Miércoles 27 de mayo
Si te desanimas en los momentos difíciles, te faltarán las fuerzas (Prov. 24:10).
Hay pocas cosas que duelan tanto como que un familiar o un amigo deje a Jehová (Sal. 78:40). Y, si la relación con esa persona era muy estrecha, pues más fuerte será el dolor. Si usted ha pasado por una situación así, el ejemplo de lealtad de Sadoc le será de mucha ayuda. Cuando David estaba a punto de morir, su hijo Adonías trató de quitarle el trono, aunque Jehová quería que Salomón fuera el siguiente rey (1 Crón. 22:9, 10). Sadoc permaneció leal a Jehová, pero su amigo Abiatar decidió apoyar a Adonías (1 Rey. 1:5-8). De esa manera, Abiatar les estaba siendo desleal a David y a Sadoc, y también a Jehová. Durante años Sadoc y Abiatar habían trabajado lado a lado como sacerdotes (2 Sam. 8:17; 15:29; 19:11-14). w24.07 27:14, 15
Jueves 28 de mayo
El hombre que siempre está en guardia es feliz (Prov. 28:14).
¿Vale la pena el esfuerzo de mantenernos en guardia para no caer en la tentación? ¡Por supuesto que sí! “Los placeres temporales del pecado” no son nada en comparación con la inmensa alegría de obedecer las normas de Jehová (Heb. 11:25; Sal. 19:8). A fin de cuentas, hemos sido creados para vivir haciendo su voluntad (Gén. 1:27). Solo así disfrutaremos de una conciencia limpia y podremos vivir para siempre (1 Tim. 6:12; 2 Tim. 1:3; Jud. 20, 21). Es cierto que “la carne es débil”, pero eso no significa que esté todo perdido (Mat. 26:41). Jehová está ahí para ayudarnos (2 Cor. 4:7). Eso sí, fijémonos en que él nos da el poder que va más allá de lo normal. Pero a nosotros nos corresponde poner el poder normal, es decir, los esfuerzos diarios para no caer en la tentación. Él nos dará la dosis extra de fuerzas que le pidamos en nuestras oraciones (1 Cor. 10:13). Con la ayuda de Jehová lograremos mantenernos en guardia y no caer en la tentación. w24.07 29:19-21
Viernes 29 de mayo
Censura delante de todos los presentes a los que practican el pecado (1 Tim. 5:20).
Como vemos en el texto de hoy, el apóstol Pablo le dijo a Timoteo —que también era anciano— que censurara a los pecadores “delante de todos los presentes”. ¿A quiénes se refería? No necesariamente a toda la congregación, sino a los pocos hermanos que tal vez ya sepan lo que hizo el pecador, sea porque lo vieron con sus propios ojos o porque él mismo se lo confesó. De manera discreta, los ancianos les dirán solo a estos hermanos que el asunto se atendió y el pecador fue corregido. En algunos casos, el pecado es ampliamente conocido en la congregación o es probable que llegue a serlo. Entonces “los presentes” serían toda la congregación. Así que un anciano le anunciaría a la congregación que el hermano o hermana ha sido censurado. ¿Para qué? Pablo explicó: “Para que sirva de advertencia a los demás” y no cometan un pecado grave. w24.08 34:16, 17