BIBLIOTECA EN LÍNEA Watchtower
Watchtower
BIBLIOTECA EN LÍNEA
Español
  • BIBLIA
  • PUBLICACIONES
  • REUNIONES
  • La presunción conduce a la deshonra
    La Atalaya 2000 | 1 de agosto
    • La presunción conduce a la deshonra

      “¿Ha venido la presunción? Entonces vendrá la deshonra; pero la sabiduría está con los modestos.” (PROVERBIOS 11:2.)

      1, 2. ¿Qué es la presunción, y de qué maneras ha resultado desastrosa?

      UN LEVITA envidioso lidera una turba que se rebela contra las autoridades nombradas por Jehová. Un príncipe ambicioso prepara una tortuosa maquinación para usurpar el trono de su padre. Un rey impaciente pasa por alto las instrucciones explícitas del profeta de Dios. Estos tres israelitas comparten una característica común: la presunción.

      2 La presunción es una tendencia del corazón que representa una seria amenaza para todos (Salmo 19:13). La persona presuntuosa es atrevida y se toma libertades sin tener la debida autorización. Este proceder suele terminar de forma desastrosa. De hecho, la presunción ha derrocado reyes y ha derribado imperios (Jeremías 50:29, 31, 32; Daniel 5:20). Incluso ha entrampado a algunos siervos de Jehová y los ha llevado a la perdición.

      3. ¿Cómo podemos conocer los peligros de la presunción?

      3 Por ese motivo, la Biblia dice: “¿Ha venido la presunción? Entonces vendrá la deshonra; pero la sabiduría está con los modestos” (Proverbios 11:2). La Biblia nos suministra ejemplos que confirman la veracidad de este proverbio. Examinar algunos de ellos nos ayudará a ver el peligro de extralimitarnos. Analicemos, pues, cómo la envidia, la ambición y la impaciencia provocaron la actuación presuntuosa de los tres hombres mencionados al principio, lo que los condujo a la deshonra.

      Coré: rebelde envidioso

      4. a) ¿Quién era Coré, y en qué sucesos históricos participó? b) ¿Qué acto notorio instigó Coré al final de su vida?

      4 Coré era levita qohatita y primo de Moisés y Aarón. Este hombre, al parecer, fue leal a Jehová por décadas. Tuvo el privilegio de contarse entre aquellos a quienes Dios libró milagrosamente a través del mar Rojo, y puede que participara en la ejecución de la sentencia divina contra los israelitas que adoraron al becerro en el monte Sinaí (Éxodo 32:26). Sin embargo, con el tiempo, se erigió en cabecilla de una revuelta contra Moisés y Aarón que incluyó a los rubenitas Datán, Abiram y On, además de otros 250 principales de Israel.a “Ya basta de ustedes —dijeron a Moisés y Aarón—, porque la entera asamblea son todos santos, y Jehová está en medio de ellos. ¿Por qué, pues, deben ustedes alzarse por encima de la congregación de Jehová?” (Números 16:1-3.)

      5, 6. a) ¿Por qué se rebeló Coré contra Moisés y Aarón? b) ¿Por qué puede decirse que Coré probablemente subestimó su propio lugar en el pueblo de Dios?

      5 ¿Por qué se rebeló Coré después de años de fidelidad? Moisés no ejerció un liderazgo opresivo sobre Israel, pues era “con mucho el más manso de todos los hombres que había sobre la superficie del suelo” (Números 12:3). Sin embargo, parece ser que Coré envidiaba a Moisés y Aarón y le molestaba su prominencia, lo que lo llevó a decir —equivocadamente— que se habían alzado por encima de la congregación de manera arbitraria y egoísta (Salmo 106:16).

      6 Es muy probable que parte del problema de Coré consistiera en no apreciar lo suficiente sus propios privilegios en el pueblo de Dios. Es cierto que los levitas qohatitas no eran sacerdotes, pero eran maestros de la Ley divina. También llevaban el mobiliario y los utensilios del tabernáculo cuando tenían que transportarse. Esa no era una tarea sin importancia, pues los santos utensilios solo podían llevarlos personas que estuvieran limpias religiosa y moralmente (Isaías 52:11). De modo que cuando Moisés se enfrentó a Coré, le dijo de hecho: ¿Piensas que tu comisión es algo tan insignificante que además quieres conseguir el sacerdocio? (Números 16:9, 10). Coré no entendió que el mayor honor era servir a Jehová fielmente según Su voluntad, y no conseguir alguna categoría o posición especial (Salmo 84:10).

