Jehová es nuestra ayuda

“Mi ayuda viene de Jehová, el Hacedor del cielo y de la tierra.” (SALMO 121:2.)

¿QUIÉN no necesita a veces que se le tienda una mano? La realidad es que a todos nos hace falta en algún momento, sea para afrontar un problema grave, una pérdida dolorosa o una prueba difícil. Si estamos abrumados, solemos recurrir a un buen amigo, pues nos alivia desahogarnos. Ahora bien, el apoyo que brindamos los seres humanos es muy limitado, y ninguno de nosotros puede darlo siempre que sea preciso.

2 En cambio, existe Alguien que tiene poder y recursos ilimitados para ayudarnos, y que además nos garantiza que nunca nos abandonará. El salmista lo identificó al declarar con plena confianza: “Mi ayuda viene de Jehová” (Salmo 121:2). ¿Por qué estaba tan convencido del auxilio divino? Examinemos el Salmo 121 para hallar la respuesta. El siguiente análisis nos permitirá ver las razones por las que podemos tener la firme convicción de que nuestra ayuda viene de Jehová.

La ayuda infalible

3 El salmista nos infunde confianza dirigiendo la atención hacia las creaciones de Jehová: “Alzaré mis ojos a las montañas. ¿De dónde vendrá mi ayuda? Mi ayuda viene de Jehová, el Hacedor del cielo y de la tierra” (Salmo 121:1, 2). El escritor no dirigió la vista a un cerro cualquiera. Cuando escribió estas palabras, el templo de Jehová estaba en Jerusalén, la ciudad de la serranía de Judá que era, en sentido figurado, la morada del Altísimo (Salmo 135:21). Por lo tanto, puede que haya mirado hacia el monte donde se ubicaba el templo, confiado en que Dios lo socorrería. ¿Por qué estaba tan convencido de recibir su apoyo? Porque Jehová es “el Hacedor del cielo y de la tierra”. Así pues, lo que el escritor dio a entender fue esto: “¡Nada va a impedir que el Creador omnipotente me auxilie!” (Isaías 40:26).

4 Acto seguido, el salmista indicó que Jehová siempre está pendiente de su pueblo: “No es posible que él permita que tu pie tambalee. A Aquel que te guarda no le es posible adormecerse. ¡Mira! No estará adormecido ni se dormirá, aquel que está guardando a Israel” (Salmo 121:3, 4). Efectivamente, es inimaginable que Dios permita que quien confía en él “tambalee” o sufra caídas irremediables (Proverbios 24:16). ¿Por qué? Porque es como un pastor vigilante que vela por sus ovejas. ¿No nos transmite seguridad esta imagen? Ni por un instante cerrará él los ojos a las necesidades de sus siervos. Día y noche los guarda.

5 Convencido de que Jehová es el Protector leal de su pueblo, el salmista escribió: “Jehová te está guardando. Jehová es tu sombra a tu mano derecha. De día el sol mismo no te herirá, ni la luna de noche” (Salmo 121:5, 6). En el Oriente Medio, el caminante agradecía las sombras, pues lo amparaban del sol abrasador. Pues bien, Jehová es para sus siervos como una sombra que los resguarda del calor ardiente de la calamidad. Obsérvese que Él está a la “mano derecha”. En las batallas de la antigüedad, el soldado dejaba su diestra un tanto desprotegida, ya que sostenía el escudo con la mano izquierda. Por ello, había veces en las que un amigo fiel luchaba a su derecha para cubrirlo. Jehová, igual que el buen amigo, permanece al lado de sus siervos, siempre dispuesto a apoyarlos.

6 ¿Dejará Jehová algún día de ayudar a su pueblo? ¡Resulta impensable! El salmista concluye así: “Jehová mismo te guardará contra toda calamidad. Él guardará tu alma. Jehová mismo guardará tu salida y tu entrada desde ahora y hasta tiempo indefinido” (Salmo 121:7, 8). El escritor ya no se centra en el presente, sino que se proyecta al futuro. Mientras que en el versículo 5 pone: “Jehová te está guardando”, en estos versículos escribe: “Jehová mismo te guardará”. De esta manera, asegura a los verdaderos siervos de Dios que Él seguirá auxiliándolos en el futuro. No importa dónde vayan ni qué calamidades afronten, nunca estarán fuera del alcance de su mano protectora (Proverbios 12:21).

