Capítulo 10

¿Nos preguntamos a diario “dónde está Jehová”?

JEREMÍAS está sumido en el llanto. Tanto las circunstancias presentes de su pueblo como las predicciones que ha recibido de Dios para el futuro le desgarran el corazón. Desea que su cabeza sea como un manantial y sus ojos como una fuente para no dejar de llorar. No le faltan razones por las cuales lamentar el estado de la nación (Jer. 9:1-3; léase Jeremías 8:20, 21). Como el pueblo sigue rechazando la Ley de Dios y no obedece su voz, le sobrevendrá la calamidad (Jer. 6:19; 9:13).

2 A los judíos, a quienes les gustaba oír de boca de sus dirigentes religiosos que todo iba bien, no les interesaba en realidad lo que Jehová opinaba de su conducta (Jer. 5:31; 6:14). Eran semejantes a un enfermo que solo quiere que el médico le diga palabras tranquilizadoras y pase por alto los síntomas graves. Si nosotros estuviésemos muy enfermos, ¿no desearíamos obtener un diagnóstico exacto y recibir el tratamiento oportuno? Espiritualmente hablando, los contemporáneos de Jeremías debieron haber buscado una evaluación honrada de su salud espiritual. Debieron haberse preguntado: “¿Dónde está Jehová?” (Jer. 2:6, 8).

3 Preguntarse “dónde está Jehová” habría supuesto buscar la guía divina a la hora de tomar decisiones tanto importantes como triviales. Aquellos judíos no lo hicieron. Pero después de la desolación de Jerusalén y su retorno del exilio en Babilonia, tendrían que ‘buscar a Jehová’; entonces lo hallarían y llegarían a conocer sus caminos (léase Jeremías 29:13, 14). ¿Cómo podrían buscarlo? Una forma sería solicitando su guía mediante oraciones sinceras. Así lo hizo el rey David, quien rogó a Dios: “Hazme conocer tus propios caminos, oh Jehová; enséñame tus propias sendas” (Sal. 25:4). Fijémonos ahora en la invitación que el Oidor de la oración extendió mediante Jeremías en el décimo año de Sedequías: “Llámame, y yo te responderé y prontamente te informaré de cosas grandes e incomprensibles que no has conocido” (Jer. 33:3). Si el rey y la nación renegada llamaban a Dios, él les revelaría cosas “incomprensibles” para ellos: la destrucción de Jerusalén y su reconstrucción tras yacer setenta años desolada.

4 Una segunda forma en que los judíos podrían buscar a Jehová sería estudiando su manera de tratarlos a lo largo de la historia. De este modo recordarían qué le agradaba y qué provocaba su cólera. Poseían los escritos de Moisés y varios relatos históricos inspirados, así como los anales de los reyes de Israel y Judá. Reflexionar en todo ello y escuchar a los profetas verdaderos les ayudaría a encontrar la respuesta a la pregunta: “¿Dónde está Jehová?”.

5 Y en tercer lugar, podrían buscar a Jehová aprovechando sus experiencias personales y las de los demás. No es que tuvieran que aprenderlo todo por el método de ensayo y error, pero sí les beneficiaría analizar sus propios actos del pasado y lo que pensaba Jehová al respecto. Siendo observadores, comprenderían lo que Dios opinaba de su conducta (Pro. 17:10).

[Ilustración de la página 116]

6 Apliquemos esta lección a nuestra realidad. ¿Nos preguntamos constantemente “dónde está Jehová” antes de tomar una decisión y elegir una manera de proceder? Si reconocemos que algunas veces no hemos sido tan juiciosos como deberíamos, no cedamos al desánimo. Hasta el fiel patriarca Job tuvo su propia lucha y, al encontrarse bajo presión, solo pensó en sí mismo. De hecho, Elihú tuvo que recordarle que todos tenemos esa misma tendencia: “Nadie ha dicho: ‘¿Dónde está Dios mi Magnífico Hacedor [...]?’” (Job 35:10). Por ello lo instó diciendo: “Muéstrate atento a las maravillosas obras de Dios” (Job 37:14). Job debía observar las maravillas de Jehová tanto en la creación como en sus tratos con los seres humanos. Por experiencia propia, Job llegó a comprender los caminos de Dios. Tras superar su prueba y ver cómo había manejado Jehová la situación, dijo: “Hablé, pero no entendía cosas demasiado maravillosas para mí, las cuales no conozco. De oídas he sabido de ti, pero ahora mi propio ojo de veras te ve” (Job 42:3, 5).

