Cantemos a Jehová

“Produciré melodía a mi Dios mientras yo sea.” (SAL. 146:2)

¡CUÁNTAS horas pasó el joven David cuidando los rebaños de su padre cerca de Belén! Mientras vigilaba las ovejas, se dedicó a observar las estrellas del firmamento, “las bestias del campo”, “los pájaros del cielo” y las demás maravillas de la creación. Tan conmovido quedó que quiso componer sentidas alabanzas a Jehová, el Hacedor de aquellas prodigiosas obras. Hoy encontramos muchos de sus cánticos en el libro de Salmos (léase Salmo 8:3, 4, 7-9).*

2 Probablemente fuera durante esta etapa de su vida cuando David perfeccionó sus destrezas musicales. Adquirió tal maestría con el arpa que fue invitado a tocar para el rey Saúl (Pro. 22:29). Con sus dulces sonidos producía en el atribulado corazón del monarca el mismo efecto calmante que hasta el día de hoy suele tener la buena música. Al oír los acordes de su arpa, “Saúl conseguía alivio y le iba bien” (1 Sam. 16:23). Los devotos cánticos de aquel compositor e intérprete han superado la prueba del tiempo. Baste señalar que incluso en la actualidad, tres milenios después del nacimiento de David, millones de personas de toda condición y origen acuden constantemente a aquellos salmos en busca de consuelo y esperanza (2 Cró. 7:6; léanse Salmo 34:7, 8 y 139:2-8; Amós 6:5).

El digno lugar de la música en la religión verdadera

3 David siempre utilizó su gran talento con el más noble de los fines: glorificar a Jehová. Además, cuando ascendió al trono de Israel, se encargó de que los oficios del tabernáculo contaran con hermosa música. De entre los levitas en activo, 4.000 —más de la décima parte— fueron seleccionados como “dadores de alabanza”. De estos, 288 estaban “entrenados en el canto a Jehová, [y eran] todos peritos” (1 Cró. 23:3, 5; 25:7).

4 Muchas de las canciones que interpretaban los levitas eran salmos de David. Los israelitas que tenían el honor de estar presentes cuando se interpretaban aquellas composiciones seguramente se sentían muy conmovidos. Con el tiempo, cuando llegó el momento de trasladar el arca del pacto a Jerusalén, “David [...] dijo a los jefes de los levitas que apostaran a sus hermanos los cantores con los instrumentos de canto, instrumentos de cuerda y arpas y címbalos, para que tocaran fuertemente” y así consiguieran que “se elevara un son de regocijo” (1 Cró. 15:16).

5 ¿Por qué recibió tanta atención la música durante el reinado de David? ¿Sencillamente porque era una afición del monarca? No. Había otro motivo mucho más importante, como se indicó siglos más tarde cuando Ezequías restableció los servicios religiosos en el templo. En 2 Crónicas 29:25, leemos que aquel justo rey “hizo que los levitas se apostaran en la casa de Jehová, con címbalos, con instrumentos de cuerda y con arpas, por el mandamiento de David y de Gad el hombre de visiones del rey y de Natán el profeta, porque por mano de Jehová fue el mandamiento [transmitido] por medio de sus profetas”.

6 Así es: valiéndose de sus profetas, Jehová dio instrucciones de que sus siervos lo alabaran con cánticos. De hecho, los levitas que eran cantores estaban exentos de ciertos deberes a fin de tener suficiente tiempo para la composición y, muy probablemente, para los ensayos (1 Cró. 9:33).

7 Ahora bien, quizás uno diga: “Lo mío no es cantar. Estoy seguro de que nunca me habrían elegido para ser uno de los cantores peritos del tabernáculo”. Pero recordemos que no todos los intérpretes levitas eran tan expertos. En 1 Crónicas 25:8 se señala que también había aprendices. Además, hay que destacar que, aunque sin duda había músicos y cantantes hábiles en las demás tribus, Jehová seleccionó únicamente a los levitas para esta labor. Y podemos estar seguros de que, sin importar que fueran peritos o aprendices, se entregaron a ella de todo corazón.

8 Aunque David era un virtuoso de la música y la amaba profundamente, no deberíamos pensar que el talento es lo que más cuenta para Dios. En Salmo 33:3, este mismo rey escribió: “Esmérense en tocar las cuerdas junto con gozoso gritar”. La idea está muy clara: cuando uno alaba a Jehová, lo importante es que se esmere por hacerlo lo mejor que pueda.

La música después del reinado de David

9 Durante el reinado de Salomón, la música se utilizó extensamente en el culto al Dios verdadero. Por ejemplo, en la inauguración del templo intervino una orquesta completa, con una sección de metales integrada por 120 trompetas (léase 2 Crónicas 5:12). La narración bíblica señala que tanto los trompeteros —todos ellos sacerdotes— como los cantores lograron “que se oyera un solo sonido en [su interpretación para] alabar y dar gracias a Jehová”. Durante el canto decían: “Porque él es bueno, porque hasta tiempo indefinido es su bondad amorosa”. Cuando cesó su alegre melodía, “la casa [de Jehová] se llenó de una nube”, lo cual indicaba la aprobación divina. ¡Qué emoción tan sobrecogedora tienen que haber sentido los presentes al escuchar decenas de trompetas sonando en armonía con miles de cantantes! (2 Cró. 5:13.)

