Capítulo 26

¿Cómo puedo controlar mis emociones?

SI TE pidieran tu opinión, ¿dirías que el fuego es bueno, o malo? “Depende”, puede que respondas. En una fría noche de invierno delante de una chimenea, probablemente dirías que el fuego es bueno. Pero ese mismo fuego, si se dejara sin control, podría extenderse rápidamente y quemar toda la casa. Seguro que entonces ya no pensarías lo mismo.

Algo parecido ocurre con las emociones. Cuando las expresas de forma controlada, son beneficiosas, pues te pueden ayudar, entre otras cosas, a estrechar las relaciones con los demás. Pero si no las dominas, pueden tener un efecto desastroso en ti y en los que te rodean.

De seguro tú también has visto que es difícil dominar ciertas emociones. Quizá te cueste controlar tu genio. O puede que a veces te invada una profunda tristeza. ¿Hay algo que puedas hacer para controlar esos sentimientos? A continuación te damos algunas sugerencias.

Aprende a controlarte

Cuando una persona nos trata de forma injusta, es natural que nos enojemos. Y en estos casos hay quienes pierden el control enseguida. Cuando la Biblia habla de alguien “dado a la cólera” y “dispuesto a la furia”, se refiere a este tipo de personas (Proverbios 22:24; 29:22). Es peligroso dejarse dominar por estas emociones, pues pueden hacer que uno haga o diga algo de lo que luego se arrepienta. Entonces, si alguien te trata mal, ¿cómo puedes controlarte?

Antes que nada, analiza la situación con calma. ¿Podrías resolver el asunto “en [tu] corazón”?* (Salmo 4:4.) Recuerda que devolver “daño por daño” solo empeorará las cosas (1 Tesalonicenses 5:15). Después de pensarlo bien y orar, quizá veas que el resentimiento desaparece y que ya no estás tan enojado (Salmo 37:8).

¿Y si esto no es suficiente? Según la Biblia, hay “tiempo de callar y tiempo de hablar” (Eclesiastés 3:7). ¿Por qué no hablas con la persona que te ofendió? Si crees que eso no sería lo mejor, podrías contarles lo que te pasa a tus padres o a un amigo maduro. Y aun si ves que esa persona te trata mal a propósito, no le pagues con la misma moneda, sino que esfuérzate por ser amable. La tabla de la página 221 te ayudará a no reaccionar impulsivamente ante situaciones que hasta ahora solían enojarte.

Pero lo más importante es que no dejes de orarle a Jehová para que te ayude a librarte del rencor. Es verdad que jamás podrás cambiar lo que pasó, pero sí puedes cambiar tu forma de reaccionar. Si dejas que el resentimiento te domine, en cierto modo estás permitiendo que la otra persona controle tus pensamientos y sentimientos, tal como un pescador controla al pez que muerde el anzuelo. ¿No preferirías ser tú el que tuviera el control? (Romanos 12:19.)

Cómo combatir la tristeza

“Últimamente tengo muchos cambios de humor y soy muy dura conmigo misma —cuenta Laura, de 16 años—. No hay nada que me haga feliz. A veces lloro hasta quedarme dormida.” Al igual que Laura, muchos adolescentes se sienten abrumados por las presiones de la vida. Quizá tú te sientas igual. Las exigencias de tus padres, amigos y profesores; los cambios físicos y emocionales por los que estás pasando; la frustración que te produce algún defecto o debilidad..., en fin, todo te deja con el ánimo por el suelo.

Algunos jóvenes hasta se lastiman a propósito tratando de aliviar su angustia.* Si tú haces lo mismo, intenta identificar la causa. ¿Hay algo que te preocupe mucho? ¿Tal vez alguna cuestión que afecte a tu familia o a tus amigos?

Una de las mejores maneras de luchar contra el desánimo es hablar con uno de los padres o con un cristiano maduro que demuestre ser “un hermano nacido para cuando hay angustia” (Proverbios 17:17). Liliana, una chica de 16 años, decidió desahogarse con algunas cristianas. “Como son mayores que yo, me dieron muy buenos consejos. Ahora son mis amigas”, relata.* En el caso de Dana, de 15 años, lo que la ayudó fue aumentar su participación en el ministerio cristiano. “Es lo mejor que pude haber hecho. Nunca me había sentido tan feliz.”