7 En cuanto a Jeremías, siguió buscando a Jehová y lo encontró. A diferencia de sus paisanos, no dejó de preguntarse durante decenios de servicio fiel “dónde está Jehová”. Basándonos en su ejemplo, veremos a continuación cómo podemos buscar y hallar a Jehová mediante la oración, el estudio y las experiencias personales (1 Cró. 28:9).

¿Qué implica preguntarse “dónde está Jehová”? ¿De qué maneras podrían haberse preguntado esto los contemporáneos de Jeremías?

JEREMÍAS RECURRIÓ A JEHOVÁ EN ORACIÓN

8 Durante los años que sirvió de vocero ante la nación de Judá, Jeremías buscó a Jehová con oraciones sentidas. Recurrió a él por apoyo cuando tuvo que proclamar mensajes impopulares, cuando creyó que no podía seguir más y cuando no entendió las razones por las cuales ocurrían ciertas cosas. Jehová le respondió y le dio instrucciones sobre cómo proceder. Estudiemos algunos ejemplos.

9 En una ocasión, cuando Jeremías tuvo que proclamar un mensaje de denunciación, sintió que todo el mundo lo estaba maldiciendo. De modo que le pidió a Dios que se acordase de él. En su oración, recogida en Jeremías 15:15, 16, nos dice qué sentimientos despertó en él la respuesta divina (léase). Jeremías expresó su angustia; sin embargo, cuando halló las palabras de Dios y las puso en su boca, por así decirlo, se llenó de gozo. Jehová lo ayudó a valorar el privilegio de portar su nombre y proclamar su mensaje. Así, Jeremías vio claramente dónde estaba Jehová en esta situación. ¿Qué aprendemos nosotros?

10 En otra ocasión, después que lo golpeó el sacerdote Pasjur, hijo de Imer, Jeremías dijo que ya no volvería a hablar en el nombre de Jehová. ¿De qué manera respondió Dios a la vehemente expresión de Jeremías? (Léase Jeremías 20:8, 9.) La Biblia no nos dice que Dios habló con el profeta desde el cielo. Pero su palabra llegó a ser como un fuego encerrado en los huesos de Jeremías, y este no pudo más que proclamarla. En realidad, lo que lo impulsó a seguir con la comisión divina fue expresarse con toda sinceridad ante Dios y dejarse llevar por lo que sabía que era Su voluntad.

11 A Jeremías lo desconcertaba ver la prosperidad de los inicuos, y se lo hizo saber a Jehová (léase Jeremías 12:1, 3). Aunque no pretendía cuestionar en absoluto la justicia divina, buscaba una respuesta a su queja. Su franqueza dejó ver el estrecho lazo que los unía, muy parecido al que une a un niño con su amado padre. Lo que pasaba era que Jeremías no entendía por qué muchos judíos triunfaban a pesar de su maldad. ¿Obtuvo una respuesta satisfactoria? Sí, Jehová le aseguró que desarraigaría a los malvados (Jer. 12:14). Ver cómo Jehová se encargaba de los asuntos que le planteaba en oración tuvo que afianzar la confianza de Jeremías en la justicia divina. En consecuencia, es muy probable que las oraciones a su Dios y Padre fueran cada vez más frecuentes y francas.

