Jehová, el Dios de la verdad

“Me has redimido, oh Jehová el Dios de la verdad.” (SALMO 31:5.)

HUBO un tiempo en el que no existía la mentira. En los cielos invisibles vivían espíritus perfectos que servían a su Creador, “el Dios de la verdad” (Salmo 31:5). No se conocían la falsedad ni el engaño. Jehová comunicaba la verdad a sus hijos espirituales porque los amaba y porque se interesaba profundamente en su bienestar. La situación en la Tierra era idéntica. Jehová había creado al primer hombre y a la primera mujer y, mediante el conducto designado por él, siempre se comunicaba con ellos de forma clara, franca y veraz. ¡Qué maravilloso debió de ser!

2 En un momento dado, sin embargo, un hijo angelical de Dios se propuso con descaro erigirse en un dios rival de Jehová. Esa criatura espiritual, a quien llegó a conocerse como Satanás el Diablo, quería que se le adorara. A fin de controlar a otros seres y así lograr su objetivo, dio origen a la mentira, y con ello se convirtió en “mentiroso y el padre de la mentira” (Juan 8:44).

3 Valiéndose de una serpiente, Satanás le dijo a la primera mujer, Eva, que si hacía caso omiso del mandato divino y comía del fruto prohibido, no moriría, lo cual era mentira. Le dijo, además, que así llegaría a ser como Dios, pues conocería lo bueno y lo malo. También eso era falso. Aunque Eva no había escuchado nunca una mentira, tuvo que darse cuenta de que las afirmaciones de la serpiente no concordaban con lo que Dios le había dicho a Adán, su esposo. Aun así, optó por creer a Satanás más bien que a Jehová. Totalmente engañada, tomó el fruto y comió de él. Más tarde, Adán también comió del fruto (Génesis 3:1-6). Al igual que Eva, Adán nunca había escuchado una mentira, pero a él no se le engañó (1 Timoteo 2:14). Por su forma de actuar demostró que rechazaba a su Hacedor, lo que tuvo consecuencias desastrosas para la humanidad. A causa de la desobediencia de Adán, el pecado y la muerte —junto con la corrupción y un sufrimiento indecible— se extendieron a todos sus descendientes (Romanos 5:12).

4 También la mentira se extendió. Debemos entender que las falsedades pronunciadas en el jardín de Edén constituyeron ataques contra la veracidad del propio Jehová. Satanás afirmó que Dios estaba privando de algo bueno a la primera pareja mediante engaños, afirmación que, obviamente, era falsa. Adán y Eva no obtuvieron ningún beneficio de su desobediencia. Tal como Jehová les había dicho, murieron. No obstante, el ataque difamatorio de Satanás contra Jehová prosiguió, hasta el punto de que, siglos después, el apóstol Juan escribió por inspiración divina que el Diablo estaba “extraviando a toda la tierra habitada” (Revelación [Apocalipsis] 12:9). Para impedir que Satanás nos extravíe, debemos tener confianza absoluta en la veracidad de Jehová y de su Palabra. ¿Cómo podemos cultivar y profundizar nuestra confianza en Jehová y fortalecernos para no ser vulnerables a los engaños y mentiras promovidos por su gran adversario?

Jehová conoce la verdad

5 La Biblia identifica repetidamente a Jehová como el que “creó todas las cosas” (Efesios 3:9). Él es “Aquel que hizo el cielo y la tierra y el mar y todas las cosas que hay en ellos” (Hechos 4:24). Como es el Creador, conoce la verdad sobre todo lo que existe. A modo de ilustración, pensemos en alguien que diseña y construye su propia casa, colocando todos los maderos y fijando todos los clavos. Sin duda conocerá perfectamente esa casa, mucho mejor que cualquier observador. En efecto, quien diseña y construye algo tiene un conocimiento cabal de su obra. Del mismo modo, el Creador conoce hasta el último detalle de lo que ha creado.