      7. a) ¿Qué les dijo Moisés a Coré y a sus hombres? b) ¿Qué final desastroso tuvo la rebelión de Coré?

      7 Moisés invitó a Coré y a sus hombres a ir la mañana siguiente con braserillos e incienso a la tienda de reunión. A estos no les estaba autorizado ofrecer incienso, ya que no eran sacerdotes. Si acudían con los braserillos y el incienso sería una clara indicación de que se creían con el derecho de oficiar como sacerdotes, incluso después de haber tenido toda la noche para reconsiderar el asunto. Cuando se presentaron a la mañana siguiente, Jehová expresó su ira con justicia. En cuanto a los rubenitas, “la tierra abrió su boca y procedió a tragárselos”. A los demás, incluido Coré, los consumió el fuego de Dios (Deuteronomio 11:6; Números 16:16-35; 26:10). La presunción de Coré lo condujo a la mayor deshonra: la desaprobación divina.

      Resistamos la “tendencia hacia la envidia”

      8. ¿Cómo puede manifestarse entre los cristianos la “tendencia hacia la envidia”?

      8 El relato de Coré nos sirve de advertencia. Ya que la “tendencia hacia la envidia” está presente en el ser humano imperfecto, puede manifestarse incluso en la congregación cristiana (Santiago 4:5). Por ejemplo, es posible que concedamos demasiada importancia a la posición. Quizá envidiemos, como Coré, a los que tienen privilegios que nosotros deseamos. O pudiéramos parecernos a Diótrefes, un cristiano del siglo primero que criticó con dureza la autoridad apostólica, evidentemente porque la ambicionaba para sí. De hecho, Juan escribió que a Diótrefes ‘le gustaba tener el primer lugar’ (3 Juan 9).

      9. a) ¿Qué actitud con respecto a las responsabilidades de la congregación debemos evitar? b) ¿Cuál es el punto de vista apropiado sobre nuestro lugar en la organización de Dios?

      9 Por supuesto, no está mal que un cristiano se esfuerce por alcanzar ciertas responsabilidades en la congregación. Pablo incluso animó a ello (1 Timoteo 3:1). Sin embargo, nunca debemos ver los privilegios de servicio como medallas personales, como una manera de ascender en el escalafón. Recordemos que Jesús dijo: “Antes bien, el que quiera llegar a ser grande entre ustedes tiene que ser ministro de ustedes, y el que quiera ser el primero entre ustedes tiene que ser esclavo de ustedes” (Mateo 20:26, 27). Está claro que sería impropio envidiar a quienes tienen más responsabilidades, como si Dios nos valorara según nuestro “rango” en su organización. Jesús dijo: “Todos ustedes son hermanos” (Mateo 23:8). En efecto, seamos publicadores o precursores, recién bautizados o cristianos íntegros por muchos años, cuantos servimos a Jehová de toda alma tenemos un lugar valioso en su organización (Lucas 10:27; 12:6, 7; Gálatas 3:28; Hebreos 6:10). Es una verdadera bendición trabajar hombro a hombro con millones de personas que se esfuerzan por seguir el consejo bíblico: “Cíñanse con humildad mental los unos para con los otros” (1 Pedro 5:5).

      Absalón: ambicioso oportunista

      10. ¿Quién era Absalón, y cómo intentó granjearse el favor de los que acudían al rey para juicio?

      10 El proceder del tercer hijo del rey David, Absalón, nos enseña una lección práctica sobre la ambición. Este oportunista maquinador intentó granjearse el favor de los que acudían al rey para juicio. Primero insinuaba que David no se interesaba por sus necesidades. Luego, ya sin sutilezas, revelaba sus verdaderas intenciones. “¡Oh, que yo fuera nombrado juez en el país —decía—, para que a mí viniera todo hombre que tenga una causa judicial o juicio! Entonces ciertamente le haría justicia.” Su astuto politiqueo no conocía límites. “Cuando se acercaba un hombre para inclinarse ante él —dice la Biblia—, alargaba la mano y lo asía y lo besaba. Y Absalón siguió haciendo una cosa como esta a todos los israelitas que venían al rey a juicio.” ¿Con qué resultado? “Absalón siguió robándose el corazón de los hombres de Israel.” (2 Samuel 15:1-6.)

      11. ¿Cómo intentó Absalón usurpar el trono de David?

