Miércoles 4 marzo
En su bondad Dios está tratando de llevarte hacia el arrepentimiento (Rom. 2:4).
Saulo de Tarso persiguió de manera cruel y despiadada a los seguidores de Cristo. Así que, de seguro, a la mayoría de ellos les parecía imposible que cambiara. Pero Jesús no tenía esa visión tan limitada. Tanto él como su Padre se fijaron en las buenas cualidades de Saulo. Jesús dijo: “Este hombre es un instrumento escogido por mí” (Hech. 9:15). Incluso usó un milagro para ayudarlo a arrepentirse (Hech. 7:58-8:3; 9:1-9, 17-20). Tiempo después, cuando Saulo se hizo cristiano y era conocido como el apóstol Pablo, muchas veces dio gracias por la bondad y la misericordia con la que Jehová y Jesús lo habían tratado (1 Tim. 1:12-15). En cierta ocasión, Pablo se enteró de que se había armado un escándalo porque había un problema de inmoralidad sexual en la congregación de Corinto. ¿Cómo manejó el problema? Lo que hizo nos enseña mucho sobre el amor y la disciplina de Jehová, y sobre la importancia de mostrar misericordia. w24.08 32:15, 16
Jueves 5 marzo
El Hijo de Dios fue manifestado con este propósito: para deshacer las obras del Diablo (1 Juan 3:8).
¿Cómo podrían los seres humanos imperfectos acercarse a Jehová? Él lo fue aclarando poco a poco a lo largo de los siglos. Después de la rebelión de Adán y Eva, el primer ser humano que tuvo fe en Jehová fue el segundo hijo de ellos, Abel. Él amaba a Jehová y quería agradarle y acercarse a él. Y por eso decidió hacer un sacrificio. Como era pastor, tomó varios “primogénitos de su rebaño” y se los ofreció a Jehová. ¿Y qué hizo Dios? “Aprobó a Abel y su ofrenda” (Gén. 4:4). Más tarde, también aprobó sacrificios parecidos que le hicieron personas que lo amaban y confiaban en él, como Noé (Gén. 8:20, 21). Esto mostró que los seres humanos, a pesar de ser imperfectos, podían agradarle y acercarse a él. w24.08 31:5, 6
Viernes 6 marzo
Mis pies casi se habían desviado, estuvieron a punto de resbalar (Sal. 73:2).
Es posible que nos sintamos muy heridos y angustiados por culpa de una injusticia (Ecl. 7:7). Siervos fieles como Job y Habacuc se sintieron así (Job 6:2, 3; Hab. 1:1-3). Aunque es normal tener estos sentimientos, debemos tener cuidado con cómo reaccionamos para no hacer algo imprudente y no empeorar todavía más las cosas. Cuando vemos que quienes cometen injusticias parecen salirse con la suya sin recibir ningún castigo, es posible que nos preguntemos si de verdad vale la pena hacer lo correcto. Pensemos en el salmista que veía que los malvados maltrataban a los justos y a pesar de todo disfrutaban de la vida. Dijo: “Así son los malvados, para quienes todo es fácil” (Sal. 73:12). Se sentía tan mal por las injusticias que casi perdió de vista lo bueno que era servir a Jehová. Afirmó: “Cuando intentaba comprenderlo, era muy angustioso para mí...” (Sal. 73:14, 16). w24.11 44:5-7