Miércoles 10 de diciembre
Sean obedientes a los que los dirigen (Heb. 13:17).
Aunque nuestro Líder, Jesús, es perfecto, las personas que él ha escogido para dirigirnos aquí en la Tierra no lo son. A veces, obedecer sus instrucciones puede resultarnos difícil, especialmente si nos piden que hagamos algo que no queremos hacer. En una ocasión, el apóstol Pedro se sintió así. Un ángel le dijo que tenía que comer animales que eran impuros según la Ley de Moisés. Pero Pedro se negó a hacerlo nada más y nada menos que tres veces (Hech. 10:9-16). En su opinión, estas nuevas instrucciones no eran lógicas. Por otro lado, el apóstol Pablo obedeció cuando los ancianos de Jerusalén le dijeron que demostrara que estaba siguiendo la Ley. Para eso debía ir al templo con cuatro hombres y limpiarse ceremonialmente. Pablo sabía que los cristianos ya no estaban bajo la Ley y que él no había hecho nada malo. A pesar de todo, el relato dice: “Al día siguiente, Pablo se llevó a estos hombres y se limpió ceremonialmente con ellos” (Hech. 21:23, 24, 26). Con su obediencia, contribuyó a la unidad entre los hermanos (Rom. 14:19, 21). w23.10 42:15, 16
Jueves 11 de diciembre
La amistad íntima con Jehová es para quienes le temen (Sal. 25:14).
Seguramente, si hiciera una lista de las cualidades que hacen falta para ser un buen amigo, no incluiría el temor. Pero quienes quieren tener una amistad estrecha con Jehová deben temerle. Sin importar el tiempo que llevemos en la verdad, todos debemos seguir temiendo a Jehová. Ahora bien, ¿qué significa temer a Dios? La persona que teme o respeta profundamente a Dios lo ama y no quiere hacer nada que ponga en peligro su amistad con él. Un buen ejemplo de alguien que tuvo “temor de Dios” fue Jesús (Heb. 5:7). Lo que él sentía por Jehová no era terror (Is. 11:2, 3). Al contrario, Jesús amaba a su Padre con todo su corazón y quería obedecerlo (Juan 14:21, 31). Nosotros también sentimos un profundo respeto por Jehová y le servimos con reverencia porque es un Dios de amor, sabiduría, justicia y poder. Además, sabemos que, como nos quiere, nuestros actos influyen en él. Si lo desobedecemos, se entristece, pero, si lo obedecemos, su corazón se alegra (Sal. 78:41; Prov. 27:11). w23.06 27:1, 2, 5
Viernes 12 de diciembre
Tan pronto como se hizo fuerte, su corazón se hizo arrogante y se buscó su propia ruina, y fue infiel a Jehová (2 Crón. 26:16).
Cuando Uzías se convirtió en un rey poderoso, se olvidó de que todos sus logros venían de Jehová. ¿Cuál es la lección? Que no se nos debe olvidar que las cosas buenas que pasan en nuestra vida y en nuestro servicio a Jehová vienen de él. En lugar de presumir de nuestros logros, debemos darle todo el mérito a Jehová (1 Cor. 4:7). Tenemos que ser humildes y admitir que somos imperfectos y necesitamos que otros nos corrijan. Un hermano que tiene más de 60 años escribió: “He aprendido a no darme demasiada importancia. Cuando alguien me corrige porque he cometido errores que reflejan inmadurez, me esfuerzo por mejorar y seguir adelante”. Si somos siempre humildes y tememos a Jehová, nos irá bien en la vida (Prov. 22:4). w23.09 38:10, 11