7 En efecto, el escritor del Salmo 121 abrigaba confianza absoluta en el cuidado del Creador omnipotente, quien trata a sus siervos con la ternura de un buen pastor y la vigilancia de un guardián alerta. Nosotros contamos con sobradas razones para compartir tal convicción, pues Jehová no cambia (Malaquías 3:6). ¿Significa esto que siempre recibiremos protección física? No; pero mientras busquemos su apoyo, él nos amparará contra todo lo que pueda ocasionarnos daño espiritual. Cabe preguntarse, pues: “¿Cómo nos ayuda Jehová?”. Veamos cuatro maneras. En este artículo, comentaremos cómo auxilió a sus siervos en tiempos bíblicos, y en el próximo, cómo lo hace en la actualidad.

La ayuda de los ángeles

8 Jehová dispone de millones y millones de ángeles (Daniel 7:9, 10). Estos hijos espirituales de Dios cumplen fielmente Su voluntad (Salmo 103:20). Saben muy bien cuánto ama y desea ayudar Jehová a su pueblo terrestre, por lo que no es de extrañar que ellos también estén muy interesados en el bienestar de este (Lucas 15:10). Y es lógico pensar que les agrada ser instrumentos del socorro divino. Ahora bien, ¿de qué maneras se valió Jehová de estas criaturas para asistir a Sus siervos del pasado?

9 Hubo ángeles que recibieron poder de Dios para proteger y liberar a humanos fieles. Por ejemplo, dos de ellos ayudaron a Lot y a sus hijas a escapar de la destrucción de Sodoma y Gomorra (Génesis 19:1, 15-17). Y uno solo dio muerte a 185.000 soldados asirios que amenazaban Jerusalén (2 Reyes 19:35). Igualmente, cuando Daniel fue arrojado al foso, Jehová “envió a su ángel y cerró la boca de los leones” (Daniel 6:21, 22). Otra criatura espiritual liberó al apóstol Pedro de la prisión (Hechos 12:6-11). La Biblia menciona numerosos ejemplos de este tipo de protección, lo cual confirma la veracidad de Salmo 34:7: “El ángel de Jehová está acampando todo en derredor de los que le temen, y los libra”.

10 Jehová también utilizó a los ángeles para animar y fortalecer a hombres fieles. Un ejemplo conmovedor se relata en el capítulo 10 del libro de Daniel. El profeta, que ya rondaría los 100 años, se sentía desalentado, al parecer porque Jerusalén y su templo aún seguían en ruinas. Además, una aterradora visión lo había dejado perplejo (Daniel 10:2, 3, 8). Amorosamente, Jehová le envió un ángel para animarlo. Durante la conversación, le recordó varias veces que era “muy deseable” a los ojos de Dios. ¿Cuál fue el resultado? El anciano profeta le dijo al ángel: “Me has fortalecido” (Daniel 10:11, 19).

11 Jehová también se vale de criaturas celestiales para dirigir la predicación de las buenas nuevas. Así ocurrió en el caso de Felipe, a quien se le pidió que hablara de Cristo a un eunuco etíope, el cual luego se bautizó (Hechos 8:26, 27, 36, 38). Poco después, Dios dispuso que se predicaran las buenas nuevas a los gentiles que no estaban circuncidados. Uno de ellos, un varón temeroso de Dios llamado Cornelio, tuvo una visión en la que un ángel le indicaba que mandara llamar a Pedro. Por consiguiente, despachó mensajeros que, cuando encontraron al apóstol, le dijeron: “Cornelio [...] recibió instrucciones divinas, mediante un santo ángel, de que te enviara a decir que vinieras a su casa y de que oyera las cosas que tú dijeras”. Pedro actuó en consecuencia, y de este modo entraron los primeros gentiles en la congregación cristiana (Hechos 10:22, 44-48). ¿Cómo nos sentiríamos si nos enteráramos de que un ángel nos ha ayudado a encontrar a alguien con una buena disposición hacia la verdad?

La ayuda del espíritu santo

12 Poco antes de morir, Jesús aseguró a sus apóstoles que no se les dejaría solos. El Padre les proporcionaría un “ayudante, el espíritu santo” (Juan 14:26). Tenían sobradas razones para confiar en que aquella fuerza —la más potente que existe— podría ayudarlos, pues las Escrituras inspiradas abundan en ejemplos de cómo la utilizó Jehová para auxiliar a su pueblo.

13 En muchas ocasiones, el espíritu santo facultó a los seres humanos para efectuar la voluntad de Dios. Por ejemplo, fortaleció a los jueces para liberar a Israel (Jueces 3:9, 10; 6:34). También impulsó a los primeros cristianos a seguir predicando con valor, pese a las múltiples formas de oposición (Hechos 1:8; 4:31). En efecto, el éxito en el ministerio fue prueba contundente de la actuación del espíritu. Si no, ¿cómo se explica que hombres “iletrados y del vulgo” lograran difundir el mensaje del Reino por todo el mundo conocido en aquella época? (Hechos 4:13; Colosenses 1:23.)

