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¿Qué es el Reino de Dios?La Atalaya 2011 | 1 de marzo
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¿Qué es el Reino de Dios?
“Estas buenas nuevas del reino.” (MATEO 24:14)
EN SU famoso Sermón del Monte, Jesús enseñó a sus discípulos el padrenuestro, una oración que millones de personas conocen de memoria y rezan a menudo. Según cierta obra, “para el mundo cristiano [...] es la oración por excelencia”. Pues bien, en ella se incluye la siguiente petición a Dios: “Venga tu reino”. Sin embargo, muchos de los que recitan estas palabras no saben lo que es el Reino ni lo que hará cuando venga (Mateo 6:9, 10).
Pero esto no es de extrañar, pues las explicaciones que ofrecen los líderes de la cristiandad son muy oscuras y complicadas, y a menudo se contradicen entre sí. Por ejemplo, uno de ellos afirma que el Reino de Dios es “algo sobrenatural, [...] un vínculo interno que se establece con el Creador [...], un encuentro con Dios por medio del cual los hombres y las mujeres alcanzan la salvación”. Otro dice que el evangelio, o las buenas nuevas, son “las enseñanzas relacionadas con la Iglesia”. Y la Enciclopedia Católica sostiene: “El reino de Dios significa [...] el reinado de Dios en nuestros corazones”.
Sin embargo, en la parte superior de la página 2 de esta revista se indica: “El Reino de Dios —un gobierno de verdad que se halla en los cielos— pronto acabará con la maldad y transformará la Tierra en un paraíso”. Esta explicación no solo es mucho más sencilla y entendible, sino que cuenta con el apoyo de las Escrituras. Veamos por qué decimos esto.
Los futuros reyes de la Tierra
Puesto que un reino es una forma de gobierno encabezada por un rey, ¿quién es el Rey del Reino de Dios? La Biblia revela que es Jesucristo, quien tras haber sido resucitado ascendió a los cielos. El profeta Daniel tuvo una visión del momento en el que Jesús fue coronado. Él escribió: “Seguí contemplando en las visiones de la noche, y, ¡pues vea!, con las nubes de los cielos sucedía que venía alguien como un hijo del hombre [Jesús]; y al Anciano de Días [Jehová Dios] obtuvo acceso, y lo presentaron cerca, aun delante, de Aquel. Y a él fueron dados gobernación y dignidad y reino, para que los pueblos, grupos nacionales y lenguajes todos le sirvieran aun a él. Su gobernación es una gobernación de duración indefinida que no pasará, y su reino uno que no será reducido a ruinas” (Daniel 7:13, 14).
El libro de Daniel también revela otros datos sobre el Reino: que sería establecido por Dios, que pondría fin a los gobiernos humanos y que nunca sería derrocado. Así lo muestra el capítulo 2, donde se registra una ocasión en la que el rey de Babilonia soñó con una estatua que representaba una sucesión de potencias mundiales. El profeta Daniel le explicó qué ocurriría “en la parte final de los días”: “El Dios del cielo establecerá un reino que nunca será reducido a ruinas. Y el reino mismo no será pasado a ningún otro pueblo. Triturará y pondrá fin a todos estos reinos, y él mismo subsistirá hasta tiempos indefinidos” (Daniel 2:28, 44).
Ahora bien, el Rey del Reino de Dios no gobierna solo. Mientras estuvo en la Tierra, Jesús les prometió a sus apóstoles fieles que serían resucitados para vivir en el cielo y que se sentarían sobre tronos (Lucas 22:28-30). Obviamente, Jesús estaba hablando de tronos simbólicos, pues el Reino estaría en el cielo. La Biblia indica que otros cristianos recibirían la misma recompensa. Según Revelación (Apocalipsis) 5:9, 10, los que gobernarían con Jesús procederían “de toda tribu y lengua y pueblo y nación”, y tendrían que “reinar sobre la tierra” y servir de “sacerdotes para nuestro Dios”.
Las buenas nuevas del Reino: un mensaje de esperanza
Como vimos, la Biblia indica que a Jesús se le concedió gobernar a gente de todos “los pueblos, grupos nacionales y lenguajes”. También explica que quienes gobernarán con él reinarán “sobre la tierra”. Pero ¿quiénes son esas personas de todas las naciones que vivirán en la Tierra bajo este gobierno divino? Son aquellas que respondan bien a las buenas nuevas que se están predicando hoy. También serán súbditos del Reino los que sean resucitados para vivir aquí, en la Tierra. Todos ellos tendrán la oportunidad de tener vida eterna.
Muchos pasajes bíblicos describen con todo lujo de detalles lo que el Reino de Dios hará por la humanidad. Estos son algunos:
“[Dios] hace cesar las guerras hasta la extremidad de la tierra. Quiebra el arco y verdaderamente corta en pedazos la lanza; quema los carruajes en el fuego.” (Salmo 46:9.)
