La Biblia les cambió la vida

¿Por qué decidió dedicarse de lleno al ministerio cristiano un hombre cuya vida giraba en torno a los deportes, las motocicletas y las drogas? ¿Qué motivó a alguien que se ganaba la vida con los juegos de azar a abandonar ese mundo y buscar un trabajo honrado para sostener a su familia? ¿Qué hizo que una joven que se había criado como testigo de Jehová recapacitara después de haber echado a un lado las normas bíblicas? Dejemos que ellos mismos respondan.

INFORMACIÓN PERSONAL

NOMBRE: TERRENCE J. O’BRIEN

EDAD: 57 AÑOS

PAÍS: AUSTRALIA

OTROS DATOS: USABA DROGAS Y LE APASIONABAN LAS MOTOCICLETAS

MI PASADO: Me crié en la bulliciosa ciudad de Brisbane, capital de Queensland (Australia). Mi familia era católica, pero cuando cumplí ocho años, dejamos de ir a la iglesia y nos olvidamos de la religión. Cuando tenía 10, nos mudamos a la zona de Gold Coast. Como vivíamos cerca de la playa, pasé los primeros años de mi adolescencia en el mar: nadando y practicando surf.

Sin embargo, no era feliz. Mi padre nos abandonó cuando yo tenía ocho años. Mi mamá se volvió a casar, pero en nuestra casa, el alcohol y las peleas eran una constante. Cierta noche, mi madre y mi padrastro tuvieron una seria discusión. Recuerdo que me senté en mi cama y me prometí a mí mismo que si algún día me casaba, nunca pelearía con mi esposa. No obstante, a pesar de los problemas, nuestra familia —compuesta por mi madre, mi padrastro y seis hijos— era muy unida.

De joven, muchos de mis amigos eran unos rebeldes. Fumaban, bebían, se drogaban y no les importaba absolutamente nada. Lamento decirlo, pero yo comencé a llevar el mismo estilo de vida. Además, desarrollé una pasión por las motocicletas, y aunque tuve varios accidentes graves, nunca dejaron de gustarme. De hecho, un día decidí recorrer toda Australia montado en una.

En aquellos años me sentía libre. Sin embargo, cuando me ponía a pensar en la situación mundial y veía lo poco que a la gente le preocupaban los problemas de la humanidad, me deprimía. Anhelaba saber la verdad acerca de Dios, la religión y el futuro del hombre. Les hice algunas preguntas a dos sacerdotes católicos, pero sus respuestas me desilusionaron. También hablé con varios ministros protestantes, pero tampoco me convenció lo que me dijeron. Entonces, un amigo me presentó a Eddie, un testigo de Jehová. Conversé con él en cuatro ocasiones, y siempre usó la Biblia para contestar mis preguntas. Desde la primera conversación me di cuenta de que había hallado algo especial. Con todo, en aquel momento no comprendí la importancia de hacer cambios en mi vida.

CÓMO LA BIBLIA CAMBIÓ MI VIDA: En mi viaje por Australia conocí a otro testigo de Jehová, y pude hablar con él varias veces; pero cuando regresé a Queensland, no tuve ningún contacto con los Testigos durante seis meses.

Un día, mientras volvía a casa del trabajo, vi a dos hombres caminando por la calle. Como estaban muy bien vestidos y llevaban maletines, supuse que eran testigos de Jehová. Me acerqué a ellos, les pregunté si eran Testigos y, cuando me contestaron que sí, les dije que quería estudiar la Biblia. Inmediatamente comencé a asistir a sus reuniones y hasta fui a una asamblea celebrada en Sydney en 1973. Pero a mi familia —en particular, a mi madre— no le gustó para nada lo que estaba haciendo. Por esta y otras razones, dejé de estudiar y de reunirme con los Testigos. Entonces, durante todo un año me dediqué por completo a mi otra pasión: el críquet.

Con el tiempo, me di cuenta de que la única temporada feliz de mi vida fue el período en que estudié la Biblia. Por eso, busqué a los Testigos de nuevo, comencé a ir a las reuniones y me alejé de las malas compañías.

Ahora, quien me daba clases bíblicas era Bill, un Testigo mayor que era muy amoroso, pero firme. Fue algo que aprendí con él lo que por fin me hizo cambiar. Después de haber repasado el relato de Job, me dijo: “En realidad, Satanás insinuó que Job no quería servir a Dios. ¿A quién más ha acusado él de lo mismo?” (Job 2:3-5). Comencé a mencionar todos los personajes bíblicos que conocía, y Bill pacientemente repetía: “Sí, sí, ¿y a quién más?”. Como no atinaba con la respuesta, finalmente me miró a los ojos y me dijo: “A ti también te ha acusado de lo mismo”. Me quedé helado. Yo sabía que lo que estaba aprendiendo era cierto, pero ese día entendí por qué tenía que ponerlo en práctica. Cuatro meses después me bauticé.

