-
¿Pudiera ser usted su propio enemigo?La Atalaya 1980 | 15 de julio
-
-
Dios, había revelado esto en su Palabra, la Biblia. Por ejemplo, en ella leemos: “Un corazón calmado es la vida del organismo de carne, pero los celos son podredumbre a los huesos.” (Pro. 14:30) Mientras que un espíritu calmado puede tener un efecto saludable en el corazón, el abrigar celos o envidia para con otros puede ser destructivo para el cuerpo.
Puesto que ciertos factores emocionales pueden ser perjudiciales, tenemos que mantenerlos refrenados. El actuar en armonía con las Escrituras nos puede ayudar. Pero, ¿cómo?
-
-
Ayuda segura procedente de la Palabra de DiosLa Atalaya 1980 | 15 de julio
-
-
Ayuda segura procedente de la Palabra de Dios
SE NECESITA fuerte motivación para luchar contra el sucumbir a emociones perjudiciales. La Biblia provee esa motivación, y ayuda a la persona a afrontar con buen éxito los sentimientos de culpa, celos, inquietudes por ganarse la vida y un sinnúmero de otros factores emocionales que podrían ser perjudiciales a la salud.
TRATANDO CON SENTIMIENTOS DE CULPA
A menudo los sentimientos de culpa causan o agravan ciertas dolencias. Uno pudiera llegar a estar envuelto en conducta que le angustiara la conciencia. Quizás experimente lo mismo que David, un rey israelita que vivió hace unos 3.000 años. Al describir el efecto de sus sentimientos de culpa, David escribió: “Se gastaron mis huesos debido a mi gemir todo el día. . . . La humedad de mi vida se ha cambiado como en el calor seco del verano.” (Sal. 32:3, 4) Estas palabras indican que los esfuerzos de David por suprimir las punzadas de una conciencia culpable lo llevaron a sentirse fatigado. Como un árbol privado de la humedad necesaria durante una sequía o un verano demasiado caliente y seco, la fuerza o vitalidad de David se desecó. ¿Cómo consiguió alivio David?
Confesó todos sus pecados a Dios y, con fe, aceptó el perdón divino. Por eso David pudo escribir: “Feliz es aquel cuya sublevación le es perdonada, cuyo pecado le es cubierto. Feliz es el hombre en cuya cuenta Jehová no imputa error.”—Sal. 32:1, 2.
-