Cómo aprovechar al máximo la soltería

“Quien pueda hacer lugar para ello, haga lugar para ello.” (MAT. 19:12)

SIN lugar a dudas, el matrimonio es uno de los dones más hermosos que Dios nos ha dado (Pro. 19:14). Con todo, hay muchos cristianos solteros que llevan vidas plenas. Harold, que tiene 95 años y nunca se casó, hace este comentario: “Aunque soy sociable y me gusta recibir gente en casa, también disfruto de mi soledad. Será que tengo el don de la soltería”.

2 Cabe notar que tanto Jesucristo como el apóstol Pablo indicaron que, al igual que el matrimonio, la soltería es un don o regalo de Dios (léanse Mateo 19:11, 12 y 1 Corintios 7:7). Claro, no todos los solteros lo son por elección propia. Algunos no han logrado encontrar la pareja indicada por culpa de las circunstancias. Otros llevaban años casados, pero tuvieron que hacer frente a un divorcio o a la muerte de su pareja. Entonces, ¿en qué sentido puede decirse que la soltería es un don divino? ¿Y cómo puede aprovecharse al máximo?

Un regalo singular

3 Por lo general, quienes no están casados tienen más tiempo y libertad, así que les resulta más fácil ampliar su ministerio, extender su círculo de amistades y estrechar su relación con Jehová (1 Cor. 7:32-35). En vista de estas grandes ventajas, muchos cristianos deciden “hacer lugar para [la soltería]”, al menos por un tiempo. Por otro lado hay quienes no tenían la intención de estar solos. Sin embargo, al verse ante nuevas circunstancias, oraron, reflexionaron a fondo y se dieron cuenta de que con la ayuda de Jehová podrían sobrellevar su situación con tranquilidad. De modo que decidieron en su corazón quedarse como estaban (1 Cor. 7:37, 38).

4 Los solteros saben bien que no necesitan casarse para que Jehová y su organización los reconozcan y valoren. Él ama a todos y cada uno de sus siervos (Mat. 10:29-31). Nada ni nadie puede separarlos de su amor (Rom. 8:38, 39). Por eso, seamos casados o solteros, no tenemos ninguna razón para sentirnos incompletos al servir a Jehová.

5 Sin embargo, al igual que con otros dones —como el talento para la música o los deportes—, se requiere esfuerzo para sacarle todo el jugo a la soltería. En efecto, es posible aprovechar al máximo esta situación sin importar que uno sea hombre o mujer, joven o mayor, o que su estado se deba a elección personal o a las circunstancias. Analicemos algunos ejemplos de la congregación cristiana del siglo primero que nos enseñarán cómo lograrlo.

Jóvenes solteros

6 El evangelizador Felipe tenía cuatro hijas vírgenes que, como él, participaban con celo en la predicación (Hech. 21:8, 9). Estas jóvenes hicieron uso de la facultad de profetizar, uno de los dones milagrosos del espíritu santo anunciados en Joel 2:28, 29.

7 Otro joven que supo aprovechar su soltería fue Timoteo. Gracias a su madre, Eunice, y a su abuela, Loida, conocía desde muy pequeño “los santos escritos” (2 Tim. 1:5; 3:14, 15). Los tres abrazaron el cristianismo más tarde, probablemente hacia el año 47, durante la primera visita de Pablo a Listra, la ciudad donde vivían. Dos años después, cuando el apóstol visitó por segunda vez la región, Timoteo tendría alrededor de 20 años. Pero a pesar de su juventud y de que llevaba poco tiempo en la verdad, los ancianos de Listra y de la ciudad vecina de Iconio “daban buenos informes acerca de él” (Hech. 16:1, 2). Como resultado, el apóstol lo invitó a acompañarlo en sus viajes misioneros (1 Tim. 1:18; 4:14). No sabemos si Timoteo llegó a casarse. Lo que sí nos consta es que aceptó con gusto la invitación de Pablo y que sirvió por muchos años soltero como superintendente y misionero (Fili. 2:20-22).