QUÉ BENEFICIOS HE OBTENIDO: Me aterra pensar en lo que habría sido de mí si nunca hubiera aprendido los principios bíblicos. Mi vida pudo haber acabado como la de muchas personas que conocí. Algunas han muerto debido a las drogas o al alcohol, y otras han tenido graves problemas matrimoniales.

En cambio, yo soy feliz. Llevo veinticinco años de casado, y sirvo junto con mi esposa, Margaret, en la sucursal de los testigos de Jehová en Australia. A través de los años, hemos ayudado a muchas personas a hacer lo mismo que yo: transformar sus vidas por medio del estudio de la Biblia. Así, nos hemos hecho de muchísimas amistades, lo cual me consuela, ya que ninguno de los miembros de mi familia le sirve a Jehová. Margaret, por su parte, se crió en una familia de Testigos. Con la ayuda de ella he logrado cumplir la promesa que me hice hace casi cuarenta años. Es verdad que no siempre estamos de acuerdo, pero jamás hemos tenido una pelea. Todo, gracias a la Biblia.

INFORMACIÓN PERSONAL

NOMBRE: MASAHIRO OKABAYASHI

EDAD: 39 AÑOS

PAÍS: JAPÓN

OTROS DATOS: JUGABA POR DINERO

MI PASADO: Soy de Iwakura, pequeña localidad a media hora en tren de Nagoya. Recuerdo que mis padres siempre me parecieron muy buenas personas. Pero con el tiempo me enteré de que mi padre era de la yakuza, la mafia japonesa, y que los cinco miembros de nuestra familia dependíamos del fruto de sus estafas. Otro de sus problemas era que bebía todos los días. Murió de cirrosis cuando yo tenía 20 años.

Como mi padre era coreano, muchas veces la gente nos discriminaba. Este y otros factores convirtieron mi adolescencia en una pesadilla. Me matriculé en una escuela, pero apenas asistía a clases, así que al cabo de un año me di de baja. Para entonces ya tenía antecedentes delictivos, y eso, sumado a mi origen coreano, me dificultaba encontrar trabajo. Finalmente hallé un empleo, pero me lesioné las rodillas y tuve que dejarlo.

Para ganarme la vida, empecé a jugar pachinko, una máquina de casino parecida a la de pinball (flipper). En ese tiempo estaba viviendo con una chica que quería que consiguiera un trabajo de verdad y me casara con ella. Pero yo hacía una fortuna con el pachinko y no quería cambiar mi estilo de vida.

CÓMO LA BIBLIA CAMBIÓ MI VIDA: Cierto día, un testigo de Jehová tocó a mi puerta y me dio un libro titulado La vida... ¿cómo se presentó aquí? ¿Por evolución, o por creación? En realidad, nunca antes me había hecho esa pregunta. Sin embargo, después de leer el libro quise estudiar la Biblia. Siempre había querido saber qué nos sucede al morir. Las claras respuestas bíblicas que recibí a esta y otras preguntas me hicieron sentir como si me quitaran una venda de los ojos.

Pronto me di cuenta de que tenía que amoldar mi vida a las normas bíblicas. Por eso, me casé con mi novia, dejé el cigarrillo, me corté el pelo (que me había teñido de rubio) y comencé a arreglarme mejor. También dejé de jugar.

Hacer estos cambios no fue fácil. Por ejemplo, se me hacía imposible librarme del cigarrillo por voluntad propia, pero la oración ferviente y la confianza en Jehová me ayudaron a lograrlo. Por otro lado, el primer trabajo que tuve después de dejar el pachinko se me hizo sumamente difícil. Solo ganaba la mitad de lo que hacía con el juego. Además, el trabajo era muy fuerte y estresante. Un texto bíblico que me ayudó muchísimo fue Filipenses 4:6, 7, que dice: “No se inquieten por cosa alguna, sino que en todo, por oración y ruego junto con acción de gracias, dense a conocer sus peticiones a Dios; y la paz de Dios que supera a todo pensamiento guardará sus corazones y sus facultades mentales mediante Cristo Jesús”. ¡Cuántas veces vi cumplirse esta promesa!

QUÉ BENEFICIOS HE OBTENIDO: Al principio, a mi esposa no le gustaba la idea de que estudiara la Biblia con los testigos de Jehová. Pero cuando vio los cambios que había hecho en mi vida, ella también aceptó un curso bíblico y decidió acompañarme a las reuniones. Ahora los dos somos testigos de Jehová. Es una gran bendición servir juntos a Dios.

