Esposas, respeten profundamente a sus esposos

“Que las esposas estén en sujeción a sus esposos.” (EFESIOS 5:22.)

EN MUCHOS países, la novia promete el día de la boda respetar profundamente a su esposo. Sin embargo, a muchas esposas se les hace difícil cumplir este voto debido al trato que les dan sus cónyuges. Con todo, la institución del matrimonio tuvo un maravilloso comienzo. Dios tomó una costilla de Adán, el primer hombre, y, a partir de ella, creó a la mujer. Al verla, Adán exclamó: “Esto por fin es hueso de mis huesos y carne de mi carne” (Génesis 2:19-23).

2 Aunque aquel fue un comienzo prometedor, las cosas han cambiado. En un intento de acabar con la dominación masculina, a principios de los años sesenta se inició en Estados Unidos el llamado movimiento por la liberación de la mujer. Por ese entonces, unos trescientos hombres abandonaban a sus familias por cada mujer que decidía hacer lo mismo. En menos de diez años, las mujeres acortaron la diferencia, y la proporción bajó a alrededor de cien varones por cada mujer. Hoy día parece que ellas maldicen, beben, fuman y cometen inmoralidad tanto como ellos. ¿Pero son ahora más felices? No. En algunos lugares, la mitad de los matrimonios termina en divorcio. Así pues, ¿han logrado las iniciativas de algunas mujeres mejorar la situación, o la han empeorado? (2 Timoteo 3:1-5.)

3 ¿Cuál es entonces el problema fundamental? Hasta cierto punto, es el mismo que ha existido desde que un ángel rebelde —“la serpiente original, el que es llamado Diablo y Satanás”— engañó a Eva (Revelación 12:9; 1 Timoteo 2:13, 14). Satanás ha desacreditado las enseñanzas divinas. En el caso del matrimonio, ha hecho que dicha unión parezca restrictiva y cruel. Como él domina el mundo, la propaganda que se difunde a través de los medios de comunicación hace creer a la gente que las enseñanzas de Dios son injustas y anticuadas (2 Corintios 4:3, 4). No obstante, si examinamos con mente abierta lo que Dios dice en su Palabra acerca del papel de la mujer en el matrimonio, comprobaremos lo acertados y prácticos que son sus consejos.

Advertencia para quienes piensan casarse

4 La Biblia da una clara advertencia: en este mundo gobernado por el Diablo, incluso quienes están felizmente casados sufrirán “tribulación”. Por eso, aunque el matrimonio es una institución divina, la Biblia aconseja precaución a los que piensan casarse. Un escritor bíblico dijo sobre la mujer cuyo esposo ha muerto y, por tanto, está libre para volver a casarse: “Es más feliz si permanece como está”. El propio Jesús recomendó la soltería a aquellos que “pueda[n] hacer lugar para ello”. Ahora bien, si alguien decide casarse, debe hacerlo “en el Señor”, es decir, con un siervo de Dios dedicado y bautizado (1 Corintios 7:28, 36-40; Mateo 19:10-12).

5 Las mujeres, en particular, deben pensar bien con quién se van a casar, pues la Biblia advierte: “La mujer casada está atada por ley a su esposo”. Solo si su esposo muere o si comete inmoralidad y la pareja se divorcia, queda la esposa “libre de la ley de él” (Romanos 7:2, 3). El amor a primera vista quizá parezca muy romántico, pero no es un buen fundamento para un matrimonio feliz. Por consiguiente, la mujer soltera debe preguntarse: “¿Estoy dispuesta a formar una unión con este hombre y sujetarme a su ley?”. El momento de plantearse esta cuestión es antes de casarse, no después.

6 En muchos países, la mujer puede decidir si acepta o rechaza una propuesta de matrimonio. Sin embargo, esa tal vez sea la decisión más difícil que deba tomar en toda su vida. ¿Por qué razón? Porque el deseo de tener la intimidad y el amor que son posibles en un matrimonio puede ser muy fuerte. Como explicó el autor de un artículo periodístico: “Cuanto más deseamos algo —ya sea casarnos o escalar una montaña determinada—, más probable es que hagamos suposiciones arriesgadas y escuchemos solo lo que queremos oír”. En efecto, tal como una decisión irreflexiva puede costarle la vida a un alpinista, una mala decisión al elegir cónyuge puede resultar desastrosa.

