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Regocijémonos en nuestra esperanzaLa Atalaya 2012 | 15 de marzo
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“Al que puede guardarlos de tropezar y ponerlos sin tacha a vista de su gloria con gran gozo,
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Regocijémonos en nuestra esperanzaLa Atalaya 2012 | 15 de marzo
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Sin duda, todos los ungidos se esfuerzan personalmente por ser fieles y guardarse de dar un traspié que pudiera llevarlos a la destrucción. Su esperanza, basada en las Escrituras, es ser resucitados por Jesucristo como seres espirituales perfectos y disfrutar de la inmensa alegría de comparecer ante Dios en persona. Cuando un ungido muere fiel, resucita “en incorrupción”, sí, “en gloria”, con un “cuerpo espiritual” (1 Cor. 15:42-44). ¿Qué efecto produce eso en los demás seres espirituales? Pensemos: si en el cielo se produce una gran alegría por “un pecador que se arrepiente”, ¡cuánto regocijo debe haber por un hermano espiritual de Cristo que se mantiene fiel hasta la muerte! (Luc. 15:7.) Jehová y los ángeles se regocijan en el cielo junto con los ungidos, quienes reciben su recompensa “con gran gozo” (léase 1 Juan 3:2).
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