“Edificarán casas, y las ocuparán; y [...] plantarán viñas y comerán su fruto. No edificarán y otro lo ocupará; no plantarán y otro lo comerá.” (Isaías 65:21, 22.)
“[Dios] limpiará toda lágrima de sus ojos, y la muerte no será más, ni existirá ya más lamento ni clamor ni dolor. Las cosas anteriores han pasado.” (Revelación 21:3, 4.)
“En aquel tiempo los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos mismos de los sordos serán destapados. En aquel tiempo el cojo trepará justamente como lo hace el ciervo, y la lengua del mudo clamará con alegría.” (Isaías 35:5, 6.)
“Viene la hora en que todos los que están en las tumbas conmemorativas oirán su voz [la de Jesús] y saldrán, los que hicieron cosas buenas a una resurrección de vida.” (Juan 5:28, 29.)
“Los mansos mismos poseerán la tierra, y verdaderamente hallarán su deleite exquisito en la abundancia de paz.” (Salmo 37:11.)
Sin duda, las buenas nuevas del Reino nos llenan de esperanza. Y lo mejor de todo es que el cumplimiento de las profecías bíblicas demuestra que falta poco para que ese Reino gobierne sobre la Tierra.
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¿Qué son las buenas nuevas?La Atalaya 2011 | 1 de marzo
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¿Qué son las buenas nuevas?
“Estas buenas nuevas.” (MATEO 24:14)
LOS cristianos deben predicar las “buenas nuevas del reino”, es decir, explicar a la gente que el Reino de Dios es un gobierno que regirá la Tierra con justicia. Y en la Biblia también se habla de “las buenas nuevas de salvación”, “las buenas nuevas de Dios” y “las buenas nuevas acerca de Jesucristo” (Salmo 96:2; Romanos 15:16; Marcos 1:1). Entonces, ¿qué son las buenas nuevas?
En pocas palabras, abarcan las enseñanzas que transmitió Jesús y sobre las cuales escribieron sus discípulos. Antes de subir al cielo, Jesús mandó a sus seguidores: “Vayan [...] y hagan discípulos de gente de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del espíritu santo, enseñándoles a observar todas las cosas que yo les he mandado” (Mateo 28:19, 20). Así que además de hablarles a las personas sobre el Reino, el verdadero cristiano debe esforzarse por formar nuevos discípulos de Cristo.
¿Cumplen las iglesias con esta responsabilidad? Difícilmente podrían. Para poder enseñar sobre el Reino, tendrían que entender lo que es, pero la realidad es que ni siquiera sus líderes lo tienen claro. Por eso, muchos sacerdotes y pastores se limitan a predicar mensajes basados en el perdón y la fe en Cristo para hacer sentir bien a sus feligreses. Asimismo, a fin de ganar adeptos, un sinnúmero de iglesias dedican su tiempo y recursos al trabajo social y a la construcción de hospitales, colegios y albergues para los pobres. Su labor tal vez consiga llenar los templos, pero no logra lo realmente importante: que sus feligreses aprendan a vivir en conformidad con las enseñanzas de Cristo.
Cierto teólogo señaló: “Dentro del mundo cristiano, pocos estudiosos o eclesiásticos niegan que es nuestro deber hacer nuevos discípulos de Jesús, enseñándoles a obedecer sus mandatos. [...] Después de todo, Jesús dejó instrucciones muy claras a este respecto. Pero nosotros sencillamente no lo hacemos. Y si lo intentamos, no le ponemos mucho empeño. Lo que es más, parece que ni siquiera sabemos cómo se hace”.
En una encuesta que realizó la revista U.S. Catholic entre un grupo de católicos estadounidenses, el 95% reconoció que predicar las buenas nuevas era una obligación cristiana. Pero casi todos afirmaron que la mejor manera de hacerlo no es hablando a la gente, sino sencillamente dando un buen ejemplo. Uno de los entrevistados señaló: “Predicar el evangelio es algo más que hablar y hablar; hay que vivirlo”. La revista explicó que muchos no dan testimonio de su fe debido a “la mala imagen que la Iglesia se ha hecho últimamente con sus escándalos sexuales y con sus polémicas doctrinas”.
Por su parte, un obispo metodista se quejó de la situación que existe en sus iglesias: reinan las discusiones y la confusión, nadie tiene el valor de acometer su misión cristiana y muchos feligreses han adoptado los mismos valores que la sociedad en general. Frustrado, preguntó: “¿Quién va a asumir la responsabilidad de llevar el evangelio del Reino?”.
El obispo no tenía la respuesta, pero esta sí existe. La descubriremos en el siguiente artículo.
[Comentario de la página 6]
Las buenas nuevas tienen que ver con el Reino de Dios y con nuestra salvación mediante la fe en Jesucristo
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