      11 Absalón estaba resuelto a usurpar el trono de su padre. Cinco años antes mandó asesinar al hijo mayor de David, Amnón, supuestamente como venganza por la violación de su hermana Tamar (2 Samuel 13:28, 29). Sin embargo, es posible que entonces ya tuviera las miras puestas en el trono, y considerara el asesinato de Amnón como un modo conveniente de eliminar a un rival.b En cualquier caso, cuando llegó el tiempo oportuno, Absalón dio el paso decisivo. Se hizo proclamar rey por todo el país (2 Samuel 15:10).

      12. Explique cómo la presunción de Absalón lo condujo a la deshonra.

      12 Durante un tiempo tuvo éxito, pues “la conspiración siguió haciéndose más fuerte, y la gente continuó aumentando numéricamente con Absalón”. El rey David incluso se vio obligado a huir para salvar la vida (2 Samuel 15:12-17). Sin embargo, la carrera de Absalón se vio truncada cuando, poco después, Joab le dio muerte, lo arrojó a un hoyo y lo cubrió con piedras. Imagínese, este hombre ambicioso quería ser rey, pero ni siquiera recibió un entierro digno al morir.c La presunción ciertamente condujo a Absalón a la deshonra (2 Samuel 18:9-17).

      Evitemos la ambición egoísta

      13. ¿Cómo puede arraigarse en el corazón del cristiano una actitud ambiciosa?

      13 El ascenso de Absalón al poder y su subsecuente caída nos enseñan una lección. En el feroz mundo actual es común que la gente adule a sus superiores para congraciarse con ellos, ya sea solo con el fin de causar una buena impresión o hasta para conseguir algún tipo de privilegio o promoción. Al mismo tiempo, quizá hable con sus subordinados en tono jactancioso, esperando obtener su aceptación y apoyo. Si no tenemos cuidado, esa actitud ambiciosa puede arraigarse en nuestro corazón. Al parecer, eso es lo que les sucedió a algunos cristianos del siglo primero, por lo que los apóstoles tuvieron que prevenir con firmeza contra tales personas (Gálatas 4:17; 3 Juan 9, 10).

      14. ¿Por qué debemos evitar la actitud ambiciosa y jactanciosa?

      14 Jehová no tiene ningún lugar en su organización para los maquinadores que se engrandecen a sí mismos e intentan ‘buscar su propia gloria’ (Proverbios 25:27). De hecho, la Biblia advierte: “Jehová cortará todos los labios melosos, la lengua que habla grandes cosas” (Salmo 12:3). Absalón tuvo unos labios melosos. Lisonjeó a aquellos cuyo favor necesitaba para conseguir el codiciado puesto de autoridad. Por el contrario, qué bendición supone estar en una hermandad que acata el consejo de Pablo: “No [hagan] nada movidos por espíritu de contradicción ni por egotismo, sino [consideren] con humildad mental que los demás son superiores a ustedes” (Filipenses 2:3).

      Saúl: rey impaciente

      15. ¿Cómo demostró en un tiempo Saúl que era modesto?

      15 Antes de ser rey de Israel, Saúl era un hombre modesto. Recordemos, por ejemplo, un suceso de su juventud. Cuando Samuel, el profeta de Dios, habló favorablemente de él, Saúl respondió con humildad: “¿No soy yo un benjaminita de la más pequeña de las tribus de Israel, y no es mi familia la más insignificante de todas las familias de la tribu de Benjamín? ¿Por qué, pues, me has hablado semejante cosa?” (1 Samuel 9:21).

      16. ¿De qué manera manifestó Saúl una actitud impaciente?

      16 Sin embargo, posteriormente Saúl olvidó la modestia. Cuando guerreaba contra los filisteos, se retiró a Guilgal, donde tenía que esperar a Samuel para que invocara a Dios y ofreciera sacrificios. Este no se presentó al tiempo esperado, por lo que Saúl se adelantó con presunción y ofreció el holocausto. Tan pronto como terminó, llegó Samuel. “¿Qué has hecho?”, preguntó a Saúl, quien contestó: “Vi que la gente había sido dispersada de mí, y tú... tú no venías dentro de los días señalados [...]. De modo que me obligué y me puse a ofrecer el sacrificio quemado” (1 Samuel 13:8-12).

      17. a) ¿Por qué podía parecer justificable a primera vista la actuación de Saúl? b) ¿Por qué censuró Jehová a Saúl por su impaciencia?

