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DaríoPerspicacia para comprender las Escrituras, volumen 1
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1. Darío el medo. Sucedió en el trono al rey caldeo Belsasar cuando las fuerzas de Ciro el persa conquistaron Babilonia. Para aquel entonces Darío tenía unos sesenta y dos años. (Da 5:30, 31.) Más adelante se le identifica como “el hijo de Asuero de la descendencia de los medos”. (Da 9:1.)
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DaríoPerspicacia para comprender las Escrituras, volumen 1
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La identidad de Darío el medo. Todavía no se ha hallado ninguna referencia a “Darío el medo” en las inscripciones extrabíblicas ni le mencionan los historiadores antiguos anteriores a Josefo (historiador judío del siglo I E.C.). Este hecho ha dado pábulo a la especulación crítica para considerar a Darío el medo como un personaje ficticio.
Hay doctos que dicen que poco después de la conquista de Babilonia, Ciro nombró “rey de Babilonia” a su hijo Cambises (II). Aunque este representaba a Ciro anualmente en la festividad del “Año Nuevo” que se celebraba en Babilonia, al parecer residía en Sippar el resto del tiempo. Una investigación basada en un estudio de textos cuneiformes ha revelado que Cambises no asumió el título de “rey de Babilonia” hasta el 1 de Nisán del año 530 a. E.C., cuando fue hecho corregente de Ciro, quien estaba a la sazón ocupado en la campaña militar que resultaría en su muerte. Se ha intentado identificar a Darío con Cambises II, pero su edad cuando cayó Babilonia —“unos sesenta y dos años”— no cuadra con la de Cambises. (Da 5:31.)
La idea de que Darío haya sido otro nombre dado al propio Ciro no concuerda con la procedencia de Darío, quien era “medo” y “de la descendencia de los medos”, expresión esta última que se emplea con relación a su padre Asuero, de la misma ascendencia. A Ciro se le llama, específicamente, “persa”, y aunque su madre pudo haber sido meda —como afirman algunos historiadores—, de acuerdo con el Cilindro de Ciro, su padre fue el persa Cambises I. (Da 9:1; 6:28.)
Otros identifican a Darío con un presunto “tío” de Ciro del que habla el historiador griego Jenofonte y a quien da el nombre de “Ciaxares, hijo de Astiages”. Jenofonte cuenta que Ciaxares sucedió en el trono al rey medo Astiages, pero que luego Ciaxares le dio a su sobrino Ciro tanto su hija como todo el reino de Media. (Ciropedia, I, V, 2; VIII, V, 19.) Sin embargo, Heródoto y Ctesias (historiadores griegos más o menos contemporáneos de Jenofonte) no concuerdan con la explicación de Jenofonte; Heródoto, en particular, afirma que Astiages carecía de descendencia masculina. Por otra parte, en la Crónica de Nabonido se muestra a Ciro alzándose con el reino de los medos gracias a capturar a Astiages. Además, suponer que Darío fue Ciaxares II llevaría a la suposición de que a Astiages también se le debió conocer por el nombre de Asuero, pues Darío el medo fue “el hijo de Asuero”. (Da 9:1.) Ha de concluirse, pues, que este punto de vista carece de confirmación.
Entonces, ¿quién fue Darío el medo?
