Los verdaderos cristianos respetan la Palabra de Dios

“Tu palabra es la verdad.” (JUAN 17:17)

BUSQUE LAS IDEAS PRINCIPALES:

¿Qué contraste hay entre la reunión celebrada en Jerusalén en el año 49 y los concilios eclesiásticos posteriores?

¿Quiénes fueron algunos de los defensores de la Palabra de Dios durante la Edad Media?

¿Qué método siguieron los fieles cristianos a finales del siglo XIX para estudiar la Biblia, y por qué fue tan eficaz?

¿RECUERDA la primera vez que tuvo una buena conversación con un testigo de Jehová? ¿Qué fue lo que más le impresionó? Muchos cristianos responderían: “Que contestó todas mis preguntas con la Biblia”. Sin duda, fue maravilloso ir aprendiendo cosas como el propósito que Dios tiene para la Tierra, el estado en que se encuentran los muertos y la esperanza de volver a ver a nuestros seres queridos.

2 Al proseguir con su estudio, comprendió que la Biblia no se limita a despejar nuestras dudas sobre la vida, la muerte y el futuro. En efecto, se trata del libro más útil del mundo, pues sus consejos nunca pierden valor y quienes los siguen viven mejor y son más felices (léase Salmo 1:1-3). Con razón, los verdaderos cristianos nunca han considerado la Biblia “como palabra de hombres, sino, como lo que verdaderamente es, como palabra de Dios” (1 Tes. 2:13). En este artículo haremos un repaso histórico que destacará la gran diferencia que siempre ha habido entre quienes aman las Escrituras y quienes en realidad no las respetan.

LA SOLUCIÓN DE UN DELICADO ASUNTO

3 La primera persona que fue ungida por espíritu santo sin ser de origen judío ni estar circuncidada fue Cornelio. Después de él abrazaron la fe cristiana más y más gentiles, lo cual desató una complicada polémica: ¿debían ellos circuncidarse, de acuerdo con la norma de Israel, antes de recibir el bautismo? Para quienes habían nacido en el judaísmo, no era fácil responder esa pregunta. Recordemos que quienes observaban la Ley se negaban a entrar en casa de cualquier gentil, y más aún a tratarlo como hermano. Por otro lado, los cristianos de origen judío estaban sufriendo una persecución atroz por haber abandonado su antigua religión. Si aceptaban con gusto a los gentiles, estaban condenados a tener más problemas, pues se ensancharía la brecha que los separaba de quienes seguían practicando el judaísmo (Gál. 2:11-14).

4 En el año 49, los apóstoles y los ancianos de Jerusalén —todos ellos judíos circuncisos— “se reunieron para ver acerca de este asunto” (Hech. 15:6). No se entregaron a un aburrido debate lleno de términos teológicos, sino a un animado análisis de las Escrituras. Se encontraban ante dos opiniones distintas defendidas con mucho ardor. ¿Cómo iban a solucionar el conflicto? ¿Permitirían que los dominaran los prejuicios o las opiniones personales? ¿Dejarían el asunto pendiente hasta que se calmaran los ataques religiosos en Israel? ¿Negociarían un acuerdo, cediendo en sus convicciones con tal de encontrar un punto medio?

5 En los concilios de las iglesias de la cristiandad es frecuente que haya negociaciones para acercar posturas y presiones para conseguir votos. Sin embargo, nada de eso sucedió en la reunión de Jerusalén. Aun así, los participantes lograron alcanzar una decisión unánime. ¿Por qué? Porque aunque tenían opiniones muy arraigadas, todos ellos respetaban la Palabra de Dios y sabían que la solución estaba en sus páginas (léase Salmo 119:97-101).

6 El pasaje clave para resolver el problema fue Amós 9:11, 12, que aparece citado en Hechos 15:16, 17 con estas palabras: “Volveré y reedificaré la cabaña de David que está caída; y reedificaré sus ruinas y la erigiré de nuevo, para que los que queden de los hombres busquen solícitamente a Jehová, junto con gente de todas las naciones, personas que son llamadas por mi nombre, dice Jehová”.