7 Por tanto, la mujer debe evaluar detenidamente lo que implicaría sujetarse a la ley del hombre que le propone matrimonio. Años atrás, una joven de la India reconoció con modestia: “Nuestros padres han vivido más y no es tan fácil engañarlos. [...] Hay más probabilidades de que yo me equivoque”. Así es, los padres y otras personas pueden ser una importante fuente de ayuda. Hace tiempo ya, cierto consejero de experiencia animaba a los jóvenes a conocer a los padres del cónyuge en perspectiva y a observar cómo este trata a todos los miembros de su familia.

Cómo demostró Jesús sujeción a la autoridad

8 Aunque sujetarse a la autoridad de alguien no siempre es fácil, la mujer puede verlo como algo honorable, tal como hizo Jesús. Pese a que en su caso sujetarse a Dios suponía sufrir y morir en un madero de tormento, ser sumiso le produjo gozo (Lucas 22:41-44; Hebreos 5:7, 8; 12:3). Por tanto, las mujeres tienen un ejemplo de sumisión en Jesús. La Biblia indica: “La cabeza de la mujer es el varón; a su vez, la cabeza del Cristo es Dios” (1 Corintios 11:3). Recordemos, sin embargo, que la mujer está sujeta a la autoridad del hombre aun antes de casarse.

9 En la Biblia se explica que las mujeres —casadas o solteras— deben respetar la autoridad de los varones cristianos que ocupan puestos de superintendencia en la congregación (1 Timoteo 2:12, 13; Hebreos 13:17). Al obedecer esta instrucción divina, las mujeres sirven de ejemplo a los ángeles de la organización de Jehová (1 Corintios 11:8-10). Además, las mujeres casadas mayores pueden, con su buen ejemplo y consejos, enseñar a las más jóvenes a estar “sujetas a sus propios esposos” (Tito 2:3-5).

10 Jesús era muy consciente del valor de la debida sujeción. Por eso hizo que el apóstol Pedro pagara en cierta ocasión los impuestos de ambos a las autoridades, e incluso le suministró el dinero para hacerlo. Tiempo después, Pedro escribió: “Por causa del Señor sujétense a toda creación humana” (1 Pedro 2:13; Mateo 17:24-27). Y con respecto a la mayor muestra de sujeción de Jesús, la Biblia señala: “Se despojó a sí mismo y tomó la forma de un esclavo y llegó a estar en la semejanza de los hombres. Más que eso, al hallarse a manera de hombre, se humilló y se hizo obediente hasta la muerte” (Filipenses 2:5-8).

11 Hablando sobre cómo los cristianos deben obedecer incluso a las autoridades represivas e injustas de este mundo, Pedro explicó: “De hecho, ustedes fueron llamados a este curso, porque hasta Cristo sufrió por ustedes, dejándoles dechado para que sigan sus pasos con sumo cuidado y atención” (1 Pedro 2:21). Y tras describir las penalidades que aguantó Jesús y la sumisión que demostró, Pedro dijo a las cristianas con esposos no creyentes: “De igual manera, ustedes, esposas, estén en sujeción a sus propios esposos, a fin de que, si algunos no son obedientes a la palabra, sean ganados sin una palabra por la conducta de sus esposas, por haber sido ellos testigos oculares de su conducta casta junto con profundo respeto” (1 Pedro 3:1, 2).

12 Tal vez haya quien crea que mantener una actitud sumisa frente a las burlas y los insultos es una muestra de debilidad. Sin embargo, Jesús no lo veía así. “Cuando lo estaban injuriando —escribió Pedro—, no se puso a injuriar en cambio. Cuando estaba sufriendo, no se puso a amenazar.” (1 Pedro 2:23.) Al ver los sufrimientos de Jesús, algunas personas pusieron fe en él, al menos hasta cierto grado. Ese fue el caso del ladrón colgado en el madero junto a él y del oficial del ejército que presenció su ejecución (Mateo 27:38-44, 54; Marcos 15:39; Lucas 23:39-43). De igual modo, Pedro indicó que algunos esposos no creyentes —incluso los maltratadores— llegarían a ser cristianos debido a la conducta sumisa de sus esposas. Sin duda, todos conocemos casos que prueban esto.

