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Jehová ensalza a su Siervo MesiánicoLas profecías de Isaías, una luz para toda la humanidad II
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21, 22. a) ¿Qué llevó el Mesías por otras personas? b) ¿Qué opinaron muchos respecto al Mesías, y qué culminación tuvieron sus sufrimientos?
21 ¿Por qué tuvo que sufrir y morir el Mesías? Isaías explica: “Verdaderamente nuestras enfermedades fueron las que él mismo llevó; y en cuanto a nuestros dolores, él los cargó. Pero nosotros mismos lo consideramos como plagado, golpeado por Dios y afligido. Pero a él se le estuvo traspasando por nuestra transgresión; se le estuvo aplastando por nuestros errores. El castigo que era para nuestra paz estuvo sobre él, y a causa de sus heridas ha habido una curación para nosotros. Como ovejas todos nosotros hemos andado errantes; cada cual a su propio camino nos hemos dirigido; y Jehová mismo ha hecho que el error de todos nosotros se encuentre con aquel” (Isaías 53:4-6).
22 El Mesías llevó las enfermedades y los dolores de otras personas. Por así decirlo, colocó las cargas de ellas sobre sus propios hombros y las acarreó. Y dado que la enfermedad y el dolor son producto de la condición pecaminosa de la humanidad, el Mesías llevó los pecados de los demás. Muchos no comprendieron la razón de sus padecimientos, e incluso creyeron que Dios lo estaba castigando, plagándolo con una dolencia repugnante.c Los sufrimientos del Mesías culminaron al ser traspasado, aplastado y herido, términos impactantes que denotan una muerte violenta y dolorosa. Sin embargo, esta tiene un poder expiatorio, pues sienta la base para el recobro de cuantos vagan en las sendas del error y el pecado, ayudándolos a hallar paz con Dios.
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Jehová ensalza a su Siervo MesiánicoLas profecías de Isaías, una luz para toda la humanidad II
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24. a) ¿Por qué creyeron muchos que Dios había “plagado” a Jesús? b) ¿Por qué sufrió y murió Jesús?
24 Aun así, muchos creyeron que Dios había “plagado” a Jesús, pues sufrió por instigación de dirigentes religiosos respetados. Recordemos, no obstante, que sus padecimientos no se debieron a pecados propios. “Cristo sufrió por ustedes —señaló Pedro—, dejándoles dechado para que sigan sus pasos con sumo cuidado y atención. Él no cometió pecado, ni en su boca se halló engaño. Él mismo cargó con nuestros pecados en su propio cuerpo sobre el madero, para que acabáramos con los pecados y viviéramos a la justicia. Y ‘por sus heridas ustedes fueron sanados’.” (1 Pedro 2:21, 22, 24.) Hubo un tiempo en que todos los seres humanos estaban perdidos en el pecado y “como ovejas, andaban descarriados” (1 Pedro 2:25). Pero Jehová nos redimió mediante Jesús de nuestra condición pecaminosa. Hizo que nuestro error ‘se encontrara con él’, que recayera sobre él. Jesús, que no cometió ningún pecado, aceptó de buena gana la pena correspondiente a los nuestros. Sin merecerlo, sufrió una muerte ignominiosa en un madero, y así hizo posible que nos reconciliáramos con Dios.
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