Domingo 30 de marzo

Vio Dios todo lo que había hecho y, ¡mire!, era muy bueno (Gén. 1:31).

Tras contemplar sus creaciones, Jehová anunció el comienzo de un séptimo día. No se refería a un día literal de veinticuatro horas, sino a un largo período de descanso durante el cual no ha creado más cosas en la Tierra (Gén. 2:2). Y ese “día” aún no ha terminado (Heb. 4:9, 10). Las Escrituras no revelan cuándo comenzó exactamente, pero fue algún tiempo después de la creación de Eva, la esposa de Adán, hace unos seis mil años. Ante nosotros se extiende el Reinado de Mil Años de Jesucristo, el cual se encargará de cumplir el propósito de Dios al crear la Tierra: que fuera un paraíso donde los seres humanos vivieran para siempre siendo perfectos (Gén. 1:27, 28; Rev. 20:6). ¿Podemos estar seguros de que disfrutaremos de ese futuro tan feliz? Claro que sí, pues “Dios procedió a bendecir el día séptimo y a hacerlo sagrado”. Eso fue una garantía de que, sin importar los imprevistos que pudieran surgir, el propósito de Dios se cumpliría sin falta al finalizar su día de descanso (Gén. 2:3). w12 15/10 3:1, 2

24 de mzo. Lectura de la Biblia: Génesis 47 a 50

Núm. 2: Los acontecimientos que marcan la presencia de Cristo suceden durante un período de años (rs pág. 435 párrs. 1, 2)

Núm. 3: Abimélec. La insolencia lleva al desastre (it-1 pág. 25, Abimélec núm. 4)