      17 La actuación de Saúl podía parecer justificable a primera vista, pues el pueblo de Dios estaba “en grave aprieto”, “en severa estrechez” y temblando debido a su situación desesperada (1 Samuel 13:6, 7). Por supuesto, no es impropio tomar la iniciativa cuando las circunstancias lo requieren.d No obstante, recordemos que Jehová puede leer el corazón y percibir nuestros motivos más íntimos (1 Samuel 16:7). Por lo tanto, debió haber observado en Saúl algunas tendencias que el relato bíblico no especifica. Por ejemplo, es posible que hubiera visto que tras la impaciencia de Saúl estaba el orgullo. Quizá se sentía muy irritado porque él —el rey de todo Israel— tenía que esperar a alguien a quien consideraba un profeta viejo y lento. En cualquier caso, Saúl pensó que la tardanza de Samuel le daba derecho a actuar por cuenta propia y pasar por alto las instrucciones explícitas que había recibido. ¿Cuál fue el resultado? Samuel no elogió la iniciativa de Saúl. Por el contrario, lo reprendió diciendo: “Tu reino no durará [...] porque tú no guardaste lo que Jehová te mandó” (1 Samuel 13:13, 14). De nuevo, la presunción condujo a la deshonra.

      Guardémonos de la impaciencia

      18, 19. a) Explique cómo la impaciencia puede hacer que un siervo de Dios de la actualidad obre con presunción. b) ¿Qué debemos recordar sobre el funcionamiento de la congregación cristiana?

      18 El relato de la actuación presuntuosa de Saúl se ha recogido en la Palabra de Dios para nuestro beneficio (1 Corintios 10:11). Es muy fácil que nos molesten las imperfecciones de nuestros hermanos. Quizá nos impacientemos como Saúl y pensemos que para que las cosas se hagan bien tenemos que efectuarlas personalmente. Pongamos por caso al hermano que se destaca por sus aptitudes de organización. Es puntual, está al día con los procedimientos de la congregación y es buen orador y maestro. Al mismo tiempo cree que los demás no están a la altura de sus escrupulosas normas, y que no son ni con mucho tan eficientes como él desearía. ¿Le da esto licencia para impacientarse? ¿Debería criticar a sus hermanos, quizá dando a entender que si no fuera por él no se lograría nada y la congregación sufriría? ¡Qué presuntuoso sería ese modo de pensar!

      19 Realmente, ¿qué mantiene unida a una congregación cristiana? ¿Las aptitudes de organización? ¿La eficiencia? ¿El conocimiento profundo? Es cierto que todo ello contribuye a su buen funcionamiento (1 Corintios 14:40; Filipenses 3:16; 2 Pedro 3:18). Sin embargo, Jesús dijo que a sus discípulos se les identificaría, en primer lugar, por el amor (Juan 13:35). De modo que los ancianos amorosos, aunque son ordenados, entienden que la congregación no es una empresa que requiere dirección rígida, sino un rebaño que necesita cuidado tierno (Isaías 32:1, 2; 40:11). Pasar por alto presuntuosamente estos principios suele producir disensiones. Sin embargo, el orden piadoso produce la paz (1 Corintios 14:33; Gálatas 6:16).

      20. ¿Sobre qué tratará el artículo siguiente?

      20 Los relatos bíblicos de Coré, Absalón y Saúl muestran claramente que la presunción conduce a la deshonra, como dice Proverbios 11:2. Ahora bien, el mismo versículo añade: “La sabiduría está con los modestos”. ¿Qué es la modestia? ¿Qué ejemplos de la Biblia pueden ayudarnos a entender mejor esa cualidad, y cómo podemos ser modestos hoy? Estas preguntas se contestarán en el artículo siguiente.

      [Notas]

      a Ya que Rubén era el primogénito de Jacob, puede que los rubenitas a quienes Coré incitó a la rebelión estuvieran molestos por el hecho de que Moisés, un descendiente de Leví, tuviera autoridad sobre ellos.

      b A Kileab, segundo hijo de David, no se le vuelve a mencionar después de su nacimiento. Posiblemente murió antes del alzamiento de Absalón.

      c En tiempos bíblicos el entierro del cuerpo de la persona fallecida era un acto de considerable importancia. Por lo tanto, el que se privara a alguien de un entierro era denigrante y solía expresar la desaprobación divina (Jeremías 25:32, 33).

      d Por ejemplo, Finehás actuó sin demora para detener un azote que mató a decenas de miles de israelitas, y David invitó a sus hombres hambrientos a comer con él el pan de la proposición en “la casa de Dios”. Dios no consideró presuntuosa ninguna de las dos actuaciones (Mateo 12:2-4; Números 25:7-9; 1 Samuel 21:1-6).

