Reflejemos la actitud mental de Cristo

“Que el Dios que suministra aguante y consuelo les conceda tener entre sí la misma actitud mental que tuvo Cristo Jesús.” (ROMANOS 15:5.)

LA ACTITUD marca la diferencia en la vida. Una actitud despreocupada o diligente, positiva o negativa, hostil o colaboradora, quejumbrosa o agradecida, puede influir mucho en la manera de tratar diferentes situaciones y en la reacción de otras personas. Con una buena actitud se puede ser feliz incluso en circunstancias difíciles. Al que tiene una mala actitud nada le parece bien, aun cuando, desde un punto de vista objetivo, la vida sea buena.

2 Las actitudes —buenas o malas— pueden aprenderse. De hecho, tienen que aprenderse. La Collier’s Encyclopedia dice sobre el recién nacido: “Las actitudes que tendrá de mayor serán adquiridas o aprendidas, tal como se adquiere o aprende un idioma o cualquier otra habilidad”. ¿Cómo se aprenden las actitudes? Aunque hay muchos factores que contribuyen, el ambiente y las compañías son determinantes. La enciclopedia antes mencionada explica: “Aprendemos o absorbemos, como por ósmosis, las actitudes de nuestros amigos íntimos”. Miles de años atrás, la Biblia dijo algo parecido: “El que está andando con personas sabias se hará sabio, pero al que está teniendo tratos con los estúpidos le irá mal” (Proverbios 13:20; 1 Corintios 15:33).

Una actitud modélica

3 Como en todo lo demás, Jesucristo puso el mejor modelo de una buena actitud. Dijo: “Yo les he puesto el modelo, que, así como yo hice con ustedes, ustedes también deben hacerlo” (Juan 13:15). Para ser como Jesús, primero tenemos que aprender de él.* Debemos estudiar su vida con la intención de hacer lo que el apóstol Pedro recomendó: “Ustedes fueron llamados a este curso, porque hasta Cristo sufrió por ustedes, dejándoles dechado para que sigan sus pasos con sumo cuidado y atención” (1 Pedro 2:21). Nuestro objetivo es parecernos a Jesús tanto como nos sea posible, lo cual incluye cultivar su actitud mental.

4 ¿Qué supone tener la actitud mental de Cristo Jesús? El capítulo 15 de la carta que Pablo escribió a los Romanos nos ayuda a contestar esta pregunta. Pablo se refiere a una cualidad sobresaliente de Jesús en los primeros versículos de este capítulo, al decir: “Nosotros, pues, los que somos fuertes, debemos soportar las debilidades de los que no son fuertes, y no estar agradándonos a nosotros mismos. Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en lo que es bueno para la edificación de este. Porque hasta el Cristo no se agradó a sí mismo; sino que, así como está escrito: ‘Los vituperios de los que te vituperaban han caído sobre mí’” (Romanos 15:1-3).

5 A fin de imitar la actitud de Jesús, se anima a los cristianos a prepararse para satisfacer humildemente las necesidades ajenas en vez de agradarse solo a sí mismos. De hecho, esta buena disposición de servir con humildad a los demás es una característica de los que “son fuertes”. Jesús, el hombre con mayor fortaleza espiritual de todos los tiempos, dijo de sí mismo: “Así como el Hijo del hombre no vino para que se le ministrara, sino para ministrar y para dar su alma en rescate en cambio por muchos” (Mateo 20:28). Como cristianos, nosotros también queremos esforzarnos por servir a los demás, entre ellos a “los que no son fuertes”.

6 Otra característica sobresaliente de Jesús fue su modelo siempre positivo de pensamiento y acción. Nunca permitió que la actitud negativa de los demás influyera en su buena actitud para servir a Dios; y nosotros tampoco debemos permitirlo. Cuando se le rechazó y persiguió por adorar a Dios con fidelidad, Jesús aguantó pacientemente y sin quejarse. Sabía que los que intentaran agradar a su prójimo en ‘lo que era bueno para su edificación’ deberían esperar oposición de este mundo incrédulo y falto de comprensión.