10 Los cristianos del siglo primero también usaron música en la adoración. Claro, no se reunían en templos o tabernáculos, sino en casas particulares. Y muchas veces lo hacían en condiciones poco favorables debido a la persecución y otros factores. Aun así, no se olvidaban de alabar a Dios con sus cánticos.

11 Pablo exhortó a los cristianos de Colosas a que se animaran unos a otros “con salmos, alabanzas a Dios, [y] canciones espirituales con gracia” (Col. 3:16). De hecho, cuando él y Silas fueron encarcelados, estuvieron un buen rato “orando y alabando a Dios con canción”, aunque, obviamente, no contaban con la ayuda de un cancionero (Hech. 16:25). En vista de su ejemplo, cada uno de nosotros haría bien en plantearse: “Si me metieran en prisión, ¿cuántos cánticos del Reino sería capaz de cantar de memoria?”.

12 Dado que la música ocupa un lugar primordial en la religión verdadera, deberíamos preguntarnos: “¿Demuestro el debido aprecio por los cánticos? ¿Hago todo lo posible por llegar a tiempo a las reuniones y asambleas a fin de participar junto con mis hermanos en el cántico de apertura? ¿Canto con ganas? ¿Cómo ve mi familia los cánticos que se entonan entre la Escuela del Ministerio Teocrático y la Reunión de Servicio, así como entre el discurso público y el Estudio de La Atalaya? ¿Les enseño a mis hijos que esos cánticos no son un intermedio ni una ocasión para dejar los asientos por razones triviales, como estirar las piernas?”. Jamás olvidemos que el canto es parte de nuestra adoración. Da igual que uno sea un “perito” o tan solo un “aprendiz”. Todos tenemos la oportunidad y el deber de unir nuestras voces para alabar a Jehová (compárese con 2 Corintios 8:12).

Cambian los tiempos, cambian las necesidades

13 Hace más de cien años, la edición en inglés de esta revista explicó una razón por la que nuestros cánticos del Reino son tan importantes: “Cantar la verdad es una buena manera de grabarla en la mente y el corazón de los siervos de Dios”. Dado que la letra de muchos cánticos se basa en la Biblia, cuando nos los aprendemos, la verdad se fija con más fuerza en nuestro interior. ¡Qué buena razón para memorizar al menos unos pocos! Cabe señalar que el sentimiento con el que los hermanos de algunas congregaciones interpretan los cánticos ha dejado impresionadas a muchas personas en su primera visita al Salón del Reino.

14 Pensemos ahora en lo que sucedió una noche de 1869. Cuando volvía a casa del trabajo, el joven Charles Russell oyó el sonido de cánticos procedente de un local situado en un sótano. Para aquel entonces se había dado por vencido en su búsqueda de la verdad sobre Dios y había decidido dedicarse por entero a sus negocios. Pensaba que, ya que no le era posible ayudar espiritualmente a las personas, por lo menos podría remediarles las necesidades físicas con el dinero que ganara. Al bajar al sótano, vio que se estaban celebrando oficios religiosos. Aunque era una sala polvorienta y destartalada, se sentó a escuchar. Años después escribió que lo que oyó aquella noche “[le] bastó, con la guía de Dios, para recuperar la fe, vacilante entonces, en la inspiración divina de la Biblia”. Observemos que lo primero que le atrajo a la reunión fueron los cánticos.

15 Con el paso del tiempo se ha ido perfeccionando nuestra comprensión de las Escrituras. Ya lo dice Proverbios 4:18: “La senda de los justos es como la luz brillante que va haciéndose más y más clara hasta que el día queda firmemente establecido”. Lógicamente, la creciente iluminación espiritual exige hacer cambios en nuestra forma de “cantar la verdad”. En los últimos veinticinco años, los testigos de Jehová de muchos países hemos utilizado con gusto el libro Canten alabanzas a Jehová.* Pero desde su aparición ha ido aclarándose nuestro entendimiento de diversos asuntos, de modo que algunas de las expresiones que contiene se han quedado anticuadas. Por ejemplo, ya no hablamos del “nuevo orden”, sino del “nuevo mundo”. Tampoco decimos que el nombre divino será “vindicado”, sino “santificado”. Como vemos, estas mejoras doctrinales hacían necesario actualizar nuestro cancionero.

16 Estas son algunas de las razones por las que el Cuerpo Gobernante aprobó la edición del nuevo cancionero Cantemos a Jehová. Ahora solo contiene 135 títulos, lo que nos hará más fácil la labor de memorizar la letra, aunque solo sea de unos pocos cánticos. Este consejo está en armonía con la recomendación que hizo Pablo en Efesios 5:19 (léase).