6 El profeta Isaías expresó el alcance del conocimiento de Jehová con estas hermosas palabras: “¿Quién ha medido las aguas en el simple hueco de su mano, y ha tomado las proporciones de los cielos mismos con un simple palmo, y ha incluido en una medida el polvo de la tierra, o ha pesado con indicador las montañas, y en la balanza las colinas? ¿Quién ha tomado las proporciones del espíritu de Jehová, y quién como su hombre de consejo puede hacerle saber algo? ¿Con quién consultó para que se le hiciera entender, o quién le instruye en la senda de la justicia, o le enseña conocimiento, o le hace conocer el mismísimo camino del verdadero entendimiento?” (Isaías 40:12-14). Jehová, el “Dios de conocimiento”, es verdaderamente “perfecto en conocimiento” (1 Samuel 2:3; Job 36:4; 37:16). ¡Qué poca cosa somos nosotros a su lado! A pesar del impresionante caudal de conocimientos que ha acumulado la humanidad, nuestro entendimiento de la creación física no llega ni siquiera a ‘los bordes de los caminos de Dios’. Es como comparar un “susurro” con un “poderoso trueno” (Job 26:14).

7 Como Jehová nos creó, es lógico concluir que nos conoce bien. El rey David reconoció este hecho cuando escribió: “Oh Jehová, tú me has escudriñado completamente, y me conoces. Tú mismo has llegado a conocer mi sentarme y mi levantarme. Has considerado mi pensamiento desde lejos. Mi viajar y mi yacer tendido has medido, y te has familiarizado hasta con todos mis caminos. Pues no hay una sola palabra en mi lengua, cuando, ¡mira!, oh Jehová, tú ya lo sabes todo” (Salmo 139:1-4). David entendía, por supuesto, que los seres humanos tenemos libre albedrío, es decir, que Dios nos ha creado con la capacidad de decidir si le obedeceremos o no (Deuteronomio 30:19, 20; Josué 24:15). Sin embargo, Jehová nos conoce mucho mejor que nosotros mismos. Él desea lo mejor para nosotros y puede dirigir nuestros pasos (Jeremías 10:23). De hecho, no hay ningún maestro, entendido ni consejero más capacitado que él para enseñarnos la verdad y hacernos sabios y felices.

Jehová es veraz

8 Una cosa es conocer la verdad, y otra muy distinta es decirla siempre, ser veraz. El Diablo, por ejemplo, optó por no ‘permanecer firme en la verdad’ (Juan 8:44). Jehová, en cambio, es “abundante en [...] verdad” (Éxodo 34:6). Las Escrituras dan testimonio vez tras vez de la veracidad de Jehová. El apóstol Pablo declaró que “es imposible que Dios mienta” y que Dios “no puede mentir” (Hebreos 6:18; Tito 1:2). La veracidad es una característica importante de la personalidad divina. Podemos confiar en Jehová porque es veraz; jamás engaña a sus leales.

9 El propio nombre de Jehová atestigua que él es veraz. Su significado, “Él Hace que Llegue a Ser”, identifica a su poseedor como Aquel que de forma progresiva cumple todas sus promesas. De nadie más puede afirmarse lo mismo. Puesto que Jehová es el Ser Supremo, nada puede impedir que sus propósitos se lleven a cabo. Además de ser veraz, es el único que tiene el poder y la sabiduría necesarios para lograr que cuanto dice se haga realidad.

10 Josué fue uno de los muchos testigos presenciales de acontecimientos notables que dieron fe de la veracidad divina. Cuando Jehová envió las diez plagas sobre Egipto tras predecirlas una a una, Josué se encontraba allí. Algunas de las promesas que vio cumplirse fueron las de liberar a los israelitas de esa nación, conducirlos a la Tierra Prometida y someter a los poderosos ejércitos cananeos que les opusieron resistencia. Hacia el final de sus días, Josué dijo a los ancianos de la nación de Israel: “Ustedes bien saben con todo su corazón y con toda su alma que ni una sola palabra de todas las buenas palabras que Jehová su Dios les ha hablado ha fallado. Todas se han realizado para ustedes. Ni una sola palabra de ellas ha fallado” (Josué 23:14). Aunque usted no haya presenciado los mismos milagros que Josué, ¿ha experimentado a lo largo de su vida la veracidad de las promesas divinas?