12 En el ocaso del reinado de Sedequías, cuando los babilonios sitiaron Jerusalén, Jeremías dijo que Jehová es Aquel “cuyos ojos están abiertos sobre todos los caminos de los hijos de los hombres, a fin de dar a cada uno conforme a sus caminos y conforme al fruto de sus tratos” (Jer. 32:19). Estas palabras indican que el profeta entendió cuál es la postura de Jehová en materia de justicia: el Altísimo observa lo que hace cada uno de sus siervos y escucha sus sinceras súplicas, y, a su vez, sus siervos ven más y más testimonios de que Él da “a cada uno conforme a sus caminos y conforme al fruto de sus tratos”.

13 Probablemente no tengamos ninguna duda sobre la justicia de Dios y el sabio modo como él lleva y llevará a cabo su voluntad. Aun así, podemos beneficiarnos mucho si reflexionamos en las experiencias de Jeremías y le contamos a Jehová nuestros temores o preocupaciones. Expresarnos con la misma franqueza que el profeta nos ayudará a reforzar nuestra confianza en Dios y en que su voluntad sin falta se realizará. Incluso si de momento no entendemos completamente el desenvolvimiento de algunos sucesos o la razón por la que el propósito de Dios se desarrolla a cierto ritmo, podemos expresarle en oración nuestra total confianza en que nada escapa a su control. Jehová hará su voluntad a la manera y al ritmo que él considere convenientes. Eso está garantizado, y no tenemos ningún motivo para dudarlo. Continuaremos preguntando “dónde está Jehová”, pues no dejaremos de orar para comprender su voluntad y ver testimonios del cumplimiento de su propósito (Job 36:5-7, 26).

A la hora de buscar a Jehová en oración, ¿qué nos garantizan las experiencias de Jeremías?

JEREMÍAS ALIMENTÓ SU CORAZÓN CON CONOCIMIENTO

14 Jeremías estaba muy al tanto de que necesitaba el ‘conocimiento de Dios’ para responder a la pregunta: “¿Dónde está Jehová?” (Jer. 9:24). Es claro que investigó la historia del pueblo de Dios mientras componía los libros conocidos como 1 y 2 de Reyes, pues aludió concretamente a “el libro de los asuntos de Salomón”, “el libro de los asuntos de los días de los reyes de Israel” y “el libro de los asuntos de los días de los reyes de Judá” (1 Rey. 11:41; 14:19; 15:7). Por consiguiente, llegó a entender cómo había manejado Jehová varias situaciones, qué le complacía y cuál era su parecer sobre las decisiones del pueblo. En aquel entonces también disponía de escritos inspirados, como los de Moisés, Josué, Samuel, David y Salomón. Indudablemente, Jeremías conocía bien a los profetas de antaño y a sus contemporáneos. ¿Cómo lo benefició su estudio?

15 Jeremías escribió el relato acerca de Jezabel, la malvada consorte del rey Acab de Samaria, en el que Elías profetizó que los perros se la comerían en la parcela de Jezreel (1 Rey. 21:23). Sabemos que, en cumplimiento de esta profecía, unos catorce años después Jezabel fue echada por una ventana, hollada por las caballerías de Jehú y devorada por los perros (2 Rey. 9:31-37). Estudiar la profecía de Elías y los detalles de su cumplimiento tiene que haber fortalecido la fe de Jeremías en la palabra de Dios. De hecho, tras su perseverante labor profética se escondía una fe alimentada por el estudio de las obras de Jehová.

16 Pensemos en otro ejemplo. ¿Qué hizo que Jeremías —pese a la persecución— siguiera advirtiendo a reyes malvados como Jehoiaquim y Sedequías? Una razón fundamental fue que Jehová lo hizo como “una ciudad fortificada y una columna de hierro y muros de cobre” ante los reyes de Judá (Jer. 1:18, 19). Pero no hay que olvidar que Jeremías estudió a fondo los reinados de los anteriores soberanos de Judá e Israel. Tomó buena nota de que Manasés había edificado “altares a todo el ejército de los cielos en dos patios de la casa de Jehová”, había sacrificado a su propio hijo en el fuego y había derramado muchísima sangre inocente (2 Rey. 21:1-7, 16; léase Jeremías 15:4). Además, sabía que cuando Manasés se humilló y siguió orando a Jehová, “Él se dejó rogar” y restauró al rey en el trono (léase 2 Crónicas 33:12, 13).

