Sábado 6 junio
Primero se tienen que predicar las buenas noticias en todas las naciones (Mar. 13:10).
Piense en cómo se sintió cuando estaba estudiando la Biblia. Entre otras cosas, aprendió que Jehová lo ama, que desea que forme parte de su familia de adoradores, que ha prometido acabar con el dolor y el sufrimiento, y que en el nuevo mundo va a resucitar a sus seres queridos que han muerto (Mar. 10:29, 30; Juan 5:28, 29; Rom. 8:38, 39; Apoc. 21:3, 4). Todas esas verdades le llegaron al corazón (Luc. 24:32). Llegó a amar las valiosas enseñanzas que estaba aprendiendo y tenía muchas ganas de contárselas a todo el mundo (compare con Jeremías 20:9). Si nuestro corazón rebosa de amor por las enseñanzas de la Biblia, nuestra boca querrá hablar de ellas (Luc. 6:45). Nos sentimos como los discípulos del siglo primero que dijeron: “No podemos dejar de hablar de las cosas que hemos visto y oído” (Hech. 4:20). Hemos llegado a sentir tanto amor por la verdad que queremos contársela a tantas personas como sea posible. w24.05 20:5, 7
Domingo 7 junio
Sirvan a Jehová con alegría (Sal. 100:2).
Los siervos de Jehová predicamos porque amamos a nuestro Padre celestial y queremos que la gente lo conozca. Pero a algunos les cuesta más disfrutar de la predicación. ¿A qué se debe? Algunos son muy tímidos y no tienen mucha confianza en sí mismos. Otros no se sienten cómodos yendo a ver a personas sin que los hayan invitado. Hay quienes tienen miedo a ser rechazados. Y a otros quizás les han enseñado a evitar las confrontaciones. A todos ellos se les hace muy difícil llevarles las buenas noticias a desconocidos. ¿Y a usted? ¿Le cuesta trabajo sentirse a gusto en el ministerio? Si a veces le pasa eso, no se desanime. Su inseguridad tal vez sea una señal de humildad. Quizás se deba a que no quiere llamar la atención ni verse metido en discusiones. Además, a nadie le gusta que lo rechacen, sobre todo cuando lo único que desea es ayudar. Su Padre celestial comprende muy bien los retos a los que se enfrenta, y quiere darle una mano (Is. 41:13). w24.04 16:1, 2
Lunes 8 junio
La sabiduría está con los modestos (Prov. 11:2).
Cuando lea la Biblia, es bueno que sea modesto y no intente aplicar a la vez todo lo que aprende en su lectura. Aquí va una sugerencia: haga una lista de las cosas en las que tiene que mejorar, elija una o dos en las que centrarse primero y deje el resto para más adelante. ¿Por dónde podría empezar? Primero podría centrarse en la meta que le sea más fácil de alcanzar o en la que más necesite mejorar. Una vez que sepa por dónde quiere empezar, busque información en nuestras publicaciones. Ore a Jehová y pídale que le dé “tanto el deseo como las fuerzas para actuar” (Filip. 2:13). Después ponga en práctica lo que ha aprendido. Seguro que al ver los progresos que va haciendo se sentirá más motivado a poner manos a la obra con otra meta. De hecho, es muy probable que los cambios que haga lo ayuden a mejorar en los siguientes puntos de su lista. w24.09 36:13, 14