Jehová es nuestro Libertador

“Jehová los ayudará y les proveerá escape.” (SAL. 37:40.)

A MEDIDA que la Tierra va girando, la sombra que proyecta el Sol sobre los objetos va cambiando de posición. Sin embargo, el Creador del Sol y la Tierra nunca cambia (Mal. 3:6). “Con él —dice la Biblia— no hay la variación del giro de la sombra.” (Sant. 1:17.) Esta verdad fundamental nos reconforta y fortalece, sobre todo cuando afrontamos dificultades. ¿Por qué?

2 Como vimos en el artículo anterior, Jehová fue un “Libertador” para sus siervos de tiempos bíblicos (Sal. 70:5, Nueva Reina-Valera, 1990). Y puesto que él no cambia y siempre es fiel a su palabra, sus siervos de la actualidad podemos estar completamente seguros de que a nosotros también nos ayudará y protegerá (Sal. 37:40). Pues bien, ¿qué ha hecho Jehová para proteger a su pueblo hoy día? ¿Y cómo puede protegernos a cada uno de nosotros individualmente?

Nos libra de los enemigos

3 Por mucho que se oponga Satanás, jamás podrá impedir que los testigos de Jehová le den a su Dios la adoración que se merece. La Palabra de Dios afirma: “Sea cual sea el arma que se forme contra ti, no tendrá éxito, y sea cual sea la lengua que se levante contra ti en el juicio, la condenarás” (Isa. 54:17). Los opositores han tratado de impedir que el pueblo de Dios cumpla con su comisión de predicar, pero han fracasado en el intento. Veamos dos ejemplos que así lo demuestran.

4 En 1918 el clero lanzó una oleada de persecución contra el pueblo de Jehová para silenciar su predicación. El 7 de mayo el gobierno federal de Estados Unidos emitió órdenes de detención contra J. F. Rutherford, que estaba al frente de la obra mundial, y contra otros miembros de las oficinas centrales. Pesaban contra ellos cargos de conspiración. Menos de dos meses después y tras un injusto proceso judicial, al hermano Rutherford y a sus colaboradores se les declaró culpables y recibieron largas condenas de prisión. ¿Lograrían los enemigos paralizar para siempre la predicación? Por supuesto que no.

5 Recordemos la promesa de Jehová: “Sea cual sea el arma que se forme contra ti, no tendrá éxito”. Nueve meses después, el 26 de marzo de 1919, sucedió algo totalmente inesperado: el hermano Rutherford y sus colaboradores fueron puestos en libertad bajo fianza. Y al año siguiente, el 5 de mayo de 1920, se retiraron los cargos. Los hermanos utilizaron su libertad para seguir adelante con la obra del Reino. ¿Tuvieron buenos resultados? Solo hace falta fijarse en el increíble aumento que ha habido desde entonces. ¿Y a quién se debe el éxito? A nuestro Libertador (1 Cor. 3:7).

6 Veamos ahora un segundo ejemplo. En 1934 Adolf Hitler afirmó que eliminaría a los testigos de Jehová de Alemania, y estaba hablando muy en serio. Después de aquella declaración se arrestó y encarceló a muchísimos hermanos. Miles fueron maltratados y más de doscientos cincuenta fueron asesinados en campos de concentración. ¿Logró Hitler exterminar a los Testigos? ¿Consiguió detener la predicación de las buenas nuevas en Alemania? ¡De ninguna manera! Durante la persecución, nuestros hermanos siguieron predicando clandestinamente. Y tras la caída del régimen nazi, aprovecharon su libertad para seguir predicando. Hoy hay más de ciento sesenta y cinco mil publicadores del Reino en Alemania. Así pues, nuestro Libertador ha cumplido su promesa: “Sea cual sea el arma que se forme contra ti, no tendrá éxito”.

7 La historia moderna de los testigos de Jehová demuestra que Dios nunca permitirá que su pueblo sea exterminado (Sal. 116:15). Pero ¿qué podemos decir de cada uno de los siervos de Dios? ¿Cómo nos libra Jehová individualmente?

¿Deberíamos esperar protección física?

8 Jehová no ha prometido protegernos a cada uno de sus siervos de todo daño físico en la actualidad. Por eso, tenemos la misma actitud que expresaron los tres fieles hebreos que se negaron a inclinarse ante la imagen de oro del rey Nabucodonosor. Aquellos jóvenes no dieron por sentado que Jehová haría un milagro para proteger su vida (léase Daniel 3:17, 18). De todos modos, Jehová los salvó de morir abrasados por las llamas de un horno ardiente (Dan. 3:21-27). Tengamos presente, sin embargo, que incluso en tiempos bíblicos, ese tipo de milagros eran la excepción, no la regla. Lo cierto es que muchos siervos fieles de Jehová murieron a manos de sus enemigos (Heb. 11:35-37).