8 Entre los jóvenes que supieron sacarle partido a su soltería también figura Juan Marcos. Él y su madre, María, así como su primo Bernabé, se contaban entre los primeros miembros de la congregación de Jerusalén. Parece que su familia era acomodada, pues tenía casa en la ciudad y al menos una sirvienta (Hech. 12:12, 13). A pesar de ello, Marcos no era un muchacho egoísta que solo pensara en darse sus gustos. Tampoco se conformó con establecerse, formar familia y disfrutar de las comodidades. Seguramente, sus años de amistad con los apóstoles le infundieron el deseo de ser misionero, de modo que cuando se le presentó la oportunidad de ser ayudante de Pablo y Bernabé en su primer viaje, no lo pensó dos veces (Hech. 13:5). Más tarde viajó con Bernabé y años después colaboró con Pedro en Babilonia (Hech. 15:39; 1 Ped. 5:13). Aunque no sabemos por cuánto tiempo permaneció soltero, la Biblia muestra que era muy conocido por su deseo de servir a los demás y ampliar su ministerio.

9 Hoy también hay muchos jóvenes cristianos que han decidido utilizar su soltería para expandir su servicio. Al igual que Marcos y Timoteo, comprenden que el hecho de no estar casados les permite “atender constantemente al Señor sin distracción” (1 Cor. 7:35). En verdad tienen una gran ventaja. Y cuentan con un abanico de opciones: pueden hacerse precursores, mudarse a donde hay necesidad de evangelizadores, aprender otro idioma, colaborar en la construcción de Salones del Reino y sucursales, asistir a la Escuela de Entrenamiento Ministerial o trabajar en Betel. Joven, si aún no te has casado, ¿estás aprovechando esas oportunidades?

10 Así lo hizo Mark, quien emprendió el precursorado en los últimos años de la adolescencia, asistió a la Escuela de Entrenamiento Ministerial y ha llevado a cabo varias asignaciones en diversos países. Tras veinticinco años en el servicio de tiempo completo, comenta: “Siempre trato de apoyar a todos en la congregación: predico con ellos, les hago visitas de pastoreo, los invito a comer a casa e incluso organizo reuniones sociales que los fortalezcan espiritualmente. ¡Cuántas satisfacciones he experimentado!”. Como se ve por los comentarios de Mark, la mayor de las alegrías se obtiene dando de uno mismo a los demás, algo que tienen muchas oportunidades de hacer quienes se dedican de lleno al servicio sagrado (Hech. 20:35). Joven, sean cuales sean tus gustos, tus habilidades o tu experiencia, hay mucho que puedes hacer en la obra del Señor (1 Cor. 15:58).

11 Es probable que, como la mayoría de la gente de tu edad, desees casarte algún día. Pero recuerda: hay muchas razones para no apresurarse. Pablo te anima a esperar hasta que hayas pasado “la flor de la juventud”, es decir, la época en la que los impulsos sexuales son más intensos (1 Cor. 7:36). Primero debes conocerte a ti mismo y adquirir la experiencia necesaria para elegir bien tu pareja, y eso lleva tiempo. No olvides que los votos matrimoniales son algo muy serio, pues encierran un compromiso para toda la vida (Ecl. 5:2-5).

Cristianos no casados que ya han pasado la juventud

12 En el Evangelio de Lucas se habla de Ana, una mujer que sufrió la terrible pérdida de su esposo cuando apenas llevaba siete años casada. La Biblia no dice si tenía hijos o si pensó alguna vez en volver a casarse, pero menciona que a sus 84 años seguía viuda. Además, da a entender que aprovechó las circunstancias para estrechar su relación con Jehová. En efecto, nunca faltaba al templo, “rindiendo servicio sagrado noche y día con ayunos y ruegos” (Luc. 2:36, 37). Como vemos, los asuntos espirituales eran lo más importante en su vida. Sin duda, Ana necesitó gran fuerza de voluntad, pero recibió el gran privilegio de ver al niño Jesús y dar testimonio de la liberación que llevaría a cabo cuando se convirtiera en el Mesías (Luc. 2:38).