17 En sus escritos, Jeremías no menciona la misericordia que Jehová le demostró a Manasés. Pero este rey había muerto solo unos quince años antes de su nombramiento como profeta, por lo que él debió de saber qué sucedió cuando el monarca se arrepintió de sus malvados actos anteriores. Conocer la deplorable conducta de Manasés y el resultado de su arrepentimiento debió de grabar en Jeremías la importancia de seguir instando a reyes como Sedequías a buscar la misericordia y la bondad inmerecida de Jehová. Incluso un rey famoso por su idolatría y derramamiento de sangre era capaz de arrepentirse y obtener el perdón. Si hubiéramos estado en el lugar de Jeremías, ¿nos habría animado el caso de Manasés a perseverar en nuestra comisión durante el gobierno de otros reyes malvados?

APRENDAMOS DE LA EXPERIENCIA

[Ilustración de la página 123]

18 Durante su vida de profeta, Jeremías aprendió observando cómo actuaron sus contemporáneos en determinadas situaciones. Uno de ellos fue Uriya. Durante el reinado de Jehoiaquim, este profetizó contra Jerusalén y Judá; sin embargo, por temor al rey huyó a Egipto. El monarca mandó a sus hombres que se lo trajeran y se le diera muerte (Jer. 26:20-23). ¿Aprendió Jeremías de lo que le sucedió a Uriya? El hecho de que siguiera advirtiendo a los judíos de la inminente calamidad —incluso en la zona del templo— demuestra que sí. Jeremías no perdió el valor, y Jehová nunca lo abandonó. Dios debió de motivar a Ahiqam, hijo de Safán, para que lo protegiera (Jer. 26:24).

19 Jeremías también aprendió de sus vivencias personales mientras Jehová lo usó para advertir al pueblo. En el cuarto año de Jehoiaquim, Jehová le mandó escribir todas las palabras que le había hablado desde los días de Josías hasta ese momento. ¿Con qué objetivo? Animar a los judíos a que se volvieran de su mal camino y así pudieran recibir el perdón (léase Jeremías 36:1-3). Jeremías, quien madrugaba para proclamar los mensajes de Dios, hasta les rogó que dejaran sus prácticas detestables (Jer. 44:4). Por experiencia propia, Jeremías entendió que Dios había enviado a los profetas movido por la compasión. ¿No habrá engendrado esto en él una compasión semejante? (2 Cró. 36:15.) Ahora comprendemos por qué dijo lo siguiente al sobrevivir a la destrucción de Jerusalén: “Son los hechos de bondad amorosa de Jehová el que no nos hayamos acabado, porque sus misericordias ciertamente no terminan. Son nuevas cada mañana” (Lam. 3:22, 23).

¿Cómo debió de influir en Jeremías haber estudiado la relación de Dios con su pueblo y haber meditado en sus propias experiencias y en las de otros? ¿Qué aprendemos nosotros de ello?

¿NOS PREGUNTAMOS DIARIAMENTE “DÓNDE ESTÁ JEHOVÁ”?

20 Todos los días tomamos decisiones. ¿Nos esforzamos por que encajen con la voluntad de Dios, es decir, nos preguntamos “dónde está Jehová”? (Jer. 2:6-8.) Contrario a los judíos de su época, Jeremías siempre recurrió al Todopoderoso para saber qué camino tomar. Imitarlo buscando a diario la opinión de Jehová es definitivamente la mejor opción a la hora de decidir.