Jehová revela la verdad

11 Imaginemos a un padre que tenga un vasto conocimiento pero apenas hable con sus hijos. ¿No estamos agradecidos de que Jehová no sea así? Él se comunica amorosamente con la humanidad, y lo hace con generosidad. Las Escrituras lo llaman el “Magnífico Instructor” (Isaías 30:20). En su gran bondad amorosa, se comunica incluso con quienes no están dispuestos a escucharlo. Por ejemplo, comisionó a Ezequiel para predicar a personas que Él sabía que no serían receptivas. Le dijo: “Hijo del hombre, ve, entra entre los de la casa de Israel, y tienes que hablarles con mis palabras”. A continuación le advirtió: “No querrán escucharte, porque no quieren escucharme; porque todos los de la casa de Israel son de cabeza dura y de duro corazón”. Aunque se trataba de una comisión difícil, Ezequiel la llevó a cabo fielmente y de esa forma reflejó la compasión divina. Por lo tanto, aunque tengamos que predicar en circunstancias difíciles, si confiamos en Dios, podemos estar seguros de que él nos fortalecerá tal como hizo con aquel profeta (Ezequiel 3:4, 7-9).

12 Jehová desea que “hombres de toda clase se salven y lleguen a un conocimiento exacto de la verdad” (1 Timoteo 2:4). Para ello, ha hablado a través de profetas, de ángeles e incluso de su amado Hijo, Jesucristo (Hebreos 1:1, 2; 2:2). Este le dijo a Pilato: “Para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio acerca de la verdad. Todo el que está de parte de la verdad escucha mi voz”. Pilato tuvo la inestimable oportunidad de aprender directamente del Hijo de Dios la verdad sobre el medio que Jehová ha dispuesto para la salvación. Pero aquel gobernador romano no estaba de parte de la verdad y no quiso que Jesús le enseñara. Más bien, le respondió con escepticismo: “¿Qué es la verdad?” (Juan 18:37, 38). ¡Qué lamentable! Sin embargo, hubo muchas personas que sí escucharon la verdad que Jesús proclamó. Él dijo a sus discípulos: “Felices son los ojos de ustedes porque contemplan, y sus oídos porque oyen” (Mateo 13:16).

13 Mediante la Biblia, Jehová ha conservado la verdad y la ha puesto a disposición de todo el mundo. La Biblia revela las cosas tal como son en realidad. Da a conocer los atributos, propósitos y mandatos divinos, así como la verdadera situación de la humanidad. Jesús le dijo a Jehová en oración: “Tu palabra es la verdad” (Juan 17:17). Este hecho hace de la Biblia un libro singular. Es el único que se escribió por inspiración del Dios que todo lo sabe (2 Timoteo 3:16). Es un regalo precioso a la humanidad, el cual los siervos de Dios valoramos muchísimo. Hacemos bien en leerla todos los días.

Aferrémonos a la verdad

14 Debemos tomar en serio lo que Jehová nos enseña en su Palabra. Él es lo que afirma ser y hará tal como dice que hará. Tenemos razones de sobra para confiar en él, de modo que podemos dar por seguro el cumplimiento de su promesa de traer “venganza sobre los que no conocen a Dios y sobre los que no obedecen las buenas nuevas acerca de nuestro Señor Jesús” (2 Tesalonicenses 1:8). También podemos creerle cuando asegura que ama a quienes siguen tras la justicia, que concederá vida eterna a quienes ejercen fe y que eliminará el dolor, el clamor e incluso la muerte. Jehová recalcó que esta última promesa es confiable al mandarle al apóstol Juan: “Escribe, porque estas palabras son fieles y verdaderas” (Revelación 21:4, 5; Proverbios 15:9; Juan 3:36).

15 Satanás es exactamente lo contrario de Jehová. En vez de iluminar, engaña. Para lograr su objetivo de apartar de la adoración pura a la gente, promueve un sinfín de mentiras. Por ejemplo, quisiera hacernos creer que Dios no siente afecto por nosotros y que es insensible al sufrimiento existente en la Tierra. Sin embargo, la Biblia muestra que Jehová se interesa profundamente en sus criaturas y que lamenta mucho la existencia del mal y del sufrimiento (Hechos 17:24-30). El Diablo también desea convencernos de que las actividades espirituales son una pérdida de tiempo. Las Escrituras, por el contrario, nos aseguran: “Dios no es injusto para olvidar la obra de ustedes y el amor que mostraron para con su nombre”. Además, expresan con toda claridad que él “llega a ser remunerador de los que le buscan solícitamente” (Hebreos 6:10; 11:6).