13 Dorcas —también llamada Tabita— era una cristiana que vivía en la ciudad portuaria de Jope, ubicada al noroeste de Jerusalén. Al parecer, en el momento en el que se la menciona en la Biblia no estaba casada, pues no se dice que tuviera marido. Dorcas “abundaba en buenos hechos y en dádivas de misericordia”. Confeccionaba ropa para las viudas necesitadas y tal vez para otros, con lo que se ganó el cariño de todos. No obstante, cayó enferma y murió, por lo que la congregación entera mandó llamar a Pedro, rogándole que le devolviera la vida a esta querida cristiana. La noticia de su resurrección corrió por toda Jope, y muchos abrazaron la verdad (Hech. 9:36-42). Es probable que algunos de estos nuevos hermanos se beneficiaran luego de su extraordinaria generosidad.

14 En la actualidad hay bastantes cristianos de edad madura que, como Ana y Dorcas, no están casados. Algunos aún no han encontrado a la persona indicada, mientras que otros son divorciados o viudos. Al no tener una pareja en quien apoyarse, muchos de ellos han aprendido a confiar más en Jehová (Pro. 16:3). Silvia, una hermana que lleva más de treinta y ocho años en Betel, ve su soltería como una bendición. “Es cierto que a veces me canso de tener que ser yo la fuerte y me pregunto: ‘Y a mí, ¿quién me da ánimo?’ —admite con franqueza—. Pero saber que Jehová conoce mis necesidades mejor que yo misma me hace sentir más cerca de él. Además, el estímulo siempre llega, a veces de donde menos lo espero.” Como ella, todos podemos estar seguros de que, si acudimos a Jehová, él nos reconfortará y ayudará con gran ternura.

15 Además, quienes no están casados tienen más oportunidades de ensanchar su corazón para que incluya a más personas (léase 2 Corintios 6:11-13). Jolene, una cristiana que lleva treinta y cuatro años en el servicio de tiempo completo, dice: “Trato de hacer amigos con todos los que me rodean, no solo con la gente de mi edad. Los solteros podemos dar más de nosotros a Jehová, a la familia, a los hermanos y al prójimo en general. Cuantos más años pasan, más contenta me siento de estar como estoy”. Ciertamente, los hermanos mayores, los enfermos, los padres sin cónyuge, los jóvenes y otros miembros de la congregación valoran mucho el apoyo desinteresado de los solteros. En realidad, cuando tratamos con cariño a los demás, nos sentimos mejor con nosotros mismos. Por eso, preguntémonos: “¿Podría yo también ensanchar mi corazón?”.

Toda una vida solteros

16 Jesús nunca se casó. Él debía prepararse para cumplir el ministerio que se le había asignado y luego llevarlo a cabo. Además, viajaba mucho, trabajaba desde muy temprano hasta muy entrada la noche, y al final tuvo que entregar su vida en sacrificio. Está claro que la soltería le reportó grandes ventajas. Pensemos también en Pablo, quien recorrió miles de kilómetros y afrontó grandes dificultades a lo largo de su ministerio (2 Cor. 11:23-27). Era soltero —aunque puede que en algún momento haya estado casado— y decidió quedarse así después de ser nombrado apóstol (1 Cor. 7:7; 9:5). Tanto Jesús como Pablo animaron a los demás a que, si les era posible, permanecieran solteros como ellos a fin de ampliar su ministerio. Pero ninguno de los dos estableció el celibato obligatorio como requisito para los ministros cristianos (1 Tim. 4:1-3).

17 En nuestros días, hay quienes también han decidido no casarse para dedicarse por completo al servicio de Dios. Harold, de quien ya hablamos, es betelita desde hace más de cincuenta y seis años. “Para cuando cumplí una década en Betel —comenta—, ya había visto a muchos matrimonios marcharse, fuera por enfermedad o para cuidar de sus padres. Yo no tenía esa obligación, pues los míos habían fallecido, pero amaba tanto mi servicio que no quería ponerlo en peligro casándome.” De igual modo, Margaret, que lleva mucho tiempo de precursora, explicó hace algunos años: “Aunque tuve varias oportunidades de casarme, nunca llegué a hacerlo. Así que aproveché que no estaba atada a ninguna persona ni a ningún lugar para cumplir mejor mi ministerio, y he sido muy feliz”. Podemos tener la seguridad de que Jehová nunca olvidará a quienes realizan esos sacrificios a fin de servirle (léase Isaías 56:4, 5).