En fechas más recientes, un buen número de obras de consulta se han inclinado a identificar a Darío con Gubaru (a quien, por lo general, se relaciona con el Gobrias mencionado en la Ciropedia de Jenofonte), quien fue gobernador de Babilonia después de la conquista medopersa. Estas son las pruebas que básicamente aducen:
Al referir la caída de Babilonia, el antiguo texto cuneiforme conocido como la Crónica de Nabonido dice que Ugbaru, “gobernador de Gutium, y el ejército de Ciro entraron en Babilonia sin combate”. Luego, después de mencionar que Ciro entró en la ciudad diecisiete días más tarde, la inscripción dice que Gubaru, “su gobernador, dispuso (sub)gobernadores en Babilonia”. (La Sabiduría del Antiguo Oriente, edición de J. Pritchard, 1966, pág. 241; compárese con Darius the Mede, de J. C. Whitcomb, 1959, pág. 17.) Obsérvese la diferencia entre los nombres Ugbaru y Gubaru. Aunque parecidos, en la escritura cuneiforme el signo de la primera sílaba del nombre Ugbaru es muy distinto del de Gubaru. La misma inscripción menciona que Ugbaru, el gobernador de Gutium, murió algunas semanas después de la conquista. En cambio, gracias a otros textos cuneiformes se sabe que Gubaru siguió con vida y fue gobernador durante catorce años, no solo de la ciudad de Babilonia, sino de toda la región, así como de la “región más allá del río”, lo que incluía Siria, Fenicia y Palestina, hasta la frontera con Egipto. Por consiguiente, Gubaru gobernó sobre una vasta región que ocupaba toda la extensión de la Media Luna Fértil, prácticamente el mismo territorio que comprendía el Imperio babilonio. Se ha de recordar que de Darío el medo se dice que fue “hecho rey sobre el reino de los caldeos” (Da 5:31; 9:1), pero no “rey de Persia”, pues esta última designación se empleó para aludir al rey Ciro. (Da 10:1; Esd 1:1, 2; 3:7; 4:3.) En conclusión, parece que la región gobernada por Gubaru fue la misma que gobernó Darío.
Comoquiera que a Gubaru no se le llama “Darío” en ninguna fuente, se ha apuntado que este nombre debió ser el título o nombre real que recibió. A este respecto, W. F. Albright dice: “Me parece muy probable que fuese Gobrias [Gubaru] el que, estando Ciro ausente en una campaña militar en el oriente, asumiese la dignidad real con el nombre de ‘Darío’, tal vez un antiguo título real iraní”. (Journal of Biblical Literature, 1921, vol. 40, pág. 112, nota 19.) Los expertos que favorecen la identificación de Gubaru con el rey Darío salen al paso de la objeción de que las tablillas cuneiformes en ningún lugar dicen que Gubaru fuese “rey”, indicando que en las tablillas cuneiformes tampoco se dice que Belsasar fuese rey y, sin embargo, el documento cuneiforme conocido como “Relato versificado sobre Nabonido” dice de forma manifiesta que Nabonido “confió su reinado” a su hijo.
En un comentario que guarda relación con lo anterior, el profesor Whitcomb indicó que de acuerdo con la Crónica de Nabonido, Gubaru, en calidad de gobernador por designación de Ciro, “nombró [...] (gobernadores de distritos) en Babilonia”, tal como dice Daniel 6:1, 2 acerca de Darío: “Colocó sobre el reino a ciento veinte sátrapas”. De hecho, Whitcomb sostiene que por ser Gubaru un gobernador de gobernadores, sus súbditos lo consideraban un rey. (Darius the Mede, págs. 31-33.) Y con referencia a la vasta región sobre la que gobernó Gubaru (Gobrias), la obra History of the Persian Empire (de A. T. Olmstead, 1948, pág. 56) dice: “Sobre esta vasta extensión de tierra fértil, Gubaru gobernó casi como monarca independiente”.
Guiándose por lo susodicho, algunos eruditos opinan que es muy probable que Darío el medo fuese en realidad un virrey que reinó sobre los caldeos, pero en calidad de subordinado de Ciro, el monarca supremo del Imperio persa. En la página 71 de History of the Persian Empire, A. T. Olmstead dice: “En lo que respecta a su trato con sus súbditos babilonios, Ciro era ‘rey de Babilonia, rey de pueblos’. Sobre esta base, Ciro insistió en que la antigua línea de monarcas permanecía ininterrumpida, y halagó así la vanidad de sus súbditos, con lo que conquistó su lealtad. [...] Sin embargo, después de la marcha de Ciro, fue el sátrapa Gobrias quien representó la autoridad real”. Los que sostienen que el Darío de la Biblia era de hecho ese virrey corroboran lo que en ella se dice de él, que “recibió el reino” y que fue “hecho rey sobre el reino de los caldeos”, lo que prueba que, en efecto, estaba subordinado a una autoridad monárquica superior. (Da 5:31; 9:1; compárese con 7:27, donde se dice que el “Supremo”, Jehová Dios, dio el reino a “los santos”.)
