Los “ojos radiantes” de Jehová examinan a todos

“[Los] ojos radiantes [de Jehová] examinan a los hijos de los hombres.” (SAL. 11:4.)

¿QUÉ sentimientos nos producen las personas que se preocupan sinceramente por nosotros, diciéndonos lo que piensan cuando se lo preguntamos, ayudándonos con ganas cuando lo necesitamos y aconsejándonos con cariño cuando más falta nos hace? (Sal. 141:5; Gál. 6:1.) Sin duda, nos caen muy bien. Pues precisamente así son Jehová y su Hijo. De hecho, se interesan por nosotros más que nadie y nunca actúan movidos por egoísmo; lo único que quieren es ayudar a sus siervos a que logren “asirse firmemente de la vida que realmente [es vida]” (1 Tim. 6:19; Rev. 3:19).

2 El salmista David mostró cuánto se interesa Jehová por nosotros al decir que “sus propios ojos contemplan, sus propios ojos radiantes examinan a los hijos de los hombres” (Sal. 11:4). Como vemos, Dios no se limita a mirarnos; él nos examina. David también escribió: “Tú has examinado mi corazón, has hecho inspección de noche [...]; descubrirás que no he tramado [nada malo]” (Sal. 17:3). Es obvio que David sabía muy bien que Jehová estaba pendiente de él, y que se sentiría muy dolido si se entregara a malos pensamientos o maquinara maldades en el corazón. ¿Es Jehová para usted tan real como lo era para David?

Jehová ve el corazón

3 Lo que más le interesa a Jehová de nosotros es el corazón, es decir, la verdadera persona interior (Sal. 19:14; 26:2). Sin embargo, nos quiere tanto que no se centra en los errores de poca importancia. Tomemos como ejemplo la ocasión en que Sara, la esposa de Abrahán, faltó a la verdad cuando habló con un ángel materializado; comprendiendo que tenía miedo y estaba abochornada, el ángel se limitó a reprenderla levemente (Gén. 18:12-15). De igual modo, pese a que el patriarca Job se había puesto a “declarar [...] justa su propia alma más bien que a Dios”, Jehová todavía lo bendijo, pues era consciente de cuánto había sufrido a manos de Satanás (Job 32:2; 42:12). Y lo mismo sucedió cuando la viuda de Sarepta hizo duros reproches al profeta Elías. Jehová no se dio por ofendido porque sabía que era una madre abrumada por el dolor de perder a su único hijo (1 Rey. 17:8-24).

4 Dado que Jehová puede ver los corazones, trata con consideración incluso a quienes no son creyentes. Fijémonos en el caso de Abimélec, rey de la ciudad filistea de Guerar. Ignorando que Sara estaba casada con Abrahán, la tomó con la intención de hacerla su esposa. Sin embargo, antes de que fuera más allá, Jehová le dijo en sueños: “He sabido que has hecho esto en la honradez de tu corazón, y también estaba deteniéndote de pecar contra mí. Por eso no te permití tocarla. Pero ahora, devuelve la esposa del hombre, porque es profeta, y él hará súplica por ti. Así que, sigue viviendo” (Gén. 20:1-7).

5 No hay duda de que, si lo hubiera querido, Jehová podría haber castigado con dureza a Abimélec, quien adoraba dioses falsos. No obstante, sabía que en esa ocasión el rey había actuado de buena fe. Por ello, a fin de que siguiera viviendo, le indicó misericordiosamente lo que debía hacer para recibir su perdón. ¡Qué placer adorar a un Dios así!

6 Como Jesús imitaba a su Padre a la perfección, se centraba en las virtudes de sus discípulos y estaba siempre dispuesto a perdonarlos (Mar. 10:35-45; 14:66-72; Luc. 22:31, 32; Juan 15:15). Su actitud encaja muy bien con la descripción que él mismo hizo de la misión que había recibido: “Dios no envió a su Hijo al mundo para que juzgara al mundo, sino para que el mundo se salve por medio de él” (Juan 3:17). Ciertamente, el amor que nos tienen Jehová y Jesús es muy profundo y constante, como se observa en sus deseos de que alcancemos la vida eterna (Job 14:15). Cuando tenemos presente el amor de Jehová, no solo entendemos mejor la razón por la que nos examina, sino también la óptica con la que nos ve y las medidas que adopta en consecuencia (léase 1 Juan 4:8, 19).