  • “La sabiduría está con los modestos”
    La Atalaya 2000 | 1 de agosto
    • “La sabiduría está con los modestos”

      “¿Qué es lo que Jehová está pidiendo de vuelta de ti sino [...] ser modesto al andar con tu Dios?” (MIQUEAS 6:8.)

      1, 2. ¿Qué es la modestia, y cómo difiere de la presunción?

      UN DESTACADO apóstol rehúsa ser el centro de atención. Un valiente juez israelita dice ser el menos importante de la casa de su padre. El hombre más grande de todos los tiempos reconoce que su autoridad es limitada. Cada uno de estos hombres demuestra ser modesto.

      2 La modestia es lo opuesto a la presunción. La persona modesta tiene una opinión equilibrada sobre sus aptitudes y valía, y no es engreída ni vanidosa. En vez de ser orgullosa, jactanciosa o ambiciosa, la persona modesta siempre es consciente de sus limitaciones. Por lo tanto, respeta y da la debida consideración a los sentimientos y opiniones de los demás.

      3. ¿De qué manera está la sabiduría “con los modestos”?

      3 Por ello la Biblia dice: “La sabiduría está con los modestos” (Proverbios 11:2). Una persona modesta es sabia porque sigue un proceder que Dios aprueba, y evita la actitud presuntuosa que resulta en deshonra (Proverbios 8:13; 1 Pedro 5:5). La vida de muchos siervos de Dios confirma la sabiduría de actuar con modestia. Repasemos los tres ejemplos que se citan en el primer párrafo.

      Pablo: ‘subordinado’ y ‘mayordomo’

      4. ¿De qué privilegios singulares disfrutó Pablo?

      4 Pablo fue una figura destacada entre los primeros cristianos, y se entiende que lo fuera. Viajó miles de kilómetros por mar y tierra, y estableció muchas congregaciones durante su ministerio. Además, Jehová lo bendijo con visiones y el don de hablar en lenguas extranjeras (1 Corintios 14:18; 2 Corintios 12:1-5). También lo inspiró a escribir catorce cartas que ahora forman parte de las Escrituras Griegas Cristianas. Por tanto, puede decirse que las labores de Pablo excedieron a las de los demás apóstoles (1 Corintios 15:10).

      5. ¿Cómo mostró Pablo que tenía una opinión modesta de sí mismo?

      5 Ya que Pablo fue a la vanguardia de la actividad cristiana, pudo haber acaparado la atención o hasta haber hecho ostentación de su autoridad. Sin embargo no lo hizo; Pablo fue modesto. Se llamó “el más pequeño de los apóstoles”, y añadió: “no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí a la congregación de Dios” (1 Corintios 15:9). Como había perseguido a los cristianos, Pablo nunca olvidó que fue solo por bondad inmerecida que pudo disfrutar de una relación con Dios y de privilegios de servicio especiales (Juan 6:44; Efesios 2:8). Por lo tanto, nunca pensó que sus extraordinarios logros en el ministerio lo hicieran superior a los demás (1 Corintios 9:16).

      6. ¿Cómo trató Pablo a los corintios con modestia?

      6 La modestia de Pablo se hizo particularmente evidente en su modo de tratar a los corintios. Al parecer, algunos de ellos admiraban a los que consideraban superintendentes destacados, entre ellos Apolos, Cefas y el mismo Pablo (1 Corintios 1:11-15). Pero Pablo ni solicitó la alabanza de los corintios ni se aprovechó de su admiración. Cuando los visitó, no se presentó “con extravagancia de habla o de sabiduría”. Por el contrario, dijo de sí mismo y de sus compañeros: “Valórenos el hombre como quienes son subordinados de Cristo y mayordomos de los secretos sagrados de Dios”a (1 Corintios 2:1-5; 4:1).

      7. ¿Cómo demostró Pablo que era modesto incluso cuando daba consejo?

      7 Pablo fue modesto hasta cuando tuvo que dar consejo y dirección firmes. Suplicó a sus compañeros cristianos “por las compasiones de Dios” y “sobre la base del amor” y no por el peso de su autoridad apostólica (Romanos 12:1, 2; Filemón 8, 9). ¿Por qué lo hizo así? Porque en realidad se consideraba ‘colaborador’ de sus hermanos, no ‘amo sobre su fe’ (2 Corintios 1:24). No cabe duda de que la modestia de Pablo contribuyó a que las congregaciones cristianas del siglo primero le tuvieran tanto afecto (Hechos 20:36-38).

