Domingo 18 de enero
Encárgales las cosas que oíste de mí a hombres fieles, y así ellos estarán capacitados para enseñar a otros (2 Tim. 2:2).
¿Cómo pueden los ancianos imitar a Jesús? Capacitando y ayudando a los hermanos, incluidos los jóvenes, para que puedan asumir más responsabilidades. Los ancianos no esperan que los hermanos sean perfectos. Más bien, aconsejan con cariño a los jóvenes para que vayan ganando experiencia y aprendan a ser humildes, confiables y atentos con los demás (1 Tim. 3:1; 1 Ped. 5:5). Jesús no solo les dio a sus discípulos la responsabilidad de predicar, sino también la de enseñar. Tal vez ellos pensaron que no iban a ser capaces de llevar a cabo esa labor. Pero Jesús tenía plena confianza en que sí podrían, y además quería que lo supieran. Por eso les dijo: “Tal como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes” (Juan 20:21). w24.10 16 párr. 15; 17 párr. 17
Lunes 19 de enero
David, un hombre que complace a mi corazón (Hech. 13:22).
David fue un gran rey. Fue también músico, poeta, guerrero y profeta. Y se enfrentó a muchas pruebas. Durante años vivió como fugitivo, huyendo del envidioso rey Saúl. Y, ya siendo rey, David otra vez tuvo que huir para salvar la vida cuando su hijo Absalón trató de arrebatarle el trono. Pero, a pesar de sus problemas y de sus graves errores, él fue leal a Dios hasta el fin de su vida. Jehová dijo que él era un hombre que complacía a su corazón. Por eso vale la pena que escuchemos los consejos de David (1 Rey. 15:5). Tomemos como ejemplo lo que le dijo a su hijo y sucesor, Salomón. Jehová había elegido a este joven para que siguiera impulsando la adoración pura y le construyera un templo en su honor (1 Crón. 22:5). Salomón iba a enfrentarse a algunas dificultades. ¿Qué le aconsejó David? Que, si obedecía a Jehová, tendría éxito en la vida (1 Rey. 2:2, 3). w24.11 10 párrs. 9-11
Martes 20 de enero
Pon tu camino en manos de Jehová; confía en él, y él actuará a tu favor (Sal. 37:5).
Un esposo que maltrata física o verbalmente a su esposa tiene que dar ciertos pasos para reparar su relación con ella y con Jehová. Primero, admitir que tiene un serio problema. Jehová lo ve todo; nada está escondido de la vista de él (Sal. 44:21; Ecl. 12:14; Heb. 4:13). Segundo, dejar de tratar mal a su esposa y cambiar su comportamiento (Prov. 28:13). Tercero, reconocer ante ella y ante Jehová el daño que les ha hecho y pedirles perdón sinceramente (Hech. 3:19). Debe rogarle a Jehová que lo ayude a controlar sus pensamientos, sus palabras y sus acciones, y que además le dé el deseo de cambiar (Sal. 51:10-12; 2 Cor. 10:5; Filip. 2:13). Cuarto, actuar de acuerdo con sus oraciones y aprender a odiar las palabras hirientes y cualquier tipo de violencia (Sal. 97:10). Quinto, buscar de inmediato la ayuda de los ancianos de la congregación, que lo tratarán con amor (Sant. 5:14-16). Y, sexto, elaborar un plan de acción para no volver a caer en ninguna de estas cosas. w25.01 11 párr. 14