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  • Lleve su propia carga de responsabilidad
    La Atalaya 1963 | 15 de noviembre
    • el mal entre ustedes? Que se ocupe en orar.” Sí, se dirige a Dios, comunicándose con él con regularidad en oración y empleando tiempo para meditar en las porciones de su Palabra que le ayudan a ver su problema en la perspectiva apropiada. Si es necesario, también puede hablar al superintendente de su congregación o a algún otro cristiano maduro para asegurarse de que está tomando en consideración todos los textos que tienen relación con su situación. Pero luego, llevando su propia carga de responsabilidad, no pide que otra persona haga sus decisiones por él. Se enfrenta a la situación, determinando qué derrotero debe seguir como cristiano dedicado. Luego, confiando en que Jehová lo sostendrá, valerosamente anda en el camino que lo mantendrá cerca de Dios.

      DISCERNIMIENTO, NO FANATISMO

      Toda esta excelente aplicación de principios bíblicos es un asunto de discernimiento, no de fanatismo. En el capítulo 2 de Proverbios Jehová promete darnos discernimiento y sabiduría si la buscamos como buscaríamos tesoros escondidos. Por medio de su organización del “esclavo fiel y discreto” Dios ha provisto rico alimento espiritual, y debemos usar con regularidad las publicaciones que contienen ese alimento. (Mat. 24:45-47) Se recomienda que toda casa cristiana tenga su propia biblioteca para referencia, con Biblias, las copias de cada año de las revistas La Atalaya y ¡Despertad!, los libros encuadernados corrientes de la Sociedad Watch Tower, y otra información semejante que se provea para los que se ocupan con regularidad en el ministerio. También pudiera ser provechoso tener un buen diccionario, una concordancia de la Biblia y quizás un diccionario bíblico. Estos son instrumentos básicos para buscar sabiduría y discernimiento de la Palabra de Dios.

      Cuando surja una pregunta o problema, fórmese el hábito de llevar su propia carga de responsabilidad. Diríjase al índice que se encuentra en la parte de atrás de casi todas las publicaciones de la Sociedad y halle el tema o texto envuelto. Si usted no tiene cierta publicación, haga el esfuerzo por hallarla en la biblioteca del Salón del Reino local o en el hogar de un amigo.

      Haga su propia investigación y llegue a la mejor conclusión que usted pueda lograr. Los jóvenes deben verificar sus conclusiones con sus padres. Las esposas pueden verificar sus hallazgos preguntando a sus esposos dedicados. Cualquiera puede verificar un asunto importante con su superintendente de congregación. Mientras ofrezca la ayuda necesaria, el superintendente también hará bien en preguntar si el individuo ha hecho alguna investigación y ha pensado por sí solo sobre la pregunta. A veces puede ser necesario escribir a la Sociedad en cuanto a un asunto si es importante en el ministerio de uno. Pero a todos se les insta a aprender a discernir los principios bíblicos envueltos en un asunto de la misma manera que la Sociedad lo haría.—Sal. 119:105.

      Al llevar su propia carga de responsabilidad usted disfrutará de mayor uso de sus facultades perceptivas a medida que crezca a la madurez y en utilidad a Jehová Dios y su organización. En tiempo de crisis usted podrá determinar cuál es la voluntad de Dios para usted, así como Sadrac, Mesac y Abednego lo hicieron en su propio caso. Y, como ellos, usted hallará la protección y favor de Jehová al llevar fielmente su propia carga de responsabilidad.—Gál. 6:5.

  • Preguntas de los lectores
    La Atalaya 1963 | 15 de noviembre
    • Preguntas de los lectores

      ● ¿Aplica Mateo 24:19 a personas que están dentro de la congregación cristiana o a personas que están fuera de la congregación?—E. N., EE. UU.