7 Es cierto que este pasaje no señala directamente que los creyentes gentiles no estuvieran obligados a circuncidarse. Pero eso es lo que entenderían los cristianos de origen judío al leerlo. ¿Por qué? Porque cuando un gentil se circuncidaba, dejaba de ser considerado “gente de [...] las naciones” y pasaba a verse como hermano judío (Éxo. 12:48, 49). Este hecho se refleja en Ester 8:17, que según la Septuaginta dice: “Muchos de entre los pueblos de la tierra fueron circuncidados y se hicieron judíos” (Biblia Textual, nota; cursivas nuestras). Por consiguiente, ¿qué se predijo en el texto de Amós? Allí se indicó que surgiría un nuevo pueblo, llamado por el nombre de Dios. Los primeros que formarían este pueblo serían quienes quedaran de la casa de Israel —hombres y mujeres que habían sido judíos, así como prosélitos circuncisos—. Pero junto con ellos habría “gente de todas las naciones”, o sea, gentiles incircuncisos. La idea estaba clara: los gentiles no tenían que circuncidarse para hacerse cristianos.

8 Gracias a la Palabra de Dios y a la guía del espíritu santo, aquellos cristianos sinceros llegaron a “un acuerdo unánime” (Hech. 15:25). Y todos los fieles apoyaron aquella decisión basada en las Escrituras, aunque sabían que probablemente llevaría a que los cristianos judíos soportaran más ataques (Hech. 16:4, 5).

UN MARCADO CONTRASTE

9 Pablo predijo que, tras la muerte de los apóstoles, la congregación cristiana se vería contaminada por doctrinas falsas (léase 2 Tesalonicenses 2:3, 7). Incluso habría superintendentes que no soportarían “la enseñanza saludable” (2 Tim. 4:3). Pablo advirtió a un grupo de ancianos: “De entre ustedes mismos se levantarán varones y hablarán cosas aviesas para arrastrar a los discípulos tras de sí” (Hech. 20:30). ¿Qué los llevó a razonar de forma aviesa, o retorcida? Una prestigiosa enciclopedia destaca un factor determinante: “Llegó un momento en que los cristianos con cierta formación en la filosofía griega sintieron la necesidad de expresar su fe en términos filosóficos, tanto para su propia satisfacción intelectual como para convertir a los paganos cultos” (The New Encyclopædia Britannica). ¿Qué enseñanzas terminaron siendo deformadas? Una de las principales tenía que ver con Jesucristo. Mientras que la Biblia afirma que él es el Hijo de Dios, los incondicionales de la filosofía griega insistían en que era Dios.

10 Este tema fue debatido en varios concilios eclesiásticos. Y el problema se habría resuelto fácilmente si sus miembros hubieran demostrado el debido respeto por las Escrituras; pero la mayoría no lo hizo. A decir verdad, casi todos llegaban a los concilios con ideas preconcebidas, y salían de allí más aferrados a ellas que antes. Los cánones y demás reglas establecidas en aquellas reuniones rara vez hacían referencia a la Biblia.

11 ¿Por qué dejaron la Biblia en segundo plano quienes creían que Jesús era Dios? Porque, como explica el historiador Charles Freeman, “no encontraban argumentos convincentes frente a los numerosos pasajes donde el propio Jesús indicaba que estaba subordinado al Padre”. Como consecuencia, los Evangelios fueron sustituyéndose por tradiciones y opiniones de autores eclesiásticos posteriores. Hasta el día de hoy, muchos clérigos conceden en la práctica más autoridad a las obras no inspiradas de los llamados Padres de la Iglesia que a la Palabra de Dios. Cualquiera que haya conversado con un seminarista acerca de la Trinidad puede dar fe de ello.

12 Al hablar de los concilios eclesiásticos, no debemos pasar por alto otro factor importante: la intromisión de los emperadores romanos. Hablando del Concilio de Nicea, el profesor Richard E. Rubenstein escribió que Constantino “favorecía y enriquecía [a los obispos] más allá de sus más desorbitados sueños. En menos de un año, el nuevo emperador les devolvió o reconstruyó casi todas las iglesias, los reintegró a sus puestos y les restituyó los honores que les habían sido arrebatados [...]. Constantino había otorgado a los clérigos cristianos los privilegios de que antes gozaban los sacerdotes paganos [...]. Como autor de esos cambios, Constantino tenía una posición de fuerza para influir en el curso de los acontecimientos” del concilio e incluso determinarlo. Por su parte, Charles Freeman señala: “Se sentó un precedente: a partir de entonces, el emperador no solo podría intervenir en la Iglesia para fortalecerla, sino también para influir en su doctrina” (léase Santiago 4:4).