21 La decisión que uno vaya a tomar no tiene por qué ser crucial ni histórica. Por ejemplo, tal vez se trate de salir al ministerio del campo el día que usted ha elegido. Quizás al levantarse vea un cielo encapotado y gris que invita a quedarse en casa; quizás el territorio donde se va a predicar se ha abarcado repetidas veces, o quizás recuerde que algunos vecinos lo han rechazado con fingida cortesía o con evidente rudeza. En ese momento, ¿no convendría buscar a Jehová en oración? Hacerlo le ayudará a reflexionar en la belleza del mensaje y a sentir más profundamente que la voluntad de Dios es que lo divulgue. Entonces, percibirá que la palabra de Jehová es una fuente de gozo y felicidad, como resultó ser para Jeremías (Jer. 15:16, 20). Si durante el ministerio encuentra a alguien que es muy rudo o que incluso lo amenaza, no deje de expresarle a Dios cómo se siente. No olvide que él puede concederle espíritu santo para que dé una respuesta adecuada y para que el deseo de comunicar el mensaje divino supere cualquier sentimiento negativo (Luc. 12:11, 12).

22 No obstante, conviene saber que algunas oraciones pueden ser estorbadas u obstruidas (léase Lamentaciones 3:44). Jehová no escuchó las plegarias de los judíos rebeldes porque ‘apartaron su oído de él’ y persistieron en su proceder desaforado (Pro. 28:9). La lección debió de quedarle clara a Jeremías, tal como debería quedarnos clara a nosotros: si alguien no obra en armonía con sus oraciones, desagradará a Dios y puede que sus oraciones no sean escuchadas. De más está decir que todos queremos evitar esto cueste lo que cueste.

[Ilustración de la página 125]

23 Además de pedir sinceramente la guía de Jehová, tenemos que seguir con nuestro estudio personal, algo imprescindible para conocer su voluntad. En esto le llevamos ventaja a Jeremías, ya que contamos con la Biblia completa. Como el profeta, que hizo una seria investigación para componer su relato histórico inspirado, podemos profundizar en la Palabra de Dios y buscar su guía preguntándonos “dónde está Jehová”. Cuando nos esforzamos por conocer su voluntad, demostramos que confiamos en él y, por tanto, ‘llegaremos a ser como árboles plantados junto a las aguas, que envían sus raíces al mismísimo lado de la corriente de agua’ (léase Jeremías 17:5-8).

24 Durante nuestra lectura meditativa de las Santas Escrituras, procuremos ver lo que Jehová espera de nosotros en determinadas situaciones. Busquemos los principios que deseemos recordar y poner en práctica. Si se trata de relatos históricos, mandamientos y principios divinos y dichos de sabiduría, pensemos cómo deben influir en nuestras decisiones diarias. Si buscamos su ayuda, Dios puede mediante su Palabra escrita capacitarnos para manejar incluso situaciones complejas. En efecto, podremos ver con la Biblia “cosas grandes e incomprensibles que no h[emos] conocido” ni comprendido antes (Jer. 33:3).

25 Asimismo, puede sernos útil reflexionar sobre las experiencias propias y ajenas. Por ejemplo, ha habido cristianos que han dejado de confiar en Jehová, como le pasó a Uriya (2 Tim. 4:10). Debemos aprender de sus errores y evitar su desastroso final. Meditemos a menudo en la bondad amorosa con que Jehová nos ha tratado, así como Jeremías agradeció la compasión y la misericordia divinas. Por desesperada que sea la situación, jamás pensemos que el Altísimo se ha olvidado de nosotros. Él siempre nos cuidará, como hizo con Jeremías.