Nos examina con los ojos del amor

7 Sería un grandísimo error imaginarse a Jehová como un policía celestial que nos espía desde lo alto deseoso de atraparnos con las manos en la masa. Es Satanás el que nos vigila con ojo crítico e implacable (Rev. 12:10). De hecho, ve malos motivos hasta en las personas mejor intencionadas (Job 1:9-11; 2:4, 5). Pero Dios no es así. De ahí que el salmista le dijera: “Si errores fuera lo que tú vigilas, oh Jah, oh Jehová, ¿quién podría estar de pie?” (Sal. 130:3). La respuesta es obvia: nadie en absoluto (Ecl. 7:20). Lejos de andar criticando nuestros defectos, Jehová nos mira con la misma misericordia y bondad que un padre que desea proteger de todo daño a sus hijos queridos. Para evitar que nos lastimemos, nos muestra cuáles son nuestros puntos débiles y nuestras imperfecciones (Sal. 103:10-14; Mat. 26:41).

8 Dios demuestra que nos ama al instruirnos y corregirnos mediante las Escrituras y mediante el alimento espiritual del “esclavo fiel y discreto” (Mat. 24:45; Heb. 12:5, 6). También nos ayuda a través de la congregación cristiana y sus “dádivas en [forma de] hombres” (Efe. 4:8). Lo que es más, está pendiente de nosotros para ver cómo respondemos a su educación paternal y busca formas de seguir ayudándonos. Bien dice Salmo 32:8: “Te haré tener perspicacia, y te instruiré en el camino en que debes ir. Ciertamente daré consejo con mi ojo [fijo] sobre ti”. ¡Qué importante es que escuchemos siempre a Jehová! Ante él debemos mantenernos humildes, reconociendo que es nuestro amoroso Maestro y Padre (léase Mateo 18:4).

9 Nunca deberíamos adoptar el espíritu contrario y dejarnos endurecer por el orgullo, la falta de fe o “el poder engañoso del pecado” (Heb. 3:13; Sant. 4:6). Por lo general, la persona que cae en este error comienza alimentando malos pensamientos o deseos. Luego, tal vez llegue a rechazar los sabios consejos de la Biblia, o, lo que es peor, quizás se obstine en su mala actitud o conducta y termine convirtiéndose en enemigo de Dios. ¡Qué situación tan terrible! (Pro. 1:22-31.) Eso fue precisamente lo que le sucedió a Caín, el primer hijo de Adán y Eva.

Jehová lo ve todo y obra en consecuencia

10 En cierta ocasión, Caín presentó una ofrenda a Jehová, y lo mismo hizo su hermano Abel. Ahora bien, Dios no se fijó solo en sus dádivas, sino también en sus motivos. Aprobó el sacrificio de Abel porque lo había hecho con fe, pero rechazó el de Caín porque de algún modo manifestaba falta de confianza en Jehová (Gén. 4:4, 5; Heb. 11:4). Lamentablemente, Caín no aprendió la lección. En vez de modificar su actitud, alimentó la ira contra su hermano (Gén. 4:6).

11 Jehová observó que Caín había tomado un camino peligroso. Amorosamente, habló con él y le señaló que si se comportaba bien contaría con su aprobación. Por desgracia, Caín no hizo caso del consejo de su Creador y mató a su hermano. Se le había endurecido tanto el corazón que, cuando Jehová le preguntó: “¿Dónde está Abel tu hermano?”, él le respondió con insolencia: “No sé. ¿Soy yo el guardián de mi hermano?” (Gén. 4:7-9). ¡Qué traicionero es el corazón! ¡Atreverse a despreciar el consejo directo de Dios! (Jer. 17:9.) No olvidemos nunca las lecciones que aprendemos de este y de otros relatos semejantes. Debemos despedir rápido de la mente los malos pensamientos y deseos (léase Santiago 1:14, 15). Y si nos ofrecen consejos basados en las Escrituras, los recibiremos con gratitud como expresiones del amor de Jehová.

