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Un hombre de lealtad incondicionalLa Atalaya 2010 | 1 de enero
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Cuando fue corregido
Poco después, Jesús partió con los apóstoles y otros discípulos en un largo viaje hacia el norte. La cumbre nevada del monte Hermón, ubicado en la frontera norte de la Tierra Prometida, podía verse desde las azules aguas del mar de Galilea. A medida que se acercaban, la montaña iba creciendo ante sus ojos, mientras subían por el camino que les llevaba hasta las aldeas cercanas a Cesarea de Filipo.c Fue en ese lugar, con una inmejorable vista de la Tierra Prometida a sus pies, donde Jesús les planteó a sus discípulos una cuestión crucial.
“¿Quién dicen las muchedumbres que soy?”, preguntó. Nos imaginamos a Pedro clavando su mirada en los bondadosos ojos de su Maestro, consciente de su extraordinaria inteligencia. Jesús quería averiguar a qué conclusión habían llegado las personas a las que había hablado. Los discípulos le contaron algunos de los rumores que circulaban sobre su identidad. Con todo, Jesús deseaba indagar más, quería saber si sus discípulos más allegados también los habían creído. Por eso insistió: “Pero ustedes, ¿quién dicen que soy?” (Lucas 9:18-22).
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Un hombre de lealtad incondicionalLa Atalaya 2010 | 1 de enero
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c Desde el mar de Galilea, situado a unos 210 metros (700 pies) bajo el nivel del mar, recorrieron unos 48 kilómetros (30 millas) por bellas regiones hasta alcanzar los 350 metros (1.150 pies) sobre el nivel del mar.
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