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Un libro de profecíasUn libro para todo el mundo
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La antigua Babilonia fue “la joya de los reinos”. (Isaías 13:19, Straubinger.) Aquella floreciente ciudad, ubicada estratégicamente en la ruta comercial que iba del golfo Pérsico al mar Mediterráneo, servía de centro de intercambio de mercancías entre Oriente y Occidente, tanto por tierra como por mar.
Para el siglo VII a.E.C., Babilonia era la capital, en apariencia inexpugnable, del Imperio babilónico. La metrópolis se extendía a ambas orillas del río Éufrates, con cuyas aguas se habían construido un foso ancho y profundo y una red de canales. Además, la defendían enormes murallas dobles reforzadas por numerosas torres. No es de extrañar que sus habitantes se sintieran tan seguros.
Sin embargo, en el siglo VIII a.E.C., antes de que Babilonia alcanzara el cenit de su gloria, el profeta Isaías predijo que sería ‘barrida con la escoba de la aniquilación’. (Isaías 13:19; 14:22, 23.) También describió cómo caería. Los invasores ‘desecarían’ sus ríos, que llenaban de agua el foso de la fortificación, lo cual dejaría la ciudad vulnerable. Isaías incluso dio el nombre del conquistador: “Ciro”, el eminente rey persa, e indicó que se habrían de “abrir ante él las puertas y dejar libres las entradas”. (Isaías 44:27–45:2, Pontificio Instituto Bíblico.)
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“Nunca será habitada”
¿Que sería de Babilonia después de su caída? Isaías predijo: “Nunca será habitada, ni residirá por generación tras generación. Y allí el árabe no asentará su tienda, y no habrá pastores que dejen que sus rebaños se echen allí”. (Isaías 13:20.) Parecería cuando menos extraño predecir que una ciudad con una localización tan favorable fuera a quedar permanentemente deshabitada. ¿Pudiera ser que Isaías hubiera escrito sus palabras después de presenciar la desolación de Babilonia?
Tras la captura a manos de Ciro, Babilonia siguió poblada durante siglos, si bien con menor prosperidad. Recordemos que los Rollos del mar Muerto comprenden una copia del libro de Isaías que data del siglo II a.E.C. Para cuando se realizaba la copia del rollo, los partos ya habían tomado Babilonia. En el siglo I E.C. existía una comunidad judía en aquella ciudad, que visitó el escritor bíblico Pedro. (1 Pedro 5:13.) Para entonces, el Rollo de Isaías del mar Muerto llevaba en existencia casi dos siglos. De modo que en el siglo I E.C., bastante tiempo después de haberse escrito Isaías, Babilonia aún no había quedado desolada por completo.a
En conformidad con las predicciones, Babilonia acabó convirtiéndose en simples “montones de piedras”. (Jeremías 51:37.) Según el hebraísta Jerónimo (siglo IV E.C.), en su época Babilonia ya no era más que tierra de caza por donde deambulaban “fieras de todo tipo”.9 Sigue desolada hasta el día de hoy.
Isaías no vivió para ver Babilonia deshabitada. Pero las ruinas de esta ciudad, antaño poderosa, ubicadas a unos 80 kilómetros al sur de Bagdad (Irak), constituyen un testimonio silencioso del cumplimiento de sus palabras: “Nunca será habitada”. Aunque la restauración de la ciudad como atracción turística atraiga a los visitantes, la “descendencia y posteridad” de Babilonia han desaparecido para siempre. (Isaías 13:20; 14:22, 23.)
El profeta Isaías no hizo predicciones ambiguas, aplicables a cualquier suceso posterior. Tampoco escribió la historia de modo que pareciera profecía. Pensemos: ¿por qué habría de arriesgarse un impostor a “profetizar” algo que no podría controlar en absoluto, a saber, que la poderosa Babilonia quedaría deshabitada para siempre?
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