14 Jehová también empleó el espíritu santo para iluminar a su pueblo. Así, por este medio capacitó a José para interpretar los sueños proféticos de Faraón (Génesis 41:16, 38, 39). Igualmente, se valió de su fuerza activa con el objeto de revelar sus propósitos a los humildes y ocultarlos a los orgullosos (Mateo 11:25). Por ello, el apóstol Pablo dijo lo siguiente sobre lo que Jehová ha hecho a favor de “los que lo aman”: “Es a nosotros a quienes Dios [lo] ha revelado mediante su espíritu” (1 Corintios 2:7-10). En efecto, solo podemos comprender bien la voluntad divina con la ayuda del espíritu santo.

La ayuda de la Palabra de Dios

15 La Palabra inspirada de Jehová es “provechosa para enseñar” y permite que todo siervo de Dios “sea enteramente competente y esté completamente equipado para toda buena obra” (2 Timoteo 3:16, 17). De hecho, contiene muchos ejemplos de los beneficios que obtuvo el pueblo de Dios de la antigüedad al dejarse guiar por los libros bíblicos de que disponía.

16 Las Escrituras dan orientación práctica a los siervos de Dios. Cuando Josué asumió la responsabilidad de dirigir a Israel, se le dijo: “Este libro de la ley [escrito por Moisés] no debe apartarse de tu boca, y día y noche tienes que leer en él en voz baja, a fin de que cuides de hacer conforme a todo lo que está escrito en él; porque entonces tendrás éxito en tu camino y entonces actuarás sabiamente”. Notemos que Dios no le prometió que recibiría sabiduría de forma milagrosa. Solo obraría con sensatez si leía el “libro de la ley” y meditaba en él (Josué 1:8; Salmo 1:1-3).

17 La Palabra de Dios también reveló la voluntad y el propósito divinos. Por ejemplo, gracias a los escritos de Jeremías, Daniel descubrió el tiempo que permanecería desolada Jerusalén (Jeremías 25:11; Daniel 9:2). Pensemos también en lo que ocurrió durante el reinado de Josías. En aquella época, la nación de Judá se había apartado de Jehová, y era obvio que los monarcas no habían obedecido ni la orden de hacerse una copia personal de la Ley ni el resto de sus mandatos (Deuteronomio 17:18-20). Pero mientras se efectuaban reparaciones en el templo, se halló “el mismísimo libro de la ley”, posiblemente el original que Moisés había escrito de su puño y letra y que había quedado terminado unos ochocientos años atrás. Después de escuchar su lectura, Josías se dio cuenta de lo alejada de Jehová que estaba la nación y tomó firmes medidas para poner por obra todo lo que estaba escrito en el libro (2 Reyes 22:8; 23:1-7). ¿No es verdad que el pueblo de Dios de la antigüedad se benefició de las secciones que tenía de las Sagradas Escrituras?

La ayuda de otros cristianos

18 Con frecuencia, la ayuda que Jehová nos brinda la recibimos mediante nuestros hermanos en la fe. En efecto, Jehová es el origen del apoyo que sus siervos verdaderos se prestan mutuamente. ¿Por qué decimos esto? Por dos razones. En primer lugar, entra en juego su espíritu santo, que produce en quienes lo piden cualidades como el amor y la bondad (Gálatas 5:22, 23). Por consiguiente, cuando un siervo de Dios se siente impulsado a auxiliar a otro, es indicación de que el espíritu santo está actuando. Por otra parte, fuimos hechos a imagen y semejanza de Jehová, lo cual significa que tenemos la capacidad de reflejar sus atributos, entre ellos la benignidad y la compasión (Génesis 1:26). Así que, siempre que sus siervos se ayudan, manifiestan las cualidades de la auténtica Fuente de socorro.

19 En tiempos bíblicos, ¿cómo suministró ayuda Jehová mediante sus siervos? Frecuentemente envió consejeros, como Jeremías, quien corrigió a Baruc y así le salvó la vida (Jeremías 45:1-5). En ocasiones, movió a sus verdaderos adoradores a dar socorro material a otros creyentes. Es el caso de los cristianos de Macedonia y Acaya, que no escatimaron esfuerzos por auxiliar a sus hermanos necesitados de Jerusalén. Como indicó el apóstol Pablo, sus generosos donativos suscitaron una merecida “expresión de gracias a Dios” (2 Corintios 9:11).

