Joven, ¿qué harás con tu vida?

“No lucho como quien da golpes al aire.” (1 COR. 9:26, Nueva Versión Internacional [NVI])

SI PLANEAS ir de excursión al bosque, probablemente quieras llevar un mapa para determinar tu posición y trazar la mejor ruta, y también una brújula para orientarte. Pero a menos que sepas adónde te diriges, de poco te servirán el mapa y la brújula. Para no andar dando vueltas perdido, tienes que tener claro el destino al que deseas llegar.

2 Pues bien, ahora que te aproximas a la edad adulta, te enfrentas a una situación parecida. Y, como en el ejemplo, tienes a tu disposición un mapa confiable. ¿Cuál? La Biblia, una magnífica ayuda para elegir el rumbo que más te conviene (Pro. 3:5, 6). También cuentas con una excelente brújula: tu conciencia. Siempre que la hayas educado bien, te permitirá mantenerte en el buen camino (Rom. 2:15). Pero si quieres triunfar en la vida, necesitas, además, saber adónde te diriges, tener metas definidas.

3 El apóstol Pablo indicó cómo le ayudaba a él tener objetivos claros y esforzarse por alcanzarlos: “Yo no corro como quien no tiene meta; no lucho como quien da golpes al aire” (1 Cor. 9:26, NVI). Si tú también tienes claras tus metas, correrás con un propósito definido. Dentro de poco, deberás tomar importantes decisiones sobre asuntos como el servicio a Dios, el trabajo, el matrimonio y la familia. A veces te parecerá que te encuentras ante un laberinto de posibilidades. Pero si eliges con tiempo la trayectoria que seguirás y te guías siempre por los principios y verdades de la Biblia, no caerás en la tentación de tomar un rumbo equivocado (2 Tim. 4:4, 5).

4 Si tú no te trazas metas, lo más seguro es que lo hagan por ti tus compañeros y profesores, según lo que crean que te beneficiará más. Por supuesto, tú puedes tener muy claro lo que quieres, pero eso no quita que los demás te den sus opiniones. Cuando los escuches, pregúntate: “¿Me ayudarán sus recomendaciones a acordarme de mi Creador, o me distraerán de ese objetivo?” (léase Eclesiastés 12:1).

5 Antes de tomar cualquier decisión, haces bien en preguntarte si le agradará a Jehová. ¿Por qué? Para empezar, porque él te ha dado todo lo que tienes (Sant. 1:17). En realidad, los seres humanos estamos en deuda con él (Rev. 4:11). Deberíamos estarle agradecidos y, ¿qué mejor manera de demostrarlo que tomándolo en cuenta al fijarnos metas? Por eso, veamos a continuación qué objetivos valen la pena y cómo puede uno alcanzarlos.

¿Qué metas te puedes poner?

6 Como vimos en el artículo anterior, una meta importante que puedes ponerte es comprobar por ti mismo que las enseñanzas bíblicas son ciertas (Rom. 12:2; 2 Cor. 13:5). Tus compañeros tal vez crean en la evolución o en doctrinas religiosas falsas simplemente porque eso es lo que les han enseñado. Pero tú no tienes por qué ser como ellos. Recuerda que tu Padre celestial desea que le sirvas usando tu inteligencia, toda tu mente (léase Mateo 22:36, 37). Quiere que tengas fe, sí, pero una fe basada en pruebas (Heb. 11:1).

7 Si quieres fortalecer tu fe, ¿por qué no te fijas metas a corto plazo? Una de ellas podría ser orar todos los días. Algo que contribuirá a que tus oraciones sean más naturales y específicas es realizar una lista, sea mental o escrita, con los sucesos del día que quieras mencionar. Y no te limites a contarle a Dios tus problemas; háblale también de las alegrías que hayas tenido (Fili. 4:6). Otra meta es leer la Biblia a diario. ¿Sabías que si lees cuatro páginas cada día la terminarás en solo un año?* Bien lo dice Salmo 1:1, 2: “Feliz es el hombre [...] [cuyo] deleite está en la ley de Jehová, y día y noche lee en su ley en voz baja”.

8 Veamos una tercera meta a corto plazo: preparar una respuesta para cada reunión. Al principio quizás prefieras leer un texto bíblico o algunas oraciones del párrafo. Pero, con el tiempo, podrías comentar en tus propias palabras. No lo olvides: cada vez que das una contestación, le estás haciendo un regalo a Jehová (Heb. 13:15). Cuando hayas hecho realidad algunas de esas metas, estarás más seguro de ti mismo, más agradecido a Jehová y mejor preparado para lograr objetivos a largo plazo.