7 Jesús también demostró la debida actitud de otras maneras. Nunca se impacientó con Jehová, sino que esperó pacientemente el cumplimiento de Sus propósitos (Salmo 110:1; Mateo 24:36; Hechos 2:32-36; Hebreos 10:12, 13). Jesús tampoco perdió la paciencia con sus seguidores, a quienes dijo: “Aprendan de mí”. Ahora bien, como era “de genio apacible”, su instrucción tenía un efecto edificante y reconfortante, y como era “humilde de corazón”, nunca se comportaba de manera pomposa ni presuntuosa (Mateo 11:29). Pablo nos anima a imitar estos aspectos de la actitud de Jesús cuando dice: “Mantengan en ustedes esta actitud mental que también hubo en Cristo Jesús, quien, aunque existía en la forma de Dios, no dio consideración a una usurpación, a saber, que debiera ser igual a Dios. No; antes bien, se despojó a sí mismo y tomó la forma de un esclavo y llegó a estar en la semejanza de los hombres” (Filipenses 2:5-7).

8 Es fácil decir que queremos servir a los demás y anteponer sus necesidades a las nuestras. Pero un examen sincero de nuestra actitud mental puede revelarnos que el corazón no siempre está dispuesto a hacerlo. ¿Por qué no? Primero, porque hemos heredado las tendencias egoístas de Adán y Eva; segundo, porque vivimos en un mundo que fomenta el egoísmo (Efesios 4:17, 18). Cultivar una actitud altruista a menudo significa adoptar un modelo de pensamiento contrario a nuestra naturaleza imperfecta innata, lo cual requiere determinación y esfuerzo.

9 Nuestra clara imperfección, tan diferente del modelo perfecto que Jesús nos puso, a veces puede desanimarnos. Quizá dudemos de que sea factible tener la misma actitud mental que tuvo Jesús. Pero prestemos atención a las animadoras palabras de Pablo: “Sé que en mí, es decir, en mi carne, nada bueno mora; porque la facultad de desear está presente conmigo, pero la facultad de obrar lo que es excelente no está presente. Porque lo bueno que deseo no lo hago, pero lo malo que no deseo es lo que practico. Verdaderamente me deleito en la ley de Dios conforme al hombre que soy por dentro, pero contemplo en mis miembros otra ley que guerrea contra la ley de mi mente y que me conduce cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros” (Romanos 7:18, 19, 22, 23). Es cierto que la imperfección de Pablo no le permitió muchas veces hacer la voluntad de Dios como hubiera deseado, pero su actitud —su manera de pensar y sentir con respecto a Jehová y Su ley— fue ejemplar. La nuestra también puede serlo.

Corrijamos las actitudes defectuosas

10 ¿Es posible que haya quienes tengan que corregir alguna actitud defectuosa? Sí. Tal fue el caso de algunos cristianos del siglo primero. Pablo habló sobre la actitud apropiada en su carta a los Filipenses, donde escribió: “No que lo haya recibido ya [vida celestial por medio de la resurrección más temprana], ni que ya haya sido perfeccionado, sino que prosigo para ver si también puedo asir aquello para lo cual yo también he sido asido por Cristo Jesús. Hermanos, todavía no me considero como si lo hubiera asido; pero hay una cosa en cuanto a ello: Olvidando las cosas que quedan atrás, y extendiéndome hacia adelante a las cosas más allá, prosigo hacia la meta para el premio de la llamada hacia arriba por Dios mediante Cristo Jesús. Nosotros, pues, cuantos somos maduros, seamos de esta actitud mental” (Filipenses 3:12-15).

11 Estas palabras de Pablo muestran que cualquiera que piense que no necesita progresar después de hacerse cristiano tiene una actitud equivocada. No ha adoptado la actitud mental de Cristo (Hebreos 4:11; 2 Pedro 1:10; 3:14). ¿Es desesperada la situación de tal persona? De ningún modo. Dios puede ayudarnos a cambiar nuestra actitud si realmente lo queremos. Pablo siguió diciendo: “Si ustedes se inclinan mentalmente de otro modo en sentido alguno, Dios les revelará la actitud mencionada” (Filipenses 3:15).

12 Ahora bien, si queremos que Jehová nos revele la actitud apropiada, tenemos que poner de nuestra parte. El estudio de la Palabra de Dios bajo oración, con la ayuda de las publicaciones cristianas que suministra “el esclavo fiel y discreto”, hará posible que los que “se inclinan mentalmente de otro modo” cultiven la actitud apropiada (Mateo 24:45). Los ancianos cristianos, a quienes el espíritu santo ha nombrado “para pastorear la congregación de Dios”, se complacerán en ayudarles (Hechos 20:28). Estamos muy agradecidos de que Jehová tome en consideración nuestras imperfecciones y nos ofrezca ayuda amorosa. Aceptémosla.

