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  • Magníficas perspectivas para el hombre en un paraíso agradable
    La Atalaya 1989 | 1 de agosto
    • De modo que el hombre iba dando nombres a todos los animales domésticos y a las criaturas voladoras de los cielos y a toda bestia salvaje del campo”. (Génesis 2:19, 20.)

      3. ¿Por qué no manifestaban temor ni Adán ni la creación animal?

      3 El hombre llamó al caballo sus, al toro schohr, a la oveja seh, a la cabra ʽez, a un pájaro ʽohf, a la paloma yoh·náh, al pavo real tuk·kí, al león ʼar·yéh o ʼarí, al oso dov, al simio qohf, al perro ké·lev, a la serpiente na·jásch, y así por el estiloa. Cuando fue al río que fluía del jardín de Edén, vio peces. A los peces dio el nombre de da·gáh. El hombre, que no tenía armas, no temía a estos animales, ni a los domésticos ni a los salvajes, tampoco a las aves, y estos no temían al hombre, a quien instintivamente reconocían como superior, un género de vida superior. Eran criaturas hechas por Dios, dotadas de vida por Él, y el hombre no quería causarles daño ni quitarles la vida; no se inclinaba a ello.

      4. ¿Qué pudiéramos suponer que envolvería el que Adán diera nombres a todos los animales y aves, y qué clase de experiencia tiene que haber sido esa?

      4 El relato no nos dice precisamente por cuánto tiempo se le mostraron al hombre los animales domésticos y los salvajes y las criaturas voladoras de los cielos. Todo fue por guía y arreglo de Dios. Puede que Adán haya estudiado con detenimiento cada animal diferente y observado sus hábitos distintivos y su estructura; entonces seleccionaría un nombre especialmente apropiado para ese animal. Esto pudiera significar que dedicó una cantidad considerable de tiempo a esto. Fue una experiencia muy interesante para Adán familiarizarse así con las diferentes criaturas de esta Tierra en sus diversos géneros, y exigió gran aptitud mental y poder de expresión hablada el que él pudiera distinguir con un nombre apropiado a cada uno de estos géneros de criaturas vivientes.

  • Magníficas perspectivas para el hombre en un paraíso agradable
    La Atalaya 1989 | 1 de agosto
    • Pero por sí solo en el jardín de Edén, Adán no era la expresión plena, completa, del propósito amoroso de Dios para el hombre en su Paraíso terrestre.

      Creación de la primera mujer

      8, 9. a) ¿Qué observó el hombre perfecto en cuanto a la creación animal, pero a qué conclusión llegó en cuanto a sí mismo? b) ¿Por qué fue apropiado que el hombre perfecto no le pidiera compañera a Dios? c) ¿Cómo describe el relato bíblico la creación de la primera esposa humana?

      8 El primer hombre, con su mente y sus facultades de observación perfectas, vio que en el reino de las aves y el reino animal había macho y hembra, y que estos se unían para reproducir su género. Pero en cuanto al hombre, esto no era todavía así. Si el observar esto lo llevó a pensar en tener también una compañera, no halló nada apropiado como tal en el reino animal, ni siquiera entre los simios. Adán llegaría a la conclusión de que no había consorte para él, porque si la hubiera habido, ¿no se la habría traído Dios? Al hombre se le había creado por separado de todos aquellos géneros animales, ¡y la intención era que fuera diferente! Él no tendió a decidir los asuntos por sí mismo ni a hacerse insolente y pedir a Dios su Creador una compañera. Fue apropiado que el primer hombre dejara todo aquel asunto en manos de Dios, porque poco después descubrió que Dios había llegado a Sus propias conclusiones respecto a aquella situación. Sobre esto y lo que entonces sucedió, el relato nos dice:

      9 “Pero para el hombre no se halló ayudante como complemento de él.

  • Magníficas perspectivas para el hombre en un paraíso agradable
    La Atalaya 1989 | 1 de agosto
    • (Génesis 2:20

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