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  • Nacer de nuevo: ¿cuánta importancia tiene?
    La Atalaya 2009 | 1 de abril
    • Para empezar, dijo: “A menos que uno nazca de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3). Con las expresiones “a menos que” y “no puede”, Jesús dejó claro que es imprescindible nacer de nuevo. Pongamos un ejemplo. Si alguien dice: “A menos que exista el Sol, no puede haber luz en la Tierra”, está indicando que la existencia del Sol es imprescindible para que haya luz en nuestro planeta. Del mismo modo, Jesús indicó que volver a nacer es absolutamente necesario para “ver el reino de Dios”.

  • Nacer de nuevo: ¿una decisión personal?
    La Atalaya 2009 | 1 de abril
    • Cuando uno investiga este tema un poco más, se da cuenta de que Jesús no estaba enseñando que cada cual decide si va a nacer de nuevo o no. ¿Por qué llegamos a esta conclusión? Porque la expresión griega que se vierte “nazca de nuevo” también se puede traducir “nazca de arriba” (Juan 3:3).a De acuerdo con esto, el nuevo nacimiento viene “de arriba”, o lo que es lo mismo, “desde el cielo” o “del Padre” (Juan 19:11; nota; Santiago 1:17). En otras palabras, depende de Dios (1 Juan 3:9).

  • Nacer de nuevo: ¿una decisión personal?
    La Atalaya 2009 | 1 de abril
    • a Así traducen este versículo otras versiones de la Biblia. Por ejemplo, La Sagrada Escritura dice: “Quien no naciere de arriba no puede ver el reino de Dios”.

  • Nacer de nuevo: ¿cuál es su función?
    La Atalaya 2009 | 1 de abril
    • Sin embargo, ¿recuerda por qué dijo Jesús que había que nacer de nuevo? Porque “a menos que uno nazca de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3). En efecto, no dijo que fuera para ser salvo, sino para entrar en el Reino de Dios. “Pero ¿es que no es lo mismo entrar en el Reino que ser salvo?”, puede preguntar alguien. La verdad es que no. Para entender la diferencia, veamos primero qué significa la expresión “reino de Dios”.

      Puesto que un reino es una forma de gobierno, al hablar del “reino de Dios”, en realidad se está aludiendo a un gobierno establecido por Dios. Según la Biblia, Jesucristo —el “hijo del hombre”— es el Rey de este reino y cuenta con el apoyo de otros gobernantes (Daniel 7:1, 13, 14; Mateo 26:63, 64). Una visión del apóstol Juan revela que estos compañeros de Cristo son personas elegidas de entre “toda tribu y lengua y pueblo y nación” y que “han de reinar sobre la tierra” (Revelación [Apocalipsis] 5:9, 10; 20:6). La Palabra de Dios también indica que estos reyes constituyen un “rebaño pequeño” formado por 144.000 miembros “comprados de la tierra” (Lucas 12:32; Revelación 14:1, 3).

      Pues bien, ¿dónde está la sede del Reino de Dios? El hecho de que al “reino de Dios” también se lo llame “reino de los cielos” indica que Jesús y quienes reinan con él gobiernan desde el cielo (Lucas 8:10; Mateo 13:11). Por tanto, el Reino de Dios es un gobierno celestial integrado por Jesucristo y por un grupo de discípulos suyos elegidos de la humanidad.

      En vista de esto, ¿a qué se refería entonces Jesús cuando dijo que había que volver a nacer para entrar en el Reino de Dios? A que hay que nacer de nuevo para gobernar con Cristo en el cielo. En resumen: la función de este nuevo nacimiento es preparar a un grupo limitado de seres humanos para gobernar en el cielo.

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