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  • Se revela el tiempo de la llegada del Mesías
    Prestemos atención a las profecías de Daniel
    • Y debes saber y tener la perspicacia de que desde la salida de la palabra de restaurar y reedificar a Jerusalén hasta Mesías el Caudillo, habrá siete semanas, también sesenta y dos semanas. Ella volverá y será realmente reedificada, con plaza pública y foso, pero en los aprietos de los tiempos” (Daniel 9:24, 25).

      14 Estas sí que eran buenas nuevas. No solo se reedificaría Jerusalén y se restauraría la adoración a Dios en un nuevo templo, sino que “Mesías el Caudillo” se presentaría en un momento concreto. Y todo, en el transcurso de “setenta semanas”.

  • Se revela el tiempo de la llegada del Mesías
    Prestemos atención a las profecías de Daniel
    • 15. ¿En qué tres períodos se dividirían las “setenta semanas”, y cuándo empezarían?

      15 Según las palabras del ángel, las “setenta semanas” se dividirían en tres períodos: 1) “siete semanas”; 2) “sesenta y dos semanas”, y 3) una semana. Eso correspondería a 49 años, 434 años y 7 años respectivamente, que ascienden a un total de 490 años.

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    Prestemos atención a las profecías de Daniel
    • que empezarían en el momento de “la salida de la palabra de restaurar y reedificar a Jerusalén”. ¿Cuándo sería eso?

      COMIENZAN LAS “SETENTA SEMANAS”

      16. Según el decreto de Ciro, ¿con qué propósito autorizó este la repatriación de los judíos?

      16 Respecto al comienzo de las “setenta semanas”, hay tres sucesos dignos de atención. El primero tuvo lugar en el 537 a.E.C., cuando Ciro autorizó la repatriación de los judíos mediante un decreto redactado en estos términos: “Esto es lo que ha dicho Ciro el rey de Persia: ‘Todos los reinos de la tierra me los ha dado Jehová el Dios de los cielos, y él mismo me ha comisionado para que le edifique una casa en Jerusalén, que está en Judá. Cualquiera que haya entre ustedes de todo su pueblo, resulte su Dios estar con él. Así, pues, que suba a Jerusalén, que está en Judá, y reedifique la casa de Jehová el Dios de Israel —él es el Dios verdadero— la cual estaba en Jerusalén. En cuanto a cualquiera que quede de todos los lugares donde esté residiendo como forastero, que los hombres de su lugar lo ayuden con plata y con oro y con bienes y con animales domésticos, junto con la ofrenda voluntaria para la casa del Dios verdadero, la cual estaba en Jerusalén’” (Esdras 1:2-4). Es patente que este decreto tenía el propósito definido de que se reconstruyera el templo —“la casa de Jehová”— en su anterior emplazamiento.

      17. ¿Por qué razón viajaba Esdras a Jerusalén, según la carta que portaba?

      17 El segundo suceso se produjo en el séptimo año del reinado del monarca persa Artajerjes (Artajerjes Longimano, hijo de Jerjes I). En ese año, Esdras el copista efectuó un viaje de cuatro meses desde Babilonia hasta Jerusalén. Aunque era portador de una carta especial del rey, esta no autorizaba la reconstrucción de Jerusalén. Más bien, la comisión de Esdras se limitaba a “hermosear la casa de Jehová”. Por esa razón la misiva hablaba de oro y plata, vasos sagrados y contribuciones de trigo, vino, aceite y sal en apoyo del culto que se llevaba a cabo en el templo, y también se refería a una exención de impuestos para quienes servían en él (Esdras 7:6-27).

      18. ¿Qué noticias perturbaron a Nehemías, y cómo supo de ellas el rey Artajerjes?

      18 El tercer incidente ocurrió trece años después, en el vigésimo año del mandato del rey persa Artajerjes. Nehemías era su copero en “Susa el castillo”. El resto de judíos que había regresado a Jerusalén desde Babilonia había reconstruido la ciudad hasta cierto grado. Pero no todo iba bien. Nehemías supo que ‘el muro de Jerusalén estaba derribado, y que sus mismísimas puertas habían sido quemadas con fuego’. Aquello lo perturbó profundamente, y la tristeza se adueñó de su corazón. Cuando el rey le preguntó por la razón de su tristeza, respondió: “¡Viva el rey mismo hasta tiempo indefinido! ¿Por qué no debe ponerse triste mi rostro cuando la ciudad, la casa de las sepulturas de mis antepasados, está devastada, y sus mismas puertas han sido comidas por el fuego?” (Nehemías 1:1-3; 2:1-3).

      19. a) ¿Qué fue lo primero que hizo Nehemías cuando el rey Artajerjes lo interrogó? b) ¿Qué solicitó Nehemías, y cómo reconoció el papel que Jehová desempeñó en el asunto?

