Orgullosos de ser cristianos

“El que se jacta, jáctese en Jehová.” (1 CORINTIOS 1:31.)

CIERTO analista religioso se refirió a la actitud que cada vez más personas adoptan hacia sus creencias de esta manera: “La mayor tendencia religiosa actual no es una nueva fe, sino más bien una actitud: el indiferentismo”. Este término suele aplicarse al desinterés por los asuntos de la religión. Como indicó el citado analista, hay mucha gente que “cree en Dios [...]; pero no se interesa lo más mínimo en él”.

2 La tendencia al indiferentismo no es algo que sorprenda a los estudiantes de la Biblia (Lucas 18:8). Es más, en materia de religión, cabe esperar tal desinterés, pues las religiones falsas han engañado y decepcionado a la humanidad por siglos (Revelación [Apocalipsis] 17:15, 16). Ahora bien, este dominante espíritu de despreocupación y falta de entusiasmo presenta un peligro para los cristianos verdaderos. No podemos permitir que nos invada la apatía espiritual y perdamos el celo por nuestro servicio a Dios y las verdades bíblicas. Jesús previno a los cristianos de Laodicea contra la tibieza espiritual así: “No eres ni frío ni caliente. Quisiera que fueras frío o, si no, caliente [...;] eres tibio” (Revelación 3:15-18).

Percibamos quiénes somos

3 A fin de combatir la apatía espiritual, los cristianos hemos de tener un concepto claro de quiénes somos y estar moderadamente orgullosos de ello. A los siervos de Jehová y discípulos de Cristo, la Biblia nos identifica como “testigos” de Jehová y “colaboradores de Dios” en la predicación de las “buenas nuevas” (Isaías 43:10; 1 Corintios 3:9; Mateo 24:14). Los verdaderos cristianos nos ‘amamos unos a otros’ (Juan 13:34). “Mediante el uso” tenemos las “facultades perceptivas entrenadas para distinguir tanto lo correcto como lo incorrecto” (Hebreos 5:14). Somos “iluminadores en el mundo” (Filipenses 2:15). Y, además, procuramos ‘mantener una conducta excelente entre las naciones’ (1 Pedro 2:12; 2 Pedro 3:11, 14).

4 Los auténticos siervos de Jehová también sabemos lo que no somos. No somos “parte del mundo”, tal como tampoco lo fue nuestro Caudillo, Jesucristo (Juan 17:16). Permanecemos separados de “las naciones”, las cuales “mentalmente se hallan en oscuridad, y alejadas de la vida que pertenece a Dios” (Efesios 4:17, 18). En consecuencia, repudiamos “la impiedad y los deseos mundanos” y vivimos “con buen juicio y justicia y devoción piadosa en medio de este sistema de cosas actual” (Tito 2:12).

5 Tener una idea clara de nuestra identidad y nuestra relación con el Soberano del universo nos da razón para ‘jactarnos en Jehová’ (1 Corintios 1:31). ¿En qué sentido? Los verdaderos cristianos nos enorgullecemos de que Jehová sea nuestro Dios. Y aceptamos la exhortación: “El que se gloría, gloríese a causa de esta misma cosa: de tener perspicacia y de tener conocimiento de mí, que yo soy Jehová, Aquel que ejerce bondad amorosa, derecho y justicia en la tierra” (Jeremías 9:24). Nos jactamos, por decirlo así, porque tenemos el privilegio de conocer a Dios y serle de utilidad para ayudar al prójimo.

No es fácil

6 Ha de reconocerse que no siempre resulta fácil mantener una idea clara de nuestra identidad cristiana. Cierto joven criado en un hogar cristiano recuerda que pasó por una época de debilidad espiritual: “A veces era como si no supiera por qué era testigo de Jehová. Conocía la verdad desde pequeño, pero en ocasiones me sentía como si perteneciera a cualquier otra religión convencional”. Hay quienes tal vez se han dejado moldear por el entretenimiento, los medios de comunicación y la actitud irreverente ante la vida (Efesios 2:2, 3). Puede que de vez en cuando algunos cristianos abriguen dudas y se replanteen sus valores y metas.