13 A diferencia de los altos cargos de la Iglesia, muchas personas comunes y corrientes captaban sin problemas la verdadera identidad de Jesucristo. Como no les interesaba llenarse los bolsillos con el oro del emperador ni ascender dentro de la jerarquía eclesiástica, podían interpretar las Escrituras de forma más objetiva. Y parece que así lo hicieron. Un teólogo de la época llamado Gregorio de Nisa hizo este comentario sarcástico sobre la población de una importante ciudad: “Constantinopla está llena de mecánicos y esclavos, que son todos teólogos profundos, que predican en las tiendas y en las calles. Si le pides a alguien que te cambie una moneda de plata, te informa acerca de cómo el Hijo difiere del Padre; si preguntas el precio de un pan, te contestan [...] que el Hijo es inferior al Padre; y si inquieres acerca de si está listo el baño, la respuesta es que el Hijo surgió de la nada”. En vez de actuar como los clérigos, la gente sencilla basaba sus conclusiones en la Palabra de Dios. ¡Más les hubiera valido a Gregorio y otros como él haberles escuchado!

“EL TRIGO” Y “LA MALA HIERBA” CRECEN JUNTOS

14 En una de sus parábolas, Jesús dio a entender que desde el siglo primero nunca dejaría de haber en la Tierra verdaderos cristianos ungidos. Él los comparó a “trigo” que crecería rodeado de “mala hierba” (Mat. 13:30). ¿Qué personas o grupos formaron parte del “trigo” simbólico? No podemos afirmarlo con total certeza. Pero sí estamos seguros de que siempre hubo personas valientes que defendieron con valor la Palabra de Dios y denunciaron las enseñanzas falsas de la Iglesia. ¿Le gustaría repasar algunos ejemplos?

15 El arzobispo francés Agobardo de Lyon (779-840) denunció el culto a las imágenes, la consagración de templos a los santos y las prácticas litúrgicas sin base bíblica. Un contemporáneo suyo, el obispo Claudio de Turín, se negó a aceptar la tradición eclesiástica y criticó los rezos a los santos y la veneración de reliquias. En el siglo XI, el archidiácono francés Berengario de Tours defendió que la Biblia era superior a la tradición de la Iglesia. Además, rechazó el dogma de la transustanciación, por lo que fue excomulgado.

16 En el siglo XII, dos hombres que demostraron amar la verdad bíblica fueron el sacerdote Pedro de Bruys y el monje Enrique de Lausana. El primero renunció a su cargo al no encontrar base en las Escrituras para el bautismo de bebés, la transustanciación, los rezos por los difuntos y la adoración de la cruz. Sus ideas lo llevaron a la muerte en 1140. Por su parte, Enrique denunció la corrupción en el seno de la Iglesia y los ritos sin fundamento bíblico. En 1148 fue arrestado y encarcelado de por vida.

17 Para el tiempo en que Pedro de Bruys fue quemado vivo en la hoguera por atreverse a criticar a la Iglesia, nació un hombre que representaría un notable papel en la difusión de las enseñanzas bíblicas. Su apellido era Valdès, o Valdo.* No era clérigo como Pedro de Bruys y Enrique de Lausana, pero valoraba la Palabra de Dios tanto como ellos. De hecho, se deshizo de sus bienes materiales y se encargó de que varias partes de las Escrituras se tradujeran a un idioma que era muy común en el sureste de Francia. Algunos de los que tuvieron acceso a esta versión se emocionaron tanto al leerla en su idioma que también renunciaron a sus posesiones y dedicaron el resto de su vida a hablar de la Biblia con el prójimo. Como era de esperar, este celoso grupo de hombres y mujeres, quienes llegarían a ser conocidos como los valdenses, se ganó la antipatía de la Iglesia. En 1184 fueron excomulgados por el papa y expulsados de sus casas por el obispo de su diócesis. Pero aquello no hizo más que expandir la difusión del mensaje: las ideas de Valdo, Pedro de Bruys, Enrique de Lausana y otros disidentes se extendieron por gran parte de Europa. En siglos posteriores surgieron otros defensores de la Biblia, como John Wyclef (c. 1330-1384), William Tyndale (c. 1494-1536), Henry Grew (1781-1862) y George Storrs (1796-1879).