No hay pecados ocultos

12 Hay quienes piensan que, si logran que nadie los vea, sus malas acciones quedarán impunes (Sal. 19:12). Pero, en cierto sentido, no existen los pecados ocultos, ya que “todas las cosas están desnudas y abiertamente expuestas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta” (Heb. 4:13). Jehová es un Juez que examina nuestros motivos más profundos y reacciona ante nuestros pecados con perfecta justicia. Si nos arrepentimos nos perdona, pues es “un Dios misericordioso y benévolo, tardo para la cólera y abundante en bondad amorosa y verdad”. Por el contrario, si “voluntariosamente practicamos el pecado” o manifestamos una actitud engañosa y calculadora, no obtendremos “de ninguna manera [...] exención de castigo” (Éxo. 34:6, 7; Heb. 10:26). Este hecho se destaca en la forma en que Jehová trató a Acán y también a Ananías y Safira.

13 Desobedeciendo de plano las órdenes divinas, Acán sustrajo parte del botín de la ciudad de Jericó y lo ocultó en su tienda, seguramente con la complicidad de su familia. Lo hizo a sabiendas de que era una grave ofensa contra Dios, pues cuando salió a la luz su mala acción, dijo: “He pecado contra Jehová” (Jos. 7:20). Su corazón, al igual que el de Caín, se había corrompido. En su caso, la codicia fue determinante y lo llevó a actuar con engaño. Como el botín de Jericó pertenecía a Jehová, en realidad le había robado a Jehová, un serio error que pagaron muy caro él y su familia (Jos. 7:25).

14 Ananías y Safira eran un matrimonio de la congregación de Jerusalén. Poco después del Pentecostés del año 33, esta congregación creó un fondo común (sostenido por donaciones voluntarias) para atender las necesidades de los nuevos discípulos de lugares lejanos que se habían quedado en Jerusalén. Pues bien, Ananías vendió un campo y, con el conocimiento de su esposa, fingió que donaba todos los beneficios obtenidos con la transacción, cuando en realidad solo entregó una parte. Seguramente, los dos pretendían gozar de algún honor especial entre los hermanos. Pero esa manera de actuar era un engaño. De forma milagrosa, Jehová reveló el fraude al apóstol Pedro, quien lo expuso delante de Ananías. Acto seguido, este se desplomó y murió, y otro tanto le ocurrió poco más tarde a su mujer (Hech. 5:1-11).

15 No era que Ananías y Safira hubiesen tenido un momento de debilidad. Habían actuado con total premeditación intentando engañar a los apóstoles. Y lo que es peor, se habían atrevido a “tratar con engaño al espíritu santo y [...] a Dios”. La reacción de Jehová mostró sin ambigüedad que él está dispuesto a proteger a su congregación contra los hipócritas, quienes comprobarán que “es cosa horrenda caer en las manos del Dios vivo” (Heb. 10:31).

Seamos fieles en todo momento

16 Satanás hace lo imposible para corrompernos y hacernos perder la aprobación de Jehová (Rev. 12:12, 17). Sus malignas intenciones se ven con claridad en este mundo obsesionado con la inmoralidad y la violencia. Por ejemplo, hoy es muy fácil acceder a la pornografía mediante las computadoras y otros aparatos. Pero no caigamos en ninguna de las trampas del Diablo. Más bien, hagamos nuestras las palabras de David, quien escribió: “Actuaré con discreción en un camino exento de falta. [...] Andaré en la integridad de mi corazón dentro de mi casa” (Sal. 101:2).

17 En la actualidad, Jehová ya no revela milagrosamente a sus siervos los pecados o engaños cometidos, como hizo a veces en el pasado. No obstante, sigue viendo todo lo que ocurre y saca las cosas a la luz en el momento y de la manera que ve conveniente. De ahí que Pablo dijera: “Los pecados de algunos hombres son públicamente manifiestos, y conducen directamente al juicio, mas en cuanto a otros hombres, sus pecados también se hacen manifiestos más tarde” (1 Tim. 5:24). La razón principal por la que Jehová pone al descubierto las malas acciones es que es un Dios de amor. Como ama a su congregación, toma medidas para mantenerla pura. Al mismo tiempo, otorga su misericordia a quienes se han dejado arrastrar por el pecado pero luego demuestran verdadero arrepentimiento (Pro. 28:13). ¡Qué importante es que nos esforcemos por servir a Dios con todo el corazón y por rechazar cualquier cosa que pueda corrompernos!

