• La Atalaya 2012
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Conversaciones con un testigo de Jehová

¿Castiga Dios a la gente en el infierno?

LOS TESTIGOS DE JEHOVÁ se complacen en hablar de la Biblia con sus vecinos. ¿Tiene usted alguna duda sobre un tema bíblico? ¿Le llama la atención determinada práctica o creencia de los Testigos? Si así es, ¿por qué no les plantea el asunto la próxima vez que los vea? A ellos les encantará conversar con usted.

Para ver el desarrollo de una típica conversación con un testigo de Jehová, imaginémonos que un señor llamado Alejandro recibe en su casa a un Testigo de nombre Mauricio.

¿Castigará Dios a los malvados?

Mauricio: Me alegro de volverle a ver, Alejandro.

Alejandro: Yo también.

Mauricio: Estuve pensando en algo que me dijo la última vez que hablamos.

Alejandro: ¿Ah, sí, qué fue?

Mauricio: Mencionó que le había sorprendido enterarse de que los testigos de Jehová no creemos en el fuego del infierno.

Alejandro: Sí, la verdad es que me sorprendió y, para ser sincero, me cuesta aceptar que no crean en ello.

Mauricio: Agradezco que me lo diga. Siempre me ha gustado saber cuál es el punto de vista de los demás. Como hay tantas opiniones diferentes sobre el tema del infierno, ¿le puedo preguntar cuál es la suya?

Alejandro: Bueno, yo siempre he creído que las personas realmente malas van al infierno cuando mueren y que allí son atormentadas para siempre.

Mauricio: Ese es un punto de vista muy común. Permítame que le pregunte, Alejandro, ¿opina así por algo malo que le sucedió?

Alejandro: Pues sí. Mi hermana fue asesinada hace cinco años.

Mauricio: Lo lamento muchísimo. Seguro que la extraña.

Alejandro: La verdad es que pienso en ella todos los días.

Mauricio: Entiendo. Hay quienes defienden la existencia del tormento del infierno porque han sufrido por culpa de personas malvadas. A fin de cuentas, las víctimas inocentes desean que quienes cometen crímenes paguen por ellos.

Alejandro: ¡Exactamente! Yo quiero que el hombre que asesinó a mi hermana pague por lo que le hizo a nuestra familia.

Mauricio: Desde luego, esos sentimientos son normales. La Biblia enseña que a Dios también le indignan los crímenes y promete castigar a quienes los cometen. Observe lo que dice aquí en Isaías 3:11: “¡Ay del inicuo!... Calamidad; ¡pues el tratamiento que con sus propias manos dispensó le será dispensado a él!”. Así que podemos estar seguros de que Dios sí castigará a este tipo de personas.

Alejandro: Pero ¿cómo va a hacerlo si, según ustedes, no hay infierno?

Mauricio: Esa es una muy buena pregunta. En pocas palabras, la respuesta es que Dios castiga con destrucción eterna. Analicemos lo que dice la Biblia en 2 Tesalonicenses 1:9. ¿Le gustaría leer ese versículo?

Alejandro: Por supuesto. “Estos mismos sufrirán el castigo judicial de destrucción eterna de delante del Señor.”

Mauricio: Así que ahí lo tiene, Alejandro: Dios castiga con muerte eterna a quienes considera inicuos. Ellos no tienen posibilidad de volver a vivir en el futuro.

Alejandro: Sí, ya veo lo que dice el versículo, pero no me parece justo. Todo el mundo se muere. ¿No merecen ellos un castigo peor?

¿Qué sería lo justo?

Mauricio: Veo que usted es una persona que valora la justicia.

Alejandro: Sí, mucho.

Mauricio: Lo felicito. La verdad es que Dios creó a los seres humanos con un concepto innato del bien y del mal. Él también valora mucho la justicia. Pero cuando los líderes religiosos enseñan que Dios castiga a la gente en un infierno de fuego, lo que en realidad hacen es representar a Dios como alguien muy injusto.

Alejandro: ¿Qué quiere decir?

Mauricio: Bueno, permítame ponerle un ejemplo. ¿Conoce el relato bíblico de Adán y Eva?

Alejandro: Sí. Dios les dijo que no comieran del fruto de un árbol, pero desobedecieron.

Mauricio: Así es. ¿Por qué no lo leemos directamente de la Biblia? En Génesis 2:16, 17 dice: “También impuso Jehová Dios este mandato al hombre: ‘De todo árbol del jardín puedes comer hasta quedar satisfecho. Pero en cuanto al árbol del conocimiento de lo bueno y lo malo, no debes comer de él, porque en el día que comas de él, positivamente morirás’”. Como hemos visto, ¿qué dijo Dios que ocurriría si Adán comía del fruto prohibido?

Alejandro: Dijo que Adán moriría.

Mauricio: Exacto. Ahora piense: el pecado de Adán fue la causa de que todos los seres humanos naciéramos pecadores.* Y sin embargo, incluso en este caso, ¿dijo Dios que lo iba a atormentar en un infierno?

Alejandro: No.