“LA PALABRA DE DIOS NO ESTÁ ENCADENADA”

18 Por mucho que lo intenten, los enemigos de la Biblia nunca lograrán impedir la difusión de su mensaje. Y no es de extrañar, pues como dice 2 Timoteo 2:9, “la palabra de Dios no está encadenada”. En 1870, un grupo de estudiantes de la Biblia comenzaron a buscar sinceramente la verdad. ¿Qué método seguían? Uno de ellos planteaba una pregunta, y luego la analizaban entre todos. Investigaban los diversos versículos relacionados y, cuando quedaban de acuerdo sobre la forma en que armonizaban unos con otros, llegaban a una conclusión y la ponían por escrito. Como vemos, al igual que los apóstoles y los ancianos del siglo primero, nuestros “antepasados espirituales” de fines del siglo XIX estaban decididos a basar sus creencias fielmente en la Palabra de Dios. Sin duda, tenemos sobradas razones para confiar en ellos.

19 Hoy día, nuestras creencias siguen basándose exclusivamente en la Biblia. Por esta razón, el Cuerpo Gobernante de los Testigos de Jehová ha elegido como texto del año 2012 esta firme declaración de Jesús: “Tu palabra es la verdad” (Juan 17:17). Si queremos obtener la aprobación divina, debemos andar en la verdad. Por tanto, jamás dejemos de buscar la guía de la Palabra de Dios en todo lo que hacemos.

[Nota]

Aunque suele conocérsele como Pierre, o Pedro, no hay certeza de que ese fuera su auténtico nombre.

[Preguntas del estudio]

 1. Mencione algún aspecto importante en el que haya visto que los testigos de Jehová son diferentes de otras religiones.

 2. ¿Por qué valora usted la Biblia?

 3. ¿Qué conflicto amenazó la unidad de la congregación cristiana del siglo primero, y por qué era un asunto tan delicado?

 4. ¿Quiénes se reunieron para resolver el problema, y qué preguntas pueden haber surgido?

 5. ¿Cuál es la gran diferencia entre la reunión de Jerusalén del año 49 y los concilios eclesiásticos de siglos posteriores?

6, 7. ¿De qué manera se emplearon las Escrituras para resolver el conflicto sobre la circuncisión?

 8. ¿Por qué fue valiente la decisión que se tomó?

 9. ¿Qué factor contribuyó a que se contaminara la fe cristiana, y qué importante enseñanza terminó siendo deformada?

10. ¿De qué sencilla manera podrían haberse resuelto las cuestiones sobre la verdadera identidad de Cristo?

11. ¿Cuánta autoridad se les concedió a los llamados Padres de la Iglesia, y por qué?

12. ¿Qué influencia ejerció el emperador romano?

13. En su opinión, ¿qué factores llevaron a los líderes religiosos de los siglos pasados a dejar a un lado las claras enseñanzas de la Biblia?

14. ¿Por qué podemos afirmar que desde el siglo primero nunca ha dejado de haber en la Tierra verdaderos cristianos ungidos?

15, 16. Mencione algunos personajes que demostraron respeto por la Palabra de Dios en la Edad Media.

17. ¿Qué importantes medidas tomaron Valdo y sus seguidores?

18. ¿Qué método seguían los estudiantes de la Biblia del siglo XIX para buscar la verdad, y por qué fue tan eficaz?

19. ¿Cuál es el texto del año 2012, y por qué es tan adecuado?

[Comentario de la página 8]

El texto del año 2012 es: “Tu palabra es la verdad” (Juan 17:17)

[Ilustración de la página 7]

Valdo

[Ilustración de la página 7]

Wyclef

[Ilustración de la página 7]

Tyndale

[Ilustración de la página 7]

Grew

[Ilustración de la página 7]

Storrs