7 ¿Está mal reexaminarse de vez en cuando? No. Seguramente recordamos que el apóstol Pablo animó a los cristianos a hacerse un examen de conciencia. “Sigan poniéndose a prueba —escribió— para ver si están en la fe, sigan dando prueba de lo que ustedes mismos son.” (2 Corintios 13:5.) Con estas palabras, los instó a esforzarse por identificar cualquier debilidad espiritual que pudiera haber surgido y tomar las medidas pertinentes para corregirla. El cristiano que desea asegurarse de que está en la fe debe determinar si sus hechos y palabras armonizan con lo que afirma creer. No obstante, la reflexión será en vano y posiblemente demoledora en sentido espiritual si no está bien encauzada y nos lleva a tratar de “encontrarnos a nosotros mismos” o de hallar respuestas en un plano ajeno a nuestra relación con Jehová o la congregación cristiana.* Nunca quisiéramos ‘experimentar el naufragio de nuestra fe’ (1 Timoteo 1:19).

No somos inmunes a las dificultades

8 ¿Deben los cristianos que a veces pasan por momentos de inseguridad sentir que han fallado? ¡Claro que no! Es más, puede resultarles consolador saber que no son los primeros en sentirse así, sino que fieles testigos de Dios de la antigüedad también experimentaron la misma sensación. Tomemos por ejemplo a Moisés, quien manifestó fe, lealtad y devoción extraordinarias. Cuando se le encargó una misión a su juicio muy difícil, preguntó titubeante: “¿Quién soy yo [...]?” (Éxodo 3:11). Es posible que Moisés estuviera pensando: “Yo soy un don nadie” o “Soy un inepto”. Quizás le hicieron pensar de ese modo algunos aspectos de su pasado, como pertenecer a una nación de esclavos o haber sido rechazado por los israelitas; por otra parte, no se expresaba con soltura (Éxodo 1:13, 14; 2:11-14; 4:10). Además, era pastor, una labor que detestaban los egipcios (Génesis 46:34). No es de extrañar que se sintiera incapaz de liberar de la esclavitud al pueblo de Dios.

9 Jehová tranquilizó a Moisés formulando dos grandes promesas: “Yo resultaré estar contigo, y esta es la señal para ti de que soy yo quien te ha enviado: Después que hayas sacado de Egipto al pueblo, ustedes servirán al Dios verdadero sobre esta montaña” (Éxodo 3:12). Dios le aseguró a su vacilante siervo que siempre lo respaldaría y que sin falta libertaría a Su pueblo. A lo largo de los siglos, Dios ha hecho promesas de apoyo similares. Por ejemplo, justo antes de que los israelitas entraran en la Tierra Prometida, se valió de Moisés para decirles: “Sean animosos y fuertes. [...] Jehová tu Dios es el que marcha contigo. No te desamparará ni te dejará enteramente” (Deuteronomio 31:6). Jehová también le aseguró a Josué: “Nadie se plantará con firmeza delante de ti en todos los días de tu vida [...;] resultaré estar contigo. No te desampararé ni te dejaré enteramente” (Josué 1:5). Y a los cristianos promete: “De ningún modo te dejaré y de ningún modo te desampararé” (Hebreos 13:5). Contar con tal respaldo debe hacernos sentir orgullosos de ser cristianos.

10 Unos cinco siglos después de Moisés, un levita fiel de nombre Asaf expresó con franqueza sus dudas acerca del valor de llevar una vida recta. En medio de sus pruebas y tentaciones, se fijó en la prosperidad de algunos que se mofaban de Dios. ¿Qué efecto le produjo? Admitió: “En cuanto a mí, mis pies casi se habían desviado, casi se había hecho que mis pasos resbalaran. Porque llegué a tener envidia de los jactanciosos, cuando veía la mismísima paz de los inicuos”. Asaf comenzó a dudar del valor de servir a Jehová. Y pensó: “De seguro, en vano he limpiado mi corazón y lavo mis manos en la inocencia misma. Y llegué a ser plagado todo el día” (Salmo 73:2, 3, 13, 14).