9 ¿Y hoy día? Pues bien, está claro que nuestro Libertador tiene el poder para salvar a quien él desee. Pero ¿podemos asegurar a ciencia cierta que Jehová ha intervenido en alguna situación en particular? La verdad es que no. Aun así, si alguien cree que Jehová lo ha protegido milagrosamente de algún peligro, sería atrevido de nuestra parte afirmar lo contrario. De todos modos, siendo realistas, hay que reconocer que muchos cristianos fieles han muerto en circunstancias trágicas o a consecuencia de la persecución, como sucedió bajo el régimen nazi (Ecl. 9:11). ¿Diríamos que Jehová no protegió a esos cristianos fieles? Por supuesto que no.

10 Pensemos en lo siguiente: el hombre no puede escapar de las garras de la muerte, pues nadie puede “proveer a su alma escape de la mano del Seol”, el sepulcro común de la humanidad (Sal. 89:48). ¿Y Jehová? ¿Puede él librarnos de la muerte? Una hermana que sobrevivió al terror nazi recuerda lo que le dijo su madre, que era Testigo, para consolarla por la muerte de varios seres queridos en los campos de concentración: “Si la muerte mantuviera a la humanidad atada a perpetuidad, sería más fuerte que Dios, ¿verdad?”. Y es imposible que la muerte sea más fuerte que el Dios todopoderoso, la Fuente misma de la vida (Sal. 36:9). Todos los que se hallan en el Seol, o Hades, están en su memoria, y a todos ellos sin excepción él liberará de su cautiverio (Luc. 20:37, 38; Rev. 20:11-14).

11 Pero aun hoy Jehová está actuando a favor de sus siervos fieles. Veamos tres maneras en las que demuestra ser un verdadero Libertador para nosotros.

Nos protege espiritualmente

12 Jehová nos da protección espiritual, que es la protección más importante. Los cristianos verdaderos comprendemos que hay algo más valioso que nuestra vida actual: nuestra amistad con Jehová (Sal. 25:14; 63:3). Sin ella, nuestra existencia no tendría sentido y perderíamos la esperanza de vivir para siempre.

13 Jehová nos da todo lo necesario para conservar nuestra relación con él. Tenemos su Palabra, su espíritu santo y la congregación mundial. ¿Qué debemos hacer para aprovechar al máximo toda la ayuda que nos brinda? Si estudiamos su Palabra con regularidad y diligencia, se fortalecerán nuestra fe y nuestra esperanza (Rom. 15:4). Si le rogamos que nos dé su espíritu, tendremos las fuerzas necesarias para resistir las tentaciones de participar en conducta impropia para un cristiano (Luc. 11:13). Si seguimos la dirección que nos marca el esclavo fiel mediante las publicaciones bíblicas, las reuniones y las asambleas, estaremos bien nutridos con el “alimento” espiritual que nos da “al tiempo apropiado” (Mat. 24:45). Todo esto nos protege espiritualmente y nos ayuda a estar cerca de Dios (Sant. 4:8).

14 Veamos una experiencia que pone de relieve la importancia de la protección espiritual. Al principio del artículo anterior hablamos de unos padres angustiados por la desaparición de su hija, que se llamaba Theresa. A los pocos días recibieron una terrible noticia: había sido asesinada.* El padre relata: “Yo había pedido a Jehová que cuidara de Theresa [...]. He de reconocer que, cuando fue asesinada, me pregunté por qué no se habían contestado mis oraciones. Yo sé que Jehová no garantiza protección milagrosa a cada uno de sus siervos, pero seguí pidiéndole que me diera entendimiento. Me ha consolado comprender que Jehová protege a su pueblo espiritualmente, es decir, nos suministra lo necesario para salvaguardar nuestra relación con él. Esa es la protección más importante, puesto que incide en nuestro futuro eterno. Jehová sí protegió a Theresa en ese sentido, pues era una fiel sierva suya cuando murió. Me tranquiliza saber que sus perspectivas de vida futura yacen en las amorosas manos de Dios”.

Nos sostiene durante la enfermedad

15 Jehová nos puede sostener cuando estamos “sobre un diván de enfermedad”, tal como hizo con David (Sal. 41:3). Aunque no nos libra de las enfermedades mediante curaciones milagrosas, sí nos ayuda de otras maneras. Los principios que encontramos en su Palabra nos permiten tomar buenas decisiones sobre los tratamientos médicos y otros asuntos (Pro. 2:6). También tenemos a nuestra disposición mucha información y sugerencias prácticas sobre determinadas enfermedades, información que ha aparecido en artículos de La Atalaya y ¡Despertad! Mediante su espíritu, Jehová puede darnos “el poder que es más allá de lo normal” para afrontar nuestra mala salud y seguir siendo íntegros, pase lo que pase (2 Cor. 4:7). De esta manera no llegaremos a estar tan agobiados por nuestra enfermedad que perdamos el equilibrio espiritual.