Pero, sobre todo, no dejes de orar, por muy triste que te sientas. El salmista David, que se enfrentó a muchos problemas en la vida, escribió: “Arroja tu carga sobre Jehová [...], y él mismo te sustentará” (Salmo 55:22). Jehová sabe muy bien por lo que estás pasando. Es más, “él se interesa por [ti]” (1 Pedro 5:7). Y si el desánimo domina tu corazón, recuerda que “Dios es mayor que nuestro corazón y conoce todas las cosas” (1 Juan 3:20). Jehová entiende mejor que tú por qué te angustias, y puede aliviarte.

Ahora bien, si tu tristeza no desaparece, es posible que tengas algún trastorno de salud, como puede ser la depresión.* En este caso, sería conveniente que fueras al médico. Fingir que no tienes un problema sería como subir el volumen de la música en tu automóvil para no oír un ruido extraño del motor. ¿Verdad que eso no resuelve nada? Así pues, busca ayuda. No tienes por qué avergonzarte de lo que te ocurre. A muchos jóvenes les ha dado buenos resultados recibir tratamiento contra la depresión o contra trastornos parecidos.

Pues bien, ¿qué hemos aprendido en este capítulo? Hemos visto que las emociones son como el fuego. Si las controlas, pueden hacerte mucho bien; pero si no las dominas, pueden tener un efecto desastroso en ti y en otras personas. Así que esfuérzate por mantenerlas bajo control. Es cierto, de vez en cuando harás o dirás cosas de las que luego te arrepentirás, pero ten paciencia. Con el tiempo serás tú el que domine tus emociones en lugar de que ellas te dominen a ti.

EN EL SIGUIENTE CAPÍTULO

¿Eres perfeccionista? ¿Cómo puedes aprender a vivir con tus errores?

[Notas]

Si sufres acoso escolar, encontrarás sugerencias útiles en el capítulo 14. Si quien te ofendió es un amigo tuyo, repasa el capítulo 10.

Estas personas se hacen daño deliberadamente con cortes, quemaduras, golpes, rasguños, etc.

Si no te atreves a hablar cara a cara con alguien, trata de hacerlo por teléfono o escribe una carta. Por lo general, el primer paso para empezar a sentirse mejor es confiarle a alguien el problema.

Hallarás más información sobre la depresión en el capítulo 13 del primer volumen.

Texto bíblico clave

“No te dejes vencer por el mal, sino sigue venciendo el mal con el bien.” (Romanos 12:21)

Una sugerencia

Todos los días trata de contarles a tus padres al menos una cosa buena que te haya pasado, por pequeña que sea. Así, cuando surja un problema grave, te será más fácil hablar con ellos. Y ellos, a su vez, estarán más dispuestos a escucharte.

¿Sabías esto?

Te resultará más fácil controlar tus emociones si comes bien y descansas lo suficiente.

¡Manos a la obra!

La emoción negativa que más me cuesta controlar es... ․․․․․

Trataré de controlarla haciendo esto: ․․․․․

¿Qué quiero preguntarle a mi padre o a mi madre sobre este tema? ․․․․․

Y tú, ¿qué piensas?

● ¿Por qué crees que a Dios no le gusta que te dejes llevar por la furia?

● ¿De qué maneras te perjudica no saber controlar el mal genio?

● ¿Cómo puedes vencer la tristeza?

[Comentario de la página 223]

“Lo que más me ayudó fue saber que tenía a alguien que se preocupaba por mí, alguien con quien podía hablar cuando me sintiera muy deprimida.” (Jennifer)

[Ilustraciones y tabla de la página 221]

Página de ejercicios o actividades

controla tu reacción                           Completa la tabla

situación           reacción impulsiva       reacción positiva

Un compañero       Le respondo con         No le hago caso para

de clase se burla    un insulto               demostrarle que

de mí                                         no va a conseguir

                                              que me enoje

Mi hermana toma    Yo también le tomo      ․․․․․

“prestados” mis      “prestados” un par

zapatos favoritos    de zapatos

sin pedirme

permiso

Estoy castigado:   ․․․․․                   ․․․․․

mis padres no me

dejan salir con

mis amigos

[Ilustración de la página 220]

La persona que se deja dominar por el rencor es como el pez que muerde el anzuelo: ahora otro lo controla

[Ilustración a toda plana de la página 218]