Capítulo 19

¿Debería dejar de estudiar?

¿Hasta qué año escolar crees que debes estudiar? ․․․․․

¿Hasta qué año piensan tus padres que debes estudiar? ․․․․․

¿COINCIDE tu opinión con la de tus padres? Aunque así sea, es probable que haya días en que quieras dejar la escuela y no volver. Quizás te pase lo mismo que a estos jóvenes:

“Había mañanas en las que no quería levantarme del cansancio que tenía. Además, pensaba que no servía de nada ir a estudiar cosas que nunca iba a utilizar.” (Rachel.)

“Estaba tan harto de la escuela que pensé muchas veces en dejarla y buscar trabajo. Me parecía que al menos así no perdería el tiempo y además ganaría algo de dinero.” (John.)

“Mi escuela secundaria estaba en un barrio peligroso de la ciudad y me costaba hacer amigos. No me iba mal en las clases, pero todos me evitaban y pasaba mucho tiempo solo. ¡Ni siquiera me hablaban los que estaban solos como yo! Quise rendirme tantas veces...” (Ricardo.)

“Cada tarde les dedicaba hasta cuatro horas a los deberes. Tenía tantos trabajos y exámenes que me sentía incapaz de seguir.” (Cindy.)

“Además de las peleas entre pandillas, en mi escuela hubo una amenaza de bomba, alguien que se suicidó y tres que lo intentaron. A veces sentía que era demasiado y solo quería irme para no volver más.” (Rose.)

¿Te has enfrentado tú a situaciones similares? En tu caso, ¿qué ha hecho que quieras dejar los estudios?

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Quizás ya estés decidido a abandonarlos. Pero ¿por qué quieres hacerlo? ¿Es porque crees que ya has recibido suficiente preparación? ¿O porque estás harto y no aguantas más? Antes de tomar una decisión, veamos cuándo no sería conveniente dejar de estudiar.

Por qué no dejar de estudiar

¿Sabes por qué no sería bueno dejar la escuela?

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En algunos países, los estudiantes tienen que cursar entre cinco y ocho años para completar la educación básica, y en otros se exige un mínimo de diez años. Así pues, no todo el mundo termina de estudiar a la misma edad ni en el mismo curso escolar.

Por otra parte, hay gobiernos que permiten que los jóvenes cursen algunas de sus materias —o incluso todas— en casa, con el respaldo de sus padres. Es obvio que, aunque no asisten a la escuela, no se puede decir que estos jóvenes hayan dejado sus estudios.

Algo muy distinto es abandonar los estudios —ya sean en la escuela o en el hogar— antes de tiempo (lo que se conoce como deserción, o abandono, escolar). Si esa es tu idea, sería bueno que primero te plantearas las siguientes preguntas:

¿Qué exige la ley? Ya dijimos que las leyes acerca de cuánto dura la educación obligatoria varían de un lugar a otro. Por tanto, averigua qué dice la ley en donde vives. ¿Has alcanzado el mínimo legal para dejar de estudiar? Si abandonaras tus estudios antes de lo exigido por la ley, no estarías siguiendo el mandato bíblico de obedecer a “las autoridades superiores” (Romanos 13:1).

¿Tengo la preparación suficiente? ¿Ya sabes qué quieres conseguir con tus estudios? Si todavía no lo sabes, averígualo. De lo contrario, serás como el pasajero que se sube a un tren sin saber adónde quiere ir. Te resultará útil completar, con la ayuda de tus padres, el cuestionario de la página 139, titulado “El objetivo de mis estudios”. Así sabrás en qué concentrarte y cuántos años debes dedicar a tu preparación (Proverbios 21:5).

Es muy probable que tus maestros u otros adultos también te den su opinión acerca de cuánta educación debes recibir. Sin embargo, son tus padres los que tienen la última palabra (Proverbios 1:8; Colosenses 3:20). Y claro, no deberías abandonar tus estudios sin haber recibido la preparación suficiente para alcanzar el objetivo que te fijaste con tus padres.

¿Por qué quiero dejar de estudiar? No te engañes (Jeremías 17:9). Los seres humanos tendemos a buscar razones que nos justifiquen cuando queremos hacer algo un tanto egoísta (Santiago 1:22).

¿Qué razones egoístas pudiera tener alguien para dejar los estudios?

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Una posibilidad es que se sienta tan abrumado por todo lo que le exige la escuela que piense que está justificado para dejarla. Pero abandonar los estudios para librarse de los exámenes y los deberes sería una razón poco válida, ¿no te parece?

Ahora piensa en por qué quieres tú dejar la escuela. Y recuerda: si buscas una salida fácil para huir de tus problemas, te vas a llevar una gran decepción.

Las desventajas

Abandonar los estudios antes de tiempo es como saltar de un tren antes de llegar a la estación. Puede que el viaje sea incómodo y los pasajeros desagradables, pero si saltas, no solo no llegarás a tu destino, sino que seguramente te harás mucho daño. De igual modo, si dejas la escuela, es muy posible que no alcances el objetivo de tus estudios y que te provoques muchos problemas a corto y a largo plazo. ¿Qué tipo de problemas?

A corto plazo: Te costará más encontrar un empleo. Y si lo consigues, probablemente te paguen menos que si hubieras terminado de estudiar. Además, es posible que, para ganar lo necesario, tengas que trabajar más horas y en peores circunstancias que las que tienes en la escuela.