Aprendamos de los demás

13 Pablo muestra en el capítulo 15 de Romanos que meditar sobre los ejemplos históricos puede ayudarnos a modificar nuestra actitud. Allí dice: “Todas las cosas que fueron escritas en tiempo pasado fueron escritas para nuestra instrucción, para que mediante nuestro aguante y mediante el consuelo de las Escrituras tengamos esperanza” (Romanos 15:4). Algunos de los siervos fieles de Jehová de tiempos pasados tuvieron que corregir ciertos aspectos de su actitud. Job, por ejemplo, tuvo una buena actitud general. Nunca atribuyó el mal a Jehová ni permitió que el sufrimiento hiciera tambalear su confianza en él (Job 1:8, 21, 22). Sin embargo, su predisposición era la de justificarse. Jehová mandó a Elihú para ayudarle a rectificar esa tendencia. Job no se sintió insultado por ello, sino que aceptó humildemente que debía cambiar su actitud, y lo hizo con presteza (Job 42:1-6).

14 ¿Reaccionaríamos como lo hizo Job si un compañero cristiano nos dijera bondadosamente que estamos dando muestras de una actitud defectuosa? Al igual que Job, nunca ‘atribuyamos nada impropio a Dios’ (Job 1:22). Si sufrimos injustamente, no nos quejemos nunca ni pensemos que Dios es responsable de nuestras dificultades. No tratemos de justificarnos ni olvidemos que, sin importar los privilegios que tengamos en el servicio de Jehová, aún somos “esclavos que no servimos para nada” (Lucas 17:10).

15 Algunas de las personas que escucharon a Jesús en el siglo primero tuvieron una actitud impropia. En una ocasión, Jesús enseñó algo difícil de entender. En consecuencia, “muchos de sus discípulos, al oír esto, dijeron: ‘Este discurso es ofensivo; ¿quién puede escucharlo?’”. La actitud de los que así hablaron obviamente estaba equivocada, e hizo que dejaran de escuchar a Jesús. El relato añade: “Debido a esto, muchos de sus discípulos se fueron a las cosas de atrás, y ya no andaban con él”. ¿Tuvieron todos esa misma actitud equivocada? No. El relato continúa: “Por eso Jesús dijo a los doce: ‘Ustedes no quieren irse también, ¿verdad?’. Simón Pedro le contestó: ‘Señor, ¿a quién nos iremos?’”. De hecho, Pedro dio respuesta a su propia pregunta: “Tú tienes dichos de vida eterna” (Juan 6:60, 66-68). ¡Qué buena actitud! Cuando nos enfrentamos a explicaciones o a nuevas maneras de entender las Escrituras que al principio nos parecen difíciles de aceptar, ¿no sería conveniente que demostráramos la misma actitud que Pedro? Sería muy insensato dejar de servir a Jehová o hablar de manera contraria al “modelo de palabras saludables” solo porque algunas cosas sean en principio difíciles de entender (2 Timoteo 1:13).

16 Los líderes religiosos judíos del siglo primero no manifestaron la actitud mental de Jesús. Cuando este levantó a Lázaro de entre los muertos demostraron su firme resolución de no escuchar a Jesús. Para cualquier persona de buena actitud, aquel milagro habría sido prueba determinante de que Dios había enviado a Jesús. Sin embargo, leemos: “Por consiguiente, los sacerdotes principales y los fariseos reunieron el Sanedrín y empezaron a decir: ‘¿Qué hemos de hacer, porque este hombre ejecuta muchas señales? Si lo dejamos así, todos pondrán fe en él, y los romanos vendrán y nos quitarán nuestro lugar así como nuestra nación’”. ¿Cuál fue su solución? “Desde aquel día entraron en consejo para matarlo.” Además de tramar la muerte de Jesús, también intentaron acabar con la prueba viva de su milagro. “Los sacerdotes principales ahora entraron en consejo para matar también a Lázaro.” (Juan 11:47, 48, 53; 12:9-11.) Sería muy triste que desarrolláramos una actitud similar y nos irritáramos o molestáramos por cosas que en realidad deberían regocijarnos. Y también sería muy peligroso.

