Capítulo 34

¿Tengo que obedecer siempre la Biblia?

Te encuentras en la cafetería de la escuela, comiendo con dos compañeras, cuando hace su entrada el chico nuevo.

—¿Sabes?, Sergio está loco por ti —te comenta una de las chicas—. Está superclaro. Fíjate en cómo te mira. ¡No te quita los ojos de encima!

—Y no te lo pierdas: ¡está libre! —te susurra al oído la otra compañera.

La verdad es que no te toma por sorpresa. ¡Si hasta te invitó el otro día a una fiesta en su casa! Claro, le dijiste que no, pero te quedaste con la duda de qué tal te hubiera ido.

La primera chica no te deja pensar más, pues te dice:

—¡Qué lástima que yo tengo novio! Me iría con él sin pensarlo ni un minuto.

Entonces te mira extrañada, y ya sabes con qué te va a salir:

—Oye, ¿y tú? ¿Cómo es que no tienes novio?

¡Tuvo que hacerte la dichosa pregunta! Para empezar, a ti te gustaría tener ese amigo especial, pero te han dicho que, hasta que no estés lista para el matrimonio, es mejor que no salgas con nadie. Si no fuera por...

—No me lo digas: es tu religión, ¿a que sí? —te dice la segunda compañera.

“¿Me estará leyendo la mente?”, piensas.

—¡Ay, nena!, contigo no hay más que Biblia, Biblia y más Biblia —afirma burlona—. ¿Es que no puedes divertirte de vez en cuando?

¿SE HAN reído de ti alguna vez porque vives como manda la Biblia? Entonces es fácil que te hayas preguntado si te estarás perdiendo algo. Así es como se sentía una joven llamada Doris, quien dijo: “Me parecía que las normas bíblicas eran demasiado estrictas. A mis compañeros se los veía muy libres, y me daba envidia la vida que llevaban”.

Abre los ojos a la realidad

La experiencia no siempre es la mejor consejera. A veces es mejor aprender de los errores ajenos; de hecho, eso es lo que recomienda la Biblia. Así fue como actuó Asaf, uno de los escritores del libro de los Salmos. Hubo un tiempo en que creyó que las normas de Dios lo tenían atado. Pero abrió los ojos a la realidad: se fijó en la vida que llevaban quienes abandonaban a Dios y comprendió que estaban en una situación muy peligrosa, por así decirlo, “en suelo resbaloso” (Salmo 73:18).

Teniendo esto en cuenta, repasa algunos comentarios de jóvenes que, en su momento, dejaron de lado las normas de la Biblia y tuvieron relaciones sexuales sin estar casados.

¿Qué te llevó a cambiar y comportarte así?

Doris: “Todos mis compañeros estaban ennoviados, y la verdad, parecían muy contentos. Cuando andaba con ellos y los veía dándose besos y abrazos, me entraba envidia y me sentía sola. Dejaba volar la imaginación durante horas, pensando en un chico que me gustaba, así que cada día tenía más ganas de estar con él”.

Miguel: “Leía publicaciones y veía programas que presentaban el sexo como lo máximo. Y como pasaba mucho tiempo hablando del tema con los amigos, me moría de curiosidad por saber cómo era. Además, cuando estaba a solas con una chica, pensaba que siempre podía acariciarla y besarla sin llegar más lejos; creía que podía pisar el freno cuando quisiera”.

Andrés: “Tenía el vicio de ver pornografía en Internet. Además, bebía e iba a fiestas con jóvenes que no respetaban mucho las normas bíblicas”.

Teresa: “Sabía que no estaba bien tener relaciones sexuales antes del matrimonio, pero en el fondo no me parecían tan malas. No tenía intenciones de acostarme con nadie, pero la pasión terminó venciendo a la razón. Al final, se me endureció tanto la conciencia que no sentía ninguna culpa”.

¿Eras feliz con la vida que llevabas?

Doris: “Al principio sí. Estaba eufórica al ver que era ‘libre’ y que mis compañeros me aceptaban. Pero no duró mucho. Comencé a sentirme sucia y vacía. Había perdido la inocencia. Me dio una pena terrible haber tirado a la basura mi virginidad”.