9 ¿Qué objetivos a largo plazo podrías plantearte? Si aún no eres publicador, sería excelente que pensaras en serlo. Y después de alcanzar esta meta, tienes que esforzarte por no dejar pasar un solo mes sin salir al ministerio. Además, debes aprender a ser más hábil y a usar la Biblia en la predicación, lo que contribuirá a que disfrutes más en esta actividad. También sería bueno dedicar más tiempo a la obra de casa en casa e incluso establecer un estudio bíblico. Y una vez que seas publicador, ¿qué mejor meta que dedicarte a Jehová y llenar los requisitos para bautizarte?

10 Pero si ya estás bautizado, puedes ponerte otras metas a largo plazo en el servicio a Jehová. Por ejemplo, ayudar de vez en cuando a alguna congregación a predicar en territorios poco trabajados. O aprovechar tus fuerzas y salud para hacer el precursorado auxiliar o regular. Hay decenas de miles de hermanos que participan en esta faceta del servicio de tiempo completo. Con gusto te dirán que esa labor aporta grandes satisfacciones y que es una magnífica manera de acordarse del Creador en la juventud. Todas estas metas puedes lograrlas ahora, mientras vives con tus padres. Y tu congregación se beneficiará de que lo hagas.

11 Pero también puedes trazarte otras metas a largo plazo que te llevarán fuera de tu congregación. Por ejemplo, quizás hagas planes para colaborar en algún lugar donde se necesite ayuda, sea dentro o fuera de tu país. También pudieras plantearte trabajar en la construcción de Salones del Reino o incluso sucursales en el extranjero. O tal vez desees servir en Betel o hacerte misionero. Claro, como hemos visto, antes de proponerte cualquiera de estos objetivos, es imprescindible que te bautices. Si aún no lo has hecho, analiza lo que implica esta decisión trascendental.

La meta del bautismo

12 ¿Cuál dirías que es la razón por la que uno debe bautizarse? Algunos jóvenes han pensado en hacerlo para protegerse de caer en el pecado, y otros para imitar a sus amigos o complacer a sus padres. Pero el bautismo no es un simple contrato que te obligue a portarte bien y no hacer cosas que en el fondo te gustaría hacer. Tampoco tendrías que dar este paso porque los demás te presionen. Más bien, debes hacerlo únicamente cuando comprendas todo lo que implica ser testigo de Jehová, sientas que estás listo y desees asumir la responsabilidad (Ecl. 5:4, 5).

13 Una buena razón para bautizarse es que Jesús encargó esta comisión a sus seguidores: “Hagan discípulos [...], bautizándolos”. De hecho, él mismo dio el ejemplo al ser sumergido en agua (léanse Mateo 28:19, 20 y Marcos 1:9). Otra razón es que se trata de un paso esencial para salvarse. Después de mencionar que Noé construyó un arca en la que él y su familia sobrevivieron al Diluvio, el apóstol Pedro señaló: “Lo que corresponde a esto ahora también los está salvando a ustedes, a saber, el bautismo [...], mediante la resurrección de Jesucristo” (1 Ped. 3:20, 21). Pero no debes ver el bautismo como un seguro contra todo riesgo, sino como un paso que das porque amas a Jehová y deseas servirle con todo tu corazón, alma, mente y fuerzas (Mar. 12:29, 30).

14 Hay quienes no se animan a bautizarse por miedo a ser expulsados más tarde. ¿Tienes tú ese temor? Bueno, eso no es necesariamente malo. Puede ser una indicación de que comprendes que ser testigo de Jehová conlleva una gran responsabilidad. Ahora bien, ¿habrá además otra razón? Tal vez suceda que no estás seguro de que seguir las normas de Dios sea el mejor modo de vivir. Si así es, algo que te ayudará a decidirte es reflexionar en lo que les ocurre a quienes no siguen los principios bíblicos. Pudiera darse el caso, sin embargo, de que confíes en las normas de Dios, pero no estés seguro de que lograrás cumplirlas siempre. De nuevo, eso tal vez sea una buena señal, pues demuestra que eres humilde. De hecho, la Biblia dice que el corazón es imperfecto y muy traicionero (Jer. 17:9). No obstante, ten la seguridad de que tú puedes hacer lo que Dios te pide. ¿Cómo? “Manteniéndo[te] alerta conforme a [su] palabra.” (Léase Salmo 119:9.) Así que, sean cuales sean tus inquietudes y dudas sobre el bautismo, procura aclararlas.*

15 Pero ¿cómo sabes si estás listo para bautizarte? Haciéndote preguntas como estas: “¿Soy capaz de explicar las verdades básicas de la Biblia? ¿Participo en el ministerio incluso cuando mis padres no salen? ¿Procuro asistir a todas las reuniones? ¿Puedo dar ejemplos de situaciones en las que resistí la presión de grupo? Si mis padres y amigos dejaran de servir a Dios, ¿seguiría yo haciéndolo? ¿Le he dicho a Jehová cuánto valoro su amistad? ¿Le he hecho una oración para dedicarle mi vida sin reservas?”.

