TERAFIM

Dioses o ídolos domésticos. (Gé 31:30, 34.) Aunque la palabra “terafim” está en plural, también puede aplicar a un solo ídolo. Al menos algunos de estos ídolos pueden haber tenido el tamaño y la forma de un hombre (1Sa 19:13, 16), aunque otros debieron ser mucho más pequeños, pues cabían dentro de la cesta de una silla de montar. (Gé 31:34.) A veces se consultaban en busca de agüeros. (Eze 21:21; Zac 10:2.)

Los hallazgos arqueológicos realizados en Mesopotamia y zonas cercanas indican que la posesión de las imágenes de terafim era un factor importante para decidir quién recibiría la herencia de la familia. Según una tablilla hallada en Nuzi, en determinadas circunstancias, si un yerno poseía los dioses de la familia, tenía derecho a reclamar legalmente la herencia de su suegro fallecido. (La Sabiduría del Antiguo Oriente, edición de J. B. Pritchard, 1966, págs. 196, 197, y nota.) Quizás fue esto lo que pensó Raquel al razonar que estaba justificada para llevarse los terafim debido a que su padre había engañado a su marido, Jacob. (Compárese con Gé 31:14-16.) La importancia de los terafim en relación con los derechos de herencia explicaría el desmesurado interés de Labán por recuperarlos, hasta el punto de reunir a sus hermanos y perseguir a Jacob por una distancia de siete días de viaje. (Gé 31:19-30.) Por supuesto, Jacob era totalmente ajeno a la acción de Raquel (Gé 31:32), y no existe indicio alguno de que intentase arrebatar la herencia a los hijos de Labán. Jacob no tenía ningún interés en la idolatría, y se deshizo de los terafim a más tardar cuando escondió todos los dioses extranjeros que le entregaron los miembros de su casa bajo el árbol grande que se hallaba cerca de Siquem. (Gé 35:1-4.)

Se usaron terafim con fines idolátricos tanto en los días de los jueces como de los reyes. (Jue 17:5; 18:14, 17, 20; Os 3:4.) Sin embargo, no es probable que los israelitas los usaran en relación con las herencias, pues Dios había dado un mandato explícito contra la fabricación de imágenes. (Éx 20:4.) Además, el profeta Samuel habló de los terafim en paralelo con el poder mágico, comparando el uso de ambos al acto de adelantarse presuntuosamente (1Sa 15:23), y había terafim entre los vestigios de idolatría que el fiel rey Josías quitó de Judá y Jerusalén. (2Re 23:24.) Por consiguiente, el hecho de que Mical, la esposa de David, tuviera una imagen de terafim entre sus posesiones indica que su corazón no era completo para con Jehová, y hay que entender que David, o bien no sabía que ella la tenía o bien lo toleraba porque era la hija del rey Saúl. (1Sa 19:12, 13.)