Mauricio: Pero si Adán y Eva corrían peligro de ser atormentados para siempre, ¿no le parece que Dios debería habérselo advertido? ¿No habría sido eso lo justo y amoroso?

Alejandro: Yo diría que sí.

Mauricio: Piense también en lo que Dios les dijo a Adán y Eva después que pecaron. ¿Quiere leer Génesis 3:19?

Alejandro: Sí, claro. “Con el sudor de tu rostro comerás pan hasta que vuelvas al suelo, porque de él fuiste tomado. Porque polvo eres y a polvo volverás.”

Mauricio: Gracias. Según dijo Dios, ¿a dónde iría Adán al morir?

Alejandro: Dijo que volvería al polvo del suelo.

Mauricio: Precisamente. Ahora bien, cuando decimos que alguien vuelve a un lugar, lo lógico es que haya estado allí antes, ¿verdad?

Alejandro: Por supuesto.

Mauricio: ¿Y dónde estaba Adán antes de que Dios lo creara?

Alejandro: No existía.

Mauricio: Así es. Y observará que en la sentencia divina no se hace mención del infierno. ¿Estaría bien que Dios le dijera a Adán que volvería al suelo del que había sido tomado si en realidad iba a condenarlo a sufrir tormento en un infierno?

Alejandro: No, eso no sería justo.

¿Colabora el Diablo con Dios?

Mauricio: Hay algo más que me gustaría analizar sobre la doctrina del infierno.

Alejandro: ¿De qué se trata?

Mauricio: Normalmente, ¿quién piensa la gente que está “a cargo” del infierno? ¿Quién se supone que castiga a las personas que van allí?

Alejandro: El Diablo.

Mauricio: Pero el Diablo es el peor enemigo de Dios, ¿verdad? Si Dios enviara a la gente mala a un infierno para ser atormentada por el Diablo, ¿no daría eso a entender que existe cierto grado de colaboración entre ambos?

Alejandro: ¡Fíjese! Nunca había pensado en eso.

Mauricio: Para poner un ejemplo, usted es padre, ¿no es cierto?

Alejandro: Sí, tengo un hijo que acaba de cumplir 15 años.

Mauricio: Imagínese que su hijo se volviera muy rebelde e hiciera un montón de cosas que a usted lo angustiaran. ¿Qué haría?

Alejandro: Trataría de corregirlo.

Mauricio: Y estoy seguro de que lo intentaría una y otra vez.

Alejandro: Por supuesto.

Mauricio: Digamos que a pesar de todos sus intentos, él rechaza lo que usted le dice. Llegará un momento en que tal vez piense que no tiene más remedio que castigarlo de algún modo.

Alejandro: Sí.

Mauricio: Pero ¿qué hay si descubriera que un hombre sin escrúpulos ha estado influyendo en su hijo, enseñándole ese tipo de conducta?

Alejandro: Me enojaría muchísimo con el hombre.

Mauricio: Ahora, dígame su opinión. Sabiendo que fue él quien puso a su hijo en contra suya, ¿le pediría usted precisamente a ese hombre que se encargara de castigar a su hijo?

Alejandro: Claro que no. No tendría ningún sentido.

Mauricio: ¿Tendría sentido, entonces, que Dios le pidiera a Satanás que castigue a las personas que el propio Satanás ha llevado por el mal camino?

Alejandro: Me parece que no.

Mauricio: Además, si Dios quisiera que los inicuos fueran atormentados, ¿por qué iba a prestarse el Diablo a cumplir la voluntad de Dios, siendo como es su archienemigo?

Alejandro: Nunca se me ocurrió verlo desde ese punto de vista.

Jehová acabará con toda la maldad

Mauricio: Pero usted puede estar seguro de que Dios sí tomará medidas contra los pecadores incorregibles. Si me permite, me gustaría mostrarle un último texto que aclara este punto. Se trata de Salmo 37:9. ¿Le gustaría leerlo, por favor?

Alejandro: Sí, claro. “Los malhechores mismos serán cortados, pero los que esperan en Jehová son los que poseerán la tierra.”

Mauricio: Gracias. ¿Se fijó en qué les hará Dios a los malhechores?

Alejandro: Sí, dice que serán cortados.

Mauricio: Así es. En otras palabras, los destruirá permanentemente. Pero las personas buenas —“los que esperan en Jehová”— vivirán para siempre aquí en la Tierra. Por supuesto, es posible que ahora le surjan otras preguntas. Por ejemplo, ¿por qué no impide Dios de entrada que la gente haga cosas malas? Y si de verdad se propone castigar a los malvados, ¿por qué no lo ha hecho ya?

Alejandro: ¡Qué interesante!

Mauricio: Quizás pueda mostrarle las respuestas que da la Biblia la próxima vez que hablemos.*

Alejandro: De acuerdo. Me encantaría.

[Notas]

Véase Romanos 5:12.

Si desea más información, consulte el capítulo 11 del libro ¿Qué enseña realmente la Biblia?, editado por los testigos de Jehová.

[Ilustración de la página 12]