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Podemos ser castos en un mundo inmoralLa Atalaya 2000 | 15 de julio
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La capacidad de pensar es esencial para conservar la pureza moral en un mundo impuro, porque la persona inmoral se vale de la seducción para atraer al semejante. Salomón nos advierte: “Como panal de miel los labios de una mujer extraña siguen goteando, y su paladar es más suave que el aceite. Pero el efecto que después viene de ella es tan amargo como el ajenjo; es tan agudo como una espada de dos filos” (Proverbios 5:3, 4).
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Podemos ser castos en un mundo inmoralLa Atalaya 2000 | 15 de julio
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Las consecuencias de la inmoralidad son tan amargas como el ajenjo y tan agudas como una espada de dos filos: dolorosas y mortíferas. Los amargos resultados de esa conducta suelen ser una conciencia atribulada, un embarazo no deseado o una enfermedad de transmisión sexual. Y pensemos también en el tremendo dolor emocional que siente el cónyuge de la persona infiel. Una infidelidad puede ocasionar heridas tan profundas que duren toda la vida. En efecto, la infidelidad hace daño.
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