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  • Los hijos sabios regocijan el corazón de sus padres
    La Atalaya 1978 | 15 de abril
    • apropiadamente.” (Gén. 9:3, 4) Tratando de persuadirla, la abuela indicó que el padre de la niña jamás se enteraría de ello. Pero Christine contestó: “Yo no adoro a mi padre. Aunque él no está aquí para verme, Jehová Dios, a quien adoro, está aquí.” Esto preparó el terreno para que aquellos ancianos se interesaran en el mensaje de la Biblia.

      ¡Qué ciertas son las palabras inspiradas: “De la boca de los pequeñuelos y de los lactantes [tú, Jehová,] has proporcionado alabanza”!—Mat. 21:16.

  • Nuestro proyecto de veinte años... ser padres
    La Atalaya 1978 | 15 de abril
    • Nuestro proyecto de veinte años... ser padres

      Según lo relató Norman C. Pearcy

      MUCHAS parejas jóvenes esperan con deleite el nacimiento de su primer bebé. A otras ese acontecimiento les inspira cierta aprensión, puesto que la venida del bebé significa un gran cambio en sus vidas.

      Nosotros nos vimos en esta última situación, puesto que la llegada de nuestro primer bebé alteró muchísimo nuestra vida. Resulta que participábamos en un trabajo que no podríamos continuar si a la misma vez queríamos tener el tiempo y los recursos necesarios para atender y mantener una familia.

      Desde el principio nos dimos cuenta de que es imprudente dejar la guía de una criatura a la simple casualidad. Años atrás habíamos leído algo en el sentido de que lo que verdaderamente indica cuánto aman los padres a sus hijos es el grado al cual estén dispuestos a competir con otras influencias por el compañerismo de sus hijos mientras estos se desarrollan. Ahora, mirando al pasado, mi esposa y yo podemos dar testimonio de que a veces la competencia puede alcanzar gran intensidad. Pero ahora que nuestro proyecto de veinte años está por completarse —nuestros dos hijos tienen diecinueve y veinte años de edad respectivamente— podemos testificar que el resultado hace que el esfuerzo valga la pena.

      Sin embargo, primero permítame contarle brevemente los sucesos que culminaron en nuestro matrimonio y el principio de nuestro proyecto de veinte años.

      MATRIMONIO Y FAMILIA

      En 1948 me hice “precursor,” como los testigos de Jehová llaman a los que efectúan como trabajo regular el enseñar a otros las buenas nuevas del reino de Dios. Dos años después ingresé en la familia de la oficina central de los Testigos en Brooklyn, Nueva York, para participar en la producción de literatura bíblica.

      Al año siguiente, en 1951, asistí a los ejercicios de graduación de la Escuela de Galaad, donde se entrena a los misioneros de los testigos de Jehová. Una de las estudiantes, Marianne Berner, se quedó en la ciudad de Nueva York por unas semanas antes de salir para su asignación, y nos hicimos amigos. Después de más de tres años en Yokohama, Japón, ella regresó en 1955 para asistir a una asamblea internacional en la ciudad de Nueva York. Le propuse matrimonio, y Marianne llegó a ser mi esposa y compañera de la vida.

      Se nos ofreció la oportunidad de servir en la obra de circuito y visitar y ayudar

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