16 En el primer párrafo del artículo anterior hablamos de un hermano joven gravemente enfermo. En 1998 le diagnosticaron esclerosis lateral amiotrófica, una enfermedad que con el tiempo lo dejó totalmente paralizado.* ¿Cómo logra sobrellevar su enfermedad? Él explica: “A veces, el dolor y la frustración han sido tan grandes que he pensado que la muerte sería mi única salida. Pero cuando ya no puedo más, le pido a Jehová que me dé calma, paciencia y aguante. Y estoy convencido de que Jehová contesta mis oraciones. Cuando estoy en calma, puedo pensar en cosas animadoras, como el nuevo mundo, en el que podré caminar, disfrutar de una buena comida y volver a conversar con mi familia. La paciencia es necesaria para soportar los inconvenientes y desafíos de la parálisis. Y el aguante me ayuda a mantenerme fiel y a no perder el equilibrio espiritual. Me identifico plenamente con David, pues yo también creo que Jehová me ha sostenido en mi diván de enfermedad” (Isa. 35:5, 6).

Satisface nuestras necesidades

17 Jehová ha prometido atender nuestras necesidades materiales (léase Mateo 6:33, 34 y Hebreos 13:5, 6). Claro, eso no quiere decir que tales necesidades vayan a satisfacerse milagrosamente, como por arte de magia, o que ya no hace falta que sigamos trabajando (2 Tes. 3:10). Lo que Jehová en realidad nos garantiza es que si ponemos el Reino en primer lugar en nuestra vida y estamos dispuestos a trabajar para ganarnos el sustento, podemos estar seguros de que él nos ayudará a conseguir lo que necesitamos para vivir (1 Tes. 4:11, 12; 1 Tim. 5:8). Él puede acudir en nuestro auxilio de una forma que no esperamos, por ejemplo, haciendo que un hermano nos ofrezca trabajo o nos ayude de otra manera.

18 ¿Recordamos a la madre que mencionamos en la introducción del artículo anterior? Cuando ella y su hija se mudaron, se le hizo muy difícil encontrar empleo. Ella cuenta: “Salía al servicio del campo por la mañana y me pasaba toda la tarde buscando trabajo. Recuerdo el día que fui a una tienda de comestibles a comprar leche. Me quedé mirando las cajas de verduras, pero no tenía dinero para comprar nada más. Jamás me había sentido tan deprimida. Pero cuando llegué a casa, me llevé una sorpresa: tenía el patio repleto de bolsas con toda clase de verduras. Había tantas que nos podían durar meses. Con lágrimas en los ojos, le di gracias a Jehová”. Esta hermana supo luego que las bolsas se las había dejado un hermano de la congregación que tenía un huerto. Posteriormente le envió una nota que decía en parte: “Te estoy muy agradecida por lo que hiciste aquel día, pero también le estoy muy agradecida a Jehová por usar tu bondad para recordarme lo mucho que me quiere” (Pro. 19:17).

19 Lo que Jehová hizo en tiempos bíblicos y hace en la actualidad nos anima a confiar en que nunca nos fallará. Dentro de poco vendrá una gran tribulación sobre el mundo de Satanás y necesitaremos la ayuda de Dios como nunca antes. Sus siervos podremos acudir a él con total confianza y podremos levantar la cabeza felices, pues sabremos que nuestra liberación se acerca (Luc. 21:28). Mientras llega ese día, tomemos la firme determinación de confiar en Jehová pase lo que pase. Jamás olvidemos que Jehová no ha cambiado y que también será nuestro gran Libertador.

[Notas]

¿Recuerda usted?

• ¿En qué sentido libra Jehová a las personas que han perdido la vida?

• ¿Por qué es la protección espiritual la más importante?

• ¿Qué significa la promesa de Jehová de atender nuestras necesidades materiales?

[Preguntas del estudio]

 1, 2. ¿Qué verdad fundamental resulta muy fortalecedora?

 3. ¿Por qué podemos estar seguros de que los opositores no impedirán que el pueblo de Jehová siga predicando las buenas nuevas?

 4, 5. ¿A qué problemas se enfrentó el pueblo de Jehová en 1918, y cuál fue el resultado?

 6, 7. a) ¿Qué campaña se emprendió en la Alemania nazi contra los testigos de Jehová, y cuál fue el resultado? b) ¿Qué demuestra la historia moderna de los testigos de Jehová?

 8, 9. a) ¿Cómo sabemos que no se nos va a proteger de todo daño físico? b) ¿Qué debemos reconocer si somos realistas?

10, 11. ¿Qué es incapaz de hacer el hombre ante la muerte? Pero ¿qué puede hacer Jehová?

12, 13. ¿Por qué es la protección espiritual la más importante, y cómo nos da Jehová dicha protección?

14. Relate una experiencia que ponga de relieve la importancia de la protección espiritual.

15. ¿De qué maneras nos ayuda Jehová cuando nos aflige una enfermedad?

16. ¿Cómo logra cierto hermano sobrellevar su enfermedad?

17. ¿Qué promesa nos ha hecho Jehová, y qué significa?

18. Relate una experiencia que muestre que Jehová atiende nuestras necesidades.

19. ¿De qué estaremos seguros los siervos de Jehová cuando venga la gran tribulación, y qué determinación debemos tomar ahora?

[Ilustración de la página 8]

El hermano Rutherford y sus colaboradores fueron arrestados en 1918. Posteriormente fueron puestos en libertad y se retiraron los cargos

[Ilustración de la página 10]

Jehová nos puede sostener cuando estamos en “un diván de enfermedad”