20 Son especialmente conmovedores los relatos que narran los esfuerzos de los siervos de Jehová por fortalecer y animar a sus compañeros. Veamos el caso de Pablo. Durante su viaje a Roma como prisionero, recorrió la Vía Apia, calzada cuyo último tramo no era nada agradable, pues discurría por zonas pantanosas.* Los hermanos de la congregación romana oyeron que el apóstol venía en camino. ¿Qué harían? ¿Esperarían cómodamente en sus casas de la ciudad hasta que llegara y luego irían a recibirlo?

21 Lucas, escritor bíblico y compañero de viaje de Pablo, nos cuenta qué sucedió: “De allí [de Roma] los hermanos, al oír las noticias acerca de nosotros, vinieron a nuestro encuentro hasta la Plaza del Mercado de Apio y las Tres Tabernas”. ¿Nos lo imaginamos? Al enterarse de que Pablo estaba de camino, un grupo de hermanos salió a recibirlo. Unos cuantos lo esperaron en la Plaza del Mercado de Apio, conocida estación de postas a 74 kilómetros de la ciudad, mientras que los demás lo aguardaron en Tres Tabernas, lugar de descanso a 58 kilómetros de la metrópoli. ¿Cuál fue la reacción del apóstol? Lucas dice: “Cuando alcanzó a verlos, Pablo dio gracias a Dios y cobró ánimo” (Hechos 28:15). En efecto, se sintió estimulado y reconfortado tan solo de ver a aquellos hermanos que se habían tomado tales molestias. ¿A quién dio gracias él por este valioso apoyo? A quien lo hizo posible, Jehová Dios.

22 Los relatos bíblicos hablan por sí solos: Dios es una Fuente inigualable de ayuda. Con toda razón, los testigos de Jehová tendremos como texto del año 2005 las palabras de Salmo 121:2: “Mi ayuda viene de Jehová”. Ahora bien, ¿cómo nos ayuda Jehová en la actualidad? Esta cuestión se estudiará en el próximo artículo.

[Nota]

El poeta latino Horacio (65-8 a.E.C.), que realizó el mismo viaje, detalla las incomodidades de este tramo diciendo que la Plaza del Mercado de Apio estaba “rebosante de marineros y de posaderos granujas”. Además, se quejó de “los insoportables mosquitos y las ranas” y de la “malísima” agua.

¿Recordamos?

¿Cómo brindó Jehová ayuda...

• ... mediante los ángeles?

• ... mediante el espíritu santo?

• ... mediante su Palabra inspirada?

• ... mediante sus siervos?

[Preguntas del estudio]

 1, 2. a) ¿Por qué puede decirse que a todos nos hace falta ayuda en algún momento? b) ¿Qué clase de ayuda nos brinda Jehová?

 3. ¿A qué montañas puede que alzara los ojos el salmista, y por qué?

 4. ¿Cómo indicó el salmista que Jehová siempre está pendiente de su pueblo, y por qué nos transmite seguridad esta imagen?

 5. ¿Por qué se dice que Jehová está a la “mano derecha”?

 6, 7. a) ¿Cómo nos asegura el salmista que Jehová nunca dejará de ayudar a sus siervos? b) ¿Por qué podemos compartir su convicción?

 8. ¿Por qué no sorprende que los ángeles estén muy interesados en el bienestar de los siervos terrestres de Jehová?

 9. Mencione ocasiones en que ángeles recibieron poder de Dios para proteger a humanos fieles.

10. ¿Cómo utilizó Jehová a un ángel para animar al profeta Daniel?

11. ¿Qué ejemplo indica que Dios utilizó ángeles para dirigir la predicación de las buenas nuevas?

12, 13. a) ¿Por qué tenían los apóstoles sobradas razones para confiar en que el espíritu santo podría ayudarlos? b) ¿De qué manera facultó el espíritu santo a los primeros cristianos para efectuar la voluntad de Dios?

14. ¿Cómo ha empleado Jehová su espíritu santo para iluminar a su pueblo?

15, 16. ¿Qué tenía que hacer Josué si quería actuar sabiamente?

17. ¿Cómo se beneficiaron tanto Daniel como el rey Josías de las secciones que tenían de las Escrituras?

18. ¿Por qué podemos decir que Jehová es el origen del apoyo que sus siervos se prestan mutuamente?

19. Según la Biblia, ¿cómo suministró Jehová ayuda mediante sus siervos?

20, 21. ¿En qué circunstancias animaron a Pablo los hermanos de Roma?

22. ¿Cuál será el texto del año 2005, y qué se estudiará en el próximo artículo?

[Comentario de la página 15]

El texto del año 2005 será: “Mi ayuda viene de Jehová” (Salmo 121:2).

[Ilustración de la página 16]

Pablo agradeció a Dios la ayuda que recibió de los hermanos de Roma