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AnimalesPerspicacia para comprender las Escrituras, volumen 1
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Aunque antes del Diluvio, el hombre mataba ya animales para hacerse ropa y ofrecer sacrificios (Gé 3:21; 4:4), no fue sino hasta después de este que Noé y su familia recibieron permiso de Jehová para incluir la carne en su alimentación, aunque se les estipuló que la desangraran. (Gé 9:3, 4.) Esta concesión hizo permisible matar animales para alimento; no obstante, no se dio autorización para la matanza innecesaria por la mera emoción de cazar o el afán de ostentación, como debió ser el caso de Nemrod, “poderoso cazador en oposición a Jehová”. (Gé 10:9.)
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AnimalesPerspicacia para comprender las Escrituras, volumen 1
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Animales limpios e inmundos. En las instrucciones que Dios le dio a Noé se observa una diferenciación entre los animales que tenía que introducir en el arca: siete ejemplares de cada bestia limpia y dos de cada bestia inmunda. (Gé 7:2, 3, 8, 9.) Puesto que todavía no se había autorizado el comer carne, esta diferencia entre lo limpio y lo inmundo probablemente estaba en función de lo que le era aceptable a Jehová como sacrificio. Por lo tanto, al salir del arca, Noé supo qué criaturas eran limpias y apropiadas para ofrecer sobre el altar. (Gé 8:20.) Cuando Jehová les autorizó a incluir carne en su dieta, no puso ninguna restricción con respecto a la clase de animales que Noé y su familia podían comer, pues dijo: “Todo animal moviente que está vivo puede servirles de alimento”. (Gé 9:3.)
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