Sirvamos a Dios con todo el corazón

18 El rey David le dijo a su hijo Salomón: “Conoce al Dios de tu padre y sírvele con corazón completo y con alma deleitosa; porque todos los corazones Jehová los está escudriñando, y toda inclinación de los pensamientos la está discerniendo” (1 Cró. 28:9). David no quería que su hijo se limitara a creer en Jehová. Quería que apreciara el profundo interés que muestra en Sus siervos. Sin duda, ese es el aprecio que todos debemos sentir.

19 Jehová sabe que quienes tengan la debida disposición del corazón se acercarán a él y se sentirán reconfortados al conocer sus hermosas cualidades. Por eso desea que lo conozcamos y nos familiaricemos con su maravillosa personalidad. Pero ¿cómo podemos lograrlo? Estudiando su Palabra y experimentando la bendición divina en nuestras vidas (Pro. 10:22; Juan 14:9).

20 ¿Valoramos el privilegio de leer diariamente la Palabra de Dios a la luz de la oración? ¿Comprendemos el valor de vivir en conformidad con los principios bíblicos? (Léase Salmo 19:7-11.) Si así es, nuestra fe en Jehová y nuestro amor por él serán cada día más fuertes. Y él nos corresponderá acercándose a nosotros y, por así decirlo, llevándonos de la mano (Isa. 42:6; Sant. 4:8). En efecto, nos demostrará su amor al bendecirnos y protegernos espiritualmente mientras recorremos el camino estrecho que conduce a la vida (Sal. 91:1, 2; Mat. 7:13, 14).

¿Qué responderíamos?

• ¿Por qué nos examina Jehová?

• ¿Qué llevó a algunos a volverse enemigos de Dios?

• ¿Cómo demostramos que vemos a Jehová como una persona real?

• ¿Cómo podemos seguir sirviendo a Dios con todo nuestro corazón?

[Preguntas del estudio]

 1. ¿Qué tipo de personas suele caernos bien?

 2. ¿Cuánto interés tiene Jehová por sus siervos?

 3. ¿Qué ejemplos hay de que Jehová no juzga con excesiva severidad nuestras imperfecciones?

 4, 5. ¿Qué gesto misericordioso tuvo Jehová con Abimélec?

 6. ¿De qué maneras imitaba Jesús a su Padre?

 7. ¿Con qué intención nos examina Jehová?

 8. ¿De qué maneras instruye y corrige Jehová a sus siervos?

 9. ¿Qué error debemos evitar, y por qué razón?

10. ¿Por qué rechazó Jehová la ofrenda de Caín, y cómo reaccionó este?

11. ¿Cómo demostró Caín que tenía el corazón endurecido, y qué lecciones aprendemos de este hecho?

12. ¿Cómo reacciona Jehová ante los pecados?

13. ¿Qué mala disposición contribuyó sin duda a que Acán pecara?

14, 15. ¿Por qué merecieron Ananías y Safira el castigo de Dios, y qué nos enseña este hecho?

16. a) ¿De qué formas intenta Satanás corromper a los siervos de Dios? b) ¿Qué métodos usa el Diablo para corromper a la gente en donde usted vive?

17. a) ¿Por qué hace Jehová que los pecados ocultos salgan a la luz tarde o temprano? b) ¿Qué esfuerzo debemos estar decididos a hacer?

18. ¿Qué sentimientos quería infundir en su hijo el rey David?

19, 20. Según muestra Salmo 19:7-11, ¿qué ayudó a David a acercarse a Dios, y cómo podemos seguir su ejemplo?

[Ilustración de la página 4]

¿En qué sentido nos observa Jehová como un padre amoroso?

[Ilustración de la página 5]

¿Qué aprendemos del caso de Ananías?

[Ilustración de la página 6]

¿Qué nos ayudará a seguir sirviendo a Jehová con todo el corazón?