      19 El relato sobre Nehemías continúa así: “A su vez el rey me dijo: ‘¿Qué es esto que tratas de conseguir?’. Al instante oré al Dios de los cielos. Después dije al rey: ‘Si al rey de veras le parece bien, y si tu siervo parece bueno ante ti, que me envíes a Judá, a la ciudad de las sepulturas de mis antepasados, para que la reedifique’”. La propuesta fue del agrado de Artajerjes, quien también accedió a la posterior solicitud de Nehemías: “Si al rey de veras le parece bien, que se me den cartas dirigidas a los gobernadores de más allá del Río [Éufrates], para que me dejen pasar hasta que llegue a Judá; también una carta dirigida a Asaf el guarda del parque que pertenece al rey, a fin de que me dé árboles para edificar con maderas las puertas del Castillo que pertenece a la casa, y para el muro de la ciudad y para la casa en que he de entrar”. Reconociendo el papel que Jehová desempeñó en el asunto, Nehemías dijo: “De modo que el rey me las dio, conforme a la buena mano de mi Dios sobre mí” (Nehemías 2:4-8).

      20. a) ¿Cuándo se llevó a efecto “la palabra de restaurar y reedificar a Jerusalén”? b) ¿Cuándo comenzaron las “setenta semanas”, y cuándo terminaron? c) ¿Qué pruebas confirman la exactitud de las fechas de inicio y fin de las “setenta semanas”?

      20 Aunque la autorización se dio en el mes de Nisán, a principios del año vigésimo del reinado de Artajerjes, “la salida de la palabra de restaurar y reedificar a Jerusalén” en realidad produjo sus efectos unos meses después, cuando Nehemías llegó a Jerusalén y empezó su obra de restauración. El viaje de Esdras había durado cuatro meses, pero Susa se hallaba a más de 300 kilómetros al este de Babilonia y, por tanto, aún más lejos de Jerusalén. Así pues, lo más probable es que Nehemías llegara a la ciudad hacia el final del año vigésimo del reinado de Artajerjes, en 455 a.E.C. En ese momento empezaron las predichas “setenta semanas”, que, como ascenderían a 490 años, terminarían a finales del año 36 E.C. (véase el apartado “¿Cuándo comenzó el reinado de Artajerjes?”, en la pág. 197).

      SE PRESENTA “MESÍAS EL CAUDILLO”

      21. a) ¿Qué habría de lograrse en las primeras “siete semanas”, y a pesar de qué circunstancias? b) ¿En qué año habría de presentarse el Mesías, y qué muestra el Evangelio de Lucas que sucedió en aquel tiempo?

      21 ¿Cuántos años se tardó en reedificar Jerusalén? Pues bien, la reconstrucción habría de llevarse a cabo “en los aprietos de los tiempos”, debido a los problemas internos de los propios judíos y la oposición de los samaritanos y otros pueblos. Las obras debieron quedar terminadas, a efectos prácticos, hacia el año 406 a.E.C., al cabo de “siete semanas”, o 49 años (Daniel 9:25). A continuación vendría un período de 62 semanas, o 434 años, concluido el cual se presentaría el Mesías prometido con tanta antelación. Si contamos 483 años (49 más 434) a partir de 455 a.E.C., llegamos a 29 E.C. ¿Qué sucedió en ese año? El evangelista Lucas relata: “En el año decimoquinto del reinado de Tiberio César, cuando Poncio Pilato era gobernador de Judea, y Herodes era gobernante de distrito de Galilea [...], la declaración de Dios vino a Juan el hijo de Zacarías en el desierto. De modo que él entró en toda la comarca del Jordán, predicando bautismo en símbolo de arrepentimiento para perdón de pecados”. En ese entonces, ‘el pueblo estaba en expectación’ respecto al Mesías (Lucas 3:1-3, 15).

      22. ¿Cuándo se convirtió Jesús en el Mesías predicho, y cómo?

      22 Juan no era el Mesías prometido, pero dio testimonio de lo que presenció cuando Jesús de Nazaret se bautizó en el otoño del año 29 E.C.: “Vi el espíritu bajar como paloma del cielo, y permaneció sobre él. Ni siquiera yo lo conocía, pero El Mismo que me envió a bautizar en agua me dijo: ‘Sobre quienquiera que veas el espíritu descender y permanecer, este es el que bautiza en espíritu santo’. Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios” (Juan 1:32-34). En el momento de su bautismo, Jesús llegó a ser el Ungido: el Mesías, o Cristo. Un discípulo de Juan llamado Andrés conoció poco después a Jesús ya ungido, y le dijo a Simón Pedro: “Hemos hallado al Mesías” (Juan 1:41). Por lo tanto, “Mesías el Caudillo” se presentó precisamente a tiempo: al término de las 69 semanas.

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