16 El bautismo es un paso trascendental en la vida. No debe tomarse a la ligera. ¿Tienes la madurez necesaria para plantearte esa decisión? Ser maduro es mucho más que presentar buenas asignaciones en la plataforma o impresionar a los hermanos con tus comentarios en las reuniones. Implica saber tomar decisiones basadas en los principios bíblicos (léase Hebreos 5:14). Si ya has alcanzado el desarrollo espiritual que te permitirá bautizarte, tienes ante ti el mayor privilegio que existe: servir a Jehová de todo corazón, demostrando día a día con tu conducta que vives dedicado a él.

17 Seguramente, después de bautizarte estarás muy entusiasmado con tu servicio a Dios. Pero enseguida vendrán situaciones que pondrán a prueba tu fe y tu aguante (2 Tim. 3:12). No pienses que tienes que enfrentarte a ellas solo. Pide consejo a tus padres. Busca la ayuda de hermanos maduros. Hazte amigo de quienes puedan ayudarte a ser fiel. Nunca olvides que Jehová te ama y te dará fuerzas para que puedas resistir lo que venga (1 Ped. 5:6, 7).

¿Cómo puedes alcanzar tus metas?

18 ¿Te parece a veces que, a pesar de todos tus esfuerzos, te falta tiempo para llevar a cabo las cosas que quieres y debes hacer? En ese caso te conviene examinar tus prioridades. Pongamos una comparación. Imagínate que tomas un balde o cubeta de plástico y colocas dentro varias piedras grandes. Después viertes arena hasta el tope. ¿Qué es lo que tienes? Un balde lleno de piedras y arena. Pero si vacías el balde y vuelves a llenarlo, poniendo primero la arena y luego las piedras, ¿qué sucede? Que no hay suficiente espacio porque has metido primero la arena.

19 Pues pasa lo mismo con el uso del tiempo. Si pones en primer lugar cosas como las diversiones, no quedará hueco en tu vida para las actividades espirituales, que son las más valiosas. Pero ¿qué sucederá si sigues el consejo bíblico de “asegur[arte] de las cosas más importantes”? (Fili. 1:10.) Entonces tendrás tiempo para los intereses del Reino y también para divertirte de vez en cuando.

20 Al tratar de alcanzar una meta —y esto incluye el bautismo—, es natural que te invadan a veces las inquietudes y las dudas. En esos momentos, “arroja tu carga sobre Jehová [...], y él mismo te sustentará” (Sal. 55:22). Hoy tienes la oportunidad de participar en la obra más importante y emocionante de la historia: la campaña mundial de predicación y enseñanza (Hech. 1:8). ¿Qué vas a hacer? ¿Te quedarás mirando, como un simple espectador, o intervendrás activamente? La mejor decisión que puedes tomar es aportar tus talentos a favor del Reino. Nunca te arrepentirás de haber servido a “tu Creador en los días de tu juventud” (Ecl. 12:1, NVI).

[Notas]

Consulta La Atalaya del 1 de agosto de 2009, páginas 15 a 18.

¿Qué respuesta darías?

• ¿Por qué debes fijarte objetivos?

• ¿Cuáles son algunas metas por las que vale la pena esforzarse?

• ¿Cómo se alcanza la meta del bautismo?

• ¿Por qué debes examinar tus prioridades si quieres hacer realidad tus metas?

[Preguntas del estudio]

 1, 2. ¿Qué necesitas para triunfar en la vida?

 3. Según indicó Pablo en 1 Corintios 9:26, ¿cómo nos ayuda tener metas?

 4, 5. a) ¿Qué puede suceder si no te pones metas? b) Antes de tomar cualquier decisión, ¿por qué deberías preguntarte si le agradará a Jehová?

 6. ¿Qué importante meta debes ponerte, y por qué?

 7, 8. a) ¿Qué metas a corto plazo te ayudarán a fortalecer tu fe? b) ¿Qué beneficios conseguirás si alcanzas algunas de esas metas?

 9. Si aún no eres publicador, ¿qué metas a largo plazo podrías ponerte?

10, 11. ¿Qué metas a largo plazo pueden ponerse los jóvenes bautizados?

12. ¿Por qué motivos han querido bautizarse algunos jóvenes, y por qué no son razones válidas?

13. ¿Por qué debes bautizarte?

14. ¿Por qué no se animan algunos a bautizarse, pero de qué puedes estar seguro?

15, 16. ¿Cómo sabes si estás listo para bautizarte?

17. ¿Qué te ayudará a soportar las pruebas de fe después de bautizarte?

18, 19. ¿Por qué es útil que analices tus prioridades?

20. ¿Qué debes hacer si te invaden inquietudes y dudas al tratar de alcanzar una meta?

[Ilustración de la página 13]

¿Tienes la meta de leer la Biblia a diario?

[Ilustración de la página 15]

¿Cómo puedes alcanzar la meta del bautismo?

[Ilustración de la página 16]

¿Qué te enseña esta comparación?