La lectura de la Biblia, provechosa y placentera

“Día y noche tienes que leer en él.” (JOSUÉ 1:8.)

LA LECTURA de información que merece la pena es una actividad beneficiosa. El filósofo político francés Montesquieu (Charles-Louis de Secondat) escribió: “Para mí, el estudio siempre ha sido el remedio supremo para el hastío de la vida. Ninguna aflicción me ha sobrevenido que una hora de lectura no haya disipado”. Esta afirmación es en grado sumo cierta en el caso de la lectura bíblica. El salmista inspirado dijo: “La ley de Jehová es perfecta, hace volver el alma. El recordatorio de Jehová es fidedigno, hace sabio al inexperto. Las órdenes de Jehová son rectas, hacen regocijar el corazón” (Salmo 19:7, 8).

2 Jehová Dios, el autor de la Biblia, ha protegido este libro de la violenta oposición de sus enemigos, tanto religiosos como seglares, a lo largo de los siglos. Ya que su voluntad es que “hombres de toda clase se salven y lleguen a un conocimiento exacto de la verdad”, se ha encargado de que su Palabra esté a disposición de toda la humanidad (1 Timoteo 2:4). Se calcula que es posible comunicarse con el 80% de los habitantes de la Tierra utilizando solo 100 idiomas. La Biblia completa se ha publicado en 370 idiomas, y parte de ella puede leerse en otros 1.860 idiomas y dialectos. Jehová quiere que su pueblo lea las Escrituras. Bendice a sus siervos que prestan atención a su Palabra, sí, que la leen diariamente (Salmo 1:1, 2).

Los superintendentes deben leer la Biblia

3 Hablando con antelación del tiempo en que la nación de Israel tendría un rey humano, Jehová dijo: “Tiene que suceder que, cuando se siente sobre el trono de su reino, tiene que escribir para sí en un libro una copia de esta ley, de aquella que está a cargo de los sacerdotes, los levitas. Y esta tiene que continuar con él, y él tiene que leer en ella todos los días de su vida, a fin de que aprenda a temer a Jehová su Dios para guardar todas las palabras de esta ley y estas disposiciones reglamentarias, por medio de ponerlas por obra; para que su corazón no se ensalce sobre sus hermanos y para que él no se desvíe del mandamiento a la derecha ni a la izquierda” (Deuteronomio 17:18-20).

4 Fijémonos en las razones por las que Jehová quería que todos los reyes futuros de Israel leyeran el libro de la ley divina diariamente: 1) “a fin de que aprenda a temer a Jehová su Dios para guardar todas las palabras de esta ley y estas disposiciones reglamentarias, por medio de ponerlas por obra”, 2) “para que su corazón no se ensalce sobre sus hermanos” y 3) “para que él no se desvíe del mandamiento a la derecha ni a la izquierda”. ¿No deben hoy los superintendentes cristianos temer a Jehová, obedecer sus leyes y no ensalzarse sobre sus hermanos ni desviarse de los mandamientos de Jehová? La lectura diaria de la Biblia no es menos importante para ellos de lo que lo fue para los reyes de Israel.

5 Los ancianos cristianos tienen hoy un horario muy apretado, lo que les hace muy difícil leer la Biblia a diario. Por ejemplo, los miembros del Cuerpo Gobernante de los Testigos de Jehová y los miembros de los comités de sucursal por todo el mundo son hombres muy ocupados. Sin embargo, una carta reciente del Cuerpo Gobernante a todos los comités de sucursal recalcó la necesidad de leer la Biblia diariamente y de tener buenos hábitos de estudio. La carta indicaba que tales hábitos aumentarán nuestro amor a Jehová y a la verdad, y “nos [ayudarán] a mantener la fe, el gozo y la perseverancia hasta el glorioso fin”. Todos los ancianos de las congregaciones de los testigos de Jehová sienten la misma necesidad. La lectura diaria de las Escrituras los ayudará a “actuar sabiamente” (Josué 1:7, 8). Especialmente en su caso, la lectura de la Biblia es “útil para la enseñanza, para la reprensión, para la corrección, para la instrucción en justicia” (2 Timoteo 3:16, Reina-Valera Actualizada).

