¿Por qué debemos ser cristianos íntegros?

“Júzgame, oh Jehová, [...] conforme a mi integridad.” (SAL. 7:8.)

UN JOVEN cristiano se halla rodeado por un grupo de compañeros que buscan pelea. ¿Responderá a sus provocaciones insultándolos o recurriendo a los golpes? ¿O logrará controlarse e irse de allí? Un hombre casado está a solas en su casa buscando cierta información en Internet. De repente aparece en el monitor una ventana con un enlace a un sitio inmoral. ¿Hará clic en el anuncio, o lo cerrará? Una hermana está conversando con unas amigas. En un momento dado, la conversación cambia de tono, y una de ellas empieza a hablar mal de otra cristiana. ¿Qué hará la hermana? ¿Les seguirá la corriente a sus amigas, o se atreverá a cambiar de tema?

2 Estas tres situaciones tienen algo en común: en cada una de ellas el cristiano debe luchar por mantenerse íntegro y leal. Cuando nos enfrentamos a las preocupaciones y necesidades de la vida diaria, ¿tenemos presente que debemos actuar con integridad? Por lo general, la gente se preocupa por asuntos como la salud, el aspecto personal, el empleo, las amistades y las relaciones de pareja. Sin embargo, lo que más debe preocuparnos a los cristianos es nuestra integridad, pues al fin y al cabo es en eso en lo que se fija Jehová al examinar nuestro corazón (Sal. 139:23, 24).

3 Jehová, de quien procede “toda dádiva buena y todo don perfecto”, nos ha colmado de bendiciones (Sant. 1:17). A él le debemos nuestro cuerpo y nuestra mente, así como la salud y todas nuestras habilidades (1 Cor. 4:7). Sin embargo, Jehová no nos obliga por ello a ser íntegros. Más bien, permite que cada cual decida si quiere serlo o no (Deu. 30:19). A continuación analizaremos qué es la integridad y veremos tres importantes razones por las que debemos ser cristianos íntegros.

¿Qué es la integridad?

4 Mucha gente desconoce todo lo que abarca el concepto de integridad. Hay políticos, por ejemplo, que presumen de ser íntegros, queriendo decir con ello que son honrados. Y claro, la honradez es importante, pero es tan solo una parte de la integridad. Como bien muestra la Biblia, la persona íntegra es la que lleva una vida intachable, la que actúa con entereza moral. De hecho, los términos hebreos relacionados con la palabra “integridad” provienen de una raíz que significa “entero”, “intacto”, “sin tacha o defecto”. Y uno de estos términos hebreos se emplea para referirse a los animales que se ofrecían a Jehová. Para que él los aceptara, debían estar sanos y sin defectos (léase Levítico 22:19, 20). De ahí que Jehová condenara tan enérgicamente a quienes desobedecían esa norma y ofrecían animales cojos, enfermos o ciegos (Mal. 1:6-8).

5 Como es lógico, todos esperamos que las cosas que adquirimos estén completas o enteras. Supongamos, por ejemplo, que un coleccionista de libros antiguos encuentra en una librería un valiosísimo ejemplar que lleva años buscando. ¿Qué haría si descubriera que le faltan varias páginas importantes? Es probable que se decepcione y que no se lo lleve. Pensemos ahora en una mujer que va recogiendo caracolas mientras pasea por la playa. Fascinada por la belleza y la variedad de las caracolas que encuentra a su paso, se detiene aquí y allá a examinar algunas de ellas. ¿Con cuáles cree usted que se quedará? Con las que están completas, intactas. Pues Dios hace algo parecido: él busca a las personas que son íntegras, completas, por decirlo así (2 Cró. 16:9).

6 Ahora bien, quizá nos preguntemos si para ser íntegros hay que ser perfectos. Tal vez pensemos que, como somos imperfectos, nos parecemos en realidad a un libro incompleto o una caracola rota. ¿Se ha sentido usted así alguna vez? En ese caso, recuerde que Jehová no espera de nosotros perfección absoluta; él no nos pide imposibles (Sal. 103:14; Sant. 3:2).* Lo que sí espera es que seamos íntegros. ¿Qué diferencia hay, entonces, entre perfección e integridad? Pongamos un ejemplo. Pensemos en un novio que está a punto de casarse. Sería absurdo que esperara perfección de su futura esposa. Sin embargo, sí sería lógico que esperara que ella lo amara con todo el corazón y que su amor solo fuera para él. Algo parecido sucede con Jehová: él “exige devoción exclusiva” (Éxo. 20:5). Aunque no espera que seamos perfectos, sí espera que lo amemos con todo el corazón y que solo lo adoremos a él.

7 Tal vez recordemos la respuesta que dio Jesús cuando le preguntaron cuál era el mandamiento más importante (léase Marcos 12:28-30). Jesús no solo dijo cuál era ese mandamiento, sino que lo cumplió a la perfección. Él, como nadie, amó a Jehová con todo su corazón, alma, mente y fuerzas. Y con su ejemplo dejó claro que la integridad no se demuestra solo con palabras, sino también con acciones, y que esas acciones deben estar impulsadas por un corazón puro. Por eso, si queremos ser íntegros, es imprescindible que sigamos los pasos de Cristo (1 Ped. 2:21).