A largo plazo: De acuerdo con las estadísticas, quienes no completan sus estudios son más propensos a padecer problemas de salud, acabar en la cárcel y depender de las ayudas sociales.

Claro, finalizar tu educación no garantiza que vayas a evitarte todos estos problemas. Pero ¿por qué arriesgarte?

Las ventajas de completar tus estudios

Es normal que tras un mal examen o un día complicado te sientas tentado a abandonar la escuela. Lo último que te preocupa en ese momento es lo que pueda pasar en el futuro. Aun así, antes de optar por la solución “fácil”, piensa en las ventajas de terminar de estudiar. Fíjate en las que mencionan los jóvenes que citamos al principio.

“Aprendí a ser más fuerte y a aguantar la presión. También aprendí que disfrutar de lo que haces depende de ti mismo. Además, he mejorado mis habilidades artísticas, algo a lo que le sacaré mucho provecho cuando me gradúe.” (Rachel.)

“Ahora que lograr mis metas exige esfuerzo de mi parte. Por eso estoy asistiendo a unas clases técnicas que me permitirán trabajar en lo que quiero cuando termine de estudiar. Me gustaría ser mecánico de imprenta.” (John.)

“Como no me rendí, logré aprender a leer y escribir bien. La escuela me enseñó a sacar provecho de las críticas y a expresarme con claridad y lógica. Todas estas destrezas me ayudan mucho en el ministerio cristiano.” (Ricardo.)

“Hoy soy capaz de resolver problemas dentro y fuera de la escuela. Aprendí a buscar maneras de superar retos académicos, sociales y de otro tipo, y esto, sin duda, me ayudó a madurar.” (Cindy.)

“La escuela me ha preparado para los desafíos del mundo laboral. Además, tener que probar en varias ocasiones las razones de mi fe ha fortalecido mis convicciones religiosas.” (Rose.)

En cierta ocasión, el rey Salomón escribió: “Mejor es el fin de un asunto, posteriormente, que su principio. Mejor es el que es paciente que el que es altivo de espíritu” (Eclesiastés 7:8). En resumen, en vez de abandonar la escuela sin completar tus estudios, trata de ser paciente y solucionar los problemas que te surjan. Verás que, al final, saldrás ganando.

EN EL SIGUIENTE CAPÍTULO

¿Odias la escuela porque te resulta imposible llevarte bien con un profesor?

Texto bíblico clave

“Todo el que es apresurado se encamina de seguro a la carencia.” (Proverbios 21:5)

Una sugerencia

Si cada vez te resulta más difícil el ambiente escolar, tal vez puedas hacer algún curso que te permita completar antes tus estudios.

¿Sabías esto?

Generalmente, quienes faltan a clase por gusto acaban abandonando la escuela.

¡Manos a la obra!

Por muy difícil que sea una materia, no me rendiré. Más bien, voy a hacer lo siguiente: ․․․․․

¿Qué puedo hacer para no agotarme y tener que dejar la escuela? ․․․․․

¿Qué quiero preguntarle a mi padre o a mi madre sobre este tema? ․․․․․

Y tú, ¿qué piensas?

● ¿Por qué es tan importante aprender bien a leer, escribir y hacer cuentas?

● ¿Cómo te ayudan las metas a corto plazo a aprovechar al máximo tus años escolares?

● ¿Por qué deberías ir pensando en lo que te gustaría trabajar cuando salgas de la escuela?

[Comentario de la página 140]

“No puedes escapar de los problemas. En la escuela aprendes a defender aquello en lo que crees, algo que te servirá en el empleo y en cualquier otra situación.” (Ramona)

[Recuadro de la página 139]

Página de ejercicios o actividades

el objetivo de mis estudios

  La educación te prepara, principalmente, para conseguir un empleo que te permita mantenerte a ti y a una futura familia (2 Tesalonicenses 3:10, 12). ¿Ya sabes en qué quieres trabajar? ¿Cómo pueden ayudarte tus clases a conseguir ese empleo? Aquí te damos una lista de preguntas que te permitirán determinar si lo que estás estudiando te conviene. Pregúntate:

¿Cuáles son mis puntos fuertes? (Por ejemplo: ¿sabes cómo tratar con la gente?, ¿te gusta trabajar con las manos o arreglando cosas?, ¿eres creativo?, ¿eres bueno analizando y resolviendo problemas?) ․․․․․

¿En qué empleos puedo aprovechar mis habilidades? ․․․․․

¿Qué ofertas de empleo hay en la zona donde vivo? ․․․․․

¿Cuáles de mis clases actuales me ayudarán a conseguir un buen trabajo? ․․․․․

¿Qué más puedo estudiar para alcanzar mi objetivo? ․․․․․

La idea es obtener una preparación que te sirva en el futuro. No cometas el error de convertirte en el eterno estudiante: alguien que prefiere quedarse “en el tren” para no tener que asumir las responsabilidades de un adulto.*

[Nota]

Encontrarás más información en el capítulo 38 del segundo volumen.

[Ilustración de las páginas 138 y 139]

Dejar de estudiar antes de tiempo es como si saltaras de un tren antes de llegar a tu destino