Necesaria para jóvenes y mayores

6 En tiempos antiguos no existían ejemplares individuales de las Escrituras para uso personal, de modo que la lectura bíblica se realizaba ante grandes grupos. Cuando Jehová dio a Josué la victoria sobre la ciudad de Hai, este reunió a las tribus de Israel ante el monte Ebal y el monte Guerizim. Entonces, el relato dice: “Leyó en voz alta todas las palabras de la ley, la bendición y la invocación de mal, conforme a todo lo que está escrito en el libro de la ley. Resultó que no hubo ni una sola palabra de todo lo que Moisés había mandado que Josué no leyera en voz alta enfrente de toda la congregación de Israel, junto con las mujeres y los pequeñuelos y los residentes forasteros que andaban en medio de ellos” (Josué 8:34, 35). Jóvenes y mayores, nativos y residentes forasteros, tenían que grabar en el corazón y en la mente qué conducta redundaría en la bendición de Jehová y cuál acarrearía su desaprobación. La lectura regular de la Biblia nos ayudará con toda seguridad a este respecto.

7 Millones de siervos de Jehová son hoy como aquellos “residentes forasteros” en sentido espiritual. En un tiempo vivieron según las normas del mundo, pero transformaron su vida (Efesios 4:22-24; Colosenses 3:7, 8). Tienen que recordarse a sí mismos constantemente las normas de Jehová sobre el bien y el mal (Amós 5:14, 15). La lectura diaria de la Palabra de Dios los ayuda a hacerlo (Hebreos 4:12; Santiago 1:25).

8 También hay muchos “pequeñuelos” en el pueblo de Jehová a quienes sus padres han enseñado las normas divinas, pero que tienen que convencerse personalmente de la justicia de Su voluntad (Romanos 12:1, 2). ¿Cómo pueden lograrlo? A los sacerdotes y a los ancianos de Israel se les dijo: “Leerás esta ley enfrente de todo Israel a oídos de ellos. Congrega al pueblo, los hombres y las mujeres y los pequeñuelos y tu residente forastero que está dentro de tus puertas, a fin de que escuchen y a fin de que aprendan, puesto que tienen que temer a Jehová el Dios de ustedes y cuidar de poner por obra todas las palabras de esta ley. Y los hijos de ellos, que no han sabido, deben escuchar, y tienen que aprender a temer a Jehová el Dios de ustedes” (Deuteronomio 31:11-13). A los 12 años de edad, Jesús ya demostró mucho interés por entender las leyes de su Padre (Lucas 2:41-49). Posteriormente, tuvo por costumbre escuchar la lectura de las Escrituras en la sinagoga y participar en ella (Lucas 4:16; Hechos 15:21). Hoy en día, los jóvenes hacen bien en seguir el ejemplo de Jesús leyendo la Palabra de Dios diariamente y asistiendo con regularidad a las reuniones donde se lee y se estudia la Biblia.

La lectura de la Biblia: una prioridad

9 El sabio rey Salomón escribió: “Acepta una advertencia: El hacer muchos libros no tiene fin, y el aplicarse mucho a ellos es fatigoso a la carne” (Eclesiastés 12:12). Podría añadirse que la lectura de muchos libros de los que hoy se publican no solo es fatigosa a la carne, sino que también es peligrosa para la mente. De modo que hay que escoger con cuidado. Además de las publicaciones para el estudio de la Biblia, tenemos que leer la Biblia misma. El fundador de esta revista escribió a sus lectores: “Nunca olviden que la Biblia es nuestra norma, y aunque vemos nuestras ayudas como procedentes de Dios, son solo ‘ayudas’ y no sustituyen a la Biblia”.* Por lo tanto, si bien no debemos descuidar la lectura de las publicaciones bíblicas, tenemos que leer las Santas Escrituras mismas.

10 Consciente de esa necesidad, “el esclavo fiel y discreto” ha incluido desde hace años la lectura bíblica como parte del programa de la Escuela del Ministerio Teocrático en todas las congregaciones (Mateo 24:45). El programa actual de lectura bíblica abarca toda la Biblia en un período de unos siete años. Este programa es provechoso para todos, pero particularmente para los nuevos que nunca han leído la Biblia completa. Los que asisten a la Escuela Bíblica de Galaad de la Watchtower para los misioneros y a la Escuela de Entrenamiento Ministerial, así como los nuevos miembros de la familia Betel tienen que leer toda la Biblia en un año. Sin importar el programa que sigamos, cumplir con él, ya sea a nivel personal o familiar, requiere dar prioridad a la lectura bíblica.

¿Qué revelan nuestros hábitos de lectura?

