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  • Paz... la realidad
    La Atalaya 1989 | 15 de diciembre
    • [3] Y muchos pueblos ciertamente irán y dirán: ‘Vengan, y subamos a la montaña de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y él nos instruirá acerca de sus caminos, y ciertamente andaremos en sus sendas’. Porque de Sión saldrá ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová.

  • Paz... la realidad
    La Atalaya 1989 | 15 de diciembre
    • En primer lugar, tenemos que reconocer que nuestro Creador, Jehová, tiene derecho a instruirnos “acerca de sus caminos”, los cuales —según indicó Isaías más adelante— son ‘más altos que nuestros caminos’. (Isaías 55:9.) A muchas personas, especialmente a líderes mundiales presumidos, se les hace difícil reconocer esto. Para ellos, solo sus propios caminos son correctos. No obstante, el que sus caminos no hayan conducido a la paz mundial ni al desarme muestra claramente la inutilidad de persistir en ese derrotero.

      En segundo lugar, note que es necesario que la gente tenga el profundo deseo de amoldarse a las leyes de Dios: “Ciertamente andaremos en sus sendas”. Solo así se batirán las espadas en rejas de arado y las lanzas en podaderas en escala mundial. ¿Cómo podrá alcanzarse algún día esa meta tan anhelada?

      La instrucción divina

      Muchas personas tienen una Biblia, y esta contiene las instrucciones de Jehová Dios, pero se requiere más que simplemente tenerla. Isaías dice que la ley y las palabras de Jehová emanan de “Jerusalén”. ¿Qué significa eso? En los días de Isaías esa ciudad literal era la fuente de autoridad real a que acudía todo israelita fiel. (Isaías 60:14.) Más tarde, durante los días de los apóstoles de Jesucristo, Jerusalén todavía fue el centro de donde provinieron las instrucciones del cuerpo gobernante cristiano, que estaba en aquella ciudad. (Hechos 15:2; 16:4.)

  • Paz... la realidad
    La Atalaya 1989 | 15 de diciembre
    • Cuando el rey David llevó el Arca sagrada a la tienda que había levantado en el monte Sión (Jerusalén), a unos 760 metros (2.500 pies) sobre el nivel del mar, evidentemente obró bajo dirección divina. Más tarde, cuando en el monte Moria se edificó el gran templo de Jehová, el término “Sión” llegó a incluir ese lugar, de modo que el templo estuvo más elevado que algunos lugares paganos que lo rodeaban. Jerusalén misma fue llamada también Su “santa montaña”; así que la adoración de Jehová permaneció en una posición ensalzada. (Isaías 8:18; 66:20.)

      Hoy día la adoración de Jehová Dios también ha llegado a estar elevada como una montaña simbólica. Su prominencia es patente a todos, pues esa adoración ha realizado algo que ninguna otra religión ha podido lograr. ¿Qué es eso? Ha unificado a todos los adoradores de Jehová, quienes han batido gustosamente sus espadas en rejas de arado y no aprenden más la guerra. Ya no están divididos por barreras nacionales ni raciales. Viven como pueblo unido, una hermandad, aunque están esparcidos por todas las naciones del mundo. (Salmo 33:12.)

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