      Veamos con modestia nuestros privilegios

      8, 9. a) ¿Por qué debemos tener una opinión modesta de nosotros mismos? b) ¿Cómo pueden ser modestos los que tienen ciertas responsabilidades?

      8 Pablo es un buen ejemplo para los cristianos de la actualidad. No importa qué responsabilidades se nos hayan confiado, ninguno de nosotros deberíamos pensar que somos superiores a los demás. “Si alguien piensa que es algo, no siendo nada —escribió Pablo—, está engañando su propia mente.” (Gálatas 6:3.) ¿Por qué? Porque “todos han pecado y no alcanzan a la gloria de Dios” (Romanos 3:23; 5:12). En efecto, nunca debemos olvidar que todos hemos heredado de Adán el pecado y la muerte. Los privilegios especiales no nos elevan de nuestra baja condición pecaminosa (Eclesiastés 9:2). Tal como en el caso de Pablo, el ser humano solo puede disfrutar de una relación con Dios y servirle en un puesto privilegiado gracias a Su bondad inmerecida (Romanos 3:12, 24).

      9 La persona modesta se da cuenta de esta realidad y nunca se jacta de sus privilegios ni de sus logros (1 Corintios 4:7). Cuando da consejo o dirección, lo hace como colaborador, no como amo. Sería muy impropio que quien se destacara en ciertas labores solicitase la alabanza de sus hermanos en la fe o se aprovechara de su admiración (Proverbios 25:27; Mateo 6:2-4). La única alabanza que vale la pena es la que procede de los demás sin haberse solicitado. Y si la recibimos, no debemos permitir que nos haga pensar más de nosotros mismos de lo que es necesario (Proverbios 27:2; Romanos 12:3).

      10. Explique cómo pueden ser “ricos en fe” los que no son prominentes en la congregación.

      10 Cuando se nos confía cierta responsabilidad, la modestia nos ayudará a no darnos demasiada importancia, creando la impresión de que la congregación progresa solo gracias a nuestro empeño y nuestras aptitudes. Por ejemplo, puede que tengamos un don especial para la enseñanza (Efesios 4:11, 12). Aun así, debemos reconocer con modestia que algunas de las mayores lecciones que se aprenden en las reuniones de la congregación no se presentan desde la plataforma. ¿No nos anima ver al padre solo que acude regularmente al Salón del Reino con sus hijos a la zaga? ¿O al alma deprimida que asiste fielmente a las reuniones a pesar de sus persistentes sentimientos de inutilidad? ¿O al joven que progresa espiritualmente pese a las malas influencias de la escuela o de otro lugar? (Salmo 84:10.) Por lo general, esas personas no son el centro de atención. Las pruebas de integridad a las que se enfrentan suelen pasar inadvertidas. Sin embargo, pueden ser tan “ricos en fe” como los hermanos más prominentes (Santiago 2:5). Al fin y al cabo, la fidelidad es lo que nos granjea el favor de Jehová (Mateo 10:22; 1 Corintios 4:2).

      Gedeón: “el más chico” de la casa de su padre

      11. ¿Cómo demostró Gedeón que era modesto cuando habló con el ángel de Dios?

      11 Gedeón, un joven fiel de la tribu de Manasés, vivió durante un tiempo turbulento de la historia de Israel. El pueblo de Dios había sufrido durante siete años la opresión madianita. Sin embargo, había llegado el tiempo para que Jehová liberara a su pueblo. De modo que un ángel se apareció a Gedeón y le dijo: “Jehová está contigo, oh valiente y poderoso”. Gedeón era un hombre modesto, y por ello no le deleitó este inesperado cumplido. Por el contrario, dijo con respeto al ángel: “Dispénsame, señor mío, pero si Jehová está con nosotros, ¿entonces por qué nos ha sobrevenido todo esto?”. El ángel le aclaró: “Ciertamente salvarás a Israel de la palma de la mano de Madián”. ¿Cómo respondió este? En vez de aceptar rápidamente la comisión como una oportunidad de convertirse en héroe nacional, replicó: “Dispénsame, Jehová. ¿Con qué salvaré yo a Israel? ¡Mira! El millar mío es el más pequeño de Manasés, y yo soy el más chico de la casa de mi padre”. ¡Qué modestia! (Jueces 6:11-15.)