11 Si nos cuesta mantenernos al día con el programa de lectura bíblica, sería apropiado que nos preguntáramos: “¿Qué efecto pueden tener mis hábitos de lectura o de ver la televisión en el tiempo que dedico a leer la Palabra de Jehová?”. Recordemos lo que Moisés escribió —y Jesús repitió—: “No de pan solamente debe vivir el hombre, sino de toda expresión que sale de la boca de Jehová” (Mateo 4:4; Deuteronomio 8:3). Tal como necesitamos comer pan o su equivalente todos los días de nuestra vida para sostener el cuerpo físico, de igual modo tenemos que absorber diariamente las expresiones de Jehová para mantener nuestra espiritualidad. Podemos acceder a estas todos los días leyendo las Escrituras.

12 Si valoramos la Biblia, “no como palabra de hombres, sino, como lo que verdaderamente es, como palabra de Dios”, nos atraerá del modo que la leche materna atrae al recién nacido (1 Tesalonicenses 2:13). El apóstol Pedro hizo esa comparación cuando escribió: “Como criaturas recién nacidas, desarrollen el anhelo por la leche no adulterada que pertenece a la palabra, para que mediante ella crezcan a la salvación, con tal que hayan gustado que el Señor es bondadoso” (1 Pedro 2:2, 3). Si verdaderamente hemos gustado por experiencia personal que “el Señor es bondadoso”, anhelaremos la lectura de la Biblia.

13 Debemos tener presente que Pedro utiliza en este pasaje la analogía con la leche de manera diferente a como lo hace el apóstol Pablo. En el caso de un recién nacido, la leche satisface todas sus necesidades alimentarias. La ilustración de Pedro muestra que la Palabra de Dios contiene todo lo que necesitamos para ‘crecer a la salvación’. Pablo, por otra parte, alude a la necesidad de leche para ilustrar los hábitos alimentarios deficientes de algunos que afirman ser adultos en sentido espiritual. En su carta a los cristianos hebreos, escribió: “En realidad, aunque deberían ser maestros en vista del tiempo, de nuevo necesitan que alguien les enseñe desde el principio las cosas elementales de las sagradas declaraciones formales de Dios; y han llegado a ser como quienes necesitan leche, no alimento sólido. Porque todo el que participa de leche no conoce la palabra de la justicia, porque es pequeñuelo. Pero el alimento sólido pertenece a personas maduras, a los que mediante el uso tienen sus facultades perceptivas entrenadas para distinguir tanto lo correcto como lo incorrecto” (Hebreos 5:12-14). La lectura concienzuda de la Biblia puede contribuir de manera importante al desarrollo de nuestras facultades perceptivas y estimular nuestro apetito por las cosas espirituales.

Cómo leer la Biblia

14 La lectura de la Biblia más provechosa no se empieza leyendo, sino orando. La oración es un privilegio extraordinario. Es como si comenzáramos a examinar un libro sobre un tema profundo y recurriéramos a su autor para que nos ayudara a entenderlo. Esa puede ser una gran ventaja. El Autor de la Biblia, Jehová, nos ofrece ese privilegio. Un miembro del cuerpo gobernante del siglo primero escribió a sus hermanos: “Si alguno de ustedes tiene deficiencia en cuanto a sabiduría, que siga pidiéndole a Dios, porque él da generosamente a todos, y sin echar en cara; y le será dada. Pero que siga pidiendo con fe, sin dudar nada” (Santiago 1:5, 6). El Cuerpo Gobernante de la actualidad nos exhorta constantemente a leer la Biblia bajo oración.

15 La sabiduría es la aplicación práctica del conocimiento. Por lo tanto, antes de abrir la Biblia, pidamos a Jehová que nos ayude a percibir puntos de la lectura que debamos aplicar a nuestra vida personal. Relacionemos las nuevas ideas que aprendemos con lo que ya sabemos. Encajémoslas en “el modelo de palabras saludables” que hemos aceptado (2 Timoteo 1:13). Reflexionemos sobre episodios de la vida de siervos de Jehová de tiempos pasados y preguntémonos cómo hubiéramos actuado nosotros en circunstancias similares (Génesis 39:7-9; Daniel 3:3-6, 16-18; Hechos 4:18-20).

16 No lea solo para abarcar páginas. Tómese el tiempo necesario. Medite sobre lo que lee. Cuando no entienda bien cierta idea, busque las remisiones que pueda haber en su Biblia. Si estas no le aclaran la duda, tome nota de ella para buscar información más tarde. Durante la lectura, marque los textos que le interesa recordar especialmente o cópielos. También puede añadir apuntes personales o referencias al margen. Anote la palabra clave de los textos que crea que pueda utilizar algún día en la obra de predicar y enseñar, y búsquela en el índice de palabras bíblicas que se halla al final de la Biblia.*