Andrés: “Cada vez me costaba menos ceder a los malos deseos. Pero al mismo tiempo me iban dominando los sentimientos de culpa y fracaso”.

Teresa: “La inmoralidad echó a perder mi juventud. Creía que mi novio y yo íbamos a disfrutar de la vida. Pero no fue así. Nos hicimos mucho daño y terminamos con el corazón roto. Me pasaba las noches llorando en la cama, lamentando no haber hecho las cosas como Jehová pide”.

Miguel: “Algo se había muerto dentro de mí. No quería pensar en el efecto que tenía en los demás lo que yo hacía, pero no podía evitarlo. Me daba tristeza que, por andar detrás del placer, les hiciera tanto daño a otras personas”.

Si un joven afirmara que las normas morales de la Biblia son demasiado estrictas, ¿qué le dirías?

Teresa: “Sigue las normas de Dios y júntate con quienes las respeten. Serás más feliz”.

Doris: “No se puede pensar solo en uno y en lo que uno quiere. Nuestros actos influyen en los demás. Y si no obedecemos a Dios, los que salimos perdiendo somos nosotros”.

Andrés: “Cuando no tienes experiencia, piensas que tus amigos se están dando la gran vida. Y sus actitudes se te pegan. Por eso hay que elegir bien las compañías. Si confías en Jehová, te ahorrarás un montón de problemas”.

Miguel: “Dos de los mejores regalos que nos ha hecho Jehová son la dignidad y la inocencia. Desperdiciarlos por falta de control es caer muy bajo. No te calles los problemas. Cuéntaselos a tus padres o a otras personas maduras. Y si alguna vez metes la pata, habla con ellos cuanto antes y arregla las cosas. Si te comportas como Jehová manda, disfrutarás de una sensación de paz extraordinaria”.

Las normas de la Biblia: ¿camisa de fuerza, o cinturón de seguridad?

Jehová es el “Dios feliz” y quiere que tú también seas feliz (1 Timoteo 1:11; Eclesiastés 11:9). Las normas de la Biblia son para tu propio bien. Quizás pienses que te tienen atado, como una camisa de fuerza. Pero en realidad te protegen, como un cinturón de seguridad.

No lo dudes: puedes confiar en la Biblia. Si decides hacer siempre lo que te pide, no solo alegrarás a Jehová, sino que recibirás muchos beneficios (Isaías 48:17).

EN EL SIGUIENTE CAPÍTULO

Tú puedes ser amigo de Dios. Averigua cómo.

Texto bíblico clave

“Yo, Jehová, soy tu Dios, Aquel que te enseña para que te beneficies.” (Isaías 48:17)

Una sugerencia

¿Tienes algún hermano o hermana más joven? Entonces, piensa en cómo le explicarías que lo mejor es vivir como dice la Biblia. Cuando hablas de tus creencias, se te graban en el corazón.

¿Sabías esto?

Para perder tu relación con Jehová solo hacen falta unos minutos; para arreglarla, tal vez necesites años.

¡Manos a la obra!

Quiero entender por qué las normas bíblicas son las mejores. Por eso, voy a... ․․․․․

Si me entra envidia de los que siguen las normas del mundo, voy a... ․․․․․

¿Qué quiero preguntarle a mi padre o a mi madre sobre este tema? ․․․․․

Y tú, ¿qué piensas?

● ¿Por qué no hace falta comprobar por experiencia propia que las cosas salen mal cuando desobedecemos a Dios?

● ¿Qué has aprendido de los comentarios de Doris, Miguel, Andrés y Teresa?

● ¿Por qué creen algunos que las normas bíblicas son como una camisa de fuerza, pero por qué están equivocados?

[Comentario de la página 285]

“Si te disciplinan por portarte mal, te dolerá, pero no tanto como si tratas de ocultar lo que has hecho.” (Sandra)

[Ilustraciones de la página 288]

Las normas bíblicas no limitan tu libertad; más bien te protegen