11 ¿Cómo superó Asaf estos sentimientos inquietantes? ¿Negó que los tuviera? No. Se los expresó a Dios, tal como leemos en el Salmo 73. El momento crucial fue cuando acudió al santuario del templo. Allí se dio perfecta cuenta de que la devoción a Dios es el mejor modo de vivir. Con un renovado aprecio por los asuntos espirituales, comprendió que Jehová odia la maldad y que al debido tiempo los malvados recibirán su merecido (Salmo 73:17-19). Reafirmó con ello su identidad como siervo privilegiado de Jehová, y oró a Dios: “Constantemente estoy contigo; tú me has asido de la mano derecha. Con tu consejo me guiarás, y después me llevarás aun a la gloria” (Salmo 73:23, 24). Asaf volvió a sentirse orgulloso de su Dios (Salmo 34:2).

Tuvieron un marcado sentido de identidad

12 Una manera de reforzar nuestro sentido de identidad cristiana es estudiar e imitar la fe de los siervos leales de Dios, los cuales se enorgullecieron de su relación con él pese a las adversidades. Veamos el caso de José, el hijo de Jacob. Siendo muy joven, fue vendido traidoramente como esclavo y arrancado de su entrañable ambiente familiar para ser llevado a Egipto, a cientos de kilómetros de su devoto padre. José no contaba allí con nadie a quien dirigirse por consejo, y tuvo que enfrentarse a situaciones difíciles que pusieron a prueba sus valores morales y su confianza en Dios. Sin embargo, se esforzó concienzudamente por no perder su marcado sentido de identidad como siervo de Dios, lo que le permitió mantenerse fiel a sus principios. Consideraba un honor ser siervo de Jehová aunque se encontrara en un ambiente hostil, y nunca escondió su parecer (Génesis 39:7-10).

13 Ocho siglos después, una niña israelita que llegó a ser esclava del general sirio Naamán no olvidó que era adoradora de Jehová. Cuando se presentó la oportunidad, dio con valor un buen testimonio al decir que Eliseo era un profeta del Dios verdadero (2 Reyes 5:1-19). Años más tarde, el joven rey Josías, aunque estaba rodeado por un ambiente corrupto, promulgó profundas reformas religiosas, reparó el templo y condujo a la nación de vuelta a Jehová. Se enorgulleció de su fe y adoración (2 Crónicas, capítulos 34, 35). Daniel y sus tres compañeros hebreos tampoco olvidaron nunca su identidad como siervos de Jehová y, aun cuando soportaron presiones y tentaciones, permanecieron leales. Es obvio que se sentían orgullosos de servir a Jehová (Daniel 1:8-20).

Estemos orgullosos de ser cristianos

14 Todos estos siervos de Dios tuvieron éxito porque cultivaron un orgullo sano por su posición ante Jehová. ¿Y nosotros? ¿Qué implica el que, por decirlo así, nos jactemos de nuestra identidad cristiana?

15 En primer lugar incluye un profundo agradecimiento por ser parte del pueblo de Jehová y contar con Su bendición y aprobación. Dios no tiene ninguna duda sobre quiénes son los suyos. El apóstol Pablo, que vivió en una época de gran confusión religiosa, escribió: “Jehová conoce a los que le pertenecen” (2 Timoteo 2:19; Números 16:5). Dios se enorgullece de “los que le pertenecen”, y afirma: “El que los toca a ustedes está tocando el globo de mi ojo” (Zacarías 2:8). Innegablemente, Jehová nos ama. Es lógico, pues, que nuestra relación con Dios esté cimentada en un profundo amor a él. Pablo señaló: “Si alguien ama a Dios, este es conocido por él” (1 Corintios 8:3).

16 Los jóvenes criados como testigos de Jehová hacen bien en examinar si su identidad cristiana va consolidándose mediante una relación personal con Dios, ya que no pueden depender solo de la fe de sus padres. Pablo escribió lo siguiente tocante al siervo de Dios: “Para su propio amo está en pie o cae”. Por consiguiente, añadió: “Cada uno de nosotros rendirá cuenta de sí mismo a Dios” (Romanos 14:4, 12). Está bien claro: no podemos mantener una relación estrecha y duradera con Jehová limitándonos a seguir la tradición religiosa de la familia.