8 En esencia, pues, ser íntegro en el sentido bíblico significa tener devoción incondicional a nuestro Padre celestial y lealtad absoluta a su voluntad y propósito. Las personas íntegras son aquellas que se esfuerzan por agradar a Jehová en todo lo que hacen, aquellas que tienen las mismas prioridades que él. Veamos ahora tres razones por las que es tan importante ser íntegros.

1. Nuestra integridad y la soberanía de Jehová

9 El derecho que tiene Jehová para gobernar no depende de que seamos íntegros. Independientemente de lo que hagan o digan sus criaturas, él es el legítimo Soberano del universo, y siempre lo será. Con todo, tanto en el cielo como en la Tierra se han lanzado graves acusaciones contra Dios y su soberanía. Por eso, su soberanía debe ser vindicada, es decir, tiene que quedar claro ante todos los seres inteligentes que Jehová es el legítimo Soberano y que siempre ejerce su autoridad de forma justa y amorosa. A los testigos de Jehová nos gusta hablar con la gente sobre la soberanía de Dios. Ahora bien, ¿cómo podemos demostrar que estamos de parte de Jehová y que lo reconocemos como nuestro Soberano? Siendo íntegros y fieles.

10 ¿Cómo se relaciona nuestra integridad con la soberanía de Dios? Satanás sostiene que ningún ser humano apoyará dicha soberanía, que nadie servirá a Jehová por amor. Ante una gran cantidad de ángeles le dijo a Dios: “Piel en el interés de piel, y todo lo que el hombre tiene lo dará en el interés de su alma” (Job 2:4). Si nos fijamos bien, el Diablo no acusó solamente al justo Job, sino a toda la humanidad. Con razón la Biblia lo llama “el acusador de nuestros hermanos” (Rev. 12:10). Él se burla de Jehová asegurando que ningún cristiano le será fiel. Así es, Satanás afirma que cada uno de nosotros traicionará a Jehová para salvar la vida. ¿Cómo lo hace sentir a usted esa acusación? ¿No le gustaría probar que Satanás es un mentiroso? Pues puede hacerlo: siendo íntegro y fiel.

11 En vista de lo anterior, es muy importante que tomemos buenas decisiones en nuestra vida cotidiana. ¿Recuerda las tres situaciones que planteamos al principio del artículo? ¿Cómo reaccionaría una persona íntegra en cada una de ellas? Al joven le dan ganas de responder a las provocaciones de sus compañeros, pero decide marcharse sin hacer nada, pues recuerda este mandato: “No se venguen, amados, sino cédanle lugar a la ira; porque está escrito: ‘Mía es la venganza; yo pagaré, dice Jehová’” (Rom. 12:19). El esposo cristiano que navega por Internet podría ponerse a mirar imágenes eróticas, pero se acuerda del principio que expresan las palabras de Job: “Un pacto he celebrado con mis ojos. Por eso, ¿cómo pudiera mostrarme atento a una virgen?” (Job 31:1). Así que decide no contemplar esas escenas inmorales y huye de ellas como si fueran veneno. La hermana que está en un grupo donde se empieza a hablar mal de alguien se acuerda de este consejo: “Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en lo que es bueno para la edificación de este” (Rom. 15:2). Ella sabe que Jehová no aprueba ese tipo de conversación, pues no es edificante y podría dañar la reputación de la persona en cuestión. Así que en vez de seguirles la corriente a sus amigas, trata de cambiar de tema.

12 Cada uno de estos tres cristianos demostraron por sus decisiones que reconocen a Jehová como su Soberano y que desean agradarle. Y usted, ¿hace lo mismo al tomar decisiones? Si así es, estará obedeciendo estas conmovedoras palabras que nos dirige Jehová en Proverbios 27:11: “Sé sabio, hijo mío, y regocija mi corazón, para que pueda responder al que me está desafiando con escarnio”. ¡Qué privilegio: alegrar el corazón de Dios! ¿Verdad que vale la pena esforzarse por ser personas íntegras y leales?

2. Jehová nos juzgará basándose en nuestra integridad

13 Como vemos, cuando somos íntegros, estamos apoyando la soberanía de Jehová. Pero otra razón por la cual debemos ser íntegros es que Dios se basará en nuestra conducta para juzgarnos. Así lo entendía Job (léase Job 31:6). Él sabía que Jehová pesa a las personas en una “balanza exacta”, es decir, que con su justicia perfecta determina si son íntegras. David expresó una idea parecida: “Jehová mismo pronunciará sentencia sobre los pueblos. Júzgame, oh Jehová, conforme a mi justicia, y conforme a mi integridad en mí. [...] Dios como justo está poniendo a prueba corazón y riñones” (Sal. 7:8, 9). Sabemos que Dios puede observar lo que hay en lo más recóndito de nuestro ser, en el corazón y los riñones simbólicos. Nunca olvidemos, pues, en qué se fija Jehová: como dijo David, se fija en nuestra integridad y nos juzga basándose en ella.