Si bien es cierto que la información que hoy se tiene sobre Gubaru se asemeja en muchos aspectos a la que se tiene de Darío y que este bien pudo haber sido un virrey de Ciro, no se puede considerar que dicha información sea determinante. El registro histórico no revela ni la nacionalidad ni el parentesco de Gubaru, por lo que no se puede demostrar que fuese “medo” e “hijo de Asuero”. Tampoco dice que tuviese una autoridad real tan amplia como para hacer una proclama como la que se recoge en Daniel 6:6-9. Además, de lo que dice la Biblia parece deducirse que el reinado de Darío sobre Babilonia no tuvo una larga duración y que, a su término, Ciro tomó el trono; de todas formas, también es posible que ambos reinasen a la vez y que Daniel solo hiciese mención del año en el que Darío subió al poder en Babilonia. (Da 6:28; 9:1; 2Cr 36:20-23.) Gubaru gobernó durante catorce años.
Por qué es incierta su identificación histórica. Naturalmente, la veracidad del relato bíblico no depende de que sea confirmado por otras fuentes. Los numerosos casos en que los críticos han calificado de “no históricos” a personajes y acontecimientos bíblicos cuya historicidad ha quedado con el tiempo al margen de toda duda deberían bastar para que el estudiante de la Palabra de Dios no diese demasiada importancia a esta clase de crítica. (Véanse BELSASAR; SARGÓN.) Los cientos de miles de tablillas cuneiformes que se han desenterrado en el Oriente Medio nos ofrecen una historia muy incompleta y llena de lagunas. En cuanto a las otras fuentes, los historiadores antiguos, de cuyos escritos se conservan algunas copias (aunque a menudo incompletas), ha de mencionarse que fueron pocos, en su mayoría griegos y distanciados de los acontecimientos del libro de Daniel al menos uno o dos siglos.
Sin embargo, el mismo libro de Daniel nos da una razón mucho más convincente para entender la falta de información concerniente a Darío en los registros babilonios. El registro bíblico muestra que Darío colocó a Daniel en una posición encumbrada en el gobierno, con gran disgusto de los otros altos funcionarios. El complot que estos urdieron contra Daniel se frustró y Darío ejecutó a los acusadores de Daniel y a sus familias, acción que tal vez le granjeó la enemistad del resto de los funcionarios. La proclama de Darío que ordenaba que todos en el reino ‘temieran delante del Dios de Daniel’ inevitablemente tuvo que causar profundo descontento y resentimiento entre el poderoso clero babilonio. Ya que los escribas, como bien se sabe, estaban bajo la dirección de los funcionarios y del clero, no sería de extrañar que posteriormente se alteraran los registros y se eliminara el testimonio concerniente a este rey. Se sabe de otros casos similares en registros históricos de aquellos tiempos.
Por lo tanto, hay que conceder la debida importancia a la forma binaria de gobernación medopersa que menciona la Biblia. (Da 5:28; 8:3, 4, 20.) Aunque la historia seglar concede muchísima importancia a Ciro y a los persas, el registro bíblico muestra que ambos pueblos integraban un sistema de gobierno conjunto y que las leyes continuaron siendo las de “los medos y los persas”. (Da 6:8; Est 1:19.) Los medos desempeñaron un papel muy importante en el derrocamiento de Babilonia. (Isa 13:17-19.) Obsérvese también que Jeremías (51:11) predijo que los “reyes [plural] de los medos” estarían entre los que atacarían Babilonia. Darío pudo muy bien haber sido uno de esos reyes.
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