Imitemos la actitud positiva de Cristo

17 Los siervos de Jehová mantienen una actitud positiva. Cuando los enemigos de Daniel conspiraron contra él haciendo que se promulgara una ley que prohibía por treinta días pedir nada a ningún dios ni hombre, excepto al rey, Daniel se dio cuenta de que la medida afectaba a su relación con Jehová Dios. ¿Se abstendría de orarle durante treinta días? No, siguió orando con valor a Jehová tres veces al día como era su costumbre (Daniel 6:6-17). Del mismo modo, Jesús no se dejó intimidar por sus enemigos. Un sábado encontró a un hombre que tenía una mano seca. Jesús sabía que a muchos de los judíos que estaban presentes les desagradaría que efectuara una curación en sábado. Por ello les pidió que expresaran su opinión al respecto. Como estos se quedaron callados, Jesús curó al hombre (Marcos 3:1-6). Nunca se retrajo de cumplir lo que sabía que era su comisión.

18 Los testigos de Jehová hoy reconocen que la posible reacción negativa de los opositores tampoco debe intimidarlos. De otro modo, no reflejarían la actitud mental de Jesús. Muchos se oponen a los Testigos, algunos porque desconocen los hechos y otros porque los odian a ellos o a su mensaje. Pero no dejemos nunca que su actitud hostil influya en nuestra actitud positiva. Nunca debemos permitir que otros nos dicten cómo debemos adorar a Dios.

19 Jesús siempre demostró una actitud mental positiva con respecto a sus seguidores y a las disposiciones de Dios, sin importar lo difícil que fuera hacerlo (Mateo 23:2, 3). Debemos imitar su ejemplo. Es cierto que nuestros hermanos son imperfectos, pero también lo somos nosotros. Además ¿dónde podemos hallar mejores compañeros y verdaderos amigos leales que en nuestra hermandad mundial? Jehová aún no nos ha dado un entendimiento completo de su Palabra escrita, pero ¿qué agrupación religiosa la entiende mejor? Mantengamos siempre la debida actitud mental, la misma que tuvo Jesucristo. Entre otras cosas, esto supone saber esperar en Jehová, como veremos en el artículo siguiente.

[Nota]

El libro El hombre más grande de todos los tiempos, editado por Watchtower Bible and Tract Society of New York, Inc., analiza la vida y el ministerio de Jesús.

¿Sabe explicarlo?

• ¿Cómo influye en nuestra vida la actitud que tenemos?

• ¿Qué actitud mental tuvo Jesucristo?

• ¿Qué aprendemos de la actitud de Job?

• ¿Cuál es la debida actitud frente a la oposición?

[Preguntas del estudio]

 1. ¿Cómo puede la actitud de una persona afectar su vida?

 2. ¿Cómo se aprenden las actitudes?

 3. ¿Quién tuvo una actitud ejemplar, y cómo podemos imitarlo?

 4, 5. ¿Qué aspecto de la actitud de Jesús se resalta en Romanos 15:1-3, y cómo pueden imitarlo los cristianos?

 6. ¿Cómo podemos imitar el modo de reaccionar de Jesús ante la oposición y el oprobio?

 7. ¿Cómo demostró Jesús su paciencia, y por qué deberíamos hacer nosotros lo mismo?

 8, 9. a) ¿Por qué requiere esfuerzo cultivar una actitud altruista? b) ¿Por qué no debemos desanimarnos cuando no imitamos bien el modelo que nos puso Jesús, y cómo fue Pablo un buen ejemplo a este respecto?

10. ¿Qué actitud mental animó Pablo a cultivar a los filipenses?

11, 12. ¿De qué maneras nos revela Jehová la debida actitud mental?

13. ¿Qué aprendemos en cuanto a la actitud apropiada en el relato bíblico de Job?

14. ¿Cómo podemos imitar a Job si recibimos consejo sobre nuestra actitud?

15. a) ¿Qué mala actitud revelaron algunos de los seguidores de Jesús? b) ¿Cómo demostró Pedro una buena actitud?

16. ¿Qué vergonzosa actitud manifestaron los guías religiosos judíos del tiempo de Jesús?

17. a) ¿En qué circunstancias demostró Daniel una valerosa actitud? b) ¿Cómo demostró Jesús su valor?

18. ¿Por qué se nos oponen algunas personas, pero cómo debemos reaccionar ante su actitud negativa?

19. ¿Cómo podemos reflejar la actitud mental de Jesucristo?

[Ilustraciones de la página 7]

El cristiano que tiene una buena actitud se esfuerza por ayudar a los demás

[Ilustración de la página 9]

El estudio de la Palabra de Dios y la oración nos ayudan a adoptar la actitud mental de Cristo