      12. ¿Cómo cumplió Gedeón discretamente su comisión?

      12 Antes de enviar a Gedeón a la batalla, Jehová lo probó. ¿Cómo? Le dijo que demoliera el altar de Baal que pertenecía a su padre y que cortara el poste sagrado que se alzaba junto a él. Esa comisión requería valor, pero Gedeón fue modesto y discreto en la manera de llevarla a cabo. En vez de convertirse en un espectáculo público, trabajó al amparo de la noche para pasar inadvertido. Además, acometió la tarea con la debida cautela. Tomó consigo a diez siervos, quizá para que algunos se quedaran de guardia mientras el resto lo ayudaba a demoler el altar y el poste sagrado.b En cualquier caso, con la bendición de Jehová, Gedeón cumplió su comisión y con el tiempo Dios lo utilizó para liberar de los madianitas a Israel (Jueces 6:25-27).

      Demostremos modestia y discreción

      13, 14. a) ¿Cómo podemos demostrar que somos modestos cuando se nos concede un privilegio de servicio? b) ¿Cómo dio un buen ejemplo de modestia el hermano A. H. Macmillan?

      13 Podemos aprender mucho de la modestia de Gedeón. Por ejemplo, ¿cómo reaccionamos cuando recibimos un privilegio de servicio? ¿Pensamos primero en la reputación o el prestigio que este comporta? ¿O reflexionamos, con modestia y oración, sobre nuestra capacidad para cumplir con las exigencias de la tarea? El hermano A. H. Macmillan, que terminó su vida en la Tierra en 1966, dio un buen ejemplo a este respecto. C. T. Russell, el primer presidente de la Sociedad Watch Tower, le preguntó en una ocasión quién creía que podía encargarse de la obra durante su ausencia. El hermano Macmillan no se promovió a sí mismo en la conversación, aunque podía haber aprovechado la oportunidad. Al final, el hermano Russell lo invitó a que pensara si podía aceptar el cargo. “Me quedé de pie medio aturdido —escribió años después el hermano Macmillan—. Lo pensé muy en serio y oré al respecto durante algún tiempo hasta que finalmente le dije que con gusto haría todo lo que pudiera para ayudarle.”

      14 El hermano Russell murió poco después, dejando vacante la presidencia de la Sociedad Watch Tower. Ya que el hermano Macmillan estuvo al cargo de la Sociedad durante la última gira de predicación del hermano Russell, un hermano le dijo: “Mac, tienes muchas posibilidades de quedarte con el puesto. Eras el representante especial del hermano Russell cuando se ausentaba, y él nos indicaba a todos que hiciéramos lo que tú decías. Pues bien, ahora se ha ido para siempre. Parece ser que tú eres el sucesor”. El hermano Macmillan respondió: “Hermano, ese no es el enfoque apropiado. Esta es la obra del Señor y la única posición que se consigue en la organización del Señor es la que él tiene a bien conceder; estoy seguro de que no soy el hombre indicado”. Luego, el hermano Macmillan recomendó a otra persona para el puesto. Tenía una opinión modesta de sí mismo como la tuvo Gedeón y como la deberíamos tener nosotros.

      15. ¿De qué maneras prácticas podemos demostrar buen juicio en la predicación?

      15 Nosotros también deberíamos cumplir nuestra comisión con modestia. Gedeón fue discreto y procuró no encolerizar innecesariamente a sus opositores. De igual modo, debemos ser modestos y discretos cuando hablamos a otras personas en la predicación. Es cierto que participamos en una guerra espiritual y tenemos que derrumbar ‘cosas y razonamientos fuertemente atrincherados’ (2 Corintios 10:4, 5). Pero no deberíamos hablar con aires de superioridad ni darle a nadie ninguna causa válida para sentirse ofendido por nuestro mensaje. Por el contrario, debemos respetar las opiniones de nuestros interlocutores, destacar aquello en lo que concordamos y centrarnos en los aspectos positivos del mensaje (Hechos 22:1-3; 1 Corintios 9:22; Revelación [Apocalipsis] 21:4).

      Jesús: ejemplo supremo de modestia

      16. ¿Cómo demostró Jesús que tenía una opinión modesta de sí mismo?

