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  • Querubines en la adoración de Israel... ¿por qué no fue idolatría?
    La Atalaya 1981 | 15 de marzo
    • El servicio que rendían en el tabernáculo, y luego en el templo, les servía constantemente de recordatorio de la presencia de Jehová e implantaba en sus propios corazones un temor apropiado de Jehová de modo que ellos, a su vez, pudieran inculcar este temor en la gente.

      No obstante, ¿qué ocurrió en los días del profeta Ezequiel? Lamentablemente, el pueblo, bajo la guía de sus ancianos, se desvió de la presencia de Jehová. En una visión, Ezequiel fue llevado al patio interior del templo para que viera a 70 hombres de entre los ancianos de la casa de Israel cometiendo idolatría en una de las cámaras interiores del templo. Estos decían: “Jehová no nos está viendo. Jehová ha dejado la tierra.” (Eze. 8:9-12) Esto ocurría dentro del templo sin que lo estorbaran los sacerdotes. Debido a esta idolatría, Dios causó la destrucción de Jerusalén y su templo, incluso de las decoraciones querúbicas, en el año 607 a. de la E.C. La destrucción les sobrevino, no debido a idolatría que estuviera relacionada con las decoraciones querúbicas, sino debido a que los israelitas habían olvidado precisamente lo que los querubines deberían haberles recordado, a saber, la presencia de Jehová como el Dios que exige devoción exclusiva.

      Por lo tanto, como cristianos en este tiempo, adhirámonos firmemente a nuestra fe, “teniendo muy presente la presencia del día de Jehová.” Obremos bajo el impulso de la fe como si estuviéramos viendo a Aquel que es invisible, Jehová.—Heb. 11:27; 2 Ped. 3:12.

  • Respete humildemente el arreglo de Jehová como lo hacen los ángeles
    La Atalaya 1981 | 15 de marzo
    • Respete humildemente el arreglo de Jehová como lo hacen los ángeles

      EL EJÉRCITO asirio, con sus más de 185.000 hombres, estaba apostado en las tierras bajas de Libna al otro lado de la meseta de Judea, a una distancia de más de 40 kilómetros. Aquel ejército había dejado ciudad tras ciudad devastada y montones de cadáveres mutilados. Su objetivo final era Jerusalén.

      El rey de Judá, Ezequías, sabía que era imposible esperar salvación por esfuerzos humanos. El portavoz para los asirios había exigido que Judá se rindiera y entonces había regresado al campamento asirio en Libna. Pero Ezequías hizo la siguiente súplica fervorosa: “Oh Jehová nuestro Dios, sálvanos, por favor, de su mano, para que sepan todos los reinos de la tierra que tú, oh Jehová, eres Dios, tú solo.” (2 Rey. 19:19) Esta súplica fue contestada con prontitud, la noche misma en que Ezequías pronunció su oración.

      Con el tiempo, se le informó a Ezequías que la noche anterior el ángel de Jehová había derribado a 185.000 guerreros en el campamento asirio de Libna. (2 Rey. 19:35) Por consiguiente, el rey Senaquerib regresó directamente a Asiria. ¡Qué impresionante despliegue de poder había presenciado!

      Siervos humildes

      Hombres que han efectuado hazañas militares se han jactado de logros menos importantes que éste. Pero, ¿cuál es la actitud de los ángeles? Estos “hijos [celestiales] de Dios” son ejemplos sobresalientes

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