijos un buen ejemplo de honradez, y qué debe evitarse?

10. A fin de ser verdaderamente honestos, ¿qué cuidado debemos tener en las conversaciones con nuestros hermanos?

11, 12. a) ¿Cómo empeoran la situación algunos cristianos cuando cometen pecados graves? b) ¿Qué mentiras sobre los pecados graves difunde Satanás, y cómo podemos luchar contra ellas? c) ¿Cuál es una forma de ser honrados con la organización de Jehová?

13. ¿Cómo demostramos honradez cuando mantenemos relaciones comerciales o laborales con algún hermano?

14. ¿Qué sabia precaución debemos tomar al hacer una transacción con otro cristiano, y por qué?

15. ¿Qué opina Jehová sobre los fraudes que suelen cometerse en el comercio, y qué postura adoptamos los cristianos?

16, 17. ¿Qué engaños suelen cometerse en este mundo, y qué resolución adoptamos los cristianos verdaderos?

18. ¿Por qué es tan valiosa la fama de ser honrado?

19. ¿Cómo se benefician nuestra conciencia y nuestra relación con Jehová cuando somos honrados?

[Recuadro de las páginas 164 y 165]

MENTIRAS DIABÓLICAS SOBRE LOS PECADOS GRAVES

  Satanás difunde mentiras muy peligrosas sobre los pecados graves. A él le encantaría que los cristianos las creyéramos, pero a nosotros no nos va a engañar. Conocemos muy bien sus “maquinaciones” (Efesios 6:11). Analicemos tres de tales mentiras.

  “Puedes ocultarlo.” Eso no es cierto, pues Jehová siempre ve lo que uno hace. “Todas las cosas están desnudas y abiertamente expuestas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta.” (Hebreos 4:13.) Así que, si vamos a tener que responder ante Jehová, y él ya lo sabe todo, ¿para qué empeorar aún más las cosas tratando de que no se enteren los siervos que él ha nombrado? (Véase también 2 Samuel 12:12.)

  “No puedes confiar en los ancianos. Mejor no digas nada.” En cierta ocasión, el malvado rey Acab de Israel se dirigió a Elías en estos términos: “Oh enemigo mío” (1 Reyes 21:20). Pero lo cierto es que aquel profeta de Jehová era quien podría haberle ayudado a recibir el perdón de Dios. Hoy, Jesús nos proporciona “dádivas en [forma de] hombres”: los ancianos de la congregación (Efesios 4:8). Aunque son imperfectos, “están velando por las almas” nuestras, es decir, por la salud y bienestar espiritual de todos (Hebreos 13:17). Jamás los veamos como enemigos, sino como lo que son: el medio por el que Jehová nos ayuda.

  “Hay que encubrir a los amigos.” Si alguien peca y nosotros lo encubrimos, lo cierto es que no le hacemos ningún favor. ¿Por qué? Porque los pecados graves son indicios de enfermedad espiritual, y esconderlos es como ocultarle síntomas importantes al médico (Santiago 5:14, 15). Puede que nuestro amigo tenga miedo a ser disciplinado, pero recordemos que la disciplina es una expresión del amor de Jehová que puede salvarle la vida (Proverbios 3:12; 4:13). Además, si el pecador persiste en su mala conducta, puede poner en peligro a otros cristianos. Y de ningún modo queremos contribuir a que su mala actitud se extienda en la congregación (Levítico 5:1; 1 Timoteo 5:22.) Por tanto, si sabemos que alguien ha cometido una falta grave, lo mejor que podemos hacer es asegurarnos de que acuda a los ancianos.

[Ilustración y recuadro de la página 167]

¿SOY REALMENTE HONRADO?

Principio: “Oh Jehová, ¿quién será huésped en tu tienda? [...] El que está andando exento de falta y practicando la justicia y hablando la verdad en su corazón” (Salmo 15:1, 2).

Preguntas para meditar

▪ ¿Por qué es esencial que diga siempre la verdad? (Proverbios 6:16, 17.)

▪ ¿Cómo demuestro que he “desechado la falsedad” cuando me someto a exámenes académicos o cuando lleno formularios, declaraciones de impuestos u otros documentos oficiales? (Efesios 4:25; Isaías 28:15; Mateo 22:17-21; Romanos 13:1-7.)

▪ ¿Revelan mis palabras y acciones que soy un trabajador honrado? (Proverbios 11:1; Efesios 4:28; Colosenses 3:9, 10.)

▪ Si quiero ser honrado, ¿por qué es necesario que evite el amor al dinero? (Salmo 37:21; 1 Timoteo 6:9, 10.)

[Ilustración de la página 162]

La honradez nos ayuda a evitar conductas que pudiéramos vernos tentados a ocultar