      16 El mayor ejemplo de modestia es el de Jesucristo.c A pesar de la relación íntima que tenía con su Padre, no dejó de reconocer que algunos asuntos escapaban a su autoridad (Juan 1:14). Por ejemplo, cuando la madre de Santiago y Juan le pidió que sus dos hijos se sentaran a su lado en su Reino, Jesús dijo: “Esto de sentarse a mi derecha y a mi izquierda no es cosa mía darlo” (Mateo 20:20-23). En otra ocasión, Jesús admitió sin vacilar: “No puedo hacer ni una sola cosa por mi propia iniciativa; [...] no busco mi propia voluntad, sino la voluntad del que me envió” (Juan 5:30; 14:28; Filipenses 2:5, 6).

      17. ¿Cómo trató Jesús con modestia a otras personas?

      17 Jesús era superior en todo a los seres humanos imperfectos y poseía una autoridad sin paralelo, la cual había recibido de su Padre, Jehová. No obstante, trató a sus seguidores con modestia. No los abrumó con una demostración impresionante de conocimiento. Fue sensible, compasivo y tuvo en cuenta sus necesidades humanas (Mateo 15:32; 26:40, 41; Marcos 6:31). Sin embargo, aunque era perfecto, no fue un perfeccionista. Nunca pidió de sus discípulos más de lo que podían dar y nunca puso sobre ellos más carga de la que podían llevar (Juan 16:12). No es de extrañar que tantas personas hallaran refrigerio en él (Mateo 11:29).

      Imitemos el ejemplo de modestia de Jesús

      18, 19. ¿Cómo podemos imitar la modestia de Jesús en a) el modo de vernos a nosotros mismos y b) el modo de tratar a los demás?

      18 Si el hombre más grande de todos los tiempos fue modesto, cuánto más deberíamos serlo nosotros. Al ser humano imperfecto normalmente le cuesta admitir que su autoridad no es absoluta. Sin embargo, los cristianos se esfuerzan por ser modestos como Jesús lo fue. No son demasiado orgullosos para delegar responsabilidad en quienes pueden desempeñarla; tampoco son altivos ni reacios a aceptar la guía de los que están autorizados a darla. Con una actitud de cooperación permiten que todas las cosas se hagan “decentemente y por arreglo” en la congregación (1 Corintios 14:40).

      19 La modestia también nos ayudará a ser razonables en lo que esperamos de otras personas y a tener en cuenta sus necesidades (Filipenses 4:5). Es posible que poseamos ciertas aptitudes y virtudes que quizá otros no tengan. De todos modos, si somos modestos, no esperaremos que los demás siempre actúen como a nosotros nos gustaría que lo hicieran. Sabiendo que cada persona tiene sus propias limitaciones, seremos modestos e indulgentes con las debilidades ajenas. Pedro escribió: “Ante todo, tengan amor intenso unos para con otros, porque el amor cubre una multitud de pecados” (1 Pedro 4:8).

      20. ¿Qué podemos hacer para superar posibles tendencias inmodestas?

      20 Como hemos aprendido, la sabiduría está en verdad con los modestos. ¿Qué hacer, entonces, si vemos que tendemos a ser inmodestos o presuntuosos? No nos desanimemos; antes bien, sigamos el consejo de David, quien oró: “Retén a tu siervo de actos presuntuosos; no dejes que me dominen” (Salmo 19:13). Al imitar la fe de hombres como Pablo, Gedeón y, sobre todos los demás, Jesucristo, experimentaremos personalmente la verdad de las palabras: “La sabiduría está con los modestos” (Proverbios 11:2).

      [Notas]

      a La palabra griega que se traduce por “subordinados” puede referirse al esclavo que remaba en la hilera más baja de una gran embarcación. Los “mayordomos” tenían más responsabilidades, como la de encargarse de una propiedad. Sin embargo, a los ojos de la mayoría de los amos, tan servidor era el mayordomo como el esclavo que remaba en las galeras.

      b La discreción y la cautela de Gedeón no deben malinterpretarse como señal de cobardía. Por el contrario, su valor se confirma en Hebreos 11:32-38, donde se le incluye entre aquellos que “fueron hechos poderosos” y que “se hicieron valientes en guerra”.

      c Ya que la modestia implica tener conciencia de las propias limitaciones, este término no es aplicable a Jehová; en cambio, sí puede decirse que Jehová es humilde (Salmo 18:35).

Publicaciones en español (1950-2026)
Cerrar sesión
Iniciar sesión
  • Español
  • Compartir
  • Configuración
  • Copyright © 2026 Watch Tower Bible and Tract Society of Pennsylvania
  • Condiciones de uso
  • Política de privacidad
  • Configuración de privacidad
  • JW.ORG
  • Iniciar sesión
Compartir