26 Al reflexionar en la manera como ayuda Jehová a sus siervos hoy, nos daremos cuenta de que utiliza diversos medios para guiarnos todos los días. Aki, una hermana joven de Japón, creía que era indigna de llamarse cristiana. Un día, mientras predicaba con la esposa del superintendente de circuito, le dijo: “Creo que Jehová va a vomitarme de su boca, pero me estoy agarrando de sus labios, pidiéndole que me dé un poco más de tiempo”. La hermana, mirándola a los ojos, le respondió: “¡Nunca me has parecido una cristiana tibia!”. Más tarde, Aki reflexionó en este comentario alentador. La realidad es que no tenía ninguna razón para pensar que Jehová alguna vez la había considerado tibia. Aki oró a Jehová: “Envíame adonde quieras. Haré lo que tú desees que haga”. Poco después, visitó otro país donde había un grupito de hermanos de lengua japonesa que necesitaba a alguien que supiera el idioma y pudiera quedarse para apoyarlos. Casualmente, Aki había nacido en aquel país, lo que le facilitaría los trámites en caso de trasladarse. Pero ¿dónde viviría? Una hermana cuya hija se había mudado del hogar le ofreció una habitación. “Era como si las piezas de un rompecabezas fueran todas encajando; Jehová me estaba allanando el camino”, comentó Aki.

27 Numerosos hermanos pueden mencionar momentos en los que personalmente sintieron la guía de Dios, quizás mientras leían la Biblia o realizaban su estudio personal. Y tal vez a usted le haya pasado algo semejante. Pues bien, eso debe fortalecer su lazo con Jehová y motivarlo a orarle incluso con mayor frecuencia y fervor. Estamos seguros de que mientras sigamos preguntándonos “dónde está Jehová”, él nos enseñará el camino (Isa. 30:21).

¿Qué implica para usted preguntarse “dónde está Jehová”? ¿De qué maneras puede buscar la guía divina?

[Preguntas del estudio]

 1, 2. a) ¿Cuál era el estado espiritual de los contemporáneos de Jeremías? b) ¿Cómo debieron haber actuado ante su enfermedad?

 3. a) ¿Cómo pudieron haberse contestado los judíos la pregunta de “dónde está Jehová”? b) ¿Cuál sería una forma de buscar a Jehová?

 4, 5. ¿De qué otros modos podrían los judíos haber buscado a Jehová?

 6. ¿Cómo nos anima el ejemplo de Job?

 7. ¿Qué vamos a estudiar a continuación, según se muestra en la página 116?

 8. ¿En qué circunstancias oró Jeremías a Dios?

 9. a) ¿Cómo se expresó el profeta en Jeremías 15:15, 16, y cómo respondió Jehová? b) ¿Por qué es importante expresarle a Dios cómo nos sentimos?

10. ¿Cómo respondió Jehová cuando Jeremías dijo que no volvería a hablar más en su nombre?

11, 12. ¿Cómo se le contestó a Jeremías la cuestión que planteó sobre la aparente prosperidad de los inicuos?

13. ¿Por qué confiamos en que Dios llevará a cabo su voluntad?

14. ¿Cómo sabemos que Jeremías investigó la historia del pueblo de Dios?

15. ¿De qué le sirvió a Jeremías estudiar la profecía de Elías?

16, 17. ¿Por qué pudo perseverar Jeremías en su comisión de advertir a los reyes malvados de su día?

18. ¿Qué pudo aprender Jeremías de lo que le pasó a Uriya, y cómo lo sabemos?

19. ¿Qué aprendió Jeremías de la persistencia de Jehová en enviar profetas a su pueblo?

20. ¿Cómo podemos imitar la forma en que Jeremías buscó a Jehová?

21. ¿Qué tipo de oración puede ayudarnos en aspectos relacionados con el ministerio, como cuando alguien nos responde bruscamente?

22. ¿Por qué podrían ser obstruidas algunas oraciones?

23, 24. a) ¿Qué es esencial si queremos conocer la voluntad de Jehová? b) ¿Cómo podemos hacer más beneficioso el estudio personal?

25, 26. ¿Por qué nos beneficia reflexionar sobre las experiencias?

27. ¿Por qué debemos preguntarnos “dónde está Jehová” antes de actuar?

[Ilustración de la página 116]

[Ilustración de la página 123]

[Ilustración de la página 125]