Aproveche al máximo las circunstancias

18 Los cristianos no casados que están dando lo mejor de sí a Jehová merecen nuestras más sinceras felicitaciones. Apreciamos sus hermosas cualidades y la valiosa ayuda que prestan en la congregación. Todos debemos demostrarles que somos para ellos auténticos “hermanos, y hermanas, y madres, e hijos”. Así nunca se sentirán solos (léase Marcos 10:28-30).

19 Si usted es soltero —sea por elección propia o por las circunstancias—, esperamos que los ejemplos de ayer y de hoy que aquí se presentaron lo ayuden a comprender mejor que sí es posible llevar una vida feliz y productiva sin estar casado. Tomemos nuevamente como ilustración los regalos. Algunos se esperan con ansias, y otros llegan de sorpresa. Algunos se aprecian de inmediato, y otros se valoran con el tiempo. Todo depende de la actitud. Lo mismo pasa con la soltería. ¿Qué puede hacer usted para sacarle el jugo? Acérquese a Jehová, manténgase ocupado en su servicio y ensanche su corazón. Tal como el matrimonio, el don de la soltería es muy gratificante si lo vemos como lo ve Dios y sabemos aprovecharlo bien.

¿Lo recuerda?

• ¿Por qué se puede decir que la soltería es un regalo de Dios?

• ¿Por qué puede ser la soltería una bendición en la juventud?

• ¿Qué oportunidades tienen los cristianos no casados de acercarse más a Jehová y ensanchar su corazón?

[Preguntas del estudio]

 1, 2. a) ¿Qué actitud han tenido hacia la soltería muchos siervos de Jehová, como Pablo y Jesús? b) ¿Por qué les cuesta a algunos ver la soltería como un regalo de Dios?

 3. ¿De qué ventajas disfrutan muchos cristianos solteros?

 4. ¿Por qué no hay ninguna razón para que los solteros se sientan incompletos al servir a Jehová?

 5. ¿Qué se necesita para disfrutar de todos los beneficios de la soltería?

 6, 7. a) ¿Qué privilegio recibieron las hijas vírgenes de Felipe? b) ¿Cómo usó Timoteo su soltería, y qué bendiciones recibió por estar dispuesto a servir a Jehová en su juventud?

 8. ¿Qué contribuyó a que Juan Marcos se fijara metas espirituales, y qué recompensas obtuvo por su buena actitud?

 9, 10. ¿De qué maneras pueden ampliar su ministerio los jóvenes solteros? Dé un ejemplo.

11. ¿Qué beneficios obtienen quienes no se apresuran a casarse?

12. a) ¿En qué se concentró Ana cuando cambió su situación en la vida? b) ¿Qué honor tuvo Ana?

13. a) ¿Cómo sabemos que Dorcas era una cristiana muy laboriosa? b) ¿Qué recompensa obtuvo Dorcas por su generosidad?

14. ¿A qué se debe que muchos solteros se sientan muy cerca de Jehová?

15. ¿Cómo pueden los cristianos no casados ensanchar su corazón?

16. a) ¿Por qué no se casó Jesús? b) ¿Cómo aprovechó Pablo su soltería?

17. a) A imitación de Jesús y Pablo, ¿qué han hecho algunos cristianos de la actualidad? b) ¿Cómo sabemos que Jehová valora mucho a quienes hacen sacrificios para servirle?

18. ¿Cómo podemos animar y ayudar a los cristianos solteros?

19. ¿Cómo se le puede sacar el jugo a la soltería?

[Ilustraciones de la página 18]

¿Está aprovechando al máximo las oportunidades de servir a Dios?