Deleitémonos en la lectura de la Biblia

17 El salmista habló del hombre feliz cuyo “deleite está en la ley de Jehová, y día y noche lee en su ley en voz baja” (Salmo 1:2). Nuestra lectura diaria de la Biblia no debería ser una tarea pesada, sino un verdadero deleite. Una manera de conseguirlo es estar muy al tanto del valor de lo que aprendemos. El sabio rey Salomón escribió: “Feliz es el hombre que ha hallado sabiduría [...]. Sus caminos son caminos de agradabilidad, y todas sus veredas son paz. Es árbol de vida a los que se asen de ella, y los que la mantienen firmemente asida han de ser llamados felices” (Proverbios 3:13, 17, 18). El esfuerzo necesario para conseguir sabiduría sin duda merece la pena, pues sus caminos son caminos de agradabilidad, paz, felicidad y, finalmente, vida.

18 En efecto, la lectura de la Biblia es tanto provechosa como placentera. Pero ¿es suficiente? Los feligreses de la cristiandad han leído la Biblia por siglos, ‘siempre aprendiendo y, sin embargo, nunca llegando a un conocimiento exacto de la verdad’ (2 Timoteo 3:7). Para que la lectura de la Biblia sea productiva, debemos hacerla con la idea de aplicar a nuestra vida personal el conocimiento que adquirimos y utilizarlo en la obra de predicar y enseñar (Mateo 24:14; 28:19, 20). Esto requiere esfuerzo y buenos métodos de estudio, que también pueden ser amenos y gratificantes, como veremos en el artículo siguiente.

[Notas]

Véase Los testigos de Jehová, proclamadores del Reino de Dios, editado por Watchtower Bible and Tract Society of New York, Inc., págs. 241, 242.

Véase La Atalaya del 1 de mayo de 1995, págs. 16, 17, “Sugerencias para mejorar su lectura de la Biblia”.

Preguntas de repaso

• ¿Qué consejo dado a los reyes de Israel es aplicable hoy a los superintendentes, y por qué?

• ¿Quiénes son hoy como “los residentes forasteros” y “los pequeñuelos”, y por qué tienen que leer la Biblia todos los días?

• ¿De qué maneras prácticas nos ha ayudado “el esclavo fiel y discreto” a leer la Biblia con regularidad?

• ¿Cómo podemos obtener verdadero beneficio y placer de nuestra lectura de la Biblia?

[Preguntas del estudio]

 1. ¿Qué beneficios reporta la lectura en general y la lectura bíblica en particular?

 2. ¿Por qué ha conservado Jehová la Biblia a lo largo de los siglos, y qué espera que hagan sus siervos?

 3, 4. ¿Qué pedía Jehová a los reyes de Israel, y qué razones por las que se dio este requisito son también aplicables hoy a los ancianos cristianos?

 5. ¿Qué escribió recientemente el Cuerpo Gobernante a los miembros de los comités de sucursal con respecto a la lectura bíblica, y por qué hacen bien en seguir este consejo todos los ancianos cristianos?

 6. ¿Por qué leyó Josué todas las palabras de la ley de Jehová en voz alta ante la asamblea de las tribus de Israel y los residentes forasteros?

 7, 8. a) ¿Quiénes son hoy como “los residentes forasteros”, y por qué tienen que leer la Biblia diariamente? b) ¿De qué maneras pueden “los pequeñuelos” del pueblo de Jehová seguir el ejemplo de Jesús?

 9. a) ¿Por qué debemos escoger con cuidado lo que leemos? b) ¿Qué dijo el fundador de esta revista con respecto a las ayudas para el estudio de la Biblia?

10. ¿Cómo ha recalcado “el esclavo fiel y discreto” la importancia de la lectura bíblica?

11. ¿Cómo y por qué debemos alimentarnos todos los días de las expresiones de Jehová?

12, 13. a) ¿Cómo muestra el apóstol Pedro el anhelo que debemos tener por la Palabra de Dios? b) ¿Cómo utiliza Pablo la ilustración de la leche de manera diferente a Pedro?

14, 15. a) ¿Qué privilegio nos concede el Autor de la Biblia? b) ¿Cómo podemos beneficiarnos de la sabiduría divina? (Dé ejemplos.)

16. ¿Qué sugerencias prácticas pueden ayudarnos a obtener más provecho de la lectura de la Biblia?

17. ¿Por qué debe deleitarnos la lectura de la Biblia?

18. ¿Qué es necesario además de leer la Biblia, y qué estudiaremos en el artículo siguiente?

[Ilustración de la página 9]

Los ancianos, en particular, deben leer la Biblia diariamente

[Ilustración de la página 10]

Jesús acostumbraba a leer la Biblia en la sinagoga