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    La Atalaya (estudio) 2020 | abril
    • 14. ¿Cuándo se cumplió Joel 2:28, 29?

      14 A continuación, Joel declara una buena noticia: la tierra volverá a dar fruto (Joel 2:23-26). Luego, en algún momento futuro, se hará disponible alimento espiritual en abundancia. Jehová promete: “Derramaré mi espíritu sobre todo tipo de personas. Sus hijos y sus hijas profetizarán [...]. Incluso sobre mis esclavos y mis esclavas derramaré mi espíritu” (Joel 2:28, 29). ¿Cuándo se cumplieron estas palabras? No fue cuando los israelitas regresaron de Babilonia a su tierra, sino siglos después, en el Pentecostés del año 33. ¿Cómo lo sabemos?

      15. Tal como leemos en Hechos 2:16, 17, ¿qué cambio hizo Pedro al citar de Joel 2:28, y qué indica esto?

      15 Por inspiración divina, el apóstol Pedro relacionó Joel 2:28, 29 con algo sorprendente que ocurrió en el Pentecostés del año 33. Como a las nueve de la mañana, Dios derramó su espíritu santo, y quienes lo recibieron empezaron a hablar “de las cosas magníficas de Dios” en diferentes idiomas (Hech. 2:11). Pero ¿habíamos notado que Pedro usó unas palabras un poco diferentes al citar de la profecía de Joel? (Lea Hechos 2:16, 17). Jehová hizo que, en vez de empezar la cita con la palabra “después”, Pedro dijera que “en los últimos días” —en este contexto, los últimos días de Jerusalén y su templo— Dios derramaría su espíritu “sobre todo tipo de personas”. Esto indica que pasó mucho tiempo hasta que se cumplió la profecía de Joel.

      16. a) ¿Qué efecto tuvo el espíritu de Dios en la predicación en el siglo primero? b) ¿Qué efecto ha tenido en nuestros días?

      16 Después de que Dios derramó su espíritu sobre los cristianos en el siglo primero, la predicación empezó a tener un progreso muy notable. Para cuando el apóstol Pablo escribió su carta a los Colosenses, alrededor del año 61, pudo decir que las buenas noticias se habían predicado “en toda la creación que está bajo el cielo” (Col. 1:23). Al decir “toda la creación”, Pablo se refería a las partes del mundo que se conocían en aquel entonces. En nuestros días, gracias al poderoso espíritu santo de Jehová, la predicación se ha extendido mucho más y ha alcanzado “hasta las partes más lejanas de la tierra” (Hech. 13:47; vea el recuadro “Derramaré mi espíritu”).

      “Derramaré mi espíritu”

      En el día del Pentecostés del año 33, unos 3.000 hombres y mujeres se bautizaron como discípulos de Jesucristo. De inmediato, se pusieron a contarles a otros la verdad sobre Jesús. ¿Bendijo Jehová su entusiasmo? Claro que sí. “Muchos miles” se hicieron discípulos de Cristo (Hech. 2:41; 21:20).

      ¿Cuántos miles de cristianos llegó a haber? La Biblia no lo dice; pero, incluso para finales del siglo primero, tenían que ser mucho menos de 144.000. En ese momento, Jehová estaba seleccionando hombres y mujeres para que heredaran el Reino celestial, pero ha elegido a la mayoría de los ungidos en tiempos modernos. Aun así, el notable crecimiento que hubo en el siglo primero demuestra que Jehová había derramado su espíritu sobre aquellos discípulos (Hech. 2:16-18).

      ¿Tenemos pruebas de que Jehová ha derramado su espíritu sobre sus siervos en la actualidad? Por supuesto que sí. Pensemos en lo siguiente. Según los registros disponibles, en 1919 había menos de 6.000 publicadores por todo el mundo. Pero Jehová bendijo la predicación, y desde 1983 todos los años se bautizan como testigos de Jehová mucho más de 144.000 personas. Sin duda, esto confirma que Jehová está cumpliendo su promesa: “Derramaré mi espíritu” (Joel 2:28, 29).

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