14 Imaginémonos a Jehová examinando el corazón de los miles de millones de habitantes de la Tierra (1 Cró. 28:9). ¿Verdad que encuentra pocas personas que le son leales? Recordemos que aunque somos imperfectos, podemos estar entre esas personas. Al igual que Job y David, tenemos buenas razones para confiar en que Jehová nos considera íntegros a pesar de nuestros defectos. Después de todo, el que alguien sea perfecto no garantiza que será íntegro. En la historia solo ha habido tres seres humanos perfectos, y dos de ellos, Adán y Eva, fueron desleales. En cambio, millones de personas imperfectas han logrado servir lealmente a Jehová. Y usted también puede hacerlo.

3. La integridad es vital para ver cumplida nuestra esperanza

15 Puesto que Jehová nos juzgará según nuestra conducta, es vital que seamos íntegros; solo así tendremos esperanza para el futuro. David entendía muy bien esta verdad (léase Salmo 41:12). Él abrigaba la esperanza de contar con el favor divino por toda la eternidad. Al igual que los cristianos verdaderos de la actualidad, David esperaba vivir para siempre sirviendo a Dios y acercándose cada vez más a él. Sabía que si se mantenía íntegro, se cumplirían sus expectativas. Si nosotros somos leales a Jehová, también podemos contar con su apoyo, guía y bendición.

16 Incluso hoy día la esperanza nos ayuda a ser felices. Puede darnos el gozo que necesitamos para afrontar las dificultades y también puede proteger nuestra mente. Recordemos que la Biblia compara la esperanza a un yelmo o casco (1 Tes. 5:8). Tal como el casco protege la cabeza del soldado, la esperanza protege nuestra mente de las ideas negativas y pesimistas que promueve Satanás mediante este viejo mundo. Sin esperanza, la vida pierde sentido. Así que hacemos bien en examinarnos honradamente para ver si somos personas íntegras y si nuestra esperanza está viva. Jamás olvidemos que al ser íntegros, apoyamos la soberanía de Jehová y protegemos nuestra maravillosa esperanza. ¡Seamos siempre personas íntegras y leales a Dios!

17 Puesto que es tan importante ser íntegros, el siguiente artículo analizará estas cuestiones: ¿Qué se requiere para ser personas íntegras? ¿Cómo podemos ser íntegros y leales a Dios a pesar de las pruebas? ¿Hay esperanza para quienes han dejado de actuar con integridad?

[Nota]

En cierta ocasión, Jesús dijo: “Ustedes, en efecto, tienen que ser perfectos, como su Padre celestial es perfecto” (Mat. 5:43-48). Al decir que los seres humanos debemos ser perfectos, es evidente que Jesús estaba hablando en términos relativos, pues sabía bien que somos imperfectos. El cristiano es perfecto, o completo, por ejemplo, cuando cumple con el mandamiento de amar a todas las personas, algo que complace sumamente a Dios. Jehová, por su parte, es perfecto en sentido absoluto. En su caso, la integridad sí equivale a perfección (Sal. 18:30).

¿Qué respondería?

• ¿Qué es la integridad?

• ¿Cómo se relaciona nuestra integridad con la soberanía de Jehová?

• ¿Por qué es imprescindible la integridad para ver cumplida nuestra esperanza?

[Preguntas del estudio]

 1, 2. ¿Qué situaciones podrían poner a prueba la integridad del cristiano?

 3. a) ¿Qué nos permite hacer Jehová a cada uno de nosotros? b) ¿Qué analizaremos en este artículo?

 4. ¿Qué abarca la integridad, y qué aprendemos de la ley que dio Jehová sobre los sacrificios de animales?

 5, 6. a) ¿Qué ejemplos muestran que a todos nos gustan las cosas enteras, completas? b) ¿Por qué no tenemos que ser perfectos para ser íntegros?

 7, 8. a) ¿Por qué diríamos que Jesús fue un ejemplo de integridad? b) ¿Qué significa ser íntegro en el sentido bíblico?

 9. ¿Cómo demostramos que apoyamos la soberanía de Jehová?

10. ¿De qué nos acusa Satanás a los seres humanos, y cómo responderá usted a esa acusación?

11, 12. a) ¿Qué ejemplos ilustran la relación que hay entre nuestras decisiones diarias y nuestra lealtad a Dios? b) ¿Qué privilegio tendremos si somos íntegros?

13. ¿De qué manera indicaron Job y David que Jehová se basará en nuestra integridad para juzgarnos?

14. ¿Por qué no debemos pensar que nuestra imperfección nos impide ser cristianos íntegros?

15. ¿Cómo mostró David que la integridad es vital para ver cumplida nuestra esperanza?

16, 17. a) ¿Por qué está usted decidido a ser una persona íntegra? b) ¿Qué preguntas se contestarán en el próximo artículo?

[Ilustraciones de la página 5]

Todos los días se pone a prueba nuestra integridad