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PecadoPerspicacia para comprender las Escrituras, volumen 2
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La conducta de la pareja humana reveló inmediatamente esta falta de armonía. El que cubrieran ciertas partes de su cuerpo, que Dios había hecho, y el que después intentaran esconderse de Él, eran indicios claros del alejamiento que se había producido en su mente y corazón. (Gé 3:7, 8.) De manera que el pecado introdujo en ellos sentimientos de culpabilidad, ansiedad, inseguridad y vergüenza. Este hecho ilustra la idea que el apóstol destacó en Romanos 2:15, donde dijo que la ley de Dios está ‘escrita en el corazón del hombre’, de modo que su violación trastocaría el interior del hombre y su conciencia le acusaría de haber actuado mal. Por decirlo así, el hombre tenía incorporado un detector de mentiras que hacía imposible que escondiese su condición pecaminosa ante su Creador. En respuesta a la excusa que el hombre le ofreció para explicar su cambio de actitud hacia su Padre celestial, Dios le preguntó: “¿Del árbol del que te mandé que no comieras has comido?”. (Gé 3:9-11.)
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PecadoPerspicacia para comprender las Escrituras, volumen 2
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“Hacen por naturaleza las cosas de la ley.” Esto no significó que los hombres que vivieron durante el período entre Adán y Moisés estaban libres de pecado debido a que no había ningún código extenso de leyes con el que medir su conducta. Pablo escribe en Romanos 2:14, 15: “Porque siempre que los de las naciones que no tienen ley hacen por naturaleza las cosas de la ley, estos, aunque no tienen ley, son una ley para sí mismos. Son los mismísimos que demuestran que la sustancia de la ley está escrita en sus corazones, mientras su conciencia da testimonio con ellos y, entre sus propios pensamientos, están siendo acusados o hasta excusados”. Como originalmente al hombre se le hizo a la imagen y semejanza de Dios, tiene una naturaleza moral que resulta en la facultad de la conciencia. Como Pablo indica, hasta los hombres pecadores, imperfectos, tienen un grado de conciencia. (Véase CONCIENCIA.) Puesto que una ley es básicamente una ‘regla de conducta’, esta naturaleza moral actúa en sus corazones como si se tratara de una ley. Sin embargo, por encima de dicha ley de naturaleza moral, hay otra ley heredada, la “ley del pecado”, que guerrea contra las tendencias justas y esclaviza a los que no oponen resistencia a su dominación. (Ro 6:12; 7:22, 23.)
Esta naturaleza moral y su consiguiente facultad de la conciencia pueden observarse hasta en el caso de Caín. Aunque Dios no le había dado ninguna ley sobre el homicidio, la conciencia de Caín le condenó después de haber asesinado a Abel, como lo demuestra la respuesta evasiva que dio a la pregunta de Dios. (Gé 4:8, 9.) José, el hebreo, mostró que tenía la ‘ley de Dios en su corazón’ cuando respondió a la solicitud seductora de la esposa de Potifar: “¿Cómo podría yo cometer esta gran maldad y realmente pecar contra Dios?”. Aunque Dios no había condenado específicamente el adulterio, José reconoció que estaba mal, que violaba la voluntad de Dios para los humanos expresada en Edén. (Gé 39:7-9; compárese con Gé 2:24.)
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