16 El apóstol Pablo escribió sobre Satanás: “El dios de este sistema de cosas ha cegado las mentes de los incrédulos, para que no pase a ellos la iluminación de las gloriosas buenas nuevas acerca del Cristo, que es la imagen de Dios” (2 Corintios 4:4). Al igual que Eva, algunas personas se dejan engañar totalmente por el Diablo. Otras hacen como Adán, que no fue engañado, pero escogió a sabiendas un proceder de desobediencia (Judas 5, 11). Por consiguiente, es esencial que los cristianos estemos vigilantes y nos aferremos a la verdad.

Jehová requiere “fe sin hipocresía”

17 Dado que Jehová es veraz en todo sentido, espera que quienes lo adoran también lo sean. El salmista escribió: “Oh Jehová, ¿quién será huésped en tu tienda? ¿Quién residirá en tu santa montaña? El que está andando exento de falta y practicando la justicia y hablando la verdad en su corazón” (Salmo 15:1, 2). A los judíos que cantaban esas palabras, la mención de la montaña santa de Jehová muy probablemente les hacía pensar en el monte Sión, donde el rey David levantó una tienda en la que introdujo el arca del pacto (2 Samuel 6:12, 17). La montaña y la tienda recordaban el lugar donde Jehová moraba simbólicamente y donde la gente podía acercarse a Dios para implorar su favor.

18 Todo el que desee disfrutar de la amistad de Jehová tiene que hablar la verdad “en su corazón”, no simplemente con sus labios. Los verdaderos amigos de Dios deben ser personas de corazón sincero y manifestar “fe sin hipocresía”, pues las acciones veraces proceden del corazón (1 Timoteo 1:5; Mateo 12:34, 35). Quien es amigo de Dios no recurre a artimañas y engaños, pues “al hombre [...] de engaño Jehová lo detesta” (Salmo 5:6). Los testigos de Jehová de toda la Tierra se esfuerzan por imitar a su Dios y ser veraces. En el siguiente artículo se examinará este asunto.

¿Qué respondería?

• ¿Por qué conoce Jehová la verdad sobre todas las cosas?

• ¿Qué demuestra que Jehová es veraz?

• ¿Cómo ha revelado Jehová la verdad?

• En lo que respecta a la verdad, ¿qué se requiere de nosotros?

[Preguntas del estudio]

 1. ¿Qué condiciones existían en los cielos y en la Tierra cuando no se conocía la mentira?

 2. ¿Quién dio origen a la mentira, y por qué?

 3. ¿Cómo reaccionaron Adán y Eva ante las mentiras de Satanás, y cuáles fueron los resultados?

 4. a) ¿De qué naturaleza fueron las mentiras que se pronunciaron en Edén? b) ¿Cómo podemos impedir que Satanás nos extravíe?

 5, 6. a) ¿Cuánto conocimiento posee Jehová? b) ¿Cómo es el conocimiento humano en comparación con el divino?

 7. ¿Qué reconoció David sobre el conocimiento de Jehová, y qué debemos reconocer nosotros también?

 8. ¿Cómo sabemos que Jehová es veraz?

 9. ¿Qué relación hay entre el nombre de Jehová y la verdad?

10. a) ¿Qué acontecimientos presenció Josué que dieron fe de la veracidad de Jehová? b) ¿Qué promesas de Jehová ha visto usted cumplirse?

11. ¿Qué demuestra que Jehová desea comunicar la verdad a la humanidad?

12, 13. ¿De qué formas se ha comunicado Dios con la humanidad?

14. ¿Qué cosas promete hacer Jehová, y por qué debemos creerle?

15. ¿Cuáles son algunas de las mentiras que promueve Satanás?

16. ¿Por qué debemos los cristianos estar vigilantes y aferrarnos a la verdad?

17. ¿Qué debemos hacer para tener el favor de Jehová?

18. a) ¿Qué hay que hacer para disfrutar de la amistad de Dios? b) ¿Qué se examinará en el siguiente artículo?

[Ilustraciones de la página 10]

El Dios de la verdad conoce todo detalle de lo que ha creado

[Ilustraciones de las páginas 12 y 13]

Las promesas de Jehová se harán realidad