      Mujeres encintas y las que tienen niños recién nacidos tendrían dificultades debido a los tiempos difíciles predichos por Cristo cuando dijo lo que se registra en Mateo 24:19: “¡Ay de las mujeres que estén encintas y de las que den de mamar en aquellos días!” En confirmación de sus palabras, adversidad extremada les sobrevino a las mujeres que estaban encintas y a las que daban de mamar cuando los ejércitos romanos vinieron contra Jerusalén y asestaron un golpe triturador a los judíos en el 70 d. de J.C. Miles de personas sufrieron y murieron. El hambre prevaleció, y ésta por sí misma fue terrible. Concerniente al tratamiento que les infligieron entonces los sediciosos a sus compatriotas judíos, Josefo escribió:

      “A los ancianos, que no querían desprenderse de sus alimentos, los golpeaban; y si las mujeres ocultaban lo que tenían en sus manos, les arrancaban el cabello por eso; tampoco se mostraba conmiseración alguna a los de edad avanzada ni a los infantes, sino que alzaban del suelo a los niños mientras éstos apretaban los bocados que habían conseguido, y los sacudían, haciéndolos caer contra el piso.”—Wars of the Jews, Libro V, Capítulo X, §3.

      Imagínese a las madres de pie a un lado, obligadas a presenciar semejante brutalidad infligida a sus hijos, aun infantes. ¡Piense también en el horror que experimentaron estas madres al verlos degollados delante de sus propios ojos, porque eso también aconteció! Por su modo de ser emocional es muy natural que una mujer manifieste un afecto profundo por aquellos a quienes ella ama, los de su propia familia. ¡Cuán mayor es su preocupación cuando circunstancias peligrosas amenazan el bienestar y la vida de su prole! Entonces no restemos gravedad al sufrimiento de las mujeres en aquel tiempo. Las cosas eran más difíciles naturalmente para las que estaban encintas. En tiempo de calamidad se afirman mucho más los instintos maternos de protección. ¡De modo que imagínese el intenso sufrimiento, el sentirse extremadamente desamparadas, que deben haber experimentado las madres que criaban en la Jerusalén del primer siglo mientras las hacían víctimas de crueldades y mientras veían sufrir a su prole! ¡Verdaderamente, fue un tiempo de ayes para las mujeres encintas y las que daban de mamar!

      Los humanos pueden comprender bien el amor de una madre. Por ejemplo, a Pablo le pareció apropiado ilustrar su amabilidad para con los cristianos de Tesalónica con estas palabras: “Al contrario, nos hicimos amables en medio de ustedes, como cuando una madre que cría acaricia a sus propios hijos.” (1 Tes. 2:7) También podemos comprender prontamente la intensa preocupación de una mujer encinta o una madre que cría debido a lo que pudiera sucederle al niño en un tiempo crítico. Por lo tanto, en Mateo 24:19 Jesús puso en términos humanos y entendibles la manera en que las cosas destinadas a acontecer afectarían a las personas. Habría grandes dificultades. Tiempos penosos en extremo estaban por venir.

      Las palabras de Cristo de ayes para las mujeres encintas y las que dan de mamar aplican a nuestro día. El cumplimiento mayor de esta profecía sucede en estos últimos días. Y la declaración de Jesús aplica especialmente a las personas que están fuera de la congregación cristiana. Los días del futuro a medida que este mundo se acerca a su fin en el Armagedón serán días de ayes y dificultades. No serán fáciles para nadie esos días.

      Sépase, sin embargo, que en Mateo 24:19 Jesucristo no estaba considerando si era apropiado o no para las parejas casadas entre los cristianos tener hijos en estos últimos días. Actualmente los cristianos no están bajo el mandato de tener hijos, pero tampoco están bajo el mandato de no tenerlos. Las parejas casadas deciden este asunto ellas mismas. Es un asunto que solo les incumbe a ellas.—Gál. 6:5.

      Dificultad, entonces, es lo que han de esperar todas las personas a medida que este mundo se acerca a su fin. Ciertamente eso incluye a las mujeres encintas y a las que dan de mamar. Si las mujeres encintas o las que tienen niños pequeños permiten que esta situación les impida huir de este mundo y dedicarse a Dios por medio de Cristo, no tendrán la protección divina. No obstante, las madres que aprovechan el tiempo que queda para huir a la “montaña” de seguridad de Jehová serán protegidas. Ellas experimentarán

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