Demostremos gratitud

17 ¿Deberíamos quedarnos callados durante los cánticos por miedo a equivocarnos? ¡Claro que no! ¿No es cierto que cuando hablamos “todos tropezamos muchas veces”? (Sant. 3:2.) Pero no por eso dejamos de alabar a Jehová de casa en casa. Entonces, ¿por qué vamos a dejar de dar gloria a Dios con nuestros cánticos tan solo porque no somos buenos intérpretes? A Jehová, quien “asignó boca al hombre”, le complace que usemos nuestra voz para cantarle alabanzas (Éxo. 4:11).

18 Varios idiomas disponen ya de los discos Cantemos a Jehová (coro y orquesta), que ofrecen hermosos arreglos instrumentales y vocales. Estas grabaciones son sumamente agradables. Si las escuchamos con frecuencia, no tardaremos en aprendernos de memoria por lo menos algunos de los nuevos cánticos. Muchas de las letras se han compuesto de forma que al cantar un verso sea fácil imaginar lo que viene luego. En vista de lo anterior, cuando pongamos estas grabaciones, ¿por qué no tratamos de seguir al coro? Si nos familiarizamos con la letra y la tonada en casa, podremos cantar con más confianza en el Salón del Reino.

19 En los días especiales de asamblea y en las asambleas de circuito y distrito se reproducen grabaciones de un agradable acompañamiento musical. Aunque es fácil pasarlas por alto, conllevan muchísimo trabajo. Primero se selecciona la música, y luego se componen con cuidado los arreglos que interpreta la orquesta Watchtower, compuesta por 64 hermanos y hermanas. Cada uno de ellos dedica un sinnúmero de horas a repasar las partituras que usan en los ensayos y en la grabación final en nuestros estudios de Patterson (Nueva York). Todos los integrantes —diez de los cuales viajan desde su país a Estados Unidos— valoran el privilegio de preparar música para nuestras grandes reuniones. Sin duda, les estamos muy agradecidos. ¿Cómo podemos demostrar durante las asambleas que apreciamos sus sacrificios? Ocupando sin dilación nuestros asientos cuando se nos invita a hacerlo y escuchando tranquilamente la música que con tanto cariño se ha preparado.

20 Nuestro Dios escucha las alabanzas que le cantamos cuando nos juntamos para adorarlo. Para él son muy importantes. Por eso, alegremos su corazón entonándolas con entusiasmo. Sin importar que seamos peritos o aprendices, ¡cantemos a Jehová! (Sal. 104:33.)

[Notas]

Cabe señalar que diez siglos después de la muerte de David, una multitud de ángeles llevó la noticia del nacimiento del Mesías a unos pastores que estaban atendiendo sus rebaños en las cercanías de Belén (Luc. 2:4, 8, 13, 14).

El cancionero completo, con sus 225 cánticos, se editaba en más de cien idiomas.

¿Qué opina?

• ¿Qué ejemplos bíblicos ilustran la importancia del canto en nuestra adoración?

• ¿Qué relación hay entre obedecer el mandato de Mateo 22:37 y entonar con todo el corazón los cánticos del Reino?

• ¿De qué formas demostramos aprecio por los cánticos del Reino?

[Preguntas del estudio]

 1. ¿Qué impulsó al joven David a componer algunos de sus salmos?

 2. a) ¿Qué efecto puede tener la música? Dé un ejemplo. b) Por lo que vemos en Salmo 34:7, 8 y Salmo 139:2-8, ¿cómo era la relación de David con Jehová?

 3, 4. ¿Qué medidas tomó David para la interpretación de música sagrada?

 5, 6. a) ¿Por qué recibió tanta atención la música durante el reinado de David? b) ¿Qué indicaciones tenemos de que la música ocupaba un importante lugar en la adoración de los israelitas?

 7, 8. ¿Qué es lo que más cuenta a la hora de entonar cánticos del Reino?

 9. ¿Qué escena habríamos visto y oído si hubiéramos estado presentes durante la inauguración del templo de Salomón?

10, 11. ¿Cómo sabemos que los primeros cristianos empleaban música en la adoración?

12. ¿Cómo demostramos aprecio por los cánticos del Reino?

13, 14. ¿Por qué es importante cantar con entusiasmo en las reuniones? Ilústrelo con un ejemplo.

15. ¿Qué mejoras doctrinales han hecho recomendable la revisión del cancionero?

16. ¿Cómo nos ayudará el nuevo cancionero a seguir el consejo de Efesios 5:19?

17. ¿Qué nos ayudará a superar el miedo a equivocarnos cuando cantamos en la congregación?

18. ¿Qué nos ayudará a aprendernos la letra de los cánticos?

19. ¿Qué trabajos conlleva la preparación de grabaciones orquestales de los cánticos del Reino?

20. ¿Cuál debe ser nuestra resolución?

[Ilustración de la página 23]

¿Animamos a nuestros hijos a no dejar el asiento innecesariamente durante los cánticos?

[Ilustración de la página 24]

¿Estamos aprendiendo en nuestro hogar la letra de los nuevos cánticos?