GEHENA

(forma gr. del heb. Gueh Hin·nóm, “Valle de Hinón”).

Este nombre aparece doce veces en las Escrituras Griegas Cristianas, y aunque muchos traductores se toman la libertad de traducirlo por “infierno”, la mayoría de las traducciones modernas suelen transliterar el término griego gué·en·na. (Mt 5:22 [BC, Besson, BI, BJ, CI, EMN, Ga, LT, NC, NM, SA, Sd, Str y notas de BAS; HAR; Mod; Val, 1989].)

El estrecho y profundo valle de Hinón, conocido más tarde por este nombre griego, está situado al S. y SO. de Jerusalén, y actualmente recibe el nombre de Wadi er-Rababi (Ge Ben Hinnom). (Jos 15:8; 18:16; Jer 19:2, 6; véase HINÓN, VALLE DE.) Acaz y Manasés, reyes de Judá, practicaron en ese lugar adoración idolátrica que incluía ofrecer a Baal sacrificios humanos quemados. (2Cr 28:1, 3; 33:1, 6; Jer 7:31, 32; 32:35.) Para impedir que estas actividades ocurrieran en el futuro, el rey Josías contaminó el lugar de adoración idolátrica, en especial la sección que se llamaba Tófet. (2Re 23:10.)

No es un símbolo de tormento eterno. Jesucristo relacionó el fuego con la palabra Gehena (Mt 5:22; 18:9; Mr 9:47, 48), como también lo hizo el discípulo Santiago, el único escritor bíblico, además de Mateo, Marcos y Lucas, que usó dicho término. (Snt 3:6.) Algunos comentaristas intentan relacionar la idea de un Gehena de fuego con los holocaustos humanos que se ofrecían antes del reinado de Josías, y así sostienen que Jesús utilizó el Gehena como símbolo de tormento eterno. No obstante, Jehová manifestó su repugnancia por tal práctica diciendo que era una ‘cosa que Él no había mandado y que no había subido a su corazón’. (Jer 7:31; 32:35.) Por eso, es del todo improbable que cuando el hijo de Dios hablaba del juicio divino, hiciera de una práctica idolátrica la base del significado simbólico del Gehena. Debe notarse que Dios decretó proféticamente que el valle de Hinón serviría para deshacerse de grandes cantidades de cuerpos muertos, y no para atormentar a víctimas vivas. (Jer 7:32, 33; 19:2, 6, 7, 10, 11.) Por lo tanto, suele aceptarse que la referencia de Jeremías 31:40 a la “llanura baja de los cadáveres y de las cenizas grasosas” designa el valle de Hinón, y hacia el extremo oriental de este valle, en su intersección con la garganta del Cedrón, estaría la puerta conocida como “Puerta de los Montones de Ceniza”. (Ne 3:13, 14.) Parece obvio que tales “cadáveres” y “cenizas grasosas” no tienen nada que ver con los sacrificios humanos efectuados en ese valle bajo Acaz y Manasés, puesto que los idólatras hubieran considerado “sagrados” los cuerpos así ofrecidos y no habrían permitido que yaciesen en el valle.

Por lo tanto, el testimonio bíblico concerniente al Gehena coincide con el punto de vista tradicional que presentan tanto las fuentes rabínicas como otras fuentes seglares. Este punto de vista es que se usaba el valle de Hinón para arrojar los desechos de la ciudad de Jerusalén (de las doce veces que aparece gué·en·na en las Escrituras, se traduce “quemadero” once veces en CR y cinco en NBE). Cuando el comentarista judío David Kimhi (1160-1235[?]) explica el Salmo 27:13, da la siguiente información histórica sobre el “Gehinnom”: “Es un lugar situado en los alrededores de Jerusalén, un lugar repugnante donde se arrojan cadáveres e inmundicias. Allí había un fuego que no se apagaba y que quemaba las inmundicias y los huesos de los cadáveres. De ahí que el juicio de los inicuos reciba el nombre, en lenguaje parabólico, de Gehinnom”.

Símbolo de destrucción completa. Es obvio que Jesús usó el Gehena como una representación de destrucción completa, destrucción que sería el resultado del juicio adverso de Dios, y de la cual no habría ninguna posibilidad de resucitar a la vida como alma. (Mt 10:28; Lu 12:4, 5.) Se denunció a la clase inicua de los escribas y los fariseos como ‘merecedora del Gehena’. (Mt 23:13-15, 33.) De modo que los seguidores de Jesús tenían que librarse de cualquier cosa que pudiese ser causa de tropiezo espiritual, a fin de evitar tal destrucción. El ‘cortarse una mano o un pie’ y el ‘arrancarse un ojo’ representaba de manera figurativa el amortiguar estos miembros con referencia al pecado. (Mt 18:9; Mr 9:43-47; Col 3:5; compárese con Mt 5:27-30.)

Parece ser que Jesús también aludió a Isaías 66:24 cuando dijo que en el Gehena la “cresa no muere y el fuego no se apaga”. (Mr 9:47, 48.) Es evidente que este no es un cuadro simbólico de tormento, sino, más bien, de destrucción completa, ya que el texto de Isaías no está hablando de personas vivas, sino de los “cadáveres de los hombres que estuvieron transgrediendo” contra Dios. Si el valle de Hinón era un lugar donde se arrojaba la basura y los cadáveres —como indica la documentación disponible—, el único medio apropiado de eliminar tales desechos sería el fuego, quizás avivado añadiendo azufre. (Compárese con Isa 30:33.) Allí donde no llegase el fuego, se criarían gusanos o cresas, que consumirían todo lo que no hubiese destruido el fuego. Sobre esta base, las palabras de Jesús daban a entender que el efecto destructivo del juicio adverso de Dios no cesaría hasta que se alcanzase una destrucción completa.

Uso figurado. El discípulo Santiago usa la palabra “Gehena” para mostrar que una lengua que no se controla constituye en sí misma un mundo de injusticia, y que las palabras, que son como un fuego, pueden afectar la rueda de la vida natural y manchar el cuerpo del que habla. Esta lengua “llena de veneno mortífero” evidencia una mala condición de corazón y puede hacer que Dios condene al Gehena simbólico a la persona que la tenga. (Snt 3:6, 8; compárese con Mt 12:37; Sl 5:9; 140:3; Ro 3:13.)

El uso simbólico que se da en la Biblia al término Gehena corresponde al del “lago de fuego” del libro de Revelación. (Rev 20:14, 15; véase LAGO DE FUEGO.)