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Jehová es nuestro SoberanoLa Atalaya 2010 | 15 de noviembre
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Anteriormente, mientras Moisés recibía la Ley en el monte Sinaí, los israelitas participaron en actos idolátricos, durante los cuales dieron culto a un becerro y se entregaron con desenfreno a placeres sensuales. Algo que facilitó que se descontrolaran y cedieran a la tentación fue el hecho de que no tenían junto a ellos a su dirigente visible (Éxo. 32:1, 6). Más tarde, justo antes de entrar en la Tierra Prometida, miles de hombres se dejaron seducir por las mujeres moabitas, tuvieron relaciones inmorales con ellas y terminaron perdiendo la vida como castigo por su pecado (Núm. 25:1, 9).
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