Antes de estudiar la Biblia pensaba que era feliz. Sin embargo, ahora comprendo en qué consiste la verdadera felicidad. Vivir de acuerdo a las normas bíblicas no es fácil, pero sin duda es el mejor modo de vivir.

INFORMACIÓN PERSONAL

NOMBRE: ELIZABETH JANE SCHOFIELD

EDAD: 35 AÑOS

PAÍS: REINO UNIDO

OTROS DATOS: SE IBA DE JUERGA LOS FINES DE SEMANA

MI PASADO: Me crié en Hardgate, un pequeño pueblo a las afueras de Glasgow (Escocia). Cuando tenía siete años, mi madre, quien se había hecho testigo de Jehová, comenzó a enseñarme de la Biblia. Pero, cuando cumplí 17, lo único que me interesaba era estar con mis amigos de la escuela, ir a discotecas, escuchar música heavy metal y beber. No pensaba para nada en los asuntos espirituales; solo en irme de fiesta los fines de semana. No obstante, todo eso cambió.

Después que cumplí los 21, viajé a Irlanda del Norte para visitar a unos familiares. Mientras estuve allí, presencié la marcha de los Orangistas, un desfile organizado por los protestantes. El odio y la intolerancia religiosa tanto de los protestantes como de los católicos me dejaron horrorizada. Tuvieron tal impacto en mí que me puse a reflexionar en mi vida. Pensé en lo que mi madre me había enseñado de la Biblia y recordé que Dios no acepta a los que pasan por alto sus amorosas normas. Entonces me di cuenta de que había estado totalmente centrada en mis propios intereses y había dejado a un lado por completo la voluntad de Jehová. Decidí que cuando regresara a Escocia, analizaría seriamente las doctrinas bíblicas.

CÓMO LA BIBLIA CAMBIÓ MI VIDA: El día que volví a ir a la reuniones de los Testigos en el pueblo donde me crié estaba nerviosa e incómoda. Sin embargo, me recibieron con los brazos abiertos. Como pronto empecé a poner en práctica lo que aprendía, una hermana muy amable decidió darme una mano. El interés sincero que mostró en mí me ayudó a sentirme parte de la congregación otra vez. Mis compañeros de juerga insistían en que fuera con ellos a las discotecas, pero yo siempre les decía que quería enderezar mis asuntos y vivir de acuerdo con los principios bíblicos. Con el tiempo, dejaron de llamarme.

Antes pensaba que la Biblia era un simple libro de reglas, pero mi opinión cambió. Comencé a identificarme con los sentimientos y debilidades de sus personajes. Como yo, que le había dado la espalda a Jehová, algunos de ellos cometieron errores. Pero cuando se arrepintieron de corazón, Dios los perdonó. Esto me ayudó a confiar en que si me esforzaba por agradarle, Jehová me perdonaría.

El modo de actuar de mi madre también me llegó al corazón. Aunque yo había abandonado a Dios, ella siempre se mantuvo fiel. Su ejemplo me hizo comprender que servirle a Jehová vale la pena. De pequeña, nunca me gustó la predicación de casa en casa, y jamás me visualicé pasando largas horas en el ministerio. Pero poco después de bautizarme renuncié a mi trabajo, conseguí otro de media jornada y me hice evangelizadora de tiempo completo. Quería comprobar lo que Jesús dijo en Mateo 6:31-33: “Nunca se inquieten y digan: ‘¿Qué hemos de comer?’, o ‘¿qué hemos de beber?’, o ‘¿qué hemos de ponernos?’. [...] Pues su Padre celestial sabe que ustedes necesitan todas estas cosas. Sigan, pues, buscando primero el reino y la justicia de Dios, y todas estas otras cosas les serán añadidas”.

QUÉ BENEFICIOS HE OBTENIDO: Cuando solo buscaba divertirme los fines de semana, nunca logré sentirme satisfecha. Llevaba una vida vacía. Ahora que le sirvo de lleno a Jehová, mi vida tiene sentido y soy feliz. Estoy casada, y todas las semanas, mi esposo y yo visitamos diferentes congregaciones de testigos de Jehová con el fin de animarlas. Esta labor es la mayor bendición que he recibido en mi vida. Me siento muy agradecida a Jehová por haberme dado una segunda oportunidad.

[Comentario de la página 27]

“Desde la primera conversación me di cuenta de que había hallado algo especial. Con todo, en aquel momento no comprendí la importancia de hacer cambios en mi vida”

[Comentario de la página 29]

“Se me hacía imposible librarme del cigarrillo por voluntad propia, pero la oración ferviente y la confianza en Jehová me ayudaron a lograrlo”

[Comentario de la página 30]

“Antes pensaba que la Biblia era un simple libro de reglas, pero mi opinión cambió. Comencé a identificarme con los sentimientos y debilidades de sus personajes”