17 A lo largo de la historia ha habido un sinnúmero de testigos de Jehová Dios: desde el fiel Abel —que vivió hace unos sesenta siglos— hasta la “gran muchedumbre” de Testigos actuales, pasando por infinidad de siervos de Dios. Todos estos disfrutarán de un futuro eterno (Revelación 7:9; Hebreos 11:4). Nosotros somos los últimos de esta enorme lista de adoradores fieles. ¿Verdad que hemos heredado un rico legado espiritual?

18 Nuestra identidad cristiana también incluye el conjunto de valores, cualidades, normas y características que nos distinguen como cristianos. Se trata del “Camino”, el único modo de vivir que merece la pena y que nos granjea el favor de Dios (Hechos 9:2; Efesios 4:22-24). Los cristianos nos aseguramos “de todas las cosas” y nos adherimos “firmemente a lo que es excelente” (1 Tesalonicenses 5:21). Conocemos muy bien el abismo que separa al cristianismo del mundo alejado de Dios. Jehová no deja lugar a dudas al establecer la diferencia entre la adoración verdadera y la falsa. De hecho, declaró mediante su profeta Malaquías: “Ustedes ciertamente verán de nuevo la distinción entre uno justo y uno inicuo, entre uno que sirve a Dios y uno que no le ha servido” (Malaquías 3:18).

19 En vista de que ‘jactarse en Jehová’ es tan importante en este mundo confuso, ¿qué nos ayudará a conservar un sano orgullo por nuestro Dios y un marcado sentido de la identidad cristiana? Se ofrecen buenos consejos en el artículo siguiente. Estudiarlos nos va a dejar algo muy claro: los cristianos verdaderos nunca caerán en el indiferentismo.

[Nota]

En este artículo solo se alude a la identidad espiritual. Los problemas de identidad debido a enfermedades mentales tal vez requieran asistencia médica.

¿Recordamos?

• ¿Cómo pueden los cristianos ‘jactarse en Jehová’?

• ¿Qué hemos aprendido de los ejemplos de Moisés y Asaf?

• ¿Qué personajes bíblicos se enorgullecieron de ser siervos de Dios?

• ¿Qué implica el que nos jactemos de nuestra identidad cristiana?

[Preguntas del estudio]

 1. ¿Qué actitud adoptan muchas personas en materia religiosa?

 2. a) ¿Por qué no nos sorprende el indiferentismo religioso? b) ¿Qué peligro presenta la apatía espiritual para los cristianos?

 3. ¿Qué aspectos de nuestra identidad son para nosotros motivo de orgullo?

 4. ¿Cómo sabemos los siervos de Jehová lo que no somos?

 5. ¿Qué significa ‘jactarse en Jehová’?

 6. ¿Por qué no les resulta fácil a algunos mantener una idea clara de su identidad cristiana?

 7. a) ¿Qué tipo de autoexamen es apropiado para los siervos de Dios? b) ¿Dónde radica el peligro?

 8, 9. a) ¿Cómo expresó Moisés falta de confianza en sí mismo? b) ¿Cómo respondió Jehová a los reparos de Moisés? c) ¿Cómo nos sentimos ante las tranquilizadoras promesas de Jehová?

10, 11. ¿Qué le ayudó al levita Asaf a no perder de vista el valor de su servicio a Jehová?

12, 13. ¿Qué personajes bíblicos, por ejemplo, se enorgullecieron de su relación con Dios?

14, 15. ¿Qué implica el que nos jactemos de nuestra identidad cristiana?

16, 17. ¿Por qué pueden los cristianos, tanto jóvenes como mayores, enorgullecerse de su legado espiritual?

18. ¿Cómo nos distingue del resto del mundo nuestro conjunto de valores y normas?

19. ¿En qué no caerán nunca los cristianos?

[Ilustración de la página 14]

En un momento de su vida, Moisés se sintió inseguro

[Ilustraciones de la página 15]

Muchos siervos de Jehová se enorgullecieron de su singular identidad