Cómo pueden ganarse el favor de sus esposos

13 Tras conocer la verdad bíblica, algunas mujeres han sabido ganarse a sus esposos no creyentes mediante su conducta cristiana. En una reciente asamblea de distrito de los testigos de Jehová, un hombre dijo sobre su esposa: “Me comporté como un auténtico estúpido. La trataba muy mal y, sin embargo, ni una sola vez me faltó al respeto ni me menospreció. Tampoco intentó imponerme sus creencias. Siempre se ocupó de mí con cariño. Si tenía que ir a las asambleas, dejaba las comidas listas y la casa arreglada. Su actitud fue lo que despertó mi interés en la Biblia. Y ¿qué más puedo decir? Aquí estoy”. En efecto, él es otro de los hombres “ganados sin una palabra” por la conducta de sus esposas.

14 Pedro dejó claro que los buenos resultados no dependen tanto de lo que se dice como de lo que se hace. Tomemos por caso a una esposa que, debido a lo que aprendió en la Biblia, se resolvió a asistir a las reuniones cristianas. Una noche, su esposo le gritó: “¡Agnes, si sales por esa puerta, no te molestes en regresar!”. Ella no salió por “esa puerta”, pero sí por otra. La siguiente vez, el esposo la amenazó: “No estaré aquí cuando vuelvas”. Y así fue, desapareció por tres días. Cuando regresó, ella le preguntó amablemente: “¿Tienes hambre?”. Agnes nunca cedió ni un milímetro en su devoción a Jehová. Con el tiempo, su esposo aceptó estudiar la Biblia, dedicó su vida a Dios y llegó a desempeñar numerosas responsabilidades como superintendente de la congregación.

15 Las esposas antes mencionadas se adornaron con cualidades como las que recomendó el apóstol Pedro. En vez de vivir obsesionadas con los “trenzados [...] del cabello” y “el uso de prendas de vestir”, su mejor “adorno” era, en palabras del propio Pedro, “la persona secreta del corazón en la vestidura incorruptible del espíritu quieto y apacible, que es de gran valor a los ojos de Dios”. La esposa cristiana que siente profundo respeto por su esposo se viste de este espíritu, el cual se caracteriza por un tono de voz y una actitud que resultan atrayentes, y no desafiantes o exigentes (1 Pedro 3:3, 4).

Mujeres ejemplares

16 El apóstol Pedro escribió: “Así [...] se adornaban en otros tiempos las mujeres santas que esperaban en Dios, sujetándose a sus propios esposos” (1 Pedro 3:5). Estas mujeres comprendían que si prestaban atención a los consejos de Jehová y los ponían en práctica, tendrían una familia feliz y la recompensa de la vida eterna. Pedro mencionó a Sara, la hermosa esposa de Abrahán, y destacó que “obedecía [a su esposo], llamándolo ‘señor’”. Abrahán fue un fiel siervo de Dios que recibió la asignación divina de mudarse a una tierra distante. Sara lo apoyó en todo momento, aun cuando esto implicara renunciar a algunas comodidades y poner en peligro su propia vida (Génesis 12:1, 10-13). Por eso, el apóstol puso a Sara como ejemplo y encomió su valentía al decir: “Ustedes han llegado a ser hijas de ella, con tal que sigan haciendo el bien y no teman a ninguna causa de terror” (1 Pedro 3:6).

17 Abigail, una mujer valerosa que confiaba en Dios, pudo haber sido otra de esas mujeres ejemplares en las que pensó Pedro. Ella “era buena en cuanto a discreción”. Por el contrario, su esposo Nabal “era áspero y malo en sus prácticas”; tanto es así que no quiso auxiliar a David y a sus hombres cuando estos se lo pidieron. Por eso, ellos decidieron acabar con Nabal y toda su casa. Pero Abigail actuó con presteza para evitar tal catástrofe: cargó varios asnos con alimento y fue al encuentro de David y sus soldados. Nada más verlo, desmontó, cayó a sus pies y trató de convencerlo para que no actuara precipitadamente. David, conmovido por sus palabras, le dijo: “¡Bendito sea Jehová el Dios de Israel, que te ha enviado este día a mi encuentro! Y bendita sea tu sensatez” (1 Samuel 25:2-33).

18 Otro buen ejemplo para las esposas es la joven sulamita, pues fue fiel al humilde pastor con quien estaba comprometida. Pese a las atenciones que le dedicaba un rico gobernante, su amor por el joven pastor no flaqueó en lo más mínimo. Ella misma lo expresó así: “Ponme como sello sobre tu corazón, como sello sobre tu brazo; porque el amor es tan fuerte como la muerte [...]. Las muchas aguas mismas no pueden extinguir el amor, ni pueden los ríos mismos arrollarlo” (El Cantar de los Cantares 8:6, 7). Toda mujer que acepta una propuesta de matrimonio debe tener esa misma determinación de ser leal y respetar profundamente a su esposo.

Otro consejo divino

19 Por último, examinemos el contexto del pasaje bíblico en el que se basa este artículo, a saber: “Que las esposas estén en sujeción a sus esposos como al Señor” (Efesios 5:22). Pues bien, ¿por qué debe la esposa sujetarse al esposo? “Porque el esposo es cabeza de su esposa como el Cristo también es cabeza de la congregación”, responde el siguiente versículo. Finalmente, se exhorta a las esposas: “Como la congregación está en sujeción al Cristo, así también lo estén las esposas a sus esposos en todo” (Efesios 5:23, 24, 33).

20 A fin de obedecer este mandato, las esposas tienen que analizar e imitar el ejemplo que ha puesto la congregación de discípulos ungidos de Cristo. Leamos 2 Corintios 11:23-28 y veremos lo que soportó el apóstol Pablo —un miembro de esa congregación— por ser fiel a su Cabeza, Jesucristo. Al igual que Pablo, toda la congregación, incluidas las esposas, tiene que sujetarse lealmente a la autoridad de Jesús. Y las esposas demuestran su sujeción a Cristo respetando la autoridad de sus esposos.

21 Es posible que a muchas esposas les moleste tener que someterse a sus esposos, pero la mujer sabia sabrá ver las ventajas de la sujeción. Si su esposo no es creyente, por ejemplo, y ella se sujeta a su autoridad en todo lo que no suponga violar las leyes o principios de Dios, tal vez logre ‘salvar a su esposo’ (1 Corintios 7:13, 16). Pero esta no es la única recompensa para la mujer sabia. También tendrá la satisfacción de saber que Jehová aprueba lo que hace y que la premiará por imitar el ejemplo de Jesús.

¿Recuerda usted?

¿Por qué puede resultar difícil para una mujer respetar a su esposo?

• ¿Por qué es un asunto tan serio aceptar una propuesta de matrimonio?

• ¿Qué ejemplo da Jesús a las esposas, y cuáles son los beneficios de imitarlo?

[Preguntas del estudio]

 1. ¿Por qué les resulta difícil a muchas mujeres respetar a sus esposos?

 2. ¿Qué cambios se han visto recientemente en cuanto a la mujer y el matrimonio?

 3. ¿Cuál es el problema fundamental que afecta al matrimonio?

 4, 5. a) ¿Por qué se aconseja precaución a quienes piensan casarse? b) ¿Qué debe hacer una mujer antes de contraer matrimonio?

 6. ¿Qué decisión pueden tomar la mayoría de las mujeres hoy día, y por qué es tan importante?

 7. ¿Qué sabios consejos son útiles a la hora de buscar cónyuge?

 8, 9. a) ¿Cómo veía Jesús su sujeción a Dios? b) ¿Qué beneficios produce la sujeción?

10. ¿Qué ejemplo de sujeción puso Jesús?

11. ¿Por qué animó Pedro a las esposas a ser sumisas a sus esposos aunque estos no fueran creyentes?

12. ¿Qué beneficios produjo la actitud sumisa de Jesús?

13, 14. ¿Qué efecto positivo ha tenido en los esposos no creyentes la sumisión de sus esposas?

15. ¿Qué “adorno” se recomienda a las esposas cristianas?

16. ¿En qué aspectos fue Sara un magnífico ejemplo para las esposas cristianas?

17. ¿Por qué podría haber pensado Pedro que Abigail era un buen ejemplo para las esposas cristianas?

18. ¿A quién debe imitar la mujer que reciba atenciones románticas de otro hombre que no sea su esposo, y por qué?

19, 20. a) ¿Por qué razón deben sujetarse las esposas a la autoridad de sus esposos? b) ¿Qué buen ejemplo de sujeción tienen las esposas?

21. ¿Con qué incentivos cuentan las esposas para sujetarse a la autoridad de sus esposos?

[Ilustración de la página 19]

¿Por qué hay que pensarlo bien antes de aceptar una propuesta de matrimonio?

[Ilustración de la página 21]

¿Qué pueden